Marx, historiador de la violencia de Estado

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  • Autoritarismo, coacción, violencia policial, ideología de la seguridad, encarcelamiento masivo, estado de emergencia, creación de campos de internamiento para migrantes. El aumento de la violencia estatal es inseparable de los trastornos económicos y sociales.

Articulo de sinpermiso

Dimitris Fasfalis

Lejos de ser una anomalía o excepción, la violencia estatal del momento autoritario que vivimos hoy en todo el mundo comparte múltiples vínculos con el capitalismo en su fase neoliberal. Para comprenderlos, las páginas de El Capital (1867) sobre la violencia estatal durante el nacimiento del capitalismo parecen tener un gran significado político y crítico.

El Capital es una obra única en su tipo, que mezcla diferentes tipos de enfoques, en la encrucijada de varios campos académicos. Si la economía y la filosofía son conocidas y reconocidas en este trabajo, la historia lo es mucho menos. En los extractos que siguen, Marx ofrece el ejemplo de un esfuerzo por salvar la memoria de las clases subordinadas en la larga historia del capitalismo que se basa en su teoría de la historia y la crítica social que está en el corazón de su obra.

En el capítulo XXIV de El Capital (1867), en su apartado 3, titulado “Legislación sangrienta contra los expropiados a partir del siglo XV. Leyes reduciendo el salario”, Marx presenta una imagen del nacimiento del capitalismo en Europa por medio de la violencia de Estado. Escribe:

“Los contingentes expulsados de sus tierras al disolverse las huestes feudales y ser expropiados a empellones y por la fuerza formaban un proletariado libre y privado de medios de existencia, que no podía ser absorbido por las manufacturas con la misma rapidez con que aparecía en el mundo. Por otra parte, estos seres que de repente se veían lanzados fuera de su órbita acostumbrada de vida, no podían adaptarse con la misma celeridad a la disciplina de su nuevo estado. Y así, una masa de ellos fue convirtiéndose en mendigos, salteadores y vagabundos; algunos por inclinación, pero los más, obligados por las circunstancias. De aquí que a fines del siglo XV y durante todo el siglo XVI se dictase en toda Europa Occidental una legislación sangrienta persiguiendo el vagabundaje. De este modo, los padres de la clase obrera moderna empezaron viéndose castigados por algo de que ellos mismos eran víctimas, por verse reducidos a vagabundos y mendigos. La legislación los trataba como a delincuentes «voluntarios», como si dependiese de su buena voluntad el continuar trabajando en las viejas condiciones, ya abolidas.

En Inglaterra, esta legislación comenzó bajo el reinado de Enrique VII.

Enrique VIII, 1530: Los mendigos viejos e incapacitados para el trabajo deberán proveerse de licencia para mendigar. Para los vagabundos capaces de trabajar, por el contrario, azotes y reclusión. Se les atará a la parte trasera de un carro y se les azotará hasta que la sangre mane de su cuerpo, devolviéndolos luego, bajo juramento, a su pueblo natal o al sitio en que hayan residido durante los últimos tres años, para que «se pongan a trabajar» (to put himself to labour). ¡Qué ironía tan cruel! El acto del año 27 del reinado de Enrique VIII reitera el estatuto anterior, pero con nuevas adiciones, que lo hacen todavía más riguroso. En caso de reincidencia de vagabundaje, deberá azotarse de nuevo al culpable y cortarle media oreja; a la tercera vez que se le coja, se le ahorcará como criminal peligroso y enemigo de la sociedad. (…)

Véase, pues, cómo después de ser violentamente expropiados y expulsados de sus tierras y convertidos en vagabundos, se encajaba a los antiguos campesinos, mediante leyes grotescamente terroristas a fuerza de palos, de marcas a fuego y de tormentos, en la disciplina que exigía el sistema del trabajo asalariado.

No basta con que las condiciones de trabajo cristalicen en uno de los polos como capital y en el polo contrario como hombres que no tienen nada que vender más que su fuerza de trabajo. Ni basta tampoco con obligar a éstos a venderse voluntariamente. En el transcurso de la producción capitalista, se va formando una clase obrera que, a fuerza de educación, de tradición, de costumbre, se somete a las exigencias de este régimen de producción como a las más lógicas leyes naturales. La organización del proceso capitalista de producción ya desarrollado vence todas las resistencias; la creación constante de una superpoblación relativa mantiene la ley de la oferta y la demanda de trabajo y, por ello, el salario a tono con las necesidades de crecimiento del capital, y la presión sorda de las condiciones económicas sella el poder de mando del capitalista sobre el obrero. Todavía se emplea, de vez en cuando, la violencia directa, extraeconómica; pero sólo en casos excepcionales. Dentro de la marcha natural de las cosas, ya puede dejarse al obrero a merced de las «leyes naturales de la producción», es decir, puesto en dependencia del capital, dependencia que las propias condiciones de producción engendran, garantizan y perpetúan. Durante la génesis histórica de la producción capitalista, no ocurre aún así. La burguesía, que va ascendiendo, necesita y emplea todavía el poder del Estado para «regular» los salarios, es decir, para sujetarlos dentro de los límites que benefician a la extracción de plusvalía, y para alargar la jornada de trabajo y mantener al mismo obrero en el grado normal de dependencia. Es éste un factor esencial de la llamada acumulación originaria”.

(Fuente: Karl Marx, El Capital)

El marxismo suele analizar la violencia estatal desde el ángulo de la dominación de clase o desde el ángulo de opresiones específicas, como el racismo. La problemática de la dominación de clases está presente en este extracto, pero encaja más ampliamente en una teoría del cambio social y una teoría de la historia. Así, este texto también ofrece una crítica social de la ideología dominante en relación con el crimen y la delincuencia.

La historia larga de la violencia estatal

Aunque de acuerdo con Marx, el período del nacimiento del capitalismo en Europa occidental en el siglo XVI es el periodo de la historia por excelencia de la violencia del Estado contra los pobres para permitir el establecimiento del modo de producción capitalista, la lectura de este fragmento hoy nos permite establecer una narrativa histórica ligeramente diferente.

El hecho es que la violencia estatal contra los trabajadores y los pobres no se limita a un momento, una fase o una era en la historia del capitalismo. Nació con el capitalismo y continúa hasta el día de hoy. Porque esta fase de “acumulación primitiva” que Marx describe siempre continúa en algún lugar del mundo cuando llega a su fin en otro. Por lo tanto, está ligada a la expansión progresiva del capitalismo en todo el mundo desde los siglos XIX y XX. En consecuencia, desde hace más de quinientos años, la violencia estatal se ejerce sobre las poblaciones pobres, desposeídas y arrojadas a los caminos del éxodo, para permitir que se instale el capitalismo. Es aquí que el propósito de Marx revela la larga historia de esta violencia de estado que está en los orígenes del capitalismo: ” De aquí que a fines del siglo XV y durante todo el siglo XVI se dictase en toda Europa Occidental una legislación sangrienta persiguiendo el vagabundaje. De este modo, los padres de la clase obrera moderna empezaron viéndose castigados por algo de que ellos mismos eran víctimas, por verse reducidos a vagabundos y mendigos”.

Al escribir esto, Marx está luchando no solo en el campo de la economía política. También es el memorialista de los desposeídos frente a la historia oficial de los opresores que reducen a los subordinados al silencio y al oprobio. Al situar el nacimiento del capitalismo en Europa en su contexto social, Marx vuelve el estigma de los pobres (mendicidad, vagancia, robo) contra la clase dominante, al mismo tiempo que documenta los crímenes originales de la burguesía europea. Marx procede así al rescate de la memoria y la rehabilitación simbólica de las clases subordinadas.

[Sobre el grabado de Jacques Callot podemos leer “Supplicium Sceleri Fraenum”, que significa “Castigos en la lucha contra el crimen”. La imagen va acompañada de las siguientes líneas: “Vea el lector como Justicia / Por tantas torturas diversas / Por tranquilidad del Universo / Castiga la maldad de los malvados / Tomado ejemplo de este grabado / Debes evitar todos los delitos / Para felizmente eximirte / de los efectos de los que imponen orden”.]

En esta larga historia de la violencia estatal, las formas de violencia estatal legítimas han cambiado drásticamente con el tiempo en Europa y en todo el mundo. La ley que condenaba a los vagabundos bajo Enrique VIII en Inglaterra (1530) a ser azotados sólo corresponde a una forma específica y limitada en el tiempo de violencia estatal. Las luchas y las revoluciones han ampliado continuamente los derechos individuales y colectivos frente al Estado. Por tanto, han contribuido enormemente a controlar esta violencia estatal, a “civilizarla”; sin hacerla desaparecer. Una vez establecidas las relaciones sociales del capitalismo, “En el transcurso de la producción capitalista, se va formando una clase obrera que, a fuerza de educación, de tradición, de costumbre, se somete a las exigencias de este régimen de producción como a las más lógicas leyes naturales”. Las “leyes naturales” del capitalismo pueden entonces operar sin recurrir a la violencia estatal. El largo siglo XIX (1789-1914) en los mundos europeos lo atestigua.

Una violencia estatal proporcional a los trastornos del capitalismo

El interés de este texto de Marx reside entonces en su capacidad de pensar la violencia del Estado dentro de una totalidad social o, en otras palabras, insertándola en el conjunto de las relaciones sociales. El telón de fondo de la flagelación y el encarcelamiento de vagabundos en Inglaterra en el siglo XVI, están las “expropiaciones violentas y repetidas” en el campo. La celeridad y brutalidad de los cercados por los que los terratenientes ingleses se hicieron dueños de las tierras y los bienes comunes en la campiña inglesa había tenido como resultado la “creación del proletariado sin lumbre ni hogar”, sin que las fábricas pudieran proporcionar les trabajo a todos. “Y así, una masa de ellos fue convirtiéndose en mendigos, salteadores y vagabundos”.

¿Qué vínculo existe con el mundo actual? El capitalismo solo puede existir mediante una revolución permanente en las relaciones de producción y las relaciones sociales. Las transformaciones económicas y sociales rápidas y brutales son, por tanto, inherentes al capitalismo. Este último no puede contentarse con un mundo estable o un estado de equilibrio: su modo de existencia y reproducción son los desequilibrios y los trastornos estructurales.

La violencia estatal aparece entonces como corolario para permitir sus profundas y rápidas transformaciones. Autoritarismo, coacción, violencia policial, ideología de la seguridad, encarcelamiento masivo, estado de emergencia, creación de campos de internamiento para migrantes: tantas tendencias profundas que siguen activas en la era neoliberal que se abrió con el agotamiento de las luchas y la expansión económica a fines de la década de 1970. El aumento de la violencia estatal es, por tanto, inseparable de los trastornos económicos y sociales de los últimos cuarenta años, entre los que podemos mencionar el fin del compromiso keynesiano, la privatización desenfrenada de los bienes comunes, la financiarización de las economías capitalistas desarrolladas, la aceleración de la globalización, industrialización y urbanización de los países del sur, así como la revolución digital.

En resumen, el texto de Marx nos permite comprender que la violencia de estado es inherente igualmente al proyecto de restauración del poder de clase que es el neoliberalismo en nuestro tiempo como al nacimiento del capitalismo europeo en el siglo XVI. Marx escribe: La burguesía, que va ascendiendo, necesita y emplea todavía el poder del Estado para «regular» los salarios, es decir, para sujetarlos dentro de los límites que benefician a la extracción de plusvalía, y para alargar la jornada de trabajo y mantener al mismo obrero en el grado normal de dependencia”. La restauración liberal llevada a cabo desde los años ochenta por los gobiernos de derecha e izquierda en Europa y en el mundo “necesita y emplea todavía el poder del Estado”, en particular para ” mantener al mismo obrero en el grado normal de dependencia” cuando las “leyes naturales” del mercado de trabajo ya no son suficientes y los trabajadores resisten.

Marx muestra entonces esta violencia estatal como una vía para que la clase dominante no solo establezca las relaciones sociales del capitalismo, y por lo tanto su dominación, sino también como un medio para permitir la asunción de las normas capitalistas por parte de los trabajadores. reduciendo así el uso de la coerción y la violencia. Marx escribe: “Véase, pues, cómo después de ser violentamente expropiados y expulsados de sus tierras y convertidos en vagabundos, se encajaba a los antiguos campesinos, mediante leyes grotescamente terroristas a fuerza de palos, de marcas a fuego y de tormentos, en la disciplina que exigía el sistema del trabajo asalariado”. Desde el siglo XVI hasta la actualidad, esto es cierto en Europa: la asimilación de las normas capitalistas por las masas populares ha progresado al mismo tiempo que las formas de violencia estatal contra ellas han disminuido, sin excluir, sin embargo, momentos de crisis y violencia paroxísticas, como lo demuestran las masacres de trabajadores organizadas por el Partido del Orden o la violencia fascista. Además, Marx es consciente de esto cuando escribe: “Todavía se emplea, de vez en cuando, la violencia directa, extraeconómica; pero sólo en casos excepcionales”.

Una crítica radical de la razón liberal

En este texto, Marx finalmente somete a una crítica radical la razón liberal del libre albedrío y del individuo soberano en materia de criminalidad y delincuencia.

Lo que se hace eco directamente del discurso sobre seguridad que hoy domina los campos político y mediático. A los ojos de los gobernantes, los mendigos, los ladrones y los delincuentes tienen la libertad de elegir entre rechazar el trabajo y robar. Marx escribe sobre este tema: “La legislación los trataba como a delincuentes «voluntarios», como si dependiese de su buena voluntad el continuar trabajando en las viejas condiciones, ya abolidas”. Ilusión liberal de la responsabilidad individual del crimen que invierte la responsabilidad social a expensas de las víctimas de la violencia de los ricos. Ilusión mantenida hoy por el discurso securitario de “tolerancia cero”, penas máximas, “discurso firme” y el apoyo inquebrantable del mundo político a la policía, incluidos sus cuerpos más violentos como los antidisturbios. Marx, por tanto, permite emanciparse de la ideología dominante que avala la injusticia de clase, ayer como hoy, para pensar la criminalidad y la delincuencia, así como la violencia de Estado, desde el ángulo de las condiciones posibles históricas y sociales que subyacen.

En la medida en que nuestro léxico político ha visto durante el último período la adopción de estas palabras que hablan de la barbarie de nuestro tiempo – “violencia policial”, “munición no letal”, “granadas de aturdimiento”, “brigadas antidisturbios móviles”, “Centro de detención administrativa “,”trillado”, “mutilación”- y en la medida en que la clase dominante todavía se niega a reconocer esta violencia estatal, el texto citado de Marx tiene un significado revolucionario.

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