• Este 15 de septiembre miles de personas salieron a las calles de la capital de El Salvador manifestándose contra el gobierno de Nayib Bukele. 

Johan Madriz

La convocatoria no estuvo centralizada bajo una consigna específica o alguna organización, más bien reinó una heterogeneidad de exigencias y convocatorias, aunque todas con el denominador común de estar contra el gobierno.

Desde hace algunas semanas diferentes organizaciones estaban convocando a esta manifestación, desde grupos feministas a organizaciones cristianas, de sindicatos a representantes del sector ganadero, de simpatizantes del FMLN a los de Arena. De ahí que las pancartas tuvieran múltiples frases: “Fuera dictador”, “no al bitcoin” o “basta de corrupción”.

De esta forma la protesta aglutina el hartazgo de dos años de gobierno de Bukele, caracterizada por una gestión personalista y autoritaria, con un discurso mesianico de una “Nueva Republica” que solo puede ser conducida por él, de ahí su justificación para hacer y deshacer a su antojo. Presenta todo lo anterior como malo o negativo y su obra como la salvación. Aunque no reivindicamos a ninguno de los gobiernos anteriores es evidente que utiliza un discurso manipulador con tintes religiosos.

Bukele se alimenta de las masas y cada una de sus apariciones en público o anuncios conllevan todo una puesta en escena que magnifique su mensaje. Pero hoy se vió confrontado, por primera vez, en dos de sus ámbitos fuertes: la calle y las redes. Esta es la primera gran protesta en su contra rompiendo con un gobierno que mediante la intimidación y el populismo había mantenido el control de los diferentes sectores sociales. Además, la convocatoria es tendencia desde ayer en las redes sociales, el medio por el que usualmente se comunica y donde tiene una gran presencia.

En mayo pasado se renovó la composición de la Asamblea Legislativa dando una mayoría al oficialismo, permitiéndole la aprobación rápida de todas sus propuestas. De esta forma, con el control del Ejecutivo y el Legislativo, el Congreso arremetió contra el Poder Judicial destituyendo a cinco miembros de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y al Fiscal General. Además, el pasado 31 de agosto se aprobó la Ley de la Carrera Judicial y la Ley Orgánica de la Fiscalía General que, entre otras cosas, dispone el cese de todos los jueces y fiscales mayores de 60 años o con más de 30 años de servicio.

Con la purga del Poder Judicial, ahora repleto de adeptos oficialistas, Bukele logró una autorización para poder presentarse como candidato presidencial a las próximas elecciones, situación que está prohibida constitucionalmente, y con lo cual, de concretarse, podría permanecer 10 años en el poder.

Para completar la configuración de un “nuevo Estado”, el gobierno también presentó una propuesta de reformas constitucionales. Serían más de 200 modificaciones que incluyen la ampliación del periodo presidencial de cinco a seis años y la posibilidad de reelecciones consecutivas, la transformación y debilitamiento del órgano electoral y la duplicación del tamaño del Ejército. Además, se permitiría la existencia de un partido único, eliminando esta frase de la actual constitución: “la existencia de un partido único oficial es incompatible con el sistema democrático y con la forma de gobierno establecidos en esta Constitución”. Por otra parte, se permitirían grupos armados paraestatales al modificar el artículo que los prohíbe de la siguiente forma: “la existencia de grupos armados salvo los casos previstos por la ley”.

Otra de las medidas polémicas fue la entrada en vigor del bitcoin como moneda de curso legal junto a los dólares estadounidenses. Contra esta medida se dió una pequeña manifestación hace dos semanas. Según una encuesta de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) reveló que 7 de cada 10 personas rechazan el uso de la criptomoneda y piden la derogación de la ley.

Si bien la manifestación de hoy le asesta un golpe al gobierno de Bukele, al romper la “calma” reinante en el país, este aún mantiene niveles de aprobación del 80% y su control del aparato estatal se mantiene férreo. Las protestas resultan pequeñas con respecto al conjunto de la sociedad y no existe, por el momento, una organización política opositora que le sea rival o se plante ante la configuración de un gobierno autoritario. Por esto se debe desarrollar la construcción de una alternativa desde los sectores populares que deje atrás el bipartidismo tradicional y al despotismo de Bukele para avanzar hacia un gobierno de la clase trabajadora.

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