• Situada en la Argentina de 1983, esta obra de ciencia ficción argentina-francesa dirigida por Pino Solanas reconstruye el último tramo de la dictadura militar y el retorno de la democracia a través de las vivencias de Floreal, un trabajador que es detenido tras adentrarse en la organización sindical.

Martine Luxemburgo y Santiago Damiani

Llegando al deceso de la decadente dictadura militar, iniciada en el año 1976 en el marco de un golpe imperialista que se extendió a lo largo de Latinoamérica con el objetivo de evitar la radicalización de la lucha de clases, ocurre el hecho que termina por sepultar el período más nefasto de la historia argentina: la Guerra de Malvinas. Un punto final para el gobierno de facto, ante el cual desde significativos sectores de la clase trabajadora se le presentó batalla en la medida en que el contexto lo permitía[1]. Pese a las detenciones, secuestros y torturas, lxs trabajadores continuaron expresando su rechazo al régimen y denunciando sus politicas antiobreras.

Si bien la resistencia en Argentina fue derrotada durante el golpe, cumplió un rol fundamental para sentar las bases que permitirían avanzar en la deslegitimación masiva de la dictadura militar, junto a otros acontecimientos de relevancia (contexto internacional económico inviable, bloqueo de sectores a nivel mundial, consolidación de los organismos de DD.HH, situación económica crítica, agudizada por la deuda con organismos internacionales, etc.). Consumada la invasión y ocupación de las Islas Malvinas, sumada a la descomposición política, la junta se ve obligada a ceder ante la presión de las masas, lo que dio lugar al retorno de la democracia burguesa en 1983.

En 1988, Fernando “Pino” Solanas estrena su tercer largometraje de ficción, un íntimo y conmovedor relato de un trabajador que fue detenido en la última dictadura.

Floreal Echegoyen (interpretado por Miguel Ángel Solá) es liberado de prisión al finalizar el golpe militar, tras cinco años de ser un preso político por sus actividades sindicales en el frigorífico en el cual trabajaba. Atormentado por los hechos de su pasado e inseguro de retornar su antigua vida, deambula por las calles de Barracas (filmadas al estilo de Federico Fellini) antes de regresar a casa con su esposa Rosi. Allí se encontrará con un antiguo compañero, El Negro, que fue fusilado en plena calle por los militares y regresa como una especie de fantasma, una representación de la memoria colectiva. Juntos recorrerán, a través de flashbacks, las situaciones previas al encarcelamiento, la situación de los opositores al gobierno de facto y sus problemas con Rosi, en pos de reencontrarse con su pasado y recuperar la esperanza.

Siempre desde una puesta en escena teatral y surrealista, una atmósfera onírica y poética, y una fotografía muy vívida, Solanas nos muestra escenas como la organización gremial en el frigorífico, el exilio al que tienen que someterse los militantes, el ataque y fusilamiento de dirigentes y detenidos, las discusiones de Floreal con sus padres y con Rosi, etc. De esta manera, vemos las tensiones del protagonista, su miedo y posibilidad de caer en la desesperanza, como un retrato del obrero activista. Aún así, continuará con la lucha como principal arma y logrará sobreponerse a la etapa más sangrienta y oscura del país.

Ante la imposibilidad de hacer un documental por la falta de material de archivo y porque una representación realista no le haría justicia a los hechos vividos, el director decide romper desde el primer momento la ilusión del cine y hacer explícito que se está viendo una película, para generar mayor impacto, reflexión y comprensión del espectador.

Sur es una película surrealista pero a la vez anclada en la realidad, política y también profundamente emocional, representando la libertad en la vida y en el cine que significó el fin de la última dictadura, una declaración por la memoria y contra el olvido. Imágenes imborrables e icónicas pasan a través de la pantalla, musicalizadas por los tangos de Ástor Piazzolla y el Polaco Goyeneche, que le valieron a Pino el Premio al Mejor Director en el Festival de Cannes, el único argentino en lograr este mérito.

Desde el clásico documental filmado en la clandestinidad La Hora de los Hornos en 1968 (quizás la película argentina más importante jamás hecha), su manifiesto “hacia un Tercer Cine”, que abogaba por un cine políticamente activo y colectivo, influyente para países y cineastas que luchaban contra el colonialismo e imperialismo, hasta su última producción Viaje a los Pueblos Fumigados en 2018, Pino Solanas fue autor de una carrera totalmente prolífica e influyente hasta el día de su muerte, el pasado 6 de noviembre.

A pesar de las diferencias políticas e ideológicas que podemos encontrar con el cineasta, vinculadas a su perspectiva reformista en la conciliación de clases (que lo llevó a ligarse con sectores más afines a la derecha, tales como Carrió y Martin Lousteau en el Frente UNEN), es innegable su aporte al cine nacional y mundial, convirtiéndose en uno de los mejores y más importantes directores argentinos, con un cine de voz propia y siempre preocupado por dar un mensaje de denuncia política. A partir del 21 de noviembre, estarán disponibles 4 de sus películas más importantes de manera gratuita en la página del Festival de Cine de Mar del Plata.

Convirtiéndose en una excepcional obra de la época y el activismo político-cultural, Sur se caracteriza por transmitir un impactante trasfondo político, la experiencia de la clase obrera organizada durante el fascismo, la descomposición política de un régimen dirigido por los personajes más rancios que formaron parte de la historia argentina y la felicidad de un pueblo – que ha padecido el lado más oscuro del imperialismo capitalista – ante el retorno de la democracia. Si bien la obra no traza con claridad la necesidad de la organización política como herramienta no solo de resistencia, sino también de lucha activa, se constituye como el legado de una juventud y clase trabajadora, que pese a sufrir el golpe más duro y significativo en su historia, gracias a su resistencia y organización logró tensar al régimen. La acumulación de la experiencia de la clase obrera argentina de aquel entonces y sus enseñanzas,  al día de hoy nos permiten avanzar en la construcción de una perspectiva de clase, desde la cual se continúe luchando y defendiendo el lugar de trabajo como un espacio de organización fundamental para enfrentar al capitalismo.

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