• El domingo será la segunda vuelta electoral en el país andino. La Corriente Socialismo o Barbarie acompaña críticamente el llamado de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador al voto nulo frente a los candidatos del correismo y el neoliberalismo clásico.

Para entrar en el debate electoral, primero haremos un breve resumen de los acontecimientos que dieron pie a lo que hoy se representa en las elecciones.

Desde la rebelión popular en el 2019 contra el aumento de los combustibles y los acuerdos con el FMI, que hizo temblar el gobierno de Lenin Moreno, quedó en evidencia la fractura de la sociedad. Las rebeliones terminan a veces abruptamente, por algún hecho que le da oxigeno al gobernante de turno, pero deja toda una estructura fragilizada, inestable, irresuelta. El legado de las rebeliones se extiende a lo largo de los años que siguen. Y las elecciones son un termómetro para entender cómo estos levantamientos se expresan ideológicamente.

Derrota de la línea dura del neoliberalismo

No está siendo fácil hacer el trabajo sucio del FMI. Tanto Macri en Argentina como Lenin Moreno en Ecuador fueron incapaces de llevar hasta el final las medidas de ajuste que imponían los buitres del imperialismo. En las elecciones, el candidato apoyado por Lenin, Ximena Peña con el partido Alianza País, solo consiguió un misero 1,5%.

Moreno fue el gran traidor, algo similar a Temer en Brasil. Habiendo sido vicepresidente de Correa, no tardó mucho tiempo después de ganar las elecciones en el 2017 en ir corriendo a los pies del FMI. Esa política fue a contramano de lo que se vio en el anterior gobierno de Correa, con tibias reformas que implicaron mejores condiciones de vida de los más explotados. El índice de pobreza cayó del 37 % al 25 %, hubo un aumento del salario mínimo un poco por encima del promedio de la región, etc. Hoy el salario básico es de unos 400 dólares.

En cambio, el sucesor de Correa, Lenin Moreno, impuso un aumento del 123% de los precios de los combustibles, recortes de salario, flexibilización laboral a toda máquina neoliberal. Sus medidas echaban a tierra toda conquista de una década de “estabilidad” política. Pero no contó con la reacción masiva popular a esa política…

La Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CONAIE) logra ponerle un freno al intento de poner el país al borde del colapso. Dirige un levantamiento popular indígena en 2019 que coloca frenos reiterados a las intentonas neoliberales. Moreno, obligado a retroceder, hoy es ampliamente derrotado en las elecciones luego también de la catástrofe de su gestión de la pandemia.

La primera vuelta de las elecciones

En primer lugar, el candidato del correísmo Andrés Arauz se llevó la mayoría de los votos con 32,70 %. Para ganar las elecciones en primera vuelta debía tener 40% de los votos y 10 % de diferencia con el segundo. Entonces habrá segunda vuelta el 11 de abril. Arauz tiene el apoyo del expresidente Rafael Correa y será muy probablemente el futuro presidente de Ecuador. Con esto quedaría en evidencia que hay un corrimiento generalizado a la centro izquierda de los gobiernos en Latinoamérica. Esto después de breves experiencias neoliberales en algunos países, como Macri en Argentina y los golpistas en Bolivia, ayudados por una coyuntura reaccionaria marcada por el gobierno de Trump en Estados Unidos.

Luego de la elección, hubo crisis respecto a quién quedaría colocado en segundo lugar y llegaría a disputar con Arauz la presidencia en segunda vuelta. Al parecer hubo algún tipo de fraude electoral con las planillas. Así lo denunció el candidato presidencial Yaku Pérez de Pachakutik -el brazo político del movimiento indígena-.

Entre el segundo y el tercero solo había un 0.3 % de diferencia. Por un lado, Guillermo Lasso candidato liberal clásico de la derecha, obtuvo 1.830.045 dos votos, el 19,74%. Un poco mas abajo, Pérez sacó el 1.797.445 de los votos, el 19,38%, lo que lo llevó a pedir un recuento de votos. El Consejo Nacional Electoral (CNE) en reunión con los candidatos acordaron el recuento del 100% de la provincia Guayas y el 50% de las actas en otras 16 de las 24 provincias del país.

Yaku Pérez, Andrés Arauz, y Guillermo Lasso.

De las 20 mil actas con sospechas solo fueron revisadas unas pocas, un sinnúmero de irregularidades tensionaron el país con movilizaciones y denuncias de fraude electoral. El CNE redujo a solo 31 actas las que debían ser revisadas y así arrojaron diferencias a favor de Pérez, que de todas formas quedó afuera de la segunda vuelta. Desde ese momento comenzaron las movilizaciones para presionar al gobierno el recuento de todas las actas, fue llamado un paro nacional con cortes de rutas y movilizaciones en varios puntos del país andino. La Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa del Ecuador (Ecuarunari) declaró la movilización permanente.

La cosa se resolvió finalmente en favor de Lasso. La segunda vuelta a disputarse entre éste y Arauz comenzó el 16 de marzo pasado.

Dos polos en disputa

En apariencia, los dos candidatos serían polos opuestos. No obstante el antecedente de Lenin Moreno debería servir como lección, en principio el proyecto de cada uno es diferente. Veamos de qué se trata.

Andrés Arauz es candidato del partido Unión por la Esperanza (UNES), fue ministro de Correa y obtuvo un tranquilo primer lugar con algo mas de 3 millones de votos. Es un joven de 36 años, economista formado en Estados Unidos y podría ser el presidente más joven de Ecuador. Aliado al progresismo, se plantea como la continuación de Correa. Si gana las elecciones supuestamente confrontará con el FMI y se verá si realmente hace lo que promete.

Guillermo Lasso es un clásico liberal, banquero y empresario, que viene postulándose en las últimas tres elecciones. En estas, es candidato del Movimiento Político Creando Oportunidades (CREO) y el Partido Social Cristiano. En cuanto a las propuestas de campaña, son de una clara tendencia de derecha liberal populista «Nosotros no vamos a desconocer el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Lo que no vamos a hacer, es a subir el IVA». Ligado al Opus Dei, es opositor incansable a la legalización del aborto en cualquiera de los casos. Tiene por bandera no volver al correísmo usando el ya típico espantapájaros de que Ecuador se puede convertir en Venezuela. En resumidas cuentas, es un reaccionario hecho y derecho.

Hacia las elecciones de este domingo, la CONAIE definió como posición un «voto nulo ideológico», rechazando a ambos candidatos. Sin embargo, tienen un historial de cruzar la frontera de clase en las elecciones pasadas, cuando apoyaron a Lassaro en las elecciones que le dieron el triunfo a Lenin Moreno. No obstante, con su pasado de lucha, que fue reforzado en los enfrentamientos con el actual gobierno, consiguieron grandes éxitos entre los territorios de la sierra y los amazónicos, pero también en la juventud de las ciudades, con un discurso ambientalista y la defensa de la Pachamama.

El conflicto entre el movimiento indígena y el correísmo viene de hace largo tiempo. Toda la década de la administración de Correa. El gobierno se dedicó a perseguir dirigentes que no se alinearon a la política del gobierno.

El escenario es evidentemente diferente al de las elecciones entre el golpismo y el MAS en Bolivia o la de Bolsonaro y Haddad en Brasil. En éstas estuvo en cuestión la continuidad o no de los derechos democráticos de las masas, en peligro por las avanzadas derechistas. Este no es el caso: el candidato de Correa parece dirigirse a un cómoda victoria y la derecha neoliberal clásica no representa peligros como el golpismo y el bolsonarismo.

Por otra parte, el Congreso queda dividido entre estas tres fuerzas políticas. De los 137 representantes, el correísmo obtuvo 76 diputados, la centro derecha unos 49 y Pachakutik, 27.

Es evidente que el movimiento indígena tiene su fuerza y una agenda propia más allá de las idas y venidas de la CONAIE. Todavía la exigencia de la reforma agraria es una bandera histórica de los campesinos e indígenas. Esta fue una promesa que Correa hizo y no cumplió, y sí favoreció los negocios de los grandes productores agrícolas.

El 11 de abril, la población irá nuevamente a las urnas. No tenemos ninguna confianza en ninguno de los dos candidatos. Lo que hace falta es una posición independiente que no se venda a la vuelta de la esquina y que levante las banderas contra la explotación capitalista y el enfrentamiento directo contra los buitres del FMI.

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