Debates: PTS y PO desarman ante la pelea independiente contra Milei

Debate con las principales fuerzas del FITU.

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“En relación a la democracia burguesa, acechan siempre dos peligros: el sectarismo ultraizquierdista -del tipo “tercer periodo” que pierde de vista las conquistas que la misma supone- y el peligro oportunista, que pierde de vista su carácter de régimen de dominación capitalista”.[1]

Finalmente, y luego de dos semanas del resultado de las generales, las fuerzas que componen el FITU han dado a conocer sus posiciones respecto del balotaje. Una suerte de “tenedor libre” de posiciones que evidencia que no habrá ninguna declaración común, y que refuerza que el único gran acuerdo real del frente es el usufructo de cargos.

Estamos ante un debate no facilista y de importancia dada la crisis histórica que vive el país sometido a un capitalismo decadente. Una crisis cuyos principales responsables son la clase capitalista y los gobiernos que han administrado el país hasta la fecha y que generaron el caldo de cultivo para expresiones de extrema derecha, lo cual ha colocado a los trabajadores en la necesidad rechazar al candidato que expresa una amenaza a sus libertades democráticas, utilizando la boleta del peor ajustador de las últimas décadas. Porque justamente de lo que se trata es de tutelar tanto las libertades democráticas como de rechazar el intento de cooptación política que lleva adelante el peronismo respecto de una porción masiva de trabajadores y trabajadoras que, sin depositar confianza ni apoyo a Massa, usó esa herramienta para rechazar a Milei.

Por su parte, los principales partidos del FITU desarmaron y desarman a los trabajadores frente al peligro de Milei colocándolo como un candidato del ajuste más, a la vez que se abstiene de la pelea por la independencia política de un sector masivo que dio vuelta el resultado de las PASO.

¿Qué pasó el 22 de octubre?

El resultado de la primera ronda de elecciones generales mostró una reversión (no definitiva) respecto de las PASO, instancia en la que el candidato de extrema derecha Milei había logrado un triunfo sobre el oficialismo de UxP y los candidatos de JxC. Así, el pasado 22 de octubre se expresó una enorme reacción democrática de los trabajadores y sectores populares con un contundente voto anti Milei utilizando la boleta de Massa pero sin darle apoyo, dada la enorme bronca que hay contra el ajuste que lleva adelante en su gobierno.

Este fenómeno espontáneo, desde abajo y en cierto sentido independiente (no políticamente independiente ni tampoco clasista, pero sí en el sentido que no ocurrió por el oficialismo ni el aparato del PJ) tuvo el mérito de atravesar varios obstáculos. Por un lado, el de haber identificado a Milei, no como un a mero ajustador más, sino como a un enemigo de las libertades más elementales conquistadas por los trabajadores en el seno de la democracia burguesa. Además de haber puesto en marcha las enormes reservas democráticas y sociales para rechazarlo en las urnas, a pesar del gobierno de Massa, del peor ajuste que se vive en el país desde el menemismo a la fecha, de la peor decadencia en términos de precarización laboral y salarial, o de los escándalos de corrupción de Insaurralde o “Chocolate” Rigau.

Sumemos a esto el mérito de una reacción democrática no clasista pero sí de clase (quienes revirtieron el resultado fueron fundamentalmente los trabajadores y trabajadoras) de haber rechazado el operativo de la burguesía y del régimen político/electoral/mediático que presentó siempre al candidato fascistoide Milei como a un candidato más y nunca denunció su carácter reaccionario ni que representaba un peligro para las conquistas democráticas logradas por la movilización obrera y popular que derrotó a la dictadura militar y sentó las bases más progresivas del régimen del 83, recuperando el derecho a la protesta, a la organización, la libre expresión, entre otras.

Tenemos el mérito de haber tenido la política de denunciar a Milei como fascistoide tempranamente en el 2021 cuando Manuela Castañeira se plantó ante el liberfacho y denunció en TN que su programa económico era el de Videla. Una política que mantuvimos en la campaña presidencial del 2023, que defendemos y que mantuvimos este año, denunciando a la vez el ajuste brutal del gobierno actual y proponiendo medidas de afectación de las ganancias empresarias para dar una salida anticapitalista a la crisis del país.

Por el contrario, las principales figuras del FITU (PTS/Bregman, PO/Solano) colocaron siempre un signo equidistante entre Milei y el resto de los candidatos, quedando enredados en las trampas del régimen que le abrió, y le abre, la puerta a un enemigo de los derechos democráticos. Ejemplo de esto son las intervenciones de Myriam Bregman que llamó a Milei “gatito mimoso de los empresarios” (cosa que tranquilamente le cabe a Massa) ridiculizando al candidato de extrema derecha, cuando lo que correspondía era denunciarlo como enemigo de las libertades democráticas frente a millones que miraban el debate. Por el contrario, se dejó pasar sin peros, y respetando a rajatablas las “reglas del debate”, que dijera que en Argentina no hubo una dictadura sino una guerra en la que se cometieron excesos (más allá que también cuestionó el número de desaparecidos, cuestión que ya había ocurrido bajo el gobierno de Macri; sin embargo, esta idea de que no hubo dictadura intenta poner la discusión no sólo en el número de víctimas sino en el carácter propio del terrorismo de Estado y su plan sistemático de exterminio). O, incluso, el no haber dicho ni una sola vez que había que rechazar el crecimiento de Milei y el ajuste del gobierno con acciones en las calles (cuestión en la que sí coincidimos con el PO, encontrándonos en las primeras acciones callejeras luego de las PASO, lo que nos parece valorable) o exigir un paro general a la CGT en cadena nacional, como se transmitió el debate presidencial.

Sobran ejemplos del operativo reaccionario del régimen de democracia de los ricos para lavarle la cara a Milei: la insoportable presencia del liberfacho en cuanto medio existiera (desde programas periodísticos hasta Mirtha Legrand o Tinelli) acumulando más horas que cualquier otro candidato; las cenas de campaña con todo el elenco burgués que coqueteó durante un largo periodo con sus propuestas; la interpelación de Massa que invitó a conformar un gobierno de unidad nacional a todo el arco político incluido Milei; la pasividad con la que se movió el aparato del PJ y los partidos de la coalición gobernante al no convocar a una sola acción en las calles para cortarle el paso; la traición abierta de fuerzas que se reclaman “progresistas” o del “campo popular” como La Cámpora, que se ocupó de decir que cualquier acción en la calle le hacía el juego a la derecha, incluso cuando desde la izquierda convocamos a movilizar contra el acto pro dictadura de Villaruel ni más ni menos que en la Legislatura de CABA (otra muestra de la complicidad del régimen y sus instituciones con eventos que revindican gobiernos de regímenes dictatoriales como fueron los del 76 al 83).

A pesar de todos estos elementos y traspasándolos, las relaciones de fuerzas más profundas conquistadas con la derrota de la dictadura militar se expresaron en un terreno mediado y no de la lucha de clases; pero aun así con contundencia, en la jornada electoral del 22 de octubre como un cachetazo a Milei. Este es, insistimos, el carácter más importante del fenómeno que llamamos reacción democrática.

El impacto que ha tenido esta reacción dejó a la prensa burguesa y sus editorialistas sin brújula durante un largo tiempo. La imposibilidad de explicar los fenómenos políticos y sociales fuera de la vida superestructural (“¿cómo puede ser que a pesar de todo lo que ocurre bajo este gobierno la gente haya votado al candidato oficialista?” se preguntan una y otra vez sin acercar una respuesta coherente) parte de considerar que los trabajadores y el movimiento de masas son simplemente receptores pasivos y acríticos de la ideología dominante, incapaces de distinguir entre dos peligros cualitativamente distintos. Y que su rol histórico es, fue y será el de ser meros títeres de intereses ajenos, de acuerdos palaciegos y conspiraciones, o peones de “grandes hombres” que los manipulan y dirigen a su antojo. Muchas de estas ideologías inspiran a las corrientes historiográficas y políticas pro-capitalistas.

Peor aún, explicaciones similares dieron las corrientes políticas de la izquierda roja. El PO pretende explicar el fenómeno electoral ocurrido por la acción de la burguesía: un “plan de lucha de los grandes empresarios (que) creó el clima político para desplazar a una parte importante de la opinión pública contra Milei” (sic)[2]. Nuevamente la reducción del rol de los de abajo a meros esclavos de las maniobras de los de arriba que, dicho sea de paso, lejos de librar un “plan de lucha contra Milei” alentaron antes que nada la igualación de todos los candidatos y redujeron sus diferencias a meras orientaciones económicas impulsando la opción opositora de Bullrich antes que la de Milei, en el mejor de los casos.

En el caso del PTS con una nota de corte academicista y un tanto posmoderna adaptada a los cánones de Le Monde Diplomatic dice que “los resultados se explican por el temor que generaron en un sector de la sociedad las propuestas que encarna Javier Milei”[3], definición que se reitera con más contundencia en la declaración oficial de su partido: “Sólo el enorme temor al triunfo de Milei explican que muchos y muchas hayan decidido votar al candidato oficialista”[4]. Es decir, reduce el fenómeno al miedo enorme. La gente tuvo mucho miedo y por eso no voto a Milei. Nuevamente una mirada desde las alturas que, en la imposibilidad de dar cuenta del carácter activo que tuvo la reacción (justamente por eso es reacción), lo reduce un hecho pasivo como es tener miedo, un sentimiento que como tal suele imponer desmoralización y retraimiento. Los desencadenantes de la reacción democrática contienen sin dudas la defensa de las conquistas democráticas y sociales, la bronca, el miedo entre otras. Pero reducir el fenómeno al miedo es un capricho oportunista que pretende facilitar una posición ulterior sectaria: “comprendemos la actitud (de quienes votaron contra Milei por miedo) pero no lo compartimos”.

Reducciones caprichosas de este tipo las vimos también cuando para explicar el voto reaccionario a Milei (como lo caracterizó nuestro partido, además de haber alertado que Milei era una declaración de guerra contra la clase obrera, mientras el resto de la izquierda se llamó a silencio), otras corrientes como el PO eligieron ver en esto simplemente un “voto bronca” o que “Milei se había convertido en una especie de ‘significante vacío’(?) al que cada adherente colmaba con su bronca y sus demandas”[5] (PTS) . Una vez más, la explicación antidialéctica que pretende reducir los fenómenos políticos a una sola de sus características (la bronca) para facilitar posiciones políticas ora oportunistas, ora izquierdistas, cuando en realidad el voto a Milei contiene desclasamiento, desesperanza, frustración, resentimiento, y evidentemente también bronca, pero cuyo contenido político es el de un voto reaccionario.

Las posiciones

El domingo 29 de octubre, luego de anticipar que nuestro voto sería contra Milei manteniendo la independencia política respecto de Massa, realizamos una Convención Nacional en la que resolvimos: “Llamamos a no votar a Milei. Asimismo, no le damos ningún apoyo político a Massa y que, salvo a Milei, los votantes elijan libremente su opción. Nos posicionamos contra un eventual gobierno de Unidad Nacional de Massa, contra el ajuste económico, y en defensa de las libertades democráticas y de organización de los explotados y oprimidos” a lo que sumamos un llamado a la unidad al conjunto de la izquierda que vaya más allá de las elecciones y construya desde las luchas una salida anticapitalista.

Esta formulación política absolutamente clara, parte del No voto a Milei y luego da libertad de acción en lo que refiere al voto, sin alentar ninguna alternativa en particular (más allá de la campaña estalinista típica del PTS mintiendo sobre un supuesto llamado nuestro a votar a Massa) pero alerta que, más allá de cómo se exprese el voto, es fundamental la independencia política y alertar que, en caso de consagrarse un gobierno de Unidad Nacional de Massa, será de un recrudecimiento del ajuste junto al FMI. Esta formulación parte de una urgencia política que tiene que ver, además, con cuidar el carácter independiente del rechazo a Milei y no regalárselo estúpidamente al kirchnerismo o al peronismo.

Por su parte, el PTS definió de manera confusa y vergonzante una posición Ni-Ni “Desde ya que llamamos a no votar a Milei, sin embargo, desde la izquierda no podemos darle ningún apoyo político ni electoral a Massa”[6]. A mitad de camino y sin decir “voten en blanco porque las diferencias entre ambos candidatos son de grado, más o menos ajuste”, intentan escapar a una discusión política y a una definición táctica (pero muy importante). Pero como nos tiene acostumbrados en una nueva puesta en escena de “si no les gusta mi posición tengo otra”, días posteriores a su larga declaración política, Castillo dijo en La Nación: “Nuestra posición es no votar a Milei y, a la vez, no darle apoyo político a Massa”, evitando dar posición electoral. Un juego en que el partido político con desvíos electoralistas esconde ni más ni menos que su política y su definición electoral…

Por su parte, el PO ha sido más claro, aunque sin explicitar orientación de voto “No apoyamos políticamente ni votamos a Milei ni a Massa.” Lejos quedaron las palabras de Solano que decía: “Si votás a Milei te sale un Videla”.

El MST, por su parte, con un llamado a “No votar a Milei” para agregar que “no llamaremos al voto en blanco ni haremos campaña en ese sentido”, pero que “no le daremos apoyo político ni votaremos a Massa.” Si de falta de claridad se trata la formulación no tiene desperdicio. Nos arriesgamos a decir que expresan un abstencionismo más encriptado que un bitcoin.

Por último, IS ha planteado el llamado a un “Voto crítico a Massa, que significa votarlo sin darle ningún apoyo político, ni al ministro-candidato Massa ni a su posible gobierno peronista o de unidad nacional”, una posición bandeada para el otro lado que no compartimos, en tanto diluye innecesariamente las fronteras entre la izquierda y el oficialismo, confundiendo el carácter progresivo del No voto a Milei (que podrían haber resuelto con la libertad de acción) en un  llamando directo a votar a Massa con críticas.  Justamente, cuando se trata de cuidar las libertades democráticas pero sin desarmar ante la ofensiva del peronismo que pretende tanto generar ilusiones en Massa por un lado, como hacer votar apoyos y votos explícitos a Massa en organismos de base,  sindicatos y colectivos poniendo en juego la independencia política de los mismos, por otro.[7]

La discusión de fondo

“¿Existe diferencia en el “contenido de clase” de los dos regímenes? Si se plantea la pregunta a propósito solamente de la clase dominante, no existe diferencia. Pero si se toma la situación y las relaciones recíprocas entre todas las clases, desde el punto de vista del proletariado, la diferencia es muy grande (…) Hay que considerar la cuestión desde el punto de vista de la democracia proletaria. Es el único criterio seguro cuando se trata de saber dónde y cuándo el régimen fascista reemplaza a la reacción policial ‘normal’ del capitalismo en putrefacción”.[8]  

Las enseñanzas políticas y metodológicas de Trotsky en lo que refiere a distinguir entre lo que pone en juego la clase trabajadora ante cada cambio de régimen burgués (con régimen nos referimos a las distintas relaciones que se establecen entre el Estado, la economía y las clases sociales) conserva absoluta actualidad, incluso cuando es evidente que no está planteado en el país la posibilidad de un régimen fascista.

Muy lejos del fascismo del siglo XX en Alemania y otros países, actualmente la extrema derecha en Argentina no tiene una base social movilizada y organizada de masas, ni mucho menos. Al mismo tiempo, tampoco existe de momento en el mundo ni en el país un proceso revolucionario ligada al ascenso de la clase obrera como sí lo hubo a inicios del siglo XX, lo cual explica también al fascismo como reacción contrarrevolucionaria. Con esto queremos señalar que cada peligro tiene su contexto histórico, y que en el marco que no existe tampoco un movimiento de masas socialista ni tampoco clasista, el peligro de Milei, aún sin tener orgánica de masas, no puede ser subestimado.

Desde luego que una cosa es un fenómeno político electoral como lo es por lo pronto Milei, y otra muy distinta es una fuerza política fascistoide con inserción de masas, y que un triunfo electoral no significa mecánicamente un cambio de régimen a uno con elementos bonapartistas o lisa y llanamente bonapartista. Y, que en todo caso, un ataque abierto a las libertades democráticas deberá consumarse en el terreno de la lucha de clases. Esto tiene importancia porque si el ultraizquierdismo parte, en este caso, de la subestimación política a los ataques a las libertades democráticas, el oportunismo (la concesión política a las fuerzas capitalistas y su régimen) tiene base en la sobreestimación política de los peligros.[9]

Pero aun siendo las elecciones un evento político superestructural sin ligazón mecánica con la lucha de clases (por eso decimos que las elecciones son reflejo distorsionado de la lucha de clases) no por eso están desligadas absolutamente de las relaciones de fuerzas. Para decirlo de manera clara: un resultado electoral reaccionario (no sólo adverso) como sería el triunfo de Milei y Villarruel podría tener, eventualmente, un efecto depresivo de las fuerzas sociales (clima que se vivió en parte luego del resultado de las PASO) facilitando un curso reaccionario y el avasallamiento de nuestras libertades, además de concentrar ni más ni menos que los resortes represivos del Estado (Fuerzas Armadas) en manos de un liberfacho[10].

Agreguemos que, a diferencia de Bolsonaro, que respondía en última instancia a las Fuerzas Armadas y tenía un recorrido parlamentario de décadas o Trump, que retribuye al Partido Republicano, Milei es un personaje lumpen- burgués ligado al capital financiero pero inorgánico. Es decir, no rinde cuentas directamente ni ante la burguesía, ni ante las Fuerzas Armadas, ni ante un partido institucional, lo cual lo hace más volátil y peligroso por la falta de contrapesos. Los eventos super estructurales como las elecciones tienen impacto en la lucha de clases y las relaciones de fuerza (también a la inversa), desconocer esto es un error antidialéctico y un crimen político mayor ante nuestra propia clase.

El capitalismo explota y oprime a los trabajadores independientemente del régimen político de dominación burguesa (democracia, bonapartismo, dictadura, fascismo) pero no es lo mismo pelear contra la explotación y la opresión conservando el derecho a la protesta y la organización que bajo un régimen que lo ilegalice y lo prohíba. Esa es la enseñanza de Trotsky, y el abc del socialismo revolucionario, que se da de trompadas con el economicismo burdo que iguala lo inigualable en nombre del “contenido de clase” de cada régimen (en este caso) de los distintos candidatos capitalistas.

Salvando las diferencias de formas, tanto el PTS como el PO parten de una concepción ultraizquierdista, mecánica y economicista en la que se iguala a todo el arco político en función de ser expresiones distintas de la defensa de los intereses de la clase dominante. Esa igualación mecánica y economicista (todos son políticos de la burguesía) oculta peligrosamente ante los trabajadores que no es lo mismo enfrentar un ajuste con libertades y derechos democráticos que sin ellos. Nuestra defensa de las conquistas de los derechos obreros en el seno de la democracia de los ricos es incondicional, cosa que al PTS y al PO parece resultarles secundaria.

Algo de esto habíamos visto cuando ocurrió el intento de magnicidio contra CFK al negarse a movilizar contra un evidente desafío a los derechos democráticos, bajándole el precio a un hecho fascistoide. Por nuestra parte, marchamos de manera independiente en defensa de las libertades, en la calle (no por Twitter) y confluimos con enormes sectores que, sin reivindicarse oficialistas, dieron cuenta de la gravedad del asunto. De no haber ocurrido esa enorme movilización que se produjo a pesar de las direcciones principales del peronismo, La Cámpora y de la CGT, es incierto qué rumbo podría haberse desarrollado, dejando la dirección de los asuntos políticos enteramente al gobierno y las fuerzas de régimen.

Junto con esto, agreguemos que es de una mecánica burda igualar la táctica electoral (la orientación de un voto) a la política. Las políticas se definen siempre en el marco de las concepciones revolucionarias profundas y principios de clase, del contexto internacional y nacional y de las relaciones de fuerza (Gramsci). La defensa incondicional de las conquistas democráticas es de principios, pues ellas representan no sólo una conquista de los de abajo por la lucha de clases, sino que permiten mejores condiciones para nuestro fin último, que es la lucha por el poder y la revolución.

En ausencia de lucha de clases y dado que el próximo gobierno se definirá por la vía electoral, las posiciones políticas independientes deben expresarse de manera práctica en una táctica electoral. El desastroso igualamiento político que hacen el PTS y el PO dan como resultado una táctica electoral igualmente desastrosa, desvaloriza los criterios de principios. No es verdad, salvo para los daltónicos políticos incapaces de ver grises, que el voto blanco sea siempre la decantación mecánica de la independencia política. Depende el contexto y las conquistas a tutelar.[11]

Dicho esto adelantamos que, aún de concretarse un triunfo de Milei, el suyo será un gobierno de minoría que tendrá que enfrentar al movimiento obrero organizado en sindicatos (se verá qué rol juega la burocracia sindical y qué nivel de desborde pueda surgir desde las bases), al movimiento estudiantil y sus centros de estudiantes, al movimiento de mujeres y diversidades, al movimiento de derechos humanos y organismos democráticos de larga tradición, y a franjas de masas y organizaciones que planteará la urgencia de frentes únicos y de la más amplia unidad de acción.

Este es el gran temor de la burguesía: la posibilidad que un gobierno abiertamente reaccionario destape las enormes reservas democráticas, sociales y de la clase obrera que le pasen por encima, en un clima de radicalización de la lucha de clases. Tampoco un gobierno de Unidad Nacional con Massa a la cabeza resolverá fácilmente el escollo estratégico de la burguesía. El suyo sería un gobierno de crisis con elementos reaccionarios (aunque con más mediaciones) en medio de una situación económica y social de enorme crisis sin ninguna garantía de éxito a la hora de desafiar las relaciones de fuerzas del país.

Por último, queremos resaltar que nuestro partido, el Nuevo MAS con Manuela Castañeira a la cabeza, dio un giro “anti electoral” (no en el sentido de rechazar las elecciones, sino en el sentido de delimitarse de los elementos reaccionarios del régimen electoral) el 9 y 10 de agosto a días de las PASO cuando el asesinato brutal de una niña en el sur del Gran Buenos Aires fue instrumentalizado por todas las fuerzas políticas (desde Milei, Bullrich, Larreta y Massa arrastrando tras de sí al FITU) y los medios de comunicaciones para suspender los cierres de campaña e instalar un debate por derecha a horas del inicio electoral. Nuestro partido conserva el honor de haber sido la única fuerza política en haber mantenido el cierre con una movilización en la calle, y en haber rechazado la trampa mediática de ir a los canales de la agenda reaccionaria de los de arriba, que pretenden terminar con la crisis social que genera el capitalismo y sus gobiernos bajando la edad de imputabilidad.  Giro que se confirmó completamente acertado y que nos permitió a la salida de las PASO con el triunfo de Milei y la brutal devaluación de Massa acto seguido, impulsar y alentar jornadas de lucha que revirtieran el resultado reaccionario, más allá que no lograron como tales ser canal de expresión de sectores masivos.

Dejamos este texto como un aporte al debate entre las corrientes de izquierda y más allá, con la apuesta estratégica de refundar una coalición de izquierda que supere el plano electoral, sea un polo de referencia para millones, y permita organizar las luchas que vendrán, de una u otra manera, y abra un curso independiente para construir una alternativa anticapitalista y socialista.


[1] Roberto Sáenz. Apuntes sobre marxismo, Estado y bonapartismo.

[2] La trampa del balotaje, Gabriel Solano.

[3] Massa y Milei al ballotage. Del “voto castigo” al “voto defensivo”, Fernando Rosso.

[4] Declaración. Posición del PTS frente a la situación política nacional y el balotaje.

[5] Massa y Milei al ballotage. Del “voto castigo” al “voto defensivo”, Fernando Rosso.

[6] Declaración. Posición del PTS frente a la situación política nacional y el balotaje.

[7] Recientemente vimos esa ofensiva en la CPR (Coordinadora Provincial de Residentes de hospitales de Buenos Aires) donde un gurpúsculo de militantes peronistas forzó una asamblea mentirosa concedida por el PTS de la que participaron solo 28 militantes, y quiso imponer un voto a Massa, cuestión que logramos rechazar con protagonismo absoluto, aunque la ofensiva continúa.

Esta ofensiva, por el contrario, tuvo éxito en otra falsa asamblea de residentes de Ciudad de Buenos Aires, en la que 60 militantes peronistas le impusieron al PTS y al PO (quienes habían dirigido el organismo de frente único hasta ese momento,  y que en el 2022 conquistó un aumento salarial) la consigna “Con Milei jamás, la asamblea de CABA llama a votar a Massa”. Evidentemente la formulación política electoral de ambos partidos los inhibe de defender la independencia política de los espacios. En esto la posición de IS peca por exceso y tampoco traza correctamente la raya en su definición táctica del voto crítico a Massa.

Esta ofensiva peronista de cooptación se desarrolla en otros ámbitos con el pronunciamiento de actores, científicos y otros colectivos con un llamado a votar a Massa sin ningún tipo de delimitación.

[8] Trotsky. Problemas vitales del proletariado alemán (1932)

[9] “Nunca conviene abusar de las definiciones y/o hacer generalizaciones demasiado abstractas al estilo “todo régimen burgués tiende al bonapartismo, deslizamiento bastante clásico. Esto es importante, porque ubicarse defensivamente en una situación que no lo amerita, es una de las bases del oportunismo”. Roberto Sáenz. Apuntes sobre marxismo,  Estado y bonapartismo.

[10] Este hecho elemental también se le pierde de vista al PO en su extensa declaración cuando plantea que “resulta claro que Milei (luego del resultado electoral del 22 de octubre) no ha reunido los recursos políticos para llevar adelante esta tentativa (de alterar el régimen político)”. Pretender saldar mediante análisis superestructurales lo que ni las elecciones ni la lucha de clases ha definido, es de una pedantería peligrosa y antimarxista. Además que, de resultar ganador Milei, no está para nada claro que no pueda “reunir los recursos políticos para llevar adelante esta tentativa; más bien parece lo contrario.

[11] Recordemos que en el balotaje entre Macri y Scioli llamamos a un voto en blanco, no porque fueran lo mismo, ya que ambos expresaban distintos grados de explotación, neoliberal en un caso liberal-social en el otro, sino porque al no cuestionar en ningún caso los derechos democráticos de manera abierta, se trataba de dos variantes de ajuste en el marco del mismo régimen de dominación. En ese caso sí correspondía expresar el rechazo a ambos candidatos mediante el llamado a votar en blanco.

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