Biden relanza la guerra comercial con China con duras restricciones a las exportaciones

El gobierno de Biden estableció una serie de duras restricciones a las exportaciones de semiconductores y tecnología de microchips hacia China, que es el principal comprador a nivel mundial.

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La guerra comercial entre Estados Unidos y China vuelve a escalar. Esta vez no es Donald Trump, sino Joe Biden, el general que encabeza la ofensiva. Y con medidas que tendrán un enorme impacto económico en ambos países y en el mundo.

El gobierno de Biden estableció una serie de duras restricciones a las exportaciones de semiconductores y tecnología de microchips hacia China, que es el principal comprador a nivel mundial.

A principios de este mes, la Oficina de Industria y Seguridad (BIS, por sus siglas en inglés) añadió a 31 compañías chinas de tecnología a una lista de «empresas no verificadas» que no aceptan las auditorías comerciales estadounidenses. Esto significa que EE.UU. considera que no puede verificarse que estas empresas cumplan con las leyes de exportación del país, por lo que establece duras restricciones para comerciar con ellas.

Además, los nuevos controles establecidos por Biden añaden como criterio el hecho de que el comercio con estas compañías puede significar una «amenaza para la seguridad nacional» o ser contrario a los intereses de la política exterior estadounidense. Tanto el vocabulario como las acciones tienen fuertes remembranzas a la Guerra Fría.

Esta medida aumentará los costos y afectará la capacidad de China de producir alta tecnología, en particular la relacionada con inteligencia artificial. China es el comprador de tres cuartos de la producción mundial de semiconductores y microchips. Y Estados Unidos alberga a tres de las cinco empresas productoras más importantes del mundo.

Por lo tanto, todas las compañías chinas cuyas cadenas de suministros dependan en alguna medida de productos estadounidenses se verán gravemente afectadas. La medida no sólo alcanza a los componentes producidos en Estados Unidos, sino también aquellos producidos en el extranjero con tecnología estadounidense.

La medida de Biden tiene tanto impacto que la propia Casa Blanca debió permitir algunas excepciones, ya que importantes firmas de terceros países también eran severamente afectadas por la medida. Apenas unas horas después de que se tomara la decisión, la administración de Biden debió hacer una excepción con Taiwan (sede de Foxconn) y Corea del Sur, dos de los países que más semiconductores exportan a China y que eran alcanzados por las nuevas restricciones.

Los efectos de esta medida puede llegar a tener alcance global. En la medida en que las empresas chinas se verán afectadas enormemente, y que indudablemente aumentarán sus costos, esto también repercutirá en los precios internacionales, considerando que China es el principal aliado comercial de prácticamente todo el mundo.

Pero, además, esta decisión puede tener un fuerte impacto para las propias empresas norteamericanas. Algunas estimaciones predicen que los ingresos de las compañías estadounidenses del sector que comercian con China pueden verse afectados hasta un 37%, así como perder una participación de hasta el 18% en el mercado mundial de semiconductores y chips.

La escalada de la guerra comercial con China sucede a la par de otra, ya no comercial sino diplomática y potencialmente militar al respecto del estatus de Taiwán, luego de la provocadora visita de Nancy Pelosi y las amenazas del gobierno de Xi Jinping de una invasión a la isla. Esta semana, el Jefe de Operaciones Navales de EE.UU. le recomendó al gobierno de Biden que debía prepararse para una invasión china en Taiwán en el corto plazo. Las duras restricciones impuestas por Biden pueden empezar a tener efectos mucho más allá del plano comercial. Y mucho más rápido de lo esperado.

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