Una propuesta anticapitalista para la clase trabajadora, las mujeres y la juventud

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El Estado costarricense está diseñado en función de los de arriba: los empresarios, los corruptos y los conservadores. Estos sectores imponen sus criterios e intereses en toda la vida económica, política, social y cultural del país. De ahí que tengamos un Estado que beneficia a los grandes exportadores y los banqueros, que es permisivo con los capitalistas corruptos, que tiene carácter confesional y financia a la Iglesia Católica, además de brindarle enormes cuotas de poder a los sectores cristianos fundamentalistas.

Aunado a esto, la burguesía costarricense y sus gobiernos de turno, son profundamente dependientes de las grandes potencias capitalistas e imperialistas, particularmente de los Estados Unidos. Por eso la economía del país está sometida a los mandatos de las transnacionales y de los organismos financieros internacionales, especialmente el FMI, que imponen sus condiciones y que no son para mejorar las condiciones de vida de las grandes mayorías. 

La burguesía costarricense no tiene un plan estratégico de desarrollo del país y solo va dando tumbos, haciendo lo que el imperialismo y los organismos financieros internacionales piden: más liberalización, más ajuste, más recortes y más eliminación de derechos. Toda la política de los gobiernos recientes está enfocada única y exclusivamente en “solucionar” el problema fiscal, aunque realmente no se atacan los elementos que en primer lugar generaron el déficit, porque hacerlo implicaría cuestionar el sistema económico capitalista en sí mismo.

Con las medidas de contención del gasto se está hipotecando el futuro del país. Nunca se ha logrado salir de una crisis con medidas contracíclicas de austeridad fiscal, a lo sumo se logra estabilizar la economía y empujar sus efectos hacia adelante, pero no zanjarla. Esta es una visión cortoplacista que no tiene en consideración que es mediante el desarrollo de las fuerzas productivas (inversión) como se pueden dar saltos.

La tasa de inversión pública del país ronda el 17% del PIB cuando países con economías similares invierten cerca del 25%. De esta forma no se invierte en infraestructura y solo se le da un mantenimiento mínimo y en caso de urgencia. Además, hay una dependencia excesiva de la inversión extranjera directa (IED) que mayoritariamente se asienta en las zonas francas, que permanecen libres de impuestos. Este es un aspecto muy característico de economías dependientes donde la inversión local es marginal y quedan sujetas a los vaivenes del mercado mundial.

Desde el 2005 se comenzó a adoptar políticas macroeconómicas para estabilizar indicadores como la inflación, las tasas de interés y el tipo de cambio, que efectivamente se mantienen controlados, pero temas como el empleo quedaron en segundo plano. Junto a esto, el desarrollo de los nuevos sectores productivos profundizó una desconexión entre el tipo de empleos requeridos y la oferta de empleo disponible. Es así como el desempleo tiene más de una década con tasas de dos dígitos, lo que provoca que haya dos realidades, una de un sector altamente calificado que logra beneficiarse del establecimiento de los nuevos sectores dinámicos de la economía y otro que no lo logra y queda rezagado perpetrando la pobreza y ampliando la desigualdad.

La clase trabajadora no tiene una representación política por izquierda en la Asamblea Legislativa, lo cual constituye un gran vacío que facilita la aplicación de las medidas de ajuste regresivas del gobierno. 

El Frente Amplio (FA), que se autodenomina como “la izquierda” en el país desde hace mucho dejó de plantearse enfrentar al Estado burgués y, por el contrario, su cúpula se adaptó completamente al régimen, convirtiéndose en un partido que funciona únicamente para las elecciones.

Durante los últimos años demostró que su proyecto político reformista llegó a su límite y más bien pasó a ser una “izquierda responsable” que le cuida la espalda al gobierno, colaborando descaradamente con la administración del Estado que garantiza las condiciones de explotación y opresión de las grandes mayorías

Las principales figuras del FA han traicionado a la izquierda. Patricia Mora formó parte del gabinete de Carlos Alvarado por más de la mitad de su gestión, cobrando un salario millonario mientras se aprobaba el Plan Fiscal, un gran golpe para la clase trabajadora y los sectores populares. Asimismo, José María Villalta votó a favor de la ley de reducción de jornadas de trabajo, además, no se opuso al plan con el FMI, sino que, formuló equilibrarlo, es más, durante las protestas contra ese acuerdo tomó una posición desmovilizadora llamando a deponer las protestas.

Desde el Nuevo Partido Socialista (NPS) consideramos que es hora de impulsar una izquierda anticapitalista y en ese sentido presentamos nuestras candidaturas en San José y Cartago como una opción. Se requiere disputar la representación política de los sectores explotados y oprimidos en función de un programa anticapitalista y de una organización que llame a salir a luchar a las calles para conquistarlo. 

Ante esto, es necesario presentar una propuesta de sociedad desde los intereses y reivindicaciones de las y los de abajo, es decir, desde los sectores explotados y oprimidos.  Bajo este criterio formulamos el programa del Nuevo Partido Socialista (NPS), con la perspectiva de avanzar hacia la refundación de Costa Rica en una nueva forma de sociedad socialista para acabar con todas las formas de explotación y opresión, para que la economía y la política estén en función de mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud.  

Presentamos este programa en el marco de la campaña electoral 2022, pero también para orientar el conjunto de nuestra actividad política en las luchas y sectores donde interviene la militancia del Nuevo Partido Socialista (NPS). Queremos discutir nuestras propuestas con los compañeros y compañeras en los centros de trabajo, en las universidades y en las luchas, para plantearles la perspectiva de organizarse y luchar con el Nuevo Partido Socialista (NPS) por el proyecto de una sociedad socialista y anticapitalista aquí expuesta. 

Posiblemente haya aspectos por incorporar y/o desarrollar, lo cual esperamos realizar a partir del enriquecimiento con la discusión y con el desarrollo de la lucha de clases.

La economía en función de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud

Impuestos a las fortunas y las grandes empresas

El problema es la deuda que asfixia el presupuesto nacional

Una renta básica para distribuir la riqueza

Generación de empleo formal para erradicar la pobreza

Un plan de obra pública para mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud

Industria y Comercio Exterior para el desarrollo del país

Defensa de los derechos laborales y mejores condiciones para la clase trabajadora

Rescate de la CCSS y la seguridad social

Un movimiento feminista en las calles por la defensa de los derechos de las mujeres

Estado laico sin concordato

No más violencia contra las mujeres

No más discriminación laboral hacia las mujeres

Socialización del trabajo doméstico y de cuidados

No más explotación sexual contra las mujeres y las niñas

Derechos sexuales y derechos reproductivos

Educación sexual laica, científica y feminista

Anticonceptivos para todas

Aborto legal

Todos los derechos para las personas LGBTTI+

Una juventud anticapitalista para cambiarlo todo

Medidas anticapitalistas para enfrentar la crisis ecológica

Ampliación de los derechos democráticos

Contra la corrupción y los privilegios de los políticos con cargos de representación popular

Un gobierno en función de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud

Construyamos la izquierda anticapitalista en Costa Rica

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