Vergüenza Compartida – Carta de unos internacionalistas chinos

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  • Acerca de la Guerra en Ucrania. La posición indignada de un grupo de internacionalistas de China continental.

Traducido del portal Chuang por Florencia Alegría para Izquierda Web. Texto publicado el 2 de marzo de 2022 con el siguiente encabezado:

Como señalamos en una publicación anterior, el Estado Chino y las plataformas de redes sociales han estado censurando el contenido crítico de la invasión rusa a Ucrania (aunque de forma inconsistente, ya que desde el Estado todavía tienen pendiente asentar una posición clara sobre el tema). Asimismo, recibimos la siguiente carta de un grupo anónimo que se identifica como internacionalistas de la China continental. Nos provee de un buen pantallazo sobre cómo se percibe el conflicto reciente en la izquierda china. Como otros ensayos y traducciones que hemos publicado, la posición que a continuación se desarrolla pertenece a sus autores. Aunque acompañamos el sentimiento, aclaramos que el lenguaje y el encuadre utilizados en este texto no son declaraciones de Chuang y no han de ser tomados como tal. Una de nuestras metas ha sido aumentar la visibilidad de otros grupos e individuos en China que tratan con preocupaciones similares, por lo que nos place poder dar lugar a la siguiente carta.

 

1.

Como internacionalistas, estamos firmemente en contra de la invasión rusa en la misma medida que nos oponemos a la temeraria expansión por parte de la OTAN. No nos posicionamos a favor del gobierno ucraniano, sino que estamos a favor del derecho del pueblo ucraniano a liberarse de toda injerencia imperialista.

Putin ha respaldado la independencia de las dos repúblicas del Donbass, afirmando proteger a su pueblo del gobierno ucraniano. Innegablemente,  por los últimos ocho años la población de Donbass ha vivido en una guerra que no veía fin. Lo que la gente allí anhela es la paz, en lugar del accionar de Putin, es decir, la expansión de la guerra por tiempo indefinido. No negaremos que la población local sufre la persecución del gobierno ucraniano ni negaremos la presencia de neo-nazis en Ucrania (tal como en Rusia), así como tampoco negaremos la existencia de progresivas iniciativas anti-fascistas en la lucha armada del pueblo de la región del Donbass. Sin embargo, si el régimen de Putin realmente pretende proteger al pueblo del Donbass como viene declarando, no podemos dejar de decir, ¿cuántos representantes del pueblo del Donbass han fallecido en manos de la Gran Rusia chauvinista y la armada de Putin?

La “desnazificación” de Ucrania suena como una broma considerando que Putin y sus seguidores han sido quienes durante la última década más han apoyado a la extrema derecha europea. La invasión rusa en Ucrania solamente impulsará y reforzará el nacionalismo radical en el país. Putin quiere instalar la idea de que Ucrania es un país construido por Lenin y la Unión Soviética. Sin embargo, como otros grupos progresistas ya han señalado, ¿qué nación existente no es producto de una construcción? En nombre de la “descomunización”, Putin busca en realidad eliminar la soberanía de Ucrania e incluso su identidad nacional, al mismo tiempo que encubre la ambición de reconstruir un Imperio Ruso de una sola etnia. Es cierto que sin el principio leninista de la autodeterminación de las naciones Ucrania no habría conformado sus límites actuales, así como tampoco la igualdad de las nacionalidades ni la libertad a la secesión política. Lo que Putin no se atreve a admitir es que, sin un principio como ese, la Unión Soviética no habría ganado la confianza de sus repúblicas constituyentes desde el principio y la unión de las repúblicas socialistas, que duró alrededor de 70 años, podría no haber existido jamás.

La retórica resulta hipócrita y frágil ante las fuerzas geopolíticas reales. Durante las últimas décadas, se ha utilizado frecuentemente el argumento de “los derechos humanos” y el “genocidio” para justificar las guerras empezadas por Occidente. ¿No usó Rusia, que aparentaba estar del lado opuesto, exactamente la misma retórica en el caso del Donbass? Asimismo, para Estados Unidos, que se apresuró a imponer sanciones considerando los derechos humanos, ¿dónde están las sanciones contra Israel, en un momento en que está ocupando Palestina e imponiendo el apartheid? ¿Dónde están las sanciones contra Arabia Saudita, que sigue invadiendo Yemen y provocando un enorme desastre humanitario? Por no hablar de que muchos análisis llevan tiempo señalando que las sanciones económicas, si bien es cierto que pueden debilitar la capacidad del régimen ruso para financiar su maquinaria bélica, tendrán un mayor impacto en la gente de a pie que en la poderosa élite rusa. Lo que está claro es que al dictador no le importa que su pueblo sufra.

Esta no es una guerra entre rusos y ucranianos. Es una guerra entre Putin y Biden y las súper potencias detrás de ellos. Esta es una guerra que no tendrá victoriosos pero sí creará víctimas incontables.

Esta es una guerra entre el pueblo con una justicia simple y un Estado que rinde culto al poder. En Rusia, hay innumerables voces contra la guerra entre la gente común, y no es que no tengan miedo. Todos son profundamente conscientes de que se arriesgan a ser detenidos por sostener en alto pancartas de «No a la guerra», que cualquier expresión de opiniones disidentes puede llevarlos a la cárcel, que el régimen está aprovechando la emergencia para profundizar la represión de los disidentes y que más de 1.700 personas fueron detenidas por la policía por protestar el primer día en que Putin arrancó la invasión. Dicho esto, la vergüenza y la furia han llevado a innumerables rusos a salir a la calle una y otra vez. Veremos que la protesta contra el régimen de Putin no se limita a esta guerra concreta, si tomamos en cuenta que el pueblo ruso ya llevaba muchos años inmerso en una guerra invisible contra su gobierno en relación con la corrupción generalizada de Moscú, la connivencia con los oligarcas de la energía, la manipulación de la democracia y el uso de gángsters para atacar a la oposición. ¿Qué tan absurdo es que un régimen pretenda rescatar a otra nación y al mismo tiempo reprimir a su propio pueblo?

Esta no es solo una guerra en el terreno, sino que también es una guerra online. La gente termina siendo representada por sus Estados y la misma información o concepto puede llegar a tener un significado completamente diferente dependiendo de los distintos bandos o puede llegar a ser bloqueada por diferentes prejuicios. Luego, en el frenesí y la ansiedad, estas ideas deformadas flotan a través de las fronteras en los vientos de la guerra. Viviendo en China, nos hemos encontrado en una situación absurda con lo que los medios de comunicación estatales llaman irónicamente «guerra cognitiva». El gobierno chino ha sido condenado por la comunidad internacional por su actitud ambigua: abogar por la paz, por un lado, mientras refuerza sus lazos con Rusia, por otro. Mientras tanto, bajo la propaganda de los principales medios de comunicación y una censura cada vez más fuerte durante muchos años, los cibernautas chinos son, por desgracia, vistos en este momento por el mundo como los mayores y más ruidosos partidarios de la guerra y de Putin. Las voces progresivas contra la guerra son silenciadas y los manifestantes son castigados. Avergonzados como estamos, condenamos enérgicamente la máquina de propaganda que, una vez más, «señala a un ciervo y lo llama caballo». Cuando la invasión rusa acababa de empezar, nuestro gobierno estaba ocupado persiguiendo a su propia población en una de las mayores crisis de opinión pública que ha visto China en los últimos años. Todo el país estaba conmocionado por las revelaciones de innumerables casos de mujeres víctimas de trata, que habían sido torturadas y tratadas como esclavas sexuales durante décadas. Estos crímenes se habían convertido en una norma social con la complicidad de los gobiernos locales.

Durante mucho tiempo viviremos en la era de la posverdad, en la que las divisiones emocionales ocuparán el papel del «sentido común» en la vida pública. Por lo tanto, defendemos el derecho del pueblo ucraniano a determinar su propio destino, y el derecho del pueblo ruso y de otros que viven bajo regímenes autoritarios a expresar su desacuerdo con sus gobiernos, así como a demostrar su solidaridad con aquellos que han sido invadidos. «Vergüenza» ha sido un sentimiento común expresado desde Rusia en las recientes concentraciones contra la guerra en las calles y en Internet. Y nosotros, los internacionalistas chinos, compartimos la vergüenza.

3.

El pueblo ucraniano tiene voluntad propia y tiene el derecho a decidir su propio destino sin la injerencia del imperialismo occidental u oriental. Deben ser liberados de cualquier daño hecho en nombre de la «protección» o el «rescate». Pero al mismo tiempo, debemos comprender la complejidad y la crueldad de la política internacional, especialmente cuando el pueblo ucraniano está atrapado entre dos imperios, enfrentándose a la guerra contra la humanidad, a la invasión e incluso a la amenaza de las armas nucleares.

La neutralidad es hipócrita en las condiciones apremiantes del momento. La guerra de agresión de Rusia se ha vuelto imparable, por lo que oponerse a la guerra de autodefensa de Ucrania sería contradictorio para los activistas antiguerra, que tienen la pretensión de estar del lado de las víctimas. Debemos estar con el pueblo ucraniano que defiende su país, con el pueblo ruso y bielorruso que arriesga su vida para protestar contra sus respectivos Estados y con la gente de todo el mundo que tiene sed de paz y condena la guerra. La comunidad internacional debe respetar y responder a las demandas del pueblo ucraniano y ofrecer ayuda práctica, y eso debería incluirnos. Creemos que las tropas de la OTAN no cambiarán la situación y solo aumentarán la posibilidad de una guerra mundial, que es lo último que queremos ver. Compartimos la opinión de nuestros responsables predecesores, antiimperialistas, que en los movimientos antibélicos durante la guerra de Vietnam no pidieron la injerencia de la Unión Soviética para contrarrestar la fuerza estadounidense, sino que apoyaron su ayuda de entrega de armas a la resistencia vietnamita. Hoy en día, también hay armas cibernéticas. Grupos de hackers que intervienen las páginas del gobierno ruso y los principales medios de comunicación, sitios de cartografía en línea que interfieren en la marcha de las tropas terrestres rusas y espacios de opinión pública de solidaridad con los invadidos. Todos estos esfuerzos están configurando el terreno cibernético del progresismo en esta guerra. Los internacionalistas tienen el deber básico de apoyar a los que se ven envueltos en guerras justas de resistencia para luchar contra los invasores.

No se puede destruir la magia con magia. Lo que pedimos no es una pasión antibélica pasajera ni una especie de alto el fuego que oculte conflictos más profundos e invisibles, sino el abandono de las lógicas de la guerra fría y de las actuaciones retóricas. Hay que hacer esfuerzos prácticos para reconstruir la paz en Ucrania y más allá, para rechazar toda política autoritaria y la hegemonía estatal, y para desarraigar cualquier ilusión sobre la guerra.

Un grupo de internacionalistas de la China continental

Primero de Marzo de 2022

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