La lucha revolucionaria contra el imperialismo

Fragmento del artículo escrito por Mella, el histórico fundador del primer Partido Comunista Cubano, en polémica con el APRA, en abril de 1929.

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Fragmento de mural de Diego Rivera en el Palacio Nacional de México.

Fragmento del artículo escrito por Mella, el histórico fundador del primer Partido Comunista Cubano, en polémica con el APRA, en abril de 1929. Su título original es «¿Qué es el ARPA?». Esta organización pretendía convertirse en la representante «antiimperialista» de todas las clases sociales latinoamericanas oprimidas por el imperialismo, en oposición al socialismo revolucionario y la independencia de clase del proletariado. En estas líneas, Mella defiende que el único anti-imperialismo consecuente solamente puede venir de la mano de la organización revolucionaria de la clase obrera. Versión del MIA.

 

¿Qué es el A.R.P.A.?

Estas iniciales tratan de corresponder al siguiente nombre: “Alianza Revolucionaria Popular Americana». Así lo hemos visto escrito en algunos periódicos. Otras veces se llama “Frente Único de Trabajadores Manuales e Intelectuales» y hasta “Partido Revolucionario Anti-imperialista Latino-Americano». Algunas veces aparecen las iniciales cambiadas y dice así “APRA» en vez de “ARPA». Lo de “Popular» va antes de lo de “Revolucionario». ¿Qué interés tiene esto para las multitudes proletarias y revolucionarias? Pues que el movimiento, nacido en un grupito de estudiantes, ha pasado de ser una simple especulación juvenil y se ha dedicado atacar en privado —no hay valor moral y sería mala estrategia hacerlo en público— a la Revolución Rusa, a los comunistas y a todos los obreros verdaderamente revolucionarios. Por otro lado, los “arpistas» —como la poca masa obrera que los conoce los llama— quieren aparecer como sucesores de Marx y de Lenin en la América Latina, únicos intérpretes de la doctrina socialista y salvadores providenciales de los pueblos oprimidos por el imperialismo yanqui. Estos sueños no tienen nada de peligrosos. Pero es necesario, una vez por todas, ocuparse de estos propagandistas literarios y contestar a sus errores ideológicos. La verdadera base social del movimiento debe ser también definida: la causa de sus ataques y odios al proletariado revolucionario. El método “bluffista» de propaganda es posible que también merezca unas cuantas palabras. La masa obrera del Continente, que está constituyéndose con una sólida y pura conciencia clasista, necesita no ser perturbada.

Si solamente fuésemos a contestar al “A.R.P.A.» no hubiéramos escrito este trabajo. Pero lo importante es que el “ARPA» representa los intentos de organización del “oportunismo» y del “reformismo» latinoamericanos. Contestar al “ARPA» es un medio de contestar a todos los oportunistas traidores que sustentan iguales o similares ideologías, aunque nieguen tener vinculación con el “ARPA» o se digan enemigos de ella. De aquí la utilidad de tratar de fijar puntos de vista frente a la propaganda de los traidores conscientes al proletariado y a los pseudo-reformistas de las tendencias revolucionarias.

Veamos cuáles son los postulados del programa tan “genialmente» concebido:

El programa

  1. «CONTRA EL IMPERIALISMO YANQUI» (¿Y el inglés? Es fuerte todavía.)
  2. «POR LA UNIDAD DE AMÉRICA» (¿Que clases de la América?)
  3. «POR LA NACIONALIZACIÓN DE LA TIERRA Y LA INDUSTRIA»
  4. «POR LA INTERNACIONALIZACIÓN DEL CANAL DE PANAMÁ»
  5. «EN FAVOR DE TODOS LOS PUEBLOS OPRIMIDOS DEL MUNDO» (Aquí parece que no entran los pueblos de la Unión de los Soviets amenazados por el imperialismo internacional ya que duramente atacan la solidaridad con la URSS).

Antes que nada, hagamos constar que estas cinco generalidades son más o menos repetidas desde hace mucho tiempo por todos los que luchan contra el imperialismo. No solamente carecen del valor de la originalidad que ellos vociferan como programa salvador y “genial» sin que los que hasta ahora han tratado el problema del imperialismo en América han dado siempre soluciones más concretas y prácticas que estos cinco «postulados». Ingenieros, Ugarte —entre los intelectuales— han sabido estudiar el imperialismo mucho antes que el «ARPA» sonara. La Unión Latinoamericana tiene un programa similar desde 1923, y los libros de Ugarte y los escritos de Ingenieros, a pesar de los ataques de “intelectualismo», ataques lanzados por los “arpistas» para aparecer ellos como únicos salvadores, han sido más útiles que todos los discursos retóricos, actitudes teatrales y manifiestos solemnes de los jóvenes mesías «arpistas».

“Se había enunciado el hecho económico del imperialismo, pero no sus características de clase y la táctica de lucha para defendernos de él». (“¿Que es el «ARPA»?», por Haya de la Torre). Solamente intelectuales aislados de la masa obrera y del movimiento revolucionario de la América y del mundo pueden afirmar esto con tanta desvergüenza e impudor intelectual. Acaso todos los revolucionarios son los grupitos de estudiantes que se atribuyen la redención del mundo y van al proletariado no como luchadores, sino como “maestros» y “guías» ¿Acaso no se escribió: “El Imperialismo. Última Etapa del Capitalismo» en el año 1916? ¿Acaso no existían partidos proletarios en la América del Sur, Central y Antillas, antes de que el ARPA naciera a la vida de los divisionistas del movimiento obrero revolucionario? ¿Acaso porque los arpistas ignoren la tesis de Lenin para el Segundo Congreso de la Internacional Comunista, éstas no fueron escritas en 1920 y determinaron claramente el carácter y las tácticas de la lucha antiimperialista?. Todavía más: estos postulados, que son una cosa “original y salvadora», están ya en la Constitución de 1917 y el pueblo mexicano ha estado luchando por ellos desde hace tiempo. Los artículos 27 y 123 —más revolucionarios que toda la palabrería “arpista»— la llamada “doctrina Carranza», nos hablan en la América con el lenguaje de la acción práctica, no con verbalismo intelectualista, de nacionalización de tierras e industrias, de solidaridad latinoamericana, etc. Sin embargo, en el manifiesto inaugural de esa sociedad de parvulitos de la revolución se afirma, sin que los autores se sonrojen, lo siguiente: “De las Universidades Populares Gonzáles Prada del Perú, surgió una nueva interpretación del problema y especialmente de la forma de acometerlo». Hasta ahora tampoco vemos esa acometividad, a menos que las palabras y los retratos sean acometividad. La mentira no puede llegar hasta donde los “arpistas» desean y entonces tienen que confesar: “La Liga Antiimperialista fue el primer paso concreto hacia la Unión del Frente Único de Obreros, Campesinos y Estudiantes». Nada más que ……….esta organización, fundada en México por un grupo de revolucionarios e intelectuales de vanguardia y extendida rápidamente por todo el Continente, debe haber sido también obra de…….» las Universidades Populares Gonzáles Prada.

Lo probable es que Madero para iniciar el movimiento de 1910, Carranza para el suyo y Lenin para la Revolución proletaria en Rusia, consultaron antes los textos bíblico-revolucionarios, los que guardaban en sus archivos los futuros «arpistas».

“La Liga Anti-imperialista no enunció un programa político». Esta mentira la afirma todo un intelectual que se dice marxista y que se su-pone ha leído los números de “EL LIBERTADOR» donde se desarrollaba el programa de la “Liga Antimperialista».

Lo que la Liga no ha hecho es proclamarse «Partido Continental», o locuras por el estilo. En la Liga han habido y hay revolucionarios de experiencia que no temen a los imperialistas, pero sí al ridículo, y por eso no levantan organizaciones fantásticas con unos cuantos nombres, ni se olvidan de lo que es América ni el primer cuarto del siglo XX, para creer que un partido político continental, organizado desde un confortable estudio, sea realidad por el simple hecho de existir en la imaginación de un iluso. Pero las Ligas Antiimperialistas, que hoy los “arpistas» atacan, después de haber sido hasta ayer sus defensores y participantes, son como dice el mismo Haya de la Torre, “el primer paso concreto». Nosotros añadimos: el único concreto y práctico hasta hoy.

El Programa merece todavía un análisis desde otro punto de vista, fuera del carácter sensacional que le han querido atribuir sus autores. Afirman y juran que es “marxista». Este «marxismo» es una forma de llamarse “socialistas científicos» sin que se les pueda colgar el sambenito de comunistas o socialistas revolucionarios.

Sin embargo, veremos más adelante que no hay nada más alejado del marxismo verdadero que el “ARPA» y sus “teorías». Aquí solamente unas cuantas palabras. En el programa marxista, enunciado desde 1847 por Carlos Marx y Federico Engels —el “Manifiesto Comunista»— no se habla de “nacionalización» en abstracto ni de solidaridad en general. Se nos dice bien claro que se trata de la “organización del proletariado como clase para la destrucción de la supremacía burguesa y la conquista del poder político por el proletariado». Luego, “abolición de la propiedad privada y de la propiedad burguesa». Marx y Engels, como luchadores del proletariado, no necesitaban engañar a nadie para escalar el poder.

Ellos siempre permanecieron en la edad viril en que, según el renegado italiano Papini, se coge al toro por los cuernos y se llama las cosas por su nombre.

Cuando los comunistas rusos, únicos realizadores hasta hoy, del marxismo, tomaron el poder, socializaron inmediatamente la tierra y las fábricas, organizando la producción socialista. Nacionalizar puede ser sinónimo de socializar, pero a condición de que sea el proletariado el que ocupe el poder por medio de una revolución. Cuando se dicen ambas cosas: Nacionalización, y en manos del proletariado triunfante, del nuevo Estado Proletario, se está hablando marxistamente. Pero cuando se dice a secas nacionalización, se está hablando con el lenguaje de los reformistas y embaucadores de la clase obrera. Toda la pequeña burguesía está de acuerdo con la nacionalización de las industrias que les hacen competencia, y hasta los laboristas ingleses y los conservadores, sus aliados, discuten sobre la “Nacionalización de las minas». En Alemania, en Francia y en los Estados Unidos hay industrias nacionalizadas. Sin embargo, no se puede afirmar que Coolidge o Hindemburg sean marxistas.

La cuestión de la “Internacionalización del Canal de Panamá». No solamente el lema es oscuro, sino hasta peligroso. Todos sabemos lo que se entiende por internacionalización en Europa y en América, en materias como esta. Internacionalización, como la Tánger, por ejemplo, es poner en manos de varias naciones imperialistas un punto estratégico que no conviene posea una sola. No hay idea más popular en Inglaterra que la “internacionalización» del Canal de Panamá, es decir, la idea de ponerlo bajo el control de otras naciones, además de los Estados Unidos. Un imperialista inglés suscribiría el programa del “ARPA» en este punto y un revolucionario de este Continente no vería en él más que una palabra vacía y sin sentido.

La organización del «camouflage»

En la Guerra Europea se hizo popular la palabra “camouflage». Significa el disfraz que se hacía de las armas y de los lugares para engañar al enemigo. Los maestros en el arte del “camouflage» son los “arpistas». Pero no solamente engañan al enemigo, sino a ellos mismos. No llegan (cálculo exacto y desapasionado) a tres docenas de personas, en su casi totalidad estudiantes y poetas. Pero son capaces de afirmar en las entrevistas con los ministros de Gobierno que “tienen 30,000 afiliados». En la prensa se autosugestionan y hablan, con una seriedad que causa espanto por lo cínica, de células, centrales y Comités en este o aquel país.

Han pretendido copiar en la forma y en las palabras la organización de la Internacional Comunista, como si por ponerse para sus reuniones el overol de mezclilla ya fueran proletarios y dejaran de ser intelectuales divorciados de la masa obrera.

“El Comité Ejecutivo ha residido en Londres». Si un hombre es un Comité y ese es Haya de la Torre oyendo lecturas fabianas y conversando con Bertrand Russell, el “ARPA» tiene razón. “En París hay una célula bastante numerosa de estudiantes y obreros». Si unos diez artistas de instrumentos musicales peruanos son “una célula bastante numerosa», también tienen razón los “arpistas». Sobre lo que tienen en la América, que respondan los que en América viven inclusive los revolucionarios sinceros del Perú, estudiantes y obreros. Ellos dirán dónde está ese “formidable partido revolucionario». Hace meses que acompañamos a Diógenes, quien ha decidido buscar al “ARPA» porque en ella está “su hombre». Y el “ARPA» no aparece (como no sea en las conferencias que paga la Sría. de Educación para solaz y cultura de los estudiantes mexicanos), a la vez que para realizar una “campañita» velada y contraria a Vasconcelos con el fin de arrojarlo de su puesto de “Maestro de la Juventud»… Intelectual… Budista.

La masa proletaria y revolucionaria del Continente no ha gustado o no ha oído a los nóveles tañedores del “ARPA», a los Orfeos antiimperialistas. Tiene ya su música: La Internacional.

¿Qué es el Frente único para los marxistas?

Otro de los lemas del «ARPA» es ser el «frente único contra el imperialismo», y esto desde el punto de vista marxista. Para ellos el frente único es la “Unión de los obreros, campesinos y estudiantes, contra el imperialismo yanqui, por la unidad de América Latina, para la realización de la Justicia Social». Como siempre la fórmula es ambigua, obscura y susceptible de varias interpretaciones, para que acomode a todos y muy especialmente a los pequeño-burgueses, a los cuales llaman con una serie de nombres ambiguos: «productores», “clases medias», “trabajadores intelectuales», etc.

Estos pequeños burgueses son la base del programa del «ARPA»y los sostenes de su ideología. Lenin nos enseñó en la tesis sobre el Imperialismo (Segundo Congreso de la Internacional Comunista) qué es el frente único, qué son las alianzas y las fusiones del proletariado con las demás clases. Como vamos a ver, el concepto marxista y leninista de frente único no tiene nada que ver con la fanfarria “arpista» sobre esta materia.

En toda la fraseología sobre el frente único contra el imperialismo no hay nada concreto sobre el papel específico de las clases dentro de ese frente único. Y sin embargo, pretenden ser marxistas y leninistas! Presentar en abstracto el problema de la igualdad de las clases, aún en los países semicoloniales, es cosa «propia de la democracia burguesa», quien bajo el problema de la igualdad con el proletariado en general proclama la igualdad jurídica o formal del propietario con el proletario, del explotador con el explotado, engañando a las clases oprimidas. (Tesis de Lenin al II Congreso de la I.C.). Por ninguna parte aparece el principio fundamental en la lucha social: la hegemonía del proletariado y la aplicación de su dictadura para la realización del socialismo. Esto, que es aceptado, aunque teóricamente hasta por los partidos de la Segunda Internacional, se considera demasiado revolucionario, demasiado «comunista» y un tanto inoportuno, por sus nuevos ideólogos en la América Latina. Hablar de la dictadura del proletariado es «aparecer como agente de Moscú», esto es el mismo argumento de los capitalistas y reaccionarios en general, inclusive Mr. Kellog…

He aquí ahora lo que la «Tesis sobre las Nacionalidades», aprobada y divulgada por todo el mundo (todo el mundo proletario y revolucionario) nos enseña sobre la cuestión del frente único en los países coloniales y semicoloniales. Veamos si es posible aplicarlo, si se ha aplicado ya en «América» o no. Consideremos cuánto hay de razón en la acusación de que «el comunismo es exótico y oriental en la América Latina».

El imperialismo es un fenómeno internacional y sus características fundamentales («El Imperialismo, Ultima Etapa del Capitalismo», N. Lenin) son iguales en la América y en el Asia.

Los pueblos coloniales también presentan rasgos semejantes en Asia y América. Los restos de las sociedades bárbaras y feudales en los países coloniales son modificados de manera muy semejante por la penetración del capitalismo imperialista, ora sea el inglés, el yanqui o el francés. Luego, la aplicación de la táctica ha de diferir en los detalles y en la oportunidad histórica. Pero las generalidades (papel de clases, base del frente único, desarrollo del imperialismo y del proletariado, etc.) son invariables a la luz del marxismo y de su adaptación a la época moderna del imperialismo: el leninismo. Para decir que el marxismo, y por lo tanto, el Partido Comunista, o sea la organización que lucha para su realización, es exótico en América, hay que probar que aquí no existe proletariado; que no hay imperialismo con las características enunciadas por todos los marxistas; que las fuerzas de producción en la América son distintas a las de Asia y Europa, etc. Pero América no es un continente de Júpiter, sino de la Tierra. Y es una cosa elemental para todos los que se dicen marxistas —como los del “partido revolucionario continental antiimperialista»— que la aplicación de sus principies es universal, puesto que la sociedad imperialista es también universal. Así lo han comprendido los obreros de América cuando, mucho antes de que se escribiera el nombre del “ARPA», habían fundado grandes partidos proletarios (socialistas, comunistas, laboristas, etc) basados en la aplicación del marxismo en América.

Los comunistas ayudarán, han ayudado hasta ahora —México, Nicaragua, etc.— a los movimientos nacionales de emancipación, aunque tengan una base burguesa-democrática. Nadie niega esta necesidad, a condición de que sean verdaderamente emancipadores y revolucionarios. Pero he aquí lo que continúa aconsejando la tesis de Lenin al Segundo Congreso de la Internacional: “La Internacional Comunista debe apoyar los movimientos nacionales de liberación (aunque tengan una base, como todos la tienen, democrático-burguesa. N. del A.) en los países atrasados y en las colonias, solamente bajo la condición de que los elementos de los futuros partidos proletarios, comunistas no sólo de nombre, se agrupen y se eduquen en la conciencia de sus propias tareas disímiles, tareas de lucha contra los movimientos democráticos burgueses dentro de sus naciones. La I.C. debe marchar en alianza temporal con la democracia burguesa de las colonias y de los países atrasados, pero sin fusionarse con ella y salvaguardando expresamente la independencia del movimiento proletario, aún en lo más rudimentario».

He aquí bien clara la opinión marxista sobre el frente único, dicha por el más exacto y práctico de los intérpretes de Carlos Marx: Nicolas Lenin. Todavía los «arpistas» no han, probado que ellos lo interpretan mejor, aunque quieran hacérnoslo creer.

Esto no solo es «teoría», sino que lo hemos vivido en América. El Partido Comunista en México ha estado apoyando la lucha de la burguesía liberal, democrática y revolucionaria, contra el imperialismo y sus aliados nacionales: el clero católico y los militares reaccionarios y profesionales de la revuelta. Igual cosa han estado haciendo los comunistas en el «caso Nicaragua». Los comunistas de Cuba, sin fusionarse con el Partido Nacionalista, guardando la independencia del movimiento proletario, lo apoyarían en una lucha revolucionaria por la emancipación nacional verdadera, si tal lucha se lleva a cabo. En la lucha contra la «Prorroga de Poderes», aspecto político inmediato del imperialismo yanqui, han apoyado a todos los «antiprorrogistas», aunque no fueran obreros ni comunistas. En Chile fue el fuerte Partido Comunista el que lucho por un frente único contra la dictadura imperialista de Ibáñez. Pero en ningún momento ha pretendido dejar a la clase obrera aislada o entregada a las otras clases para cuando las condiciones cambien —como ahora está sucediendo en México— se encuentre huérfano y sin dirección. Tal cosa pretende en la realidad el «Frente Único» del «ARPA» al no hablarnos concretamente del papel del proletariado y al presentarnos un frente único abstracto, que no es más que el frente único en favor de la burguesía, traidora clásica de todos los movimientos nacionales de verdadera emancipación. «Los movimientos nacionales liberadores de las colonias y de las nacionalidades oprimidas, se están convenciendo por su experiencia amarga de que no hay para ellos salvación fuera de la victoria del poder soviético».

En otros términos: el triunfo en cada país de la revolución obrera sobre el imperialismo mundial.

Las traiciones de las burguesías y pequeñas burguesías nacionales tienen una causa que ya todo el proletariado comprende. Ellas no luchan contra el imperialismo extranjero para abolir la propiedad privada, sino para defender su propiedad frente al robo que de ellas pretenden hacer los imperialistas.

En su lucha contra el imperialismo —el ladrón extranjero— las burguesías —los ladrones nacionales— se unen al proletariado, buena carne de cañón. Pero acaban por comprender que es mejor hacer alianza con el imperialismo, que al fin y al cabo persiguen un interés semejante. De progresistas se convierten en reaccionarios. Las concesiones que hacían al proletariado para tenerlo a su lado, las traicionan cuando este, en su avance, se convierte en un peligro tanto para el ladrón extranjero como para el nacional. De aquí la gritería contra el comunismo.

Por otro lado, los Estados Unidos —es una característica del moderno imperialismo con el carácter de financiero— no desean tomar los territorios de la América Latina y exterminar toda la propiedad de las clases dominantes, sino alquilarlas a su servicio y hasta mejorarlas con tal de que les den la explotación de lo que ellos necesitan. Un buen país burgués con un gobierno estable, es lo que los Estados Unidos quieren en cada nación de América, un régimen donde las burguesías nacionales sean accionistas menores de las grandes compañías. En cambio, les conceden el privilegio de «gobernar», de tener himnos, banderas y hasta ejércitos. Les resulta más económica esta forma de dominio.

Moncada en Nicaragua, el Kuo Min Tang en China (organización que los «arpistas» pretenden copiar), la nueva política de la pequeña burguesía mexicana y toda la diplomacia rosada hecha en la Conferencia de La Habana por muchas naciones que se dicen libres y que alii pactaron con el imperialismo, al final de las discusiones, demuestran que si es cierto lo anterior.

Para hablar concretamente: liberación nacional absoluta, sólo la obtendrá el proletariado, y será por medio de la revolución obrera.

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