Grecia: una derecha peligrosa que se aferra al poder por todos los medios

El gobierno de Nueva Democracia se enfrenta a la crisis política más grave desde que llegó al poder en 2019.

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Articulo de sinpermiso

El gobierno de Nueva Democracia (ND), dirigido por Kyriakos Mitsotakis, destacado líder de la facción ultra neoliberal del partido de derecha, se enfrenta a la crisis política más grave desde que llegó al poder el 8 de julio de 2019, después de que SYRIZA perdiera las elecciones.

Las revelaciones sobre las escuchas telefónicas realizadas por el Servicio Nacional de Inteligencia (SINA) a opositores políticos del gobierno, así como a periodistas independientes, invocando razones de “seguridad nacional”, son un rotundo escándalo político. No hay duda de que esto tendrá graves consecuencias.

Mitsotakis y el Estado privatizado

A la raíz de este escándalo se encuentra una política de… privatización en el núcleo duro del Estado burgués, el que opera en el ámbito de la “lucha contra el terrorismo” y el espionaje, que es el dominio tradicional del tristemente célebre EYP [Servicio Nacional de Inteligencia], un servicio estatal opaco generosamente financiado y totalmente “protegido” por todos los gobiernos griegos, incluido el de SYRIZA.

Esta política de privatización fue puesta en evidencia por dos vías. En primer lugar, está la cooperación entre el Estado y el sector privado, con empresas de “seguridad” que proporcionan programas espía ilegales e incontrolables. En segundo lugar, ese oscuro mecanismo de vigilancia y seguimiento de datos y actividades (con obvias posibilidades de chantaje) fue puesto bajo el control directo de Kyriakos Mitsotakis y su entorno, sin recurrir al pretexto de que esa actividad se organizaría en beneficio del régimen sociopolítico en su conjunto.

Tras llegar al poder, Kyriakos Mitsotakis puso el control del EYP directamente bajo su responsabilidad. Nombró a Panagiotis Kontoleon como director del mismo, un hombre procedente del sector privado que tiene experiencia, ya que anteriormente fue director de una empresa de seguridad [la filial griega de la transnacional G4S]. Con ello, Mitsotakis rompió con una larga tradición según la cual el jefe del EYP es siempre un distinguido “servidor del Estado”, normalmente un diplomático o funcionario de carrera. Además, Mitsotakis le confió la “coordinación” de la Oficina del primer ministro (que abarca ahora la dirección política del EYP) a su… sobrino, Grigoris Dimitriadis. Es un joven lobo, que ya había demostrado su “flexibilidad y eficacia” en anteriores escándalos y estafas (sobre todo en el sector energético).

Las escuchas telefónicas autorizadas oficialmente alcanzaron la cifra sin precedentes de entre 15.000 y 17.000 al año, siempre por motivos de “seguridad nacional”. Hay que recordar que la cifra real es mucho mayor, ya que el EYP se reserva el privilegio de decidir si vigila todas las llamadas de cada “sospechoso” cuyo seguimiento ha sido “autorizado”. Todas estas personas fueron colocadas (por razones de “seguridad nacional”) en una zona oscura en la que no hay derechos democráticos ni garantías constitucionales. Como parte de la vigilancia, un centro específico de EYP utilizó el programa espía Predator, alquilado a Intellexa, una empresa de vigilancia israelí. No es casualidad que se rumoree que Intellexa tenga vínculos financieros con el sobrino del primer ministro y coordinador del gobierno, ¡el joven abogado Sr. Dimitriadis! [1]

El Gobierno en estado de choque a causa de Predator

La primera grieta en esta siniestra estructura apareció cuando se demostró que el EYP había instalado el programa espía Predator en el teléfono móvil de un periodista, Thanasis Koukakis [periodista financiero que trabaja para CNN Grecia], que estaba investigando los escándalos financieros del periodo anterior (incluida una ley del gobierno de Mitsotakis que permitía la “reapertura” de algunas cuentas bancarias importantes que habían sido previamente “bloqueadas” por sospechas de blanqueo de dinero). La grieta se convirtió en una inmensa falla cuando se demostró que el EYP había intervenido el teléfono móvil del eurodiputado, desde julio de 2014, Nikos Androulakis, cuando era candidato a la dirección del PASOK.

Nikos Androulakis ganó fácilmente las elecciones del partido y es el actual responsable del PASOK [desde el 12 de diciembre de 2021]. Su victoria se debe principalmente a que, a diferencia de su rival Andreas Loverdos [que fue ministro de Educación de junio de 2014 a enero de 2015 bajo el gobierno de Nueva Democracia de Antonis Samaras], se negó a comprometerse a formar una coalición con Mitsotakis en caso de que Nueva Democracia necesitara apoyo parlamentario para gobernar tras las próximas elecciones. El motivo del posible chantaje político contra Androulakis es más que claro.

En la tormenta política que se produjo tras las revelaciones, ni siquiera las publicaciones extremadamente progubernamentales pudieron defender a Mitsotakis. Kathimerini (un diario que pertenece al armador Giannis Alafouzos) reveló que hay al menos otros siete u ocho opositores políticos de Mitsotakis que están bajo vigilancia. Christos Spirtzis -ex ministro de Infraestructuras, Transportes y Redes del 4 de noviembre de 2016 al 9 de julio de 2019 y mano derecha de Alexis Tsipras- afirmó que en su teléfono móvil habían instalado el programa espía Predator. To Vima (un periódico propiedad del armador Evangelos Marinakis) reveló que Intellexa proporciona el software de espionaje Predator bajo régimen de alquiler a más de 30 clientes en Grecia, además del EYP y otras autoridades públicas. Al parecer, grupos empresariales, bancos, fondos de inversión y otros se dedican al deporte de la vigilancia ilegal (se calcula que el costo del alquiler de Predator u otros programas espía es de al menos 8 millones de euros por cada “objetivo”…).

Ante estas revelaciones, Mitsotakis se vio obligado a pedir la renuncia de Panagiotis Kontoleon y Grigoris Dimitriadis, acusándolos de “fallos operativos”. Pero, durante el debate parlamentario, trató de proteger el potencial de vigilancia, de defender las actividades del EYP y de bloquear cualquier otra investigación invocando el carácter “clasificado” de las operaciones antiterroristas y de espionaje. Su hermana, Dora Bakoyannis [su hijo es alcalde de Atenas], advirtió públicamente a todos los implicados que se mantuvieran en silencio, afirmando que cualquiera que comprometa la seguridad de la información “clasificada” se enfrenta a 10 años de prisión. Para justificar estas maniobras, Mitsotakis se refiere a Grecia como si estuviera en estado de guerra: constantemente se refiere a la amenaza de las “invasiones” de inmigrantes/refugiados y a una especie de amenaza “híbrida” de Turquía. Una vez más se demuestra que el racismo y el nacionalismo son una amenaza para los derechos democráticos de la mayoría de la sociedad.

Porque todo el mundo entiende que si Kyriakos Mitsotakis no titubea cuando llega el momento de transgredir todos los límites contra el jefe de un partido, como el PASOK, que tenía la mayoría y estaba en el poder, ¿qué puede quedar de los derechos de los sindicalistas militantes, de los activistas del movimiento social, de los miembros organizados de la izquierda política?

Inicio del derrumbe de la Nueva Democracia

La incapacidad del Gobierno para presentar un argumentario convincente ante el escándalo de la vigilancia pone de manifiesto las dificultades a las que se enfrenta Mitsotakis dentro de su propio partido, y especialmente en sus esfuerzos por mantenerse al frente de un bloque político más amplio de “antiizquierda” que se formó en Grecia durante las luchas de 2010-15 (podría describirse a grandes rasgos como el bloque político que defendió el “sí” en el referéndum del 5 de julio de 2015). Así, Kostas Karamanlis -ex primer ministro [de 2004 a 2009] y ex líder de Nueva Democracia [de 1997 a 2009] y miembro de la poderosa familia que tradicionalmente lidera una fracción del partido llamada “derecha popular”- había optado por la táctica del silencio total desde la elección de Mitsotakis como líder del partido. Sin embargo, recientemente dio marcha atrás en esta táctica por primera vez. Pidió una investigación completa del Mitsotakisgate y advirtió que no es políticamente aceptable invocar el carácter “secreto” de las operaciones de los servicios de seguridad para eludir la supervisión parlamentaria y los procedimientos constitucionales.

Este fue también el argumento político de antiguos socialdemócratas que representan el “extremo centro” en Grecia, como Evangelos Venizelos [viceprimer ministro de junio de 2013 a enero de 2015 en el gobierno de Antonis Samaras], Anna Diamantopoulou [comisaria europea de empleo de 1999 a 2004, luego ministra de educación, entre otros], Nicos Alivizatos [ex ministro del Interior, brevemente en 2004], etc. Desde 2013, este medio político fue un valioso aliado para el partido de derecha y una “reserva” útil para Mitsotakis en previsión de la difícil batalla electoral de la primavera de 2023.

Aunque es importante como tal, el escándalo de la vigilancia no es suficiente para explicar esos giros. Pueden parecer moleculares en este momento, pero amenazan la cohesión de la corriente política que permitió la victoria electoral de la derecha en 2019. El escándalo tampoco es suficiente para explicar los cambios manifiestos en la presentación internacional de Mitsotakis. Las principales publicaciones y medios de comunicación internacionales se hacen eco de las revelaciones y apoyan la realización de nuevas investigaciones, mientras que los políticos de Nueva Democracia se ven sometidos a una fuerte presión dentro de las instituciones de la Unión Europea. El fracaso de la política económica y social de Mitsotakis está en el origen de esta evolución, que podría conducir a una nueva y profunda crisis social y política en Grecia.

En su intervención en la Feria Internacional anual de Tesalónica, Kyriakos Mitsotakis optó por recordar a la clase dirigente su determinación de servir a sus intereses. Redujo al mínimo la fiscalidad de los beneficios; redujo drásticamente las cotizaciones patronales a la seguridad social; eliminó cualquier control o impuesto sobre la transmisión de las herencias de las grandes fortunas; y, sobre todo, insistió en la flexibilización de las relaciones laborales, así como en la reforma reaccionaria de la legislación laboral para dificultar las huelgas y la organización sindical. Esta política ha dado efectivamente algunos resultados. A pesar de las dificultades de la economía internacional, las empresas que cotizan en bolsa registran grandes beneficios. Las exportaciones del capitalismo griego están batiendo un récord tras otro. Los ingresos por turismo se mantienen en niveles muy altos, mientras que los armadores griegos ven en la guerra de Ucrania nuevas oportunidades (legales y no tan legales…) para trasladar el GNL (gas natural licuado) de EE.UU. y el petróleo ruso.

Crisis de dirección política y gubernamental

Pero en la otra vertiente de la sociedad, la situación se caracteriza por la desesperación. Según las estimaciones de los sindicatos, en 2022 el salario medio de un trabajador a tiempo completo habrá perdido un 19,2% de su poder adquisitivo. Bajando en la escala de ingresos, donde la gente tiene que gastar todos sus ingresos para cubrir sus necesidades inmediatas, el impacto de la inflación es aún más grave: el salario medio de un trabajador a tiempo parcial [un estatus casi excepcional] perdió el 30% de su poder adquisitivo en 2022. En Grecia, el 30% de los hogares de la clase trabajadora gastan el 45% de sus ingresos mensuales en la vivienda (alquiler y servicios públicos).

Esta escalada extrema de la desigualdad social es una preocupación política incluso en los círculos conservadores del establishment. La predicción de que se necesitarán amplias coaliciones de gobierno para organizar un consenso social más amplio es cada vez más visible en la prensa dominante.

Este clima de ansiedad política dentro del país se combina con un cierto nivel de malestar que se refleja en la actitud de algunas instituciones europeas. Los fondos de “solidaridad” europeos llegan a Grecia para ser utilizados en apoyo de los intereses generales del sistema en su conjunto. Por tanto, no es fácil para la Comisión Europea y sus instituciones sentarse y observar en silencio cómo la camarilla que rodea a Mitsotakis organiza una “feria” que garantiza un reparto que sólo beneficia a los acólitos del primer ministro.

Por el momento, la dirección de Nueva Democracia sigue teniendo el control de la situación política, y ha optado por celebrar unas elecciones al final del mandato de cuatro años de Mitsotakis, en la primavera de 2023. Pero nadie puede estar seguro de que para entonces Mitsotakis esté en una posición mejor, o incluso que su gobierno dure hasta entonces. Porque todo el mundo sabe que el invierno será duro.

Los sondeos de opinión publicados tras el Mitsotakisgate advierten del riesgo de un impasse político en las elecciones de 2023. Sus principales conclusiones pueden resumirse de la manera siguiente.

1° La perspectiva de una mayoría parlamentaria para Nueva Democracia ya no resulta viable. La perspectiva de una coalición gubernamental entre Nueva Democracia y el PASOK existe en cuanto al número de representantes electos necesarios, pero ya no es políticamente viable, tras la ruptura de las relaciones de Mitsotakis con la actual dirección del PASOK y también con otros políticos socialdemócratas, que hasta hace poco se habían mostrado más “dispuestos”, como Evangelos Venizelos.

2° La perspectiva alternativa de una coalición entre SYRIZA y el PASOK existe en términos de fuerza electoral, pero todavía se enfrenta a importantes problemas políticos. La declaración de Nikos Androulakis en septiembre, en la que afirmaba que su objetivo es la formación de un gobierno bajo el signo “Ni Mitsotakis – Ni Tsipras”, es una muestra clara de ello.

3° Las perspectivas restantes, ya sea de una Gran Coalición (ND-SYRIZA) o de un gobierno tecnócrata, o de cambios en los principales partidos políticos con la aparición de un “nuevas direcciones no corruptas”, están aún en un estado nebuloso y todavía no ha habido pasos concretos en esa dirección.

Las consecuencias pasadas y presentes de la orientación política de Tsipras

Esta instantánea de la situación político-gubernamental -sin una respuesta clara a la cuestión central del poder gubernamental durante los próximos seis a nueve meses- es una expresión de la inestabilidad política que está surgiendo y que puede acelerarse a medida que se desarrolle el escándalo de la vigilancia. En última instancia, las esperanzas de Kyriokos Mitsotakis de mantener el control del juego político descansan en la impresionante debilidad de la oposición y especialmente de SYRIZA.

La posición de Alexis Tsipras ha quedado minada por las iniciativas de su gobierno entre 2015 y 2019. Los datos sobre las actividades del EYP (que debían hacerse públicos en esta fase del escándalo) muestran que el primer aumento del número de escuchas tuvo lugar en 2016, cuando Tsipras tuvo que hacer frente a los efectos de la imposición del tercer memorándum y a la escisión de SYRIZA en agosto de 2015 [unos 25 diputados]. Además, las negociaciones entre el Estado griego e Intellexa -que introdujo el programa espía Predator en el país- comenzaron en 2016, lo que allanó el camino para los actuales escándalos de Grigoris Dimitriadis y sus amigos. Pero la posición de Tsipras se debilita aún más por la estrategia política que escogió para SYRIZA, una estrategia totalmente “institucional”, ajustada a las necesidades de aliarse con el partido socialdemócrata y a la perspectiva de un gobierno “progresista”, es decir, una estrategia que gira únicamente en torno a las elecciones.

Mientras Kyriakos Mitsotakis hablaba en Salónica el 10 de septiembre, Tsipras era el orador estrella en el festival anual de la juventud de SYRIZA. Se dirigía al público más radical de la izquierda del partido. Lo único que les dijo a los jóvenes miembros del partido fue un llamado a… votar, cada vez que se realicen elecciones.

Esta política le brinda a Mitsotakis la posibilidad de defenderse. Pero lo más importante es que le da al establishment la oportunidad de cambiar el eje político en una dirección conservadora, en su búsqueda de una alternativa electoral/gubernamental después de las elecciones.

Ante lo que parece un invierno más que difícil, la cuestión crucial es si el movimiento obrero y la juventud encontrarán la fuerza para intervenir de forma masiva e independiente. Esto es lo que determinará el futuro de sus demandas frente a la crisis, pero también tendrá un impacto importante en la situación política.


Nota:

[1] Según el diario francés Le Monde del 8 de agosto de 2022: “El software Predator es comercializado en Grecia por la empresa Intellexa, cuyo director general es Tal Dilian, un antiguo agente de los servicios secretos israelíes. Su costo, 14 millones de euros, hace que sea difícil de costear para los particulares”. El subdirector de Intellexa, según los medios de comunicación griegos, Felix Bitzios, era un estrecho colaborador de Grigoris Dimitriadis, sobrino de Mitsotakis.(Redacción de A l’encontre)

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