Haití: génesis de la violencia y las pandillas, apuntes sobre el Estado asistido

Un modelo de Estado asistido e "imperialismo humanitario"

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Para el 2010, existían en Haití 6 millones de personas bajo hambruna severa, la esperanza de vida no llegaba a los 60 años (1) y el desempleo era del 15,4% (2021, Banco Mundial). Trece años después, la situación continúa similar: 4.3 millones de personas sufren inseguridad alimentaria, el porcentaje de desempleo se mantiene alrededor del 14% y la esperanza de vida es de 64 años (la última actualización de estos datos se realizó en 2020, por lo cual la situación actual puede ser peor debido a los efectos de la pandemia y la crisis en curso).

En medio de un profundo desgarre social se enmarca la violencia de las pandillas, la cual explotó de forma abrupta tras el magnicidio de Jovenel Moise (que aún sigue sin resolución clara) y, actualmente, los grupos pandilleros controlan el 60% de la capital, Puerto Príncipe, además del abastecimiento de combustibles y el tránsito en algunas carreteras. Con esto han impuesto un clima de terror sobre la población, donde los asesinatos, los secuestros y la violencia sexual están a la orden del día.

Si la nota anterior la titulamos “Haití arde en el infierno capitalista. ¡No a la invasión imperialista!”  (https://izquierdaweb.cr/internacional/haiti-arde-en-el-infierno-capitalista-no-a-la-invasion-imperialista/) no fue en vano; por un lado, expresa la barbarie extrema que vive un país víctima del obsceno imperialismo racista de las distintas potencias capitalistas, y, por el otro, como esta situación se sostiene una y otra vez a punta de invasiones militares “humanitarias”.

 

Cuando el imperialismo perpetúa la crisis y la barbarie

La república caribeña logró su independencia en 1804, tras un proceso heroico de revolución llevado adelante por personas negras esclavizadas y mulatos contra el imperialismo francés; ¡los más oprimidos de los oprimidos mostraron como tumbar el sistema de colonización de un imperio! Una revolución antiesclavista que puso en jaque dicho sistema; que desde un inicio se ganó el odio galo, quienes le impusieron nuevas formas de expoliación, manteniendo hasta hoy un modelo de opresión totalmente racista.

Como parte de la reacción tras la derrota, la Francia de la “libertad” y los “derechos del hombre” impuso sobre Haití una cuantiosa deuda externa; el pueblo haitiano tuvo que pagarles a sus esclavistas la libertad de sus habitantes por más de un siglo. Dicha deuda ascendió a los 150 millones de francos, lo cual obligó a la isla a destinar una gran parte de sus ingresos al pago de la deuda, fue así como “los pagos hechos a Francia le costaron a Haití entre 21.000 y 115.000 millones de dólares en crecimiento perdido a lo largo del tiempo” (2).

Sin embargo, Francia no sería la única “paja” en el ojo de Haití, pues en 1915 los Estados Unidos inauguraron una serie de intervenciones imperialistas en la isla y “sería la potencia dominante en Haití al disolver el Parlamento a mano armada, matar a miles de personas y enviar una gran parte de los ingresos del país a banqueros en Nueva York” (2). Esta intervención tiene una relación directa con el fortalecimiento del imperialismo norteamericano, sus políticas de “Seguridad Nacional” y el control del Mar Caribe (Haití está a sólo 30 min de Florida).

De hecho, si nos apegamos a la historia, desde la Revolución Haitiana los Estados Unidos han considerado a Haití como una piedra en el zapato (particularmente los sectores esclavistas). Por ejemplo, desde el “albor” del Estado Yankee, Thomas Jefferson (1743-1826) dijo que “de Haití provenía la peste de la rebelión”. Eso ponía en peligro (o cuestionaba) las políticas racistas de segregación implementadas por los Estados, principalmente los sureños, por lo cual se impusieron medidas represivas contra las tripulaciones marinas con personal  haitiano: “En Carolina del Sur, por ejemplo, la ley permitía encarcelar a cualquier marinero negro, mientras su barco estuviera en puerto, por el riesgo de que pudiera contagiar la peste antiesclavista. Y en Brasil, esa peste se llamaba “haitianismo” (3).

Retomando la invasión, durante este periodo los Estados Unidos impusieron reformas a la Constitución haitiana, particularmente para permitirle a los extranjeros tener tierras (algo prohibido luego de la Revolución), también impusieron la segregación y el trabajo forzado; esto terminó por acumular mucho descontento y, por ese motivo, surgieron movilizaciones que se mantuvieron hasta la retirada del ejército estadounidense.

El imperialismo estadounidense mantuvo la ocupación del país caribeño por diecinueve años, pero ante de decretar la salida del ejército, apoyó la instalación de la dictadura dinástica de los Duvalier (1957 a 1986), asesinos a sueldo del gobierno norteamericano cuyo objetivo principal fue contener el impacto de la Revolución Cubana. Además, como toda dictadura, la emprendió contra el pueblo trabajador y los sectores de la izquierda.

En este periodo comenzaron las reformas neoliberales (1971) a mano de “Bebé Doc” (hijo y “heredero” de Duvalier), las cuales se centraron en debilitar el rol del Estado, ante lo cual disminuyó relativamente el papel de la policía y las fuerzas armadas (por temor a insurrecciones) y debilitó fuertemente al agro, uno de los sectores más afectados. Previo a las reformas, Haití lograba mantener su soberanía alimentaria a través de distintos cultivos, pero el neoliberalismo capitalista impuso un modelo de importación, con lo cual los pequeños productores desaparecieron y las tierras se acumularon en pocas manos, mayoritariamente afines a Estados Unidos.

Fue hasta principios de los 90’s que Jean Bertrand Aristide se convirtió en el primer presidente electo democráticamente. Como parte de su mandato intentó incrementar el salario mínimo, pasando de 1,74$ al día a 2.94$, pero la medida no gustó al imperialismo. Ocurría que una parte de la burguesía estadounidense se instaló en Haití para aprovechar los bajos salarios y los niveles brutales de explotación que podían ejercer, por obvias razones estos sectores (asociados al agro y al textil) se opusieron al incremento salarial e intentaron tumbar el gobierno.

En ese contexto, fueron las “sociedades estadounidenses de ensamblado radicadas en Haití (es decir la casi totalidad de las sociedades extranjeras) [quienes] concordaron con el análisis de la USAID y, con la ayuda de la Agencia Central de Inteligencia, prepararon y financiaron el golpe de Estado contra Aristide” (4). Sin embargo, como “la reacción internacional (el embargo) y el caos interno paralizaron las labores de las empresas estadounidenses en Haití, las tropas de ese país restablecieron a Aristide en el Gobierno en 1994 y aseguraron al mismo tiempo la impunidad y un confortable retiro a los jefes militares golpistas” (4), y así Aristide terminó su primer gobierno en 1996.

Aristide volvería a la presidencia en el 2001 hasta el 2004, cuando dio inicio un nuevo episodio de invasión, está vez por parte de la ONU -con la participación de países como Estados Unidos, Brasil y Argentina-; dicha misión se llamó MINUSTAH (2004-2017) y, lo que empezó con la “buena fe” de la “ayuda humanitaria”, se convirtió en una ocupación militar auspiciada por la ONU.

Entre las acciones que hicieron estuvo una masacre en Cité Soleil, el barrio más pobre de la capital con fuerte apoyo a Aristide (4) ¡Valiosa ayuda humanitaria esa que viene tras la mirilla de un fusil!

Mientras estuvo está misión, los Cascos Azules de la ONU se encargaron de violentar los derechos humanos (como las violaciones a mujeres y niñas) y reintrodujeron el cólera. Como reacción a la ocupación, se dieron protestas por el salario mínimo que fueron protagonizadas por la clase trabajadora y estudiantes, quienes sufrieron episodios de represión violenta por parte de la policía y ¡La MINUSTAH! (4). Así fue como la ayuda humanitaria vino bajo la bota de milicos a llenar de lodo y sangre las vidas de los sectores populares haitianos.

 

El gobierno de Moise, la crisis política y la violencia de las pandillas

Jovenel Moise asumió la presidencia en el 2017 hasta el año 2021, cuando fue víctima de un magnicidio perpetuado por sicarios extranjeros. Él era “responsable directo e indirecto de decenas de asesinatos, de unas 12 masacres colectivas en barrios populares en los últimos cuatro años, porque era cómplice de lo más rancio de la oligarquía haitiana y de las pandillas, que crecen como hongos (…), porque gobernaba como un dictador” (5), pero el pueblo haitiano no lo celebró ya que “su caída, en estas condiciones, está muy lejos de significar la caída del sistema del que era parte” (5).

Ya en el 2018 se produjeron episodios de protestas, nuevamente por un incremento en el salario. Además, era un gobierno con poca legitimidad, impuesto desde afuera y que optó por abrir fuego contra el movimiento social, al grado que las masacres de dirigentes sociales se normalizaron. En ese mismo año se dio a conocer que las pandillas eran dirigidas  por un ex-policía y estos grupos se hicieron con el control de barrios enteros en Puerto Príncipe (6).

Respecto a lo anterior, cabe resaltar cómo la violencia y los grupos armados (pandillas) eran usados por el gobierno para asesinar a la oposición y al movimiento popular.

Tras el magnicidio de Moise, asumió la presidencia Ariel Henry, un presidente de facto sin legitimidad. Por eso, de inmeadiato se produjeron manifestaciones contra su gobierno de facto y las políticas aplicadas por Moise. En medio del descontento, Henry optó por usar la violencia de las pandillas para pedir una nueva invasión; así “las bandas le sirven para reclamar el envío de fuerzas de intervención y utilizarlas para aterrorizar a la población movilizada” (6). Frente a esta posibilidad, las manifestaciones incorporaron un perfil antiimperialista repudiando cualquier intento de invadir el país nuevamente, a sabiendas de que las tropas “humanitarias” son sinónimo de más barbarie y violencia para la población explotada.

Es importante resaltar como las pandillas también son usadas para deslegitimar el movimiento social, pues en medio de las protestas de lo que se hablaba era de la violencia de las pandillas y como esta -justo en ese momento- se estaba incrementando; no sé habló en la prensa internacional de todo el trasfondo político y social.

Ciertamente, hasta el día de hoy la violencia de las pandillas no para de aumentar y, al momento de redactar esta nota, se registra bajo su control territorial gran parte de la capital, Puerto Príncipe. Los secuestros y la violencia sexual se han incrementado, así como los desplazamientos y los homicidios. En lo que va del año se registran más de 560 asesinatos y alrededor de 280 secuestros.

De esta manera se construyó, a grandes rasgos, el saqueo imperialista en Haití con una lógica capitalista, colonial y racista. Con los imperialismos que buscan someter a quién gestó una revolución antiesclavista, Estados perpetuadores de una visión del país caribeño cómo colonia a disposición de sus intereses e incapaz de trazar su propio camino. Las pandillas tienen su génesis aquí, entre la normalización de la violencia y la brutalidad capitalista, entre la expoliación y el imperialismo, entre los intereses de las burguesías estadounidenses y las burguesías haitianas.

Un modelo de barbarie en el pleno sentido de la palabra, el cual deja en evidencia la podredumbre del capitalismo y el imperialismo, por cuyos poros sólo brota lodo y sangre. Que ha impuesto todo su yugo sobre un pueblo heroico, el primer país latinoamericano en lograr su independencia y que no dudó en prestar ayuda cuando los otros países iniciaron su camino independentista, un pueblo que merece construir desde abajo, sobre nuevas bases antiimperialistas y anticapitalistas, su propia historia.

 

Haití: un modelo de Estado asistido e “imperialismo humanitario”

Frente a una posible invasión por parte de los Estados Unidos circulan varios debates sobre el tema. Ahora, lo primero a señalar es que, en este escenario, es deber de la izquierda repudiar el intento de invasión al país caribeño, en el tanto se trata de una movida imperialista por parte de Estados Unidos y sus seguidores (Canadá, por ejemplo, estaría a favor).

Una moción para iniciar la ocupación ya fue votada  en el Consejo de Seguridad de la ONU  (Organización de Naciones Unidas) y rechazada por Rusia y China. En este caso, es de remarcar: no se debe perder de vista que ambos Estados (Rusia y China) son imperialismos, uno en reconstrucción y el otro en ascenso, y, por ende, no constituyen ni aliados ni una salida para los sectores de abajo, aunque tomen un rol de oposición a los Estados Unidos como parte de un juego de diplomacia geopolítica.

Al mismo tiempo, otros países de la región muestran su interés en la situación haitiana. Gustavo Petro, actual mandatario de Colombia, realizó un viaje al país para buscar maneras de ayudar (y admitió que grupos colombianos tuvieron responsabilidad en el magnicidio); Lasso en Ecuador se estaría alineando con los Estados Unidos para pedir una intervención, mientras que Bukele en El Salvador aludió la posibilidad de “exportar” su “exitoso” modelo de seguridad frente a las maras.

Volviendo al debate, uno de los conceptos que circula es el de “«Estado asistido» el cual estaría moldeado por intervenciones extranjeras que a través de «la ayuda» perpetúan una forma de ocupación” (7). Bajo está premisa, la historia de Haití da cuenta sobre como a partir de las invasiones y con la ayuda de las burguesías, particularmente estadounidenses (tanto las radicadas en el país norteamericano cómo en el país caribeño) y la haitiana se impuso un modelo de dependencia de las intervenciones extranjeras, con el desmantelamiento del Estado y distintos gobiernos “títeres”.

En este modelo la ayuda al país se canaliza a través de ONG’s, siendo que “el 80 por ciento de los servicios públicos en Haití son proporcionados actualmente por ONG occidentales, no porque la población local sea «incapaz» de asumirlos, sino porque así ha sido diseñado desde fuera” (6). Asimismo, los fondos de ayuda internacional son mayoritariamente manejados entre capitales estadounidenses y cuyas ayudas llegan apenas como las pocas “gotitas que se rebasaron del vaso”, cimentando un modelo de extrema pobreza, hambre y enfermedades.

De hecho, la salida de la MINUSTAH no marcó el fin de la intervención extranjera en el país, pues quedó en funcionamiento el Cogroup “integrado por representantes de Estados Unidos, Canadá, Francia, España, Brasil, la OEA, la ONU [Organización de las Naciones Unidas] y la Unión Europea” (7). Con esto, el imperialismo se asegura de mantener un control sobre el gobierno haitiano para beneficiar a una parte de su burguesía.

Si nos remitimos al “imperialismo humanitario”, una de las formas en las cuales se manifiesta es a través de las ONG. Este modelo se relaciona con las ocupaciones militares por causas “humanistas”;  un ejemplo es Afganistán, país que pasó de estar bajo la batuta de la invasión estadounidense con distintas ONG’s “atendiendo” los problemas y “encargándose” de distintos asuntos sociales. Al final terminaron bajo la bota del Talibán cuando la invasión terminó: ni la invasión ni las ONG resolvieron los problemas de fondo.

Las ONG en Haití se articulan con sectores extranjeros de las industrias nacionales del país, las cuales “padecen la dependencia del sector humanitario a las importaciones. En el área agrícola, los beneficiarios de los fondos estadounidenses no tienen permiso para comprar productos locales. Dicho de otra manera, el dinero que el Congreso destina a la ayuda humanitaria sirve para subvencionar a productores estadounidenses” (7), una lógica ganar- ganar para la burguesía gringa.

El intervencionismo en Haití se ampara en la forma legal del “derecho de injerencia” que le permite a las potencias del Consejo de Seguridad invadir otros países para reestablecer la democracia y la paz… Haití es sólo un ejemplo más de como esto no es real, más bien en cualquier invasión operan intereses geopolíticos, económicos o políticos contra un pueblo.

Otro dato que apuntan quienes remiten al “imperialismo humanitario”, es como las ONG se articulan alrededor de las invasiones y, en última instancia, la operación de estas depende de los militares. Es más, los mismos departamentos militares (por ejemplo la USAID en Estados Unidos) tienen presupuesto para impulsar el “desarrollo”… a punta de cañón será.

El pueblo haitiano hizo una experiencia histórica a la cual, desde el principio el imperialismo francés le pasó factura y sometió al pueblo a nuevas formas de explotación, luego el imperialismo estadounidense masacró y apabullo a la población. Por esto, desde una perspectiva anticapitalista rechazamos cualquier intento de invasión imperialista, creemos que es necesaria una salida desde abajo, para refundar el país en función de los intereses de los sectores populares, trabajadores, la juventud y las mujeres, sin confiar en ningún sector burgués lacayo del imperialismo ¡Es necesario que el pueblo haitiano sea quien retome el timón y vuelva a trazar, de forma independiente, antiimperialista y anticapitalista, su propio futuro!


Notas.

  1. France 24.com. https://www.france24.com/es/programas/econom%C3%ADa/20210708-haiti-crisis-economica-dolares-diarios

2.Erick Nagourney. The New York Times. https://www.nytimes.com/es/2022/05/20/espanol/haiti-deuda-francia-reparaciones.html1.

  1. Eduardo Galeano. Viento Sur. https://vientosur.info/pais-ocupado/
  2. Alejandro Teitelbaum. Viento Sur. https://vientosur.info/ocupacion-militar-varios-siglos-de-pillaje-y-superexplotacion-y-algunas-semanas/

5 Daniel Gatti. Viento Sur. https://vientosur.info/la-perfecta-neocolonia/

6 Daniel Gatti. Viento Sur. https://www.sinpermiso.info/textos/haiti-entre-la-intervencion-y-la-insurreccion

7 Jake Johnston. Correspondencia de prensa. https://correspondenciadeprensa.com/?p=31385

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