• A casi un año del golpe que dejó afuera a Evo Morales, los candidatos son Luis Arce Catacora por el MAS, al que las encuestas le dan entre 30 y 37 %, y el expresidente Carlos Mesa, que ronda entre el 22 y 29 %. A menos de un mes de las elecciones, nada parece resuelto y el gobierno golpista no pretendió nunca traspasar el comando del país al mismo partido que derrumbó.

Martín Camacho

La salida repentina de Áñez se debe a que fue perdiendo apoyo popular y las últimas encuestas le daban aproximadamente un 10% de los votos. Para no dividir al sector derechista, se terminó bajando con un discurso conciliador que pocos se creyeron. Su gobierno estuvo marcado por una fuerte crisis económica, la crisis sanitaria por la pandemia y casos de corrupción con insumos médicos, así como innumerables denuncias sobre violación de los derechos humanos después de las masacres perpetradas por militares en Sacaba y Senkata. Nada de esto sorprende dado el carácter del gobierno que se impuso desde los primeros días, de espaldas a las amplias masas y representando los intereses del capital internacional.

En el camino quedaron dos postergaciones, el ir y venir de cuándo serían las nuevas elecciones. Ya entrado en el 2020, se anunciaba que serían el 3 de mayo. Con la pandemia entrando a Sudamérica entre febrero y marzo, las elecciones se postergaron para el 6 de septiembre y luego al 18 de octubre.

La legislación establece que si en primera vuelta un candidato obtiene más del 40% y logra una diferencia de diez puntos porcentuales respecto al segundo,será vencedor de la contienda. La pregunta sería: ¿el MAS tiene capacidad de ganar en primera vuelta? Eso preocupa no sólo a la derecha reaccionaria sino a los propios simpatizantes de Morales, que ven una esperanza de volver a los años donde el MAS gobernaba. Ir a segunda vuelta complicaría las esperanzas de asumir el gobierno: todos los demás candidatos están corridos a un campo conservador que terminará dando apoyo al expresidente Carlos Mesa.

La economía, un punto sentido

Arce viene de ser el ex ministro de Economía del gobierno de Morales, con un saldo positivo en la economía que ayudó a mantener un piso electoral considerable y desvanecer la idea de que el MAS no tenía candidatos después de Evo, como figura emblemática típica de líderes de Estado de las primeras décadas del siglo XXI, junto con Chávez, Lula y Correa. Hoy las cosas son bien diferentes. Eran gobiernos producto de rebeliones populares todos salvo el de Lula, que alcanzó el triunfo de manera más preventiva. Lo que Arce consiguió es aprovechar la coyuntura económica internacional para mantener una estabilidad y crecimiento económico como no se veía en Bolivia hacía muchísimo tiempo. Esto en parte explica cómo fue perdiendo apoyo Áñez al no poder contener mínimamente la crisis económica.

Todavía queda en la memoria la pelea por el gas y contra el plan de privatizaciones de los gobiernos neoliberales anteriores,de los que Carlos Mesa era parte y cómplice. No obstante, el MAS no terminó de construir lazos fuertes con las capas medias, que fueron absorbidas por el discurso racista. “Somos la única opción política, la única opción de construcción de sentido de la nación que verdaderamente puede dar la respuesta más importante: la de destruir la polarización, la de construir la unidad”, dice Mesa en un tono mucho más moderado que el del año pasado. La disputa en el plano económico es relevante para elegir quién va a gobernar en los próximos años.

Un país dividido

El país concentra contradicciones desde su misma fundación sobre las que el gobierno de Evo intentó colocar mediaciones pero, sin tocar las bases sociales mismas de Bolivia, no logró ni quiso resolver. El año pasado quedó en evidencia que el racismo no fue erradicado, así lo puso de manifiesto la rebelión contra el golpe y las manifestaciones reaccionarias contra el gobierno de Morales. El MAS terminó traicionando la lucha contra el golpe, dejando desarticulados a los movimientos campesinos y cocaleros en el enfrentamiento.

Un punto de suma importancia es si el régimen permitirá que el MAS vuelva a gobernar. Sería algo pocas veces visto: que un gobierno golpista ceda pacíficamente el poder a quienes derrocó (por supuesto que dejando a Evo Morales fuera de la contienda). Entonces, de darse una victoria del MAS: ¿cuál será el papel de las Fuerzas Armadas? ¿Y el de los policías que propiciaron los motines? Obviamente que con un gobierno reformista todo se puede esperar; la coyuntura es muy fluida y es difícil anticipar que maniobras podría llevar adelante el campo golpista si es que Arce obtiene los votos para imponerse.

La repercusión de las elecciones bolivianas será importante en la región, que en parte se mantiene conservadora, pero con mucha inestabilidad. Concentra fuertes contradicciones: si de un lado Bolsonaro gobierna Brasil, del otro Chile sigue cruzado por las repercusiones de la rebelión del año pasado. La crisis sanitaria pondrá todas las contradicciones de la región al rojo vivo, apenas contenidas todavía por el impacto del Coronavirus y las medidas de aislamiento social.

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