• Con motivo del 80 aniversario de la muerte de Trotsky, el PTS ha reeditado la conocida trilogía biográfica de Isaac Deutscher sobre el revolucionario ruso (El profeta armado, El profeta desarmado y El profeta desterrado). La cosa no pasaría por más que una novedad editorial si no estaríamos ante el hecho de que una corriente que se reivindica trotskista publica de manera acrítica una obra escrita cincuenta años atrás que contiene balances y conclusiones erróneas que desarman estratégicamente a las nuevas generaciones militantes.

Renzo Fabrizio

A principios de agosto, el PTS anunció a través de Ediciones IPS que editaría la biografía de León Trotsky que escribiera el militante y periodista polaco Isaac Deutscher. Hemos publicado ya en este mismo portal un análisis crítico sobre el valor teórico-político de la obra[1]. En esta oportunidad no pretendemos profundizar en ello, para lo cual remitimos al artículo citado,sino dar cuenta de lo equivocado que resulta reivindicar la obra de Deutscher haciendo caso omiso de sus conclusiones y teorizaciones desacertadas, sobre todo viniendo de una corriente trotskista, y aún más si se presenta la obra como un “faro” para las próximas generaciones. Precisamente esto es lo que hace el PTS.

En una reseña escrita en La Izquierda Diario con motivo del anuncio editorial[2], el autor nos explica el gran valor histórico-biográfico que tiene la trilogía de Deutscher, cuya importancia deriva no sólo del carácter monumental de su obra, sino de haber luchado por la verdad histórica en una época en donde la burocracia estalinista había ensuciado el nombre de Trotsky con las más viles mentiras y acusaciones falsas. Según leemos en la nota, el principal mérito de la obra de Deutscher estaría entonces en que se inscribe en “esa lucha por la verdad histórica. Una lucha en el sentido político de la verdad, entendida como parte del arsenal de las armas de la crítica contra este sistema”, y todo esto, por supuesto, “pese a las diferencias políticas que nos separan del autor”…

Pero resulta que esas “diferencias políticas” que se nos presentan como un elemento de segundo orden que casi ni vale la pena mencionar, consisten en conclusiones estratégicas absolutamente equivocadas que tendieron a embellecer a la burocracia estalinista adoptando la clásica idea objetivista de que realizaría el socialismo “por presión de las circunstancias” y sentando expectativas de que dicha burocracia se reformaría “desde adentro”.

A la luz de los hechos, estas posiciones de Deutscher no sólo no pasaron la prueba de la historia, sino que constituyen un error fundamental que en muchos aspectos se proyectaría sobre el propio movimiento trotskista cuando tuvo que caracterizar a las experiencias revolucionarias de la segunda posguerra que fueron dirigidas por sectores o capas de la pequeño burguesía.

Al día de hoy, la mayoría de estas vertientes del trotskismo no han sacado un balance crítico de estas concepciones objetivistas de las cuales Deutscher es uno de sus principales apologistas. Si esto es así, lo prioritario y urgente para la estrategia revolucionaria en nuestro siglo es elaborar una crítica a Deutscher, y no una reivindicación.

Es cierto que llegando al final de la nota del PTS encontramos unas pocas líneas de crítica hacia algunas posiciones de Deutscher. Podemos citarlas aquí sin temor a extendernos. Leemos: “En la obra de Deutscher que ahora reseñamos también se expresa una esperanza del autor: que la burocracia soviética podía reformarse desde dentro (…) Este optimismo genuino de Deutscher lo podemos encontrar en varios pasajes del libro, pero en especial en las esperanzas que albergaba el autor de que la obra sirviera para que las nuevas generaciones soviéticas recobraran el honor de Trotsky frente la historia oficial.” Luego, se nos dice que “las esperanzas de Deutscher sobre el fin del régimen burocrático por la vía de la reforma interna se demostraron infundadas”. Y esto es todo.

Digamos que presentar las cosas en términos de la “esperanza” o el “optimismo” de Deutscher confunde las cosas.Más aún si se dice que esa “esperanza” buscaba limpiar la imagen de Trotsky. Planteado así, no se clarifica el hecho de que Deutscher elaborara entre líneas una crítica a Trotsky, y no se trata sólo de un sentimiento aunque sea de lo más “genuino” (?), sino de una teorización, una serie de conclusiones erradas que condujeron, paradójicamente, no a reivindicar a Trotsky, sino a la burocracia que el propio Trotsky enfrentó.

Frente a estos resultados a los que conduce su obra, quedarse con que el optimismo de Deutscher haya sido “genuino” porque no guardaba ningún compromiso político con la burocracia, o porque honestamente buscaba redimir para la historia la imagen de Trotsky, sería bajar demasiado la vara del debate.

En la misma línea, la nota destaca que Deutscher “no militó mucho tiempo en las filas del trotskismo pero siempre fue opositor por izquierda al régimen burocrático”. Nos mantenemos en el terreno de las buenas intenciones en reemplazo del análisis marxista. Que Deutscher no apoyara políticamente a la burocracia confunde más de lo que aclara, toda vez que su interpretación del carácter de la burocracia soviética residía en una concepción ultra objetivista según la cual el estalinismo se vería forzado “por presión de las circunstancias” (argumento objetivista típico) a avanzar a la transición al socialismo.

Es cierto que el mismo Trotsky dejó abierta hasta último momento de su vida la caracterización respecto a la URSS y el futuro que le deparaba al Estado que había fundado la Revolución de Octubre. Sin embargo, desde 1933, traición en Alemania mediante, Trotsky abandonó toda expectativa de reforma y comenzó a orientarse hacia la revolución política antiburocrática, revolución fundada en las reservas de lucha y conciencia del proletariado soviético para barrer revolucionariamente con esa burocracia.

Además, más allá de las distintas apreciaciones de Trotsky la URSS, jamás consideró que los meros factores objetivos serían los determinantes para entender el carácter y las perspectivas sobre la burocracia. Una dialéctica entre tareas, sujeto y métodos lo llevó a Trotsky a posicionarse correctamente, por ejemplo, en el debate con Preobrajensky frente al aparente giro a izquierda del estalinismo con la industrialización acelerada y la colectivización forzosa.

Desde ese punto de vista, parece más preciso resaltar no tanto que Deutscher era opositor por izquierda al estalinismo, sino más bien que era un crítico por derecha del trotskismo… En este punto, ¿habrá alguna relación entre la caracterización objetivista de los “Estados obreros degenerados” que sostiene el PTS con el hecho de que no vea un problema en hacer una reivindicación acrítica de la obra de Deutscher?

Se nos objetará que todas estas consideraciones teóricas hacia la obra de Deutscher no van en menoscabo de su importancia historiográfica y biográfica. Efectivamente, el PTS insiste con la idea de que la trilogía de Deutscher constituye un esfuerzo enorme por redimir la figura histórica de Trotsky frente a las calumnias del aparato estalinista. No negamos que la obra tenga valor desde este punto de vista, pero, ¿qué significa reivindicar la figura de Trotsky hoy, a ochenta años de su asesinato? Detengámonos un momento en esta cuestión.

Está claro que nuestro contexto histórico es radicalmente diferente al de Deutscher, y todavía más al de Trotsky: La URSS ya no existe. El estalinismo, como corriente política, dejó de ser aquel monstruoso aparato mundial que dirigía partidos (y en algunos casos, países) alrededor del mundo. Los estalinistas de ayer se han reciclado, en el mejor de los casos, en los reformistas de hoy. Con todo, sobre estos hechos pesa un balance con elementos contradictorios: aunque la caída del Muro y la disolución de la URSS fue presentada por los epígonos del capitalismo como el “fracaso del comunismo” y el “fin de la historia”, al mismo tiempo el proyecto marxista revolucionario se ha quitado de su cabeza esa pesada bota que era la reacción estalinista. Con el recomienzo de la lucha de clases en el siglo XXI, se abre la posibilidad de relanzar la lucha por el socialismo en su sentido original, revolucionario, aquel por el que lucharon Marx, Engels, Rosa, Lenin y, por supuesto, el propio Trotsky.

Pero ese relanzamiento no puede ser una vuelta a foja cero. Tiene como condición necesaria esforzarnos en hacer el más profundo e implacable balance de las experiencias del movimiento revolucionario del siglo pasado, de sus victorias y de sus derrotas. Es esto lo que reclama el método marxista. Ahora bien, la reivindicación de Trotsky es una tarea que no puede realizarse independientemente de esta última, en la medida en que no reivindicamos a Trotsky meramente como una figura del pasado que habría que redimir de la historiografía dominante, sino como alguien cuyas luchas y lecciones nos dan la clave para las nuestras propias en el presente. Precisamente en este punto nos parece un error el abordaje acrítico de la obra de Deutscher por parte del PTS.

En la medida en que la burocracia soviética cayó “por su propio peso”, junto con ella cayeron también las calumnias, falsedades y acusaciones sucias con las que durante años arremetieron contra Trotsky, los trotskistas y tantos otros revolucionarios que se enfrentaron al aparato y en muchos casos dieron su vida por ello. Por eso, reivindicar a Trotsky en el Siglo XXI no se trata sencillamente de “limpiar su imagen”, mucho menos cuando esa reivindicación queda relativizada, paradójicamente, por una serie de críticas desacertadas que le lavan la cara a la burocracia soviética, como en el caso de Deutscher.

En ese sentido, es llamativo que el PTS insista con la importancia de la biografía de Deutscher para las nuevas generaciones militantes, porque precisamente desde el punto de vista de la reflexión y actividad militante es donde el relato de Deutscher no nos sirve, ha sido superado, sus críticas a Trotsky no pasaron la prueba de la historia, y por lo tanto, aparte de su valor documental, no contiene ninguna enseñanza positiva para la militancia revolucionaria de hoy, más bien desarma estratégicamente.

Si Trotsky sigue siendo valioso para los marxistas de hoy, no es simplemente porque hayamos rescatado su figura para reescribir los manuales de historia, descubriendo la verdad histórica detrás de las mentiras estalinistas, sino porque dejó planteada una tarea que nos corresponde a nosotros continuar: salvaguardar la tradición del marxismo revolucionario, no en un sentido dogmático, sino a la inversa, elaborando la más profunda crítica y reflexión sobre la lucha de clases para extraer sus enseñanzas estratégicas para la acción militante.

esto no en abstracto, sino a partir de los errores y las capitulaciones que condujeron al embellecimiento de la burocracia por parte del movimiento revolucionario y en particular del trotskismo de posguerra. La obra de Deutscher no nos sirve como punto de apoyo para elaborar esta crítica, más bien es la que debe ser criticada.


 

[1]http://izquierdaweb.com/deutscherismo-y-estalinismo/

[2]https://www.laizquierdadiario.com/Leon-Trotsky-una-leyenda-revolucionaria-de-hechos-registrados-y-verdades-comprobables

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