El atentado a Cristina Fernández cambia la situación política argentina

El Nuevo MAS estuvo en las calles en una jornada histórica de movilización contra la reacción. La izquierda tiene el deber de movilizar.

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Las libertades democráticas se conquistaron con sangre. Desde la lucha contra la dictadura militar, la organización obrera a partir de los ’80, las marchas de los 24 de marzo, la conquista de los juicios a los genocidas, el 2001… El derecho a la movilización, al voto, a la organización son cosas que no se pueden no defender.

El atentado contra CFK es un ataque a todo eso y trasciende a su persona. A la vez, no es un rayo en cielo sereno. Hace años que en Argentina hay una campaña derechista para criminalizar los cortes de calle, los reclamos populares, los sindicatos y movimientos de desocupados. A la clase capitalista le gustaría poder borrar del país su molesta rebeldía permanente. El propio peronismo, más tímidamente, viene siendo parte de esa campaña.

Como la década kirchnerista fue una de dar para no perder más por parte del Estado capitalista, de conquistas de quienes hicieron  la rebelión del 2001, una parte de la derecha identifica a Cristina con los sindicatos, con la movilización, con las libertades democráticas.

También, por supuesto, franjas importantes de trabajadores y sectores populares, que por eso la defienden como referente y dirigente suya. Rechazar al ataque a CFK, lo mismo que a su persecución judicial, es defender el derecho de esos miles o millones a elegir a sus propios líderes. La izquierda solo puede arrancarle esa influencia con el convencimiento. Por ejemplo, denunciando y enfrentando el ajuste de Massa.

Fernando Andrés Sabag Montiel, quien apuntó con su arma a CFK, tuvo esa motivación, ese contexto, para creer en la legitimidad de sus actos. En una nota en TV había dicho que “no estamos de acuerdo con gente que viene de afuera a ocupar una villa y vivir gratis y a vivir de planes sin trabajar y venden droga, habría que extraditarlos” y que los planes sociales “fomentan la vagancia”.

El responsable, pese a que muchos lo presenten como “un loco suelto”, tiene por sus características el perfil propio de un simpatizante de la extrema derecha. Con un brazo tatuado con simbología nazi, su perfil de resentido que responsabiliza por su situación a trabajadores que luchan y sectores populares empobrecidos es típico de la extrema derecha internacional, de los simpatizantes de Trump y Bolsonaro.

No es nada casual que Javier Milei sostenga un tenaz silencio. Por más que el hombre que apuntó con su arma no fuera “libertario” ni tuviera ningún vínculo con él, la motivación de sus acciones es la misma campaña ideológica que le da base social. Sus simpatizantes, mayoritariamente, niegan que el atentado haya sido real o lisa y llanamente simpatizan con el atacante. El rol de la nueva derecha es darles una organización, una bandera, un programa a esos “locos sueltos”.

Lo mismo puede decirse de personajes como Patricia Bullrich, que tiene sus votantes entre quienes quieren represión, Amalia Granata, que se convirtió en “política” como parte de la movilización celeste anti feminista, etc.

Una inmensa jornada de movilización popular

Sabiendo que la respuesta iba a ser masiva y temiendo un llamado a paro nacional es que el gobierno decretó el 2 de septiembre como feriado. De la jornada de movilización participaron miles y miles de trabajadores espontáneamente, sindicatos, organizaciones sociales, el Nuevo MAS… La CGT titubeó en convocar y no llamó a movilizar como tal.

A la vez, la oposición de derecha también rechazó la movilización pese a mayoritariamente haber repudiado los hechos en redes sociales.

“El presidente está jugando con fuego: en vez de investigar seriamente un hecho de gravedad, acusa a la oposición y a la prensa, y decreta un feriado para movilizar militantes. Convierte un acto de violencia individual en una jugada política. Lamentable” dijo Patricia Bullrich. Pese a calificar el atentado de un “hecho de gravedad”, no se le escapó ni una palabra de repudio.

“Lamentable que el Presidente crispe más a la sociedad al culpar por Cadena de un discurso de odio de la Justicia, la prensa y la oposición y lamentable también que declara un feriado nacional para hacer un acto político” dijo por su parte Espert.

Los hechos hablan por sí mismos. En el marco de un gobierno relativamente debilitado y que ajusta, la capacidad de movilizar el oficialismo venía siendo muy poca. Y repentinamente el país se paraliza con una movilización inmensa sin que convoquen ni la oposición gorila ni las más altas cúpulas de la burocracia sindical.

En contraste, Bolsonaro en el país vecino llama a una movilización –que puede ser importante- para sostener sus amenazas golpistas en caso de no ganar las elecciones. Se propone poner en la calle, de manera organizada, a muchos de esos “locos sueltos” que quieren ver aplastadas las libertades democráticas. En estos momentos, Argentina puede estar siendo la imagen perfectamente invertida de Brasil, con las calles abarrotadas de amplias masas en defensa de sus derechos.

La izquierda tiene el deber de movilizar

Dejar pasar un atentado tan grave a las libertades democráticas por parte de la izquierda es suicida. La sola insinuación de impunidad pondría en la mira a su militancia. Y, sin embargo, el FITU se negó en bloque a marchar hoy. El único partido de la izquierda independiente que salió a las calles fue el Nuevo MAS.

La incoherencia es absoluta. Nicolás del Caño llamó lo sucedido un “atentado fascistoide”, Bregman un “atentado facho”. Gabriel Solano sostuvo: “Tomen nota que Milei no repudió el intento de asesinato de CFK. No es una omisión menor. Confirma un aval a los fascistas que pasan de las palabras a los hechos”. “Fascistoide”, “facho”, “fascistas que pasan de las palabras a los hechos”, ni más ni menos.

Incluso titularon una nota “Atentado contra Cristina Kirchner: no dejar pasar ataques que podrían usarse contra el pueblo trabajador”. Y el mismo día en que llaman a “no dejar pasar ataques que podrían usarse contra el pueblo trabajador” toman la decisión de dejarlos pasar.

¿Por qué? “La movilización convocada y el feriado nacional no tienen simplemente el objetivo de repudiar el atentado, sino que son una movilización de apoyo al gobierno y fundamentalmente de reivindicación de la figura de Cristina Fernández, en momentos en los cuales el gobierno nacional emprende un mayor ajuste contra la clase obrera” dice el comunicado del FITU firmado por los cuatro partidos.

Era evidente que el peronismo iba a querer usar lo sucedido para reivindicar su propio gobierno ajustador y a la misma CFK. Simplemente no podía esperarse otra cosa. Estamos completamente de acuerdo con la formulación citada más arriba: “no dejar pasar ataques que podrían usarse contra el pueblo trabajador”. ¿Es que hay que esperar a que el peronismo deje de ser el peronismo para “no dejar pasar” ataques que ellos mismos califican de “fascistas”?

También son completamente infundados estos argumentos:

“Rechazamos el intento de hacer un uso político del justo repudio al atentado para convocar a la unidad nacional (en nombre de la defensa de la ‘paz social y la democracia’), es decir, a la unidad entre los que estamos sufriendo un brutal ajuste y quienes lo aplican” dice el PTS.

“A su vez, no vamos a la marcha convocada hoy y rechazamos su utilización política. En nombre de la ‘unidad nacional’ y la ‘paz social’, usan este hecho para fortalecer al gobierno que aplica el ajuste del FMI, del cual la CGT es cómplice rastrera” dice el MST.

Si “unidad nacional” quiere decir algo es el establecimiento de un acuerdo entre las principales fuerzas de la clase capitalista (por lo general en crisis) para subordinar a la clase trabajadora. Y, sin embargo, no hubo tal “unidad nacional”: la oposición gorila en bloque se negó a movilizar usando también la retórica del “uso político” de la jornada. Claro que existió ese “uso”, que hay que rechazar y denunciar marchando con consignas y banderas propias.

Pero la “unidad nacional” existe solo en la cabeza de los compañeros, que compartieron la posición de no marchar y repudiar solo en redes sociales con Macri y Espert.

De nuevo: ¿teníamos que esperar a que el peronismo se comprometa a no hacer ningún uso político de los hechos para “no dejar pasar” un atentado “fascista”? Esto no tiene absolutamente nada que ver con la táctica socialista revolucionaria, que frente al “fascismo” sostenía la política de “golpear juntos, marchar separados”.

Manuela Castañeira expresó la posición del Nuevo MAS en estos términos: “Acabamos de retirarnos de Plaza de Mayo luego de una jornada histórica de unidad de acción contra la provocación fascista. Con nuestra banderas socialistas, el Nuevo MAS en la primera línea en defensa de las libertades democráticas, sin apoyar al gobierno y su ajuste”.

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