Los Actos del 11 de Agosto: debates sobre cómo derrotar a Bolsonaro

¡Prender fuego las calles contra el golpismo, el hambre, el desempleo y la violencia para construir una salida política independiente, democrática y anticapitalista!

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El 11 de agosto se conmemoró el Día del Estudiante, fecha que tuvo su origen en el año  1927, pero que tomó relevancia tras el asesinato del estudiante secundario Edson Luís de Lima Souto en 1968 a manos de la policía militar durante una manifestación contra el aumento del precio de los alimentos en una escuela de Río de Janeiro, y en 1977, cuando se leyó una carta en defensa de la democracia en un acto en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Pablo (USP), donde se denunció la ruptura del orden constitucional por parte de la dictadura. La coyuntura electoral actual y las amenazas golpistas de Bolsonaro, marcaron los actos de este año, donde quedaron claras las diferentes estrategias -y sus límites- para enfrentar el neofascismo.

La “Carta por la Democracia” 2022: una política conservadora y desmovilizadora

Por la mañana se leyó la “Carta a los brasileños y las brasileñas en defensa del Estado Democrático de Derecho” en la Facultad de Derecho de la USP, un intento de rememorar la lectura de la Carta a los brasileños de 1977. El documento fue firmado por un sector de la burguesía – banqueros e industriales -, profesores, estudiantes, ex ministros del Tribunal Supremo Federal (STF) y la burocracia sindical. En total, más de un millón de personas firmaron la carta.

El contenido del documento es conservador , pues su política es defender el estado de derecho ante la amenaza de un golpe de Estado, es decir, embellece las instituciones burguesas surgidas tras la Asamblea Constituyente de 1988, pero no aborda la terrible situación social de Brasil donde 33 millones de personas pasan hambre y decenas de millones más, viven en condiciones de inseguridad alimentaria con salarios de miseria. Sin duda, el gobierno de Bolsonaro agudizó la crisis económica y social, pero eso no es motivo para ignorar que ya estaba presente antes de su gobierno, porque nace de la estructura capitalista del país, donde la burguesía -nacional y extranjera- acumula fortunas a costa de la explotación de la clase obrera y la destrucción de la naturaleza para beneficio propio.

Ante esto, la carta no dice una palabra ni explica por qué las instituciones del “Estado social (burgués) de derecho” no han hecho nada para mejorar las condiciones de vida de las inmensas mayorías de la población del país en tres décadas. Por lo tanto, es una política que no dialoga con las inmensas mayorías de los explotados y oprimidos de Brasil, los cuales no guardan ningún afecto al modelo de país que los condenó a la miseria.

Además, la carta tiene el objetivo implícito de presentar como alternativa política el  frente amplio construido en torno a la candidatura de Lula, cuya estrategia es cerrar más acuerdos con la burguesía, como hizo con Alckmin, y desmovilizar a los trabajadores, oprimidos y sectores populares. Una alianza política que promete que todo irá mejor si Lula gana las elecciones, pese al programa cada vez más liberal que, de  llegar a la presidencia, no acabará con la explotación y la opresión en el país: es un clásico ejemplo de “cambiar algo para que no cambie nada”. Así, la estrategia lulista es una trampa peligrosa para los trabajadores y el pueblo, dado que al no llamar a movilizar en las calles contra Bolsonaro y sus hordas neofascistas, permite que estos últimos mejoren sus proyecciones electorales a tal punto que están convocando a una movilización para el 7 de septiembre.

Marcha Paulista

Por otra parte, por la noche se realizaron los actos convocados por el frente “Gente en la calle”, con el lema “Defender la educación e impedir el golpe fascista”. Hubo protestas en casi treinta ciudades del país, compuestas principalmente por estudiantes y militantes de organizaciones de izquierda (reformistas y revolucionarias).

Si bien fueron actos de vanguardia, tuvieron un elemento progresista, pues movilizó a miles de personas en las calles contra la ofensiva de Bolsonaro y los sectores neofascistas en las últimas semanas. Este es un hecho relevante, porque ante las amenazas golpistas de la extrema derecha, las organizaciones del movimiento de masas y de izquierda no pueden permanecer pasivas, por el contrario, es necesario organizar un plan de lucha nacional y responder en la calles a las provocaciones neofascistas de los bolsonaristas.

Desde nuestra corriente Socialismo ou Barbarie (SoB) participamos de la marcha en San Pablo (que contó con aproximadamente cinco mil personas), donde tuvimos una columna joven y combativa del Banco Anticapitalista y el grupo estudiantil Já Basta! con nuestra bandera que llamó la atención por su longitud, diseño y poderoso mensaje: ¡Que ardan las calles contra el golpe, el hambre y la miseria!

Esta consigna caracterizó nuestra participación en la movilización, en la que agitamos por la necesidad de unificar la lucha contra el golpe de Bolsonaro con las demandas de la clase obrera y los sectores explotados del país, tarea que estará presente después de las elecciones de octubre, incluso si gana Lula. Para nosotros, la lucha contra Bolsonaro no puede separarse de la lucha contra los ataques y la explotación burguesa,  más ahora que un sector de los capitalistas brasileños se ha posicionado en defensa de la “democracia” (este es el sentido de lo que se impulsó en la Facultad de Derecho), es decir, forman parte del frente amplio a favor de Lula.

Por eso mismo, es una política que nos delimita también de la izquierda reformista, del PSOL y de las corrientes de derecha que dirigen ese partido -Primavera, Resistencia, etc.-, que capitulan ante las presiones del frente amplio y , dejando de lado la independencia de clase,  ahora forman parte de la fórmula Lula-Alckmin; una traición que puede convertirse en histórica, ya que al abandonar las calles allanan el camino para que Bolsonaro crezca en las encuestas  a cambio de tener algunos diputados en las próximas elecciones.

Ese fue el sentido del discurso que pronunció Renato Assad, nuestro dirigente de Bancada Anticapitalista, quien llamó a impulsar la unidad de la izquierda revolucionaria en las calles para luchar contra las amenazas golpistas de Bolsonaro y  preparar la resistencia contra los ataques a las condiciones de vida de los trabajadores en un eventual gobierno Lula-Alckmin (ver discurso de Renato aquí).

Aunque la izquierda reformista se movilizó con una columna en San Pablo , no lideró la marcha y se quedó atrás de la columna estudiantil y la izquierda independiente. Esto resulta significativo, pues demostró que estos sectores no apostaron a la movilización como lo hicieron para el acto institucional de la mañana.

Además, cada sector marchó con su programa y sus consignas, garantizando la independencia política de las organizaciones, premisa central para desarrollar la táctica de unidad de acción en las calles contra los neofascistas[1].

¡La tarea hoy es que ardan las calles contra el golpe!

Las últimas encuestas demuestran que Bolsonaro redujo la diferencia con Lula en varios Estados clave, sobre todo en San Pablo y Minas Gerais. Esto expone la indeterminación de la situación actual, y también demuestra que el bolsonarismo es una fuerza política que está a la ofensiva , tanto a nivel institucional con la aprobación de la PEC 15 y el aumento de Auxílio Brasil (asistencias sociales), como a nivel gubernamental con sus ataques sistemáticos al proceso electoral. Así, la combinación de las medidas populistas del gobierno con su campaña golpista, seduce a sectores de la población que buscan algo nuevo frente a la crisis del país.

Por el contrario, Lula está en una posición defensiva , ya que se presenta como el regreso a un Brasil pre-Bolsonaro, es decir, promete un regreso a la “normalidad”. Pero este no es un mensaje atractivo para amplios sectores de la población, que no quieren volver o, mejor dicho, continuar en un país de hambre y miseria. ¿Por qué insiste Lula en este mensaje de campaña? Debido a que se guía por su estrategia política de apoyarse en los sectores “democráticos” de la burguesía y en las instituciones del régimen en detrimento de la lucha de los de abajo, a quienes conviene “normalizar” de manera conservadora para que puedan hacer negocios en paz, es decir, explotar a la clase trabajadora en un clima estable y con buenas relaciones a nivel internacional.

Desde Bancada Anticapitalista, la juventud Já Basta y el SoB , llamamos a prender fuego las calles contra el golpe, el hambre, el desempleo y la violencia para construir una salida política democrática, independiente y anticapitalista. Es necesario que las organizaciones del Polo Socialista Revolucionario, la izquierda del PSOL y, en general, las organizaciones independientes, construyamos un frente de izquierda para enfrentar el escenario actual con un plan de lucha común.

Además, debemos movilizarnos inmediatamente y exigir que Lula, PT, PSOL, PCdoB, CUT, UNE, UBES, MST, MTST y todas las direcciones del movimiento de masas organicen un acto masivo de unidad de acción para el 7 de septiembre. Este es el punto de partida para enfrentar las amenazas golpistas de Bolsonaro y los neofascistas. No podemos esperar que Bolsonaro sea derrotado en las urnas, debemos vencerlo en las calles, porque podemos perder la batalla contra el neofascismo si el movimiento de masas no sale a luchar ahora.

 


[1]  Un caso especial es el sectarismo de la MRT -parte de la Fracción Trotskista, corriente que impulsa el PTS en Argentina-, que no participó de la marcha Paulista para, según ellos, no mezclar sus banderas con los banqueros y sectores burgueses que firmaron la carta por la democracia en la Facultad de Derecho. Sin duda, es necesario mantener la independencia de clase en medio de un contexto electoral donde existe una enorme presión por el frente amplio en torno a la fórmula Lula-Alckmin. Pero es un completo error no participar en una manifestación progresiva contra el golpe por la presencia de sectores burgueses (que, por cierto, no fueron). Trotsky escribió decenas de páginas sobre la unidad de acción contra el fascismo, donde destacó que era correcto hacer acuerdos tácticos con el “Diablo y su abuela”. Una lección que, en el caso de la MRT, parecen haber olvidado frente a esta coyuntura, donde se destacan por su sectarismo -disfrazado de doctrinarismo rojo- y por su automarginación.

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