¿Qué implica el no ingreso de Argentina a los BRICS?

El no ingreso de Argentina a los BRICS, anunciado por Diana Mondino, es una carta de amor al imperialismo yanqui, una declaración de sometimiento absoluto e incondicional, la expresión consciente de la voluntad de ser semicolonia.

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Los miembros del BRICS anunciaron la incorporación de nuevos países, entre ellos Argentina. ¿Qué opinaron los candidatos presidenciales?

El ingreso de Argentina a los BRICS se había anunciado en agosto, cuando fue la última cumbre del bloque conformado por BrasilRusiaIndiaChina y Sudáfrica. Representa al 42% de la población mundial, 30 % del territorio, 23% del Producto Interno Bruto y 18% del comercio mundial.

Argentina se iba a sumar así al grupo que reúne a los países del sur-sur global. Arabia SauditaEgiptoEtiopíaEmiratos Árabes Unidos e Irán son el grupo de países que iba a ingresar junto a Argentina.

Presentadas como «economías emergentes» alternativas a las potencias clásicas yanqui y europeas, los acuerdos de los BRICS es parte de una serie de políticas comerciales y financieras de estos países para las inversiones e intercambios de monedas entre los países miembro. Si el relato de todos es la «multipolaridad» en oposición a la hegemonía estadounidense, dos de sus países miembro apuestan a una estrategia propia diferente al discurso de «soberanía»: convertirse en nuevas potencias imperialistas. Hablamos, obviamente, de China y Rusia.

Sin embargo, con la pérdida de hegemonía de Estados Unidos, es evidente que se abren márgenes de maniobra para los países dependientes (que en ningún momento dejan de serlo). La incorporación de Argentina a los BRICS no hubiera significado ninguna emancipación ni política de independencia. Pero abre el margen para movimientos comerciales y financieros que no tengan por jefes a los fondos yanquis. Se trata de un paso más a largo plazo del estilo del swap con China.

BRICS: La reacción de los presidenciables

«Nosotros no nos vamos a alinear con comunistas, nuestro alineamiento internacional es Estados Unidos e Israel» había dicho Milei en Agosto. Las cosas son perfectamente claras, la voluntad de este gobierno es la del retorno a las «relaciones carnales».

La economía argentina está muy lejos de sacarse de encima el yugo de la dependencia de Estados Unidos, con o sin alianzas con otros bloques económicos. Pero la incorporación a los BRICS podría haber redundado en mayores márgenes de maniobras para el gobierno argentino en cuanto a política comercial internacional. También abría las puertas a otras fuentes de financiamiento, como el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), un nuevo organismo financiero, hoy dirigido por Dilma Rousseff. De todas formas, formar parte de un nuevo bloque con potencias mundiales como China y Rusia, que disputan la hegemonía internacional con Estados Unidos, no significa emancipación ni política de independencia. Los planteos de la «multipolaridad» suelen ser más un ropaje ideológico para las aspiraciones de China y Rusia de convertirse en potencias imperialistas plenas. En esa disputa, el nuevo gobierno elige el sometimiento a Estados Unidos.

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