• El desastre sanitario golpea al gobierno de Sebastián Piñera.

Por Federico Rodríguez

El sábado 13 de junio, el gobierno del derechista Sebastián Piñera anunció un esperado cambio en el gabinete, sacando de su puesto al Ministro de Salud, Jaime Mañalich, quien estuvo a la cabeza de la estrategia sanitaria para el manejo de la pandemia de covid-19. Quedó en su lugar al expresidente del Colegio Médico y partidario de la coalición de gobierno, Enrique Paris.

Es evidente el fracaso en el manejo sanitario de la pandemia que ha implicado que el pequeño país sudamericano haya llegado a tener la tasa de contagio por millón de habitantes (pmh) más alta del planeta, con una tasa 8.418 contagios pmh, muy por sobre la de Estados Unidos que registra la mayor cantidad de contagios totales, con una tasa de 6.395 pmh. A la fecha, el país registra 167.355 personas contagiadas con el virus Sars-CoV-2.

Es que la teoría darwinista de “inmunidad de rebaño”, que en palabras del ahora exministro Mañalich implicaba que “el esfuerzo no es que nadie se contagie, sino que se contagien de manera lenta” (entrevista del 02 de abril de 2020), fue en la práctica una política genocida y criminal, que ha causado a la fecha la muerte de 3.101 personas.

Además de un horroroso manejo comunicacional, con señalamientos a que el virus que ha causado miles de muertes en todo el mundo, pudiera eventualmente “mutar en buena persona”, o con el reconocimiento de que “no tenía conciencia” del nivel de pobreza y hacinamiento que vivían amplias capas de la población, y finalmente al señalar que las proyecciones con las que se había “seducido” al comienzo de la pandemia se habían “desmoronado como un castillo de naipes”.

Lo peor vino dado por la ferviente negativa del otrora ministro de Estado para decretar de manera temprana la cuarentena total del país, la cual aún no se decreta, que detuviese el avance de los contagios. Por el contrario, fiel a su visión neoliberal de priorizar las ganancias capitalistas sobre la salud de la población, estableció una estrategia de “cuarentenas dinámicas” que comenzaron por proteger a los sectores más acomodados de la Región Metropolitana, dejando a las comunas populares de la capital expuestas gravemente al contagio. A cambio de ello, reforzó una política represiva hacia los sectores populares mediante el establecimiento de un inútil toque de queda a cargo de los militares.

Sin embargo, nada bueno podemos esperar del entrante ministro Enrique Paris, médico pediatra y ex presidente del Colegio Médico, un ferviente militante de la coalición de gobierno que ha defendido durante décadas la privatización de la salud pública, para generar ganancia con las enfermedades de la población, lo que ha significado un histórico desfinanciamiento del sistema de salud, que se encuentra actualmente no solamente precarizado sino también al borde del colapso por la pandemia.

En este caso, rige aquella vieja filosofía política del “gatopardismo”, donde cambia algo para que todo siga igual, pues el problema de fondo sigue siendo la visión política del gobierno de Sebastián Piñera, una en la que se prioriza las ganancias de los capitalistas por sobre la vida de las personas.

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