• ¿Qué tiene más prestigio económico y social, el trabajo productivo o el trabajo reproductivo? ¿Qué consecuencias tiene esto sobre la situación y la condición de mujeres y hombres?

Heidy Valencia Espinoza

Primera parte de la ponencia de Heidy Valencia, docente de Español y Filosofía, militante de Las Rojas – Nuevo Partido Socialista y Coordinadora de la Regional 07 APSE Sindicato, sobre Género y Educación a la Escuela Sindical y Gremial Carmen Lyra de ADEM Sindicato.

La palabra género pretende marcar una distinción entre las diferencias biológicas de las personas en función de su sexo, y los efectos que tales diferencias tienen en sus vidas, la desigualdad.

Cuando los estereotipos tienen relación con el sexo de una persona se habla de “estereotipos de género”, y hacen referencia a las ideas preconcebidas que se tienen sobre las características de una persona según el sexo que tenga, por el mero hecho de ser hombre o ser mujer.

En función de estas creencias y prejuicios sobre lo que ser hombre y ser mujer significa, es decir, en función de los estereotipos, se “acepta” socialmente que hombres y mujeres están preparados para hacer cosas diferentes en la vida y se espera de unos y otras que realicen tareas, que cumplan funciones y que ocupen espacios diferenciados y, en demasiadas ocasiones, autoexcluyentes.

En general, las mujeres ocupan el espacio privado de la familia y la reproducción, mientras que los hombres ocupan el espacio público y de la producción.

Una primera consecuencia de esta desigualdad es que los hombres han tenido acceso a los recursos económicos, a través del trabajo remunerado, mientras que las mujeres han tenido que depender de los varones para acceder a los bienes y servicios a través de los recursos económicos que aportan éstos a la unidad familiar.

La separación tan taxativa entre el espacio público y el espacio privado, entre el trabajo productivo y el trabajo reproductivo, es lo que se conoce como “división sexual del trabajo”, en la que los hombres han ocupado el espacio público y las mujeres el espacio privado, produciéndose relaciones de complementariedad y jerarquía.

Reflexión: ¿Qué tiene más prestigio económico y social, el trabajo productivo o el trabajo reproductivo? ¿Qué consecuencias tiene esto sobre la situación y la condición de mujeres y hombres?

La identidad de género se construye, se aprende a ser hombre y se aprende a ser mujer, de forma que vamos reproduciendo los estereotipos de género de forma inconsciente, llegando incluso a aparecer como naturales. Y ahí radica una de las principales dificultades: que se llega a asumir como natural una diferenciación que tiene efectos negativos para muchas personas, cuando en realidad se construye social y culturalmente.

El sistema ideológico que define las relaciones sociales, económicas y políticas necesarias en un contexto histórico particular se denomina sistema patriarcal. Sus características primordiales se articulan para lograr un objetivo común: mantener la supremacía y dominancia.

  1. Es dualista: a lo largo de la historia ha promovido la categorización dicotómica de las características y condiciones sociales, de manera que no se complementen y coexistan, sino que se contrapongan “ser lo contrario al otro”.
  2. Es jerárquico: otorga valores desiguales a las característica o condiciones que han sido categorizadas y contrapuestas.
  3. Ejerce un poder de dominio: la característica o condición mejor valorada tiene poder legítimo para dominar sobre la otra.
  4. Se perpetúa mediante el temor y rechazo a la diferencia: crea mecanismos de control para mantener el orden dualista, jerárquico y de dominio, tales como la discriminación, la violencia, el castigo, la vigilancia, el miedo, la culpa, entre otros.

Los estudios de género han puesto en evidencia patrones sexistas en la socialización escolar que reproducen comportamientos, expectativas y opciones asociadas al género. Fue desde la pedagogía crítica donde se empezó a concebir el sistema educativo como un espacio investido de poder, no neutral, por lo que contribuía a crear y legitimar identidades socialmente jerarquizadas. 

La influencia política de los grupos sociales con más poder son los que marcan más profundamente las normas escolares, de modo que, aún sin preverlo, la escuela se convierte en un medio de reproducción del sistema social existente y de las posiciones de poder y de jerarquía vigentes en la sociedad. 

Por eso, se sugiere que el sistema educativo implemente el curriculum oculto de género desde la primaria para fomentar la equidad de género y que el modelo sea coeducativo para que se valore a la humanidad desde la diversidad sin jerarquización de lo masculino y femenino.

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