“La cantidad de agua que se usa para evaporar el litio es tremenda”

La nacionalización del litio en México abre el debate sobre quiénes explotan los recursos minerales y energéticos, de qué manera lo hacen y qué consecuencias tiene para las comunidades y el medio ambiente.

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Articulo de sinpermiso

En México, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), nacionalizó el litio y su industria a través de un decreto presidencial. La medida supone una modificación en la constitución del país, que con este decreto considera al litio como un recurso estratégico que debe ser propiedad del Estado.

México posee una de las reservas de litio más importantes del mundo y si bien la medida no retirará concesiones que ya han sido otorgadas, a partir de ahora la exploración y explotación de ese mineral estará exclusivamente a cargo del Estado mexicano.

El biólogo e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Guillermo Folguera, planteó la importancia de que las corporaciones y multinacionales dejen de ser las que determinan las políticas públicas en los países de América Latina. La medida de México podría leerse como positiva porque significa un retroceso de las empresas sobre los recursos naturales, pero también la explotación de litio por parte del Estado tiene riesgos para los territorios y sus habitantes. “El tema es que los Estados en muchos casos, y el caso argentino es un ejemplo, cuando toman los recursos naturales los usan en la misma dirección”, dijo Folguera, y planteó como falsa la distinción que suele hacerse de “compañías privadas versus Estados”, como si las empresas multinacionales arrasaran con los territorios sin permiso del Estado. “Una de las cosas más evidentes tiene que ver con el poder que tienen los grandes accionistas, que en Argentina también son grupos financieros como BlackRock, el de la deuda. Es un gran apostador de acciones de litio y de minería en general. Entonces, esa distinción tampoco es tan tajante”, explicó. Acerca de la nacionalización de las reservas de litio en México, el biólogo contó qué le generaba la noticia: “Por un lado la alegría, por el retroceso de ciertas corporaciones y la necesidad de pensar en términos nacionales. Y después la pregunta en torno a por qué los estados latinoamericanos reproducen las prácticas de autorías de esas mismas corporaciones”.

Al conocer la noticia sobre la nacionalización del litio en México, es inevitable pensar en Argentina y en la situación de la industria en nuestro país. No solo en términos de quiénes explotan los recursos minerales y energéticos, sino también de qué manera lo hacen y qué consecuencias tiene para los territorios y las comunidades.

En el caso del litio u “oro blanco” la promoción de sus beneficios está siempre acompañada de discursos que señalan un aporte ecológico por el reemplazo de combustibles, pero no refieren específicamente a los daños que ocasiona su exploración y explotación en un futuro no muy lejano. En Argentina no existe un marco legal que regule la extracción del litio. Actualmente existen varios proyectos de explotación de este mineral en el país que se desarrollan como acuerdos entre privados, ya que los salares —de donde se extrae— en la mayoría de los casos son propiedad de particulares.

—¿Cómo se extrae el litio en Argentina y qué riesgo tiene esta práctica?

—El litio que se extrae en Argentina, que es en salmuera, está básicamente en zona de salares. Hay dos grandes minas en actividad, una en la zona entre Catamarca y Salta y la otra en Jujuy. Hay un montón de proyectos ahí, creo que más de 30. Se hace mediante técnicas de evaporación, se generan grandes sopas en una especie de piletones de diferentes colores en los cuales empieza a decantar el litio y después se obtiene un compuesto que creo que es carbonato de litio, que es el que se termina exportando. Todos estos proyectos, usan químicos. De hecho, hace poquito hubo un derrame de ácido de un camión de la empresa Livent, en Antofagasta, en Catamarca. Contaminan mucho mediante químicos. Y quizás el elemento más importante y del que se habla poco, es que como son técnicas de evaporación, la cantidad de agua que se usa es tremenda, en un lugar donde el agua escasea. El proyecto de minería usa una enorme cantidad de agua, como el fracking y los agronegocios. Esa es la idea del agua como el elemento clave a perder. En el caso del litio es muy evidente que todas las técnicas que predominan en el caso de la de la Puna, que comparten tanto Bolivia, Chile como Argentina, involucra la teoría del agua. Están sacrificando a las poblaciones locales y a los ecosistemas con esa pérdida de agua. Y muy probablemente también más allá del aspecto local, a toda una parte de afluentes que se van a ver afectados. Literalmente, se están secando los territorios.

—¿Para qué se utiliza el litio hoy?

—Lo difícil que es responder con claridad estas preguntas. El último dato que encontré es que más o menos el 54% está yendo para baterías, donde una parte son los celulares. Y una parte muy importante son vehículos de Europa y del primer mundo que están haciendo con eso la transición energética. Y después se usa para otro montón de cosas, se usa para la industria farmacéutica, para los agronegocios. Hay un montón de ramificaciones: se usa para industrias militares, y cuesta muchísimo encontrar esos porcentajes. A mí lo que me pasa con esto es que uno puede concebir que la transición energética tiene que darse, y que la situación del cambio climático, de la crisis climática es una locura, la hemos visto y la estamos sintiendo cotidianamente y además son escenarios que en primer lugar dañan a las comunidades más vulnerables. El cambio climático afecta a todos, pero afecta mucho más a algunos que a otros. El tema es que para mí discutir de manera aislada, oculta más de lo que devela. Lo que hay que discutir es por qué Europa no está fomentando el transporte público. ¿Por qué yo tengo que estar sosteniendo que cada europeo tenga uno o dos vehículos? Europa, China o Estados Unidos no repiensan transportes públicos para viajar. Y son discusiones que no se están dando. Por qué no discutimos obsolescencia programada cuando sabemos perfectamente que los celulares están hechos para que en dos o tres años se rompan. Cuando investigás, te das cuenta, por ejemplo, que Samsung es uno de los grandes motorizadores de todo esto. Y otro ejemplo es Toyota. A mí me parece que si no se abre un poco la discusión, entramos en dicotomías que son siempre dicotomías de muerte.

Contaminación disfrazada de “sustentabilidad”

—¿Qué pasa cuando las baterías de litio dejan de funcionar y no se tratan como corresponde? Ahí también aparece un nuevo modo de contaminación al descartarlas.

—Aparece y aparece muy rápido. El litio está planteado como un parchecito. Todos reconocen eso, hasta las grandes industrias. El litio lo que permite es rápidamente poner algún tipo de puente para otro Estado. Y cuando vos vas a los territorios, por ejemplo, estuve el año pasado en Fiambalá (Catamarca) y hay un emprendimiento que antes era canadiense, ahora es chino. Las proyecciones dicen que la empresa va a estar ahí secando, con contaminación química, en un lugar donde no hay agua. Y con una planta que es un tercio de Fiambalá. Imagínense vivir en un lugar donde te ponen al lado una planta de esa extensión. Estamos hablando de cinco o diez años. Es algo que va a ser muy rápido, muy predatorio. Por eso yo creo que también es muy importante toda la parte de difusión que podamos hacer, porque rápidamente las comunidades van a sentir el impacto, los ecosistemas se van a secar y la puna latinoamericana va a quedar hecha un queso gruyere. Me parece terrible porque hay una promesa constante y lo que vemos es que hoy, ahora, esta lógica se está llevando a cabo con básicamente el agua del pueblo.

Los territorios afectados

“Otra de las cosas que en Argentina no se discute es la forma de ocupar el territorio. Por ejemplo, ¿quién estaría en contra de los campos eólicos? Suena hermoso, uno los ve a la distancia. Cuando vos te acercás y realmente te ponés a discutir qué significa para una población tener esos aerogeneradores al lado es una locura. Es una manera de ocupar el territorio que claramente uno puede estar de acuerdo desde Buenos Aires, o desde Rosario o desde Puerto Madryn mirándolo con un televisor”, planteó Folguera, y explicó que las comunidades son expulsadas de los territorios cuando se instalan estos proyectos. “Nadie puede vivir al lado de aerogeneradores porque generan una contaminación ambiental tremenda. Uno de los daños principales que generan estas paletas, que generan energía con el movimiento, con el viento, es que son terriblemente agresivas hacia las aves y hacia los murciélagos que son polinizadores. O sea, dañás a todo un ecosistema y por lo tanto terminas afectando también a formas productivas”, dijo.

Sobre el cierre, el investigador del CONICET remarcó la importancia de pensar esta problemática desde lo económico. “Todo lo que estamos hablando es más financiero que productivo. Esto es básicamente mercado financiero internacional y formas de especulación. Toda la parte de megaminería, agronegocios que ha impulsado fuertemente el neoliberalismo, digamos, si bien la historia de la minería y del agro es previa, esta forma es claramente neoliberal. Y en ese sentido al mercado financiero internacional le da lo mismo si es litio, oro, plata, cobre, pino, eucalipto, kilo de cerdo, soja o trigo, da lo mismo. Y después hablan del cambio climático. La crisis climática a mis ojos tiene más que ver con un lenguaje publicitario que verdaderamente con una preocupación, y estos negocios trascienden ‘la grieta’ y se desarrollan con distintos gobiernos al margen de las comunidades”, dijo.

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