Alcances históricos y riesgos latentes: Biden recibe a líder del sindicato de Amazon

La pelea por la sindicalización llegó a la Casa Blanca. Lo que expresa el alcance histórico de estas nuevas experiencias, pero también el riesgo a ser cooptadas por el establishment político.

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El Presidente Joe Biden recibió en la Casa Blanca a Christian Smalls, el líder del flamante sindicato de trabajadores de Amazon. Lo hizo junto a otros representantes sindicales entre quienes también se encontraban trabajadores de Starbucks que luchan por su sindicalización.

Smalls acudió a la reunión con una chaqueta negra y roja que mostraba la inscripción «Eat the rich» («cómanse a los ricos») y, según manifestó en su cuenta de Twitter, Biden le dijo que él (Smalls) «lo había metido en problemas».

El Presidente había manifestado tímidamente su apoyo a la sindicalización en el pasado, pero sin tomar ninguna medida en concreto. Actualmente, el Senado discute una ley de protección a los derechos de sindicalización, impulsada por el bloque de «izquierda» de los Demócratas. La sindicalización es un derecho democrático elemental en el cual Estados Unidos está más a la derecha que otros países imperialistas.

El sindicato en cuestión representa a unos 8300 trabajadores de la planta JFK8, ubicada en Staten Island, Nueva York. Fue una conquista que logró derrotar el amedrentamiento y la furiosa campaña antisindical de la empresa propiedad de Jeff Bezos.

Según manifestó Jason Anthony, uno de los impulsores del sindicato, en diálogo con el periodista Alejandro Bercovichel puntapié para la campaña de sindicalización surgió en la pandemia, cuando la empresa no garantizaba mascarillas ni elementos de seguridad y sanidad para sus trabajadores. En las enormes plantas logísticas de Amazon, los trabajadores enfrentan jornadas laborales de hasta 12 horas, con un ritmo de trabajo extenuante y bajo un estricto sistema de control y vigilancia, que roza lo distópico.

 

Lo que empezó como una campaña de sindicalización en una planta se fue transformando por un efecto contagio en un proceso político-social a nivel nacional y, finalmente en una noticia mundial. Aunque en otros lugares la votación por la sindicalización resultó negativa (como en las plantas de Amazon en Alabama) el tema desató una «ola de sindicalización» que está alcanzando a muchas otras empresas, como Starbucks. Hoy el derecho a sindicalizarse es uno de los temas candentes de la política norteamericana.

En este contexto, el recibimiento de estos líderes por parte de Biden tiene un doble significado. Por un lado, refleja las dimensiones históricas que está alcanzando la pelea de la nueva clase obrera estadounidense. Por el otro, un riesgo por ahora latente, pero real: el intento del stablishment político de cooptar estas experiencias para volverlas inofensivas.

Esto explica cómo la experiencia de Amazon llegó al salón oval de la Casa Blanca. Las nuevas generaciones de trabajadores ligadas a estas nuevas empresas hi-tech y de capitalismo de plataformas están siendo uno de los actores principales del activismo sindical en el capitalismo super-explotador del Siglo XXI.

El carácter ya objetivo de este proceso hace que hasta el líder de la principal potencia imperialista mundial tenga que dar cuenta de ello, e incluso posar de adherente al movimiento. Por supuesto, siempre bajo la intención de mostrar una cara «amable» y «humana» mientras lleva adelante la política imperialista de la burguesía yanqui.

 

Pero la cuestión no solo tiene que ver con el oportunismo político de los Demócratas, sino también con una intención deliberada por cooptar de manera rápida a estos nuevos líderes sindicales para que rápidamente se transformen en burócratas que trabajen para el sistema, tal como hace la mayoría de la dirigencia sindical tradicional en Estados Unidos.

En este sentido, la visita a la Casa Blanca representa además un peligro: que las riquísimas experiencias por abajo que hoy han desatado una verdadera ola de sindicalización en EE.UU. queden integradas al sistema político capitalista estadounidense, bajo el ala de los Demócratas.

La mejor y única garantía de que esto no suceda es priorizando la organización por abajo de los trabajadores antes que la integración al aparato del Estado y a las alturas del Poder que buscan neutralizar toda la enorme potencialidad que tiene este proceso.

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