Las nuevas protestas en Cuba contra el ajuste económico del gobierno

En días recientes, las manifestaciones volvieron a Cuba. Cientos de personas trabajadoras y de los sectores populares salieron a protestar en Santiago, Bayamo y otras dos ciudades de la isla caribeña.

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Las causas de las protestas

Las manifestaciones -las más grandes desde el 11 de julio del 2021-, se originaron por el malestar ante los constantes y largos apagones eléctricos, junto al desabastecimiento de alimentos y medicinas. En ese sentido, fueron una reacción genuina y legítima de sectores trabajadores y populares que, ante los problemas de carestía y precarización de sus condiciones de vida, se movilizaron para expresar su malestar y exigir una mejora a su situación.

Iniciaron con un grupo de madres que, junto a sus hijas e hijos, salieron a marchar el 17 de marzo en la segunda ciudad más importante del país, Santiago, con la exigencia de comida y leche para sus hijos. A ese grupo se le unieron cientos de personas afrodescendientes y desocupadas de los barrios populares y de la clase trabajadora.

La principal consigna que se reporta es ¡Corriente y comida!, debido a los problemas de abastecimiento en la isla y los cortes de electricidad constantes que, en el caso de los pueblos más alejados de la capital, se extienden durante gran parte del día (pueden pasar 12 horas sin fluido eléctrico).

Las protestas, en apariencia, ponen sobre la mesa un proceso de deterioro del gobierno y del Partido Comunista Cubano (PCC) entre sectores de la población. Por ejemplo, recién iniciadas las movilizaciones, el partido envió a su primera secretaria provisional del PCC en Santiago, Beatriz Johnson, para intentar descomprimir el descontento. Sin embargo, quienes se manifestaban ni siquiera prestaron atención a sus promesas respecto a la distribución de arroz durante la semana y leche gratis durante unos días. Es decir, el PC cubano no consiguió diluir el movimiento. Dicha actitud podría dar cuenta de un elemento de desconfianza hacia el gobierno por parte de quienes protestan, debido al malestar por la precariedad en las condiciones de vida en la isla. De hecho, una de las consignas “no más muelas” (una expresión cubana que se refiere a una situación de sufrimiento o adversidad), también apunta en ese sentido de malestar y desconfianza política.

Otras consignas se agitaron en el resto de ciudades. En Bayamo se coreaba ¡Abajo Díaz Canel! o ¡El pueblo unido, jamás será vencido! Y, como un vestigio de las movilizaciones del 11 de julio de 2021, también se reportó la consigna de “patria y vida”, la cual tiene un tono más conservador, pues hace referencia a una canción crítica al régimen cubano que fue asumida como referencia por sectores del exilio de Miami, los cuales mayoritariamente buscan la restauración capitalista en la isla.

Lo anterior, da cuenta que permanece la disputa por el rumbo político que puedan tomar las manifestaciones, pues el legítimo malestar y desconfianza ante la gestión burocrática del gobierno y el PC cubano, conlleva a que muchas personas vean a la derecha cubana en el exilio como una alternativa, con más razón cuando toda disidencia de izquierda es reprimida bajo la etiqueta de contrarrevolucionaria o agentes de la CIA por parte del régimen.

Por su parte, el gobierno cubano optó por desplegar contingentes policiales en las manifestaciones, en el caso de Santiago los policías se mantuvieron al margen, salvo para evitar que quienes se manifestaban llegarán al Parque Céspedes. Aún así, el gobierno mandó a militarizar parques aledaños a las protestas (como Holguín), colocando en ellos contingentes de distintos cuerpos policiales. En la isla existe sensibilidad por el tema de la policía y la represión, ya que en las protestas del 11 de julio del 2021, se arrestó a una gran cantidad de manifestantes (el año pasado fueron condenadas 381 personas por participar en las protestas de julio). A pesar de eso, el despliegue represivo no frenó las movilizaciones y, quienes salen a las calles, dicen que no tienen miedo, ni siquiera de ir a una cárcel.

Respecto a los apagones eléctricos y de internet, según la oposición al gobierno se trata de una manera de silenciar el movimiento de protesta -de hecho, los policías le piden a quienes se manifiestan no grabar-, empero, también hay un problema de fondo: los sistemas que usan son de origen soviético y por su antigüedad presentan muchas averías -lo cual habla de lo poco que el Estado cubano invierte en infraestructura- combinado con el déficit de combustibles que atraviesa el país.

La planificación burocrática y el ajuste del gobierno cubano

Desde Izquierda Web se abordó la situación de Cuba y el desarrollo de recurrentes olas de protestas.[1] En síntesis hay una discusión general sobre la situación en isla caribeña: si bien existe un bloqueo imperialista e ilegítimo por parte de los Estados Unidos que genera enormes pérdidas para la economía cubana, eso no le quita responsabilidad al gobierno por aplicar el ajuste contra la clase trabajadora, la juventud y las mujeres.

La Revolución Cubana fue un acontecimiento histórico muy importante y progresivo, pues tomó un curso anticapitalista que expropió al imperialismo y la burguesía local. A pesar de eso, no abrió paso a una transición al socialismo, porque la clase trabajadora nunca ejerció el poder democráticamente mediante sus partidos y organismos (sindicatos, consejos de obreros, etc.). En su lugar, el poder fue retenido por la burocracia castrista, la fue asimilada por el estalinismo y, en consecuencia, en la isla se replicó la planificación burocrática de la URSS y sus Estados satélites, donde “la burocracia a todas luces antepone sus intereses –es decir, garantizar las fuentes de sus privilegios materiales- antes que resolver los problemas que aquejan a las masas cubanas”[2].

Parte de ese manejo burocrático hoy se refleja en las maniobras que usa el gobierno cubano para distraer la atención cada vez que existe malestar por los planes de ajuste que lleva adelante. A inicios de febrero, por ejemplo, fue destituido el ministro de finanzas Alejandro Gil, quién era una de las caras visibles del ajuste. Así, el presidente Miguel Diaz Canel, optó por “liquidar a la cabeza visible de quien lleva adelante una impopular política económica, pero deja casi intactas las medidas que el burócrata destituido abanderaba”[3].

El ajuste económico impulsado por el gobierno y llevado adelante por Gil (anunciado a finales del año pasado e inicios de este año) implica, entre otras, un incremento del 500% en los combustibles, junto a otros incrementos en transporte, alimentos, electricidad, agua, tabaco y medicinas. Junto a eso, los subsidios que da el Estado para distribuir alimentos vienen disminuyendo las cantidades que dan; por ejemplo, el pan que se vende de manera racionada a menores de 13 años, muchas veces no se logra conseguir[4].

A este respecto, vale señalar dos elementos de las políticas de ajuste económico en la isla caribeña.

Podemos comenzar por la forma en que se da la inversión económica, dónde “el 37.4 % de lo invertido se concentró en el turismo y solo un 2.6 % correspondió a la agricultura”[5], lo cual genera que un sector importante para garantizar la seguridad o soberanía alimentaria no tenga mucho desarrollo, a diferencia del turismo. Además, resalta la injerencia de los militares en distintas áreas económicas. Por dar un ejemplo, en el turismo el principal grupo “empresarial”, Gaviota, es controlado por el general Luis Pérez Rospide, quién “tiene en operación más de 55 hoteles, con un total de 24,000 habitaciones, sus ventas superaron los $650 millones de dólares”[6]. De igual manera, otras figuras militares tienen operaciones similares en distintas áreas económicas.

El segundo elemento se entrelaza con el tipo de cambio. En Cuba circulan tres monedas distintas: el peso cubano (CUP), el peso convertible (CUC) y las monedas de libre convertibilidad (MLC). Además, hay varios  tipos de cambio distintos; uno para el “sector estatal” con la moneda cubana, con el cuál un CUP o un CUC son equivalentes a 1 dólar (tipo de cambio sobrevalorado); mientras para el sector no estatal cada CUC son 24 o 25 CUP. Parte del plan macroeconómico del gobierno es eliminar los distintos tipos de cambio y establecer el peso cubano como la moneda central, lo cual implicaría afectar el sector importador y promover al exportador.

La crisis inflacionaria (combinación de la crisis del año pasado en post-pandemia y la generada por la política monetaria) y la ralentización de la economía, también pasan factura. Por ejemplo, el año pasado la economía se contrajo un 2%, mientras la inflación fue del 30%, por lo cual se encareció más la vida de la clase trabajadora, dejando a muchos más sectores en condiciones más precarizadas. Según Bloomberg, para el año pasado un 88% de la población se encontraba en pobreza extrema (con un incremento del 13% respecto al 2022), una muestra de la magnitud del ajuste.

Como parte de la planificación burocrática, desde el gobierno “se han firmado ya más de 100 contratos de exportación e importación con empresas privadas cubanas”[7], pero entre el 80 y el 100% de las ganancias se las quedan las empresas, sean estatales o no.

Lo anterior, se traduce en un ajuste contra la clase trabajadora. La reconversión monetaria -junto a la crisis del capitalismo y, más en concreto la crisis de inflación vista el año pasado- afectan los ingresos de las personas trabajadoras y jubiladas (o quienes reciben remesas) y la apertura empresarial el gobierno la comienza a traducir en bajar los subsidios a “solo para quienes los ocupan de verdad”.

Todo lo anterior, evidencia cómo la planificación se realiza de manera burocrática, esto es, desde las alturas y buscando preservar los intereses de ciertos sectores económicos vinculados a ese aparato burocrático; mientras se empeoran las condiciones de vida de la clase  trabajadora, las mujeres y la juventud, quienes no tienen mayor participación democrática en la dirección económica del país.

Defendemos el derecho democrático de pueblo cubano a protestar

Ahora, luego del 11J del 2021, vuelven las protestas a Cuba contra el ajuste económico, las cuales  expresan elementos concretos de la crisis que viven. A diferencia de lo que alega el Diaz Canel, no se trata de una “pura maquinación” estadounidense, pues hay una responsabilidad de la burocracia cubana por la situación de las mayorías trabajadoras o la falta de inversión en áreas estratégicas como la producción de alimentos.

Las protestas fueron una reacción genuina y legítima de sectores trabajadores y populares que, ante los problemas de carestía y precarización de sus condiciones de vida, se movilizaron para expresar su malestar y exigir una mejora a su situación. Una reacción totalmente comprensible y similar a lo que acontece en muchos otros países del mundo, donde los sectores explotados y oprimidos toman las calles para luchar por sus derechos, medida que, desde la  Corriente Internacional Socialismo o Barbarie, apoyamos y defendemos como un derecho democrático cuando se sustenta en reivindicaciones legítimas.


[1] Izquierda web.

[2] Ídem.

[3] Comunistas Cuba. 

[4] Comunistas Cuba. 

[5] La Tiza. 

[6] Marti.noticias.

[7] Marxist. 

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