«Atravesamos una de las mayores crisis migratorias de la historia»

Por los conflictos bélicos, la crisis económica y la falta de alimentos a nivel global, se reaviva el problema migratorio en todo el mundo. Con 100 millones de nuevos desplazados, los expertos señalan que podríamos estar viviendo la mayor crisis migrante de la historia.

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“La mayor crisis de refugiados está aún por delante. La guerra, el hambre y la plaga no solo seguirán presentes, sino que se extenderán y empeorarán a causa del cambio climático. ¿Qué le hará eso a nuestras sociedades y a nosotros como individuos?” (Japan Times, 1/6/2022).

El lunes 26 de junio del 2022 será recordado como un día negro para miles de migrantes en distintos puntos del planeta. En Melilla, territorio español en el Magreb, 2000 migrantes subsaharianos intentaron traspasar la valla que divide Marruecos de la Unión Europea. La represión de las fuerzas marroquíes y españolas dejó un saldo oficial de 23 migrantes muertos y 18 heridos. Pero varias organizaciones de DDHH señalaron que las cifras oficiales estaban adulteradas. La cifra de fallecidos podría elevarse por encima de la treintena.

Pedro Sánchez, el presidente español del PSOE, calificó el intento de ingresar de los migrantes como “un ataque violento” hacia España. Miles de españoles se manifiestan en estos mismos momentos en rechazo a las declaraciones de Sánchez. En sus pancartas puede leerse la consigna “No en nuestro nombre”, en una muestra de solidaridad internacional.

En las cercanías de San Antonio, Texas, la policía estadounidense atendió un llamado al 911 y encontró 50 migrantes muertos dentro de un tráiler estacionado. Otros 16 migrantes fueron trasladados de urgencia a distintos hospitales de la zona. El relato de los presentes eriza la piel. “Uno no viene a trabajar esperando encontrarse con una pila de cadáveres”, señaló un oficial fronterizo estadounidense.

Durante la última semana, San Antonio vivió el verano más caluroso de su historia, con temperaturas que alcanzaron los 46 grados. No se sabe cuánto tiempo habían permanecido los migrantes dentro del vehículo, donde se asfixiaron ante la falta de ventilación y de agua. Los pocos sobrevivientes estaban demasiado débiles como para salir del vehículo por sus propios medios.

La masacre de San Antonio se enmarca en una ola de inmigración que rompe récords en la frontera sur de los EEUU. Solo en el último mes, las autoridades detuvieron a 239.000 migrantes que intentaban cruzar la frontera con México.

Las autoridades demócratas y el propio Biden culparon de la situación a las organizaciones criminales de trata de personas. El gobierno republicano de Texas, por su parte, calificó la masacre como resultado de la política “de fronteras abiertas” de Biden. “Estos muertos son de Biden”, puede leerse en un reciente tweet del gobernador texano.

Cerca de la localidad costera de Calais, 153 migrantes llegaron a territorio británico a bordo de una balsa improvisada. Ese mismo día entraba en vigencia la nueva legislación migratoria del gobierno de Boris Johnson. La nueva ley establece penas de cuatro años de prisión para cualquier migrante que ingrese ilegalmente al Reino Unido o que permanezca allí una vez vencida su visa. Además, se establecen pena perpetua para quien conduzca un embalse migrante a través del Canal de la Mancha.

“Mientras no haya solución para la crisis migratoria global, estas reformas juegan un rol fundamental para aliviar el quebrado sistema de asilo mientras ponemos nuestro nuevo plan para la inmigración en acción”, declaró la ministra del Exterior, Priti Patel.

Es seguro que la acción de organizaciones criminales genera estragos entre los migrantes. Pero la acción de los tratantes sólo es posible sobre la base de que millones de personas están desesperadas por migrar en busca de una mejor situación económica. Si los tratantes hacen negocios es únicamente gracias a las políticas anti – inmigratorias de los gobiernos imperialistas.

Las respuestas de los distintos gobiernos ante el problema migratorio varían. Algunos discursos son más “sensibles”, otros más abiertamente xenófobos. Pero la pregunta que permanece sin responder es cuándo llegarán las verdaderas “soluciones”. Como Patel, muchos funcionarios parecen esperar que la misma llegue desde el cielo.

La crisis apenas ha comenzado

Hace menos de un mes, ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) señaló que, por primera vez en la historia, más de 100 millones de personas en todo el mundo están siendo “forzosamente desplazadas”. Esta alarmante cifra responde a tan sólo dos años de migraciones.

Solo durante el 2021, 1 de cada 88 habitantes del planeta abandonó su suelo natal. Esto representa unos 89 de los 100 millones de desplazados del bienio. Según el ACNUR, 27 millones de ellos son refugiados. 4,6 millones son solicitantes de asilo. 53,2 millones son desplazados internos. El 66% emigra desde cinco países: Siria, Venezuela, Afganistán, Sudán del Sur y Myanmar. Se trata de países que enfrenta conflictos bélicos (internacionales o internos) o crisis económicas de envergadura histórica.

Lo llamativo es que la gran mayoría de esos migrantes no llega, como normalmente se piensa, a países del “primer mundo”. El 83% de los migrantes globales se desplaza hacia países de renta baja y media. A veces, estos países son “lugares de paso” hacia potencias como EEUU y la Unión Europea. Pero las políticas de blindaje migratorio de esos países suelen cortar el camino de los migrantes antes de llegar a destino.

La composición social, etaria y hasta sexual de los grupos migrantes dan cuenta de la enorme vulnerabilidad que sufren durante los desplazamientos. El 41% de los migrantes son menores de edad, y el 75% son mujeres.

“Millones de mujeres y niños han escapado de la agresión rusa en los pasados tres meses. Millones más han huido de la violencia en lugares como Etiopía, Burkina Faso, Myanmar, Afganistán o la República Democrática del Congo” (Japan Times). Y este flujo masivo de refugiados no parece estar por detenerse.

Hace un mes Margaritis Schinás, vicedirector del Consejo Europeo y responsable de política migratoria, señaló a la agencia de noticias Bloomberg que espera una nueva crisis de refugiados. “La gente va a venir en balsas a través del Mediterráneo, ya no en trenes a través de Ucrania y Polonia. Será más desordenado”, dijo el funcionario griego. “Desordenado” parece un adjetivo suave para describir el calvario de miles de inmigrantes africanos que intentan cruzar el Mediterráneo a bordo de botes salvavidas sobrecargados.

Pero lo que es seguro es que el pronóstico de Schinás ya está cumpliéndose. Así lo atestiguan los balseros que llegaron ayer a Calais y otros 2.000 inmigrantes que llegaron por la misma vía al Reino Unido en lo que va del año, la treintena de muertos en Melilla y los 6,7 millones de refugiados ucranianos que ingresaron a Polonia.

Lo que exponen todos estos datos, reunidos fragmentariamente por los medios internacionales, es que ya ha comenzado una nueva crisis migratoria. Pero, a diferencia de las que vimos en los últimos años, esta tiene alcance global y es la de mayor envergadura de la historia moderna.

Podría parecer que no hay mucho en común entre los migrantes centroamericanos que murieron en San Antonio, los ucranianos que huyen de la guerra y los subsaharianos que intentan ingresar a la Unión Europea. Pero todas estas crisis localizadas hacen parte de un problema internacional con razones comunes.

La guerra en Ucrania, que desplazó millones, es una consecuencia del orden geopolítico (y económico) resquebrajado por la crisis capitalista. Es el “daño colateral” de una guerra de rapiñaje imperialista. Pero también la miseria estructural de millones de africanos y centroamericanos son una consecuencia de la misma crisis. Los desplazamientos migratorios que estamos presenciando no responden a la voluntad de los migrantes. Es el propio orden capitalista, que genera países imperialistas “desarrollados” y países dependientes con altos niveles de miseria estructural, lo que genera migraciones en masa.

La crisis actual no está haciendo más que acelerar un problema estructural del capitalismo del siglo XXI. Y, según todos y cada uno de los analistas, la crisis migratoria no podrá sino empeorar.

La pandemia, la guerra, la crisis alimentaria y el cambio climático

Estos tres problemas son hitos claros de la época actual. Y los tres, sin excepción, están dándole forma a la crisis migrante que estamos presenciando.

Uno pensaría que la pandemia, con sus cuarentenas y cierres, habría puesto un stop al problema migratorio. En realidad, tan sólo se lo puso en pausa. Hace dos años, decíamos desde este medio:

“La pandemia no ha hecho sino acentuar los problemas estructurales a los que la población migrante se encuentra expuesta. […] El 51% de los migrantes mexicanos y centroamericanos en el exterior (la mayoría de ellos en EEUU) perdió su trabajo durante la pandemia. Solamente el 20% se encuentra empleado y al 40% le redujeron sus horas de trabajo o su salario. […] Entre marzo y agosto de 2020, Trump efectuó 300.000 deportaciones.

[…] El Covid cerró fronteras y frenó momentáneamente los flujos migratorios. Pero en el largo plazo la enrome recesión generada por la pandemia va a cambiar drásticamente las migraciones. Con una caída del PBI mundial que ronda el 10%, más pobreza y desigualdad aumentarán la presión migratoria desde la periferia hacia el centro del planeta. Hay países enteros que dependen del envío de remesas de migrantes (Bangladesh, Filipinas, Ghana, Honduras). Las mismas alcanzan un valor global de 600.000 millones de dólares, pero esos valores caerán drásticamente en 2020 y 2021.

Las personas no dejarán de desplazarse, y terminarán haciéndolo en condiciones mucho más precarias, sin ningún tipo de protección legal y quedando a merced de diversas formas de violencia y explotación que van desde las redes clandestinas de trata de personas hasta distintas formas de estafa en los países de destino, donde pasarán a constituir una nueva capa de migrantes ultra – precarizados.

Los problemas generados por la pandemia tenderán seguramente a acentuar las tendencias migratorias ya existentes (desde Latinoamérica, Asia y África hacia EEUU, y desde Medio Oriente y el Norte Africano hacia la UE) pero también podrían generar nuevos flujos migratorios inesperados, dándole al problema migratorio un enorme factor de anarquía” (El problema de la inmigración en tiempos de pandemia y cambio climático, IzquierdaWeb, 9/9/2020).

La guerra en Ucrania era el factor que faltaba para hacer de todos estos pronósticos una realidad. Y no solo por el enorme desplazamiento directo de refugiados. Sino más aún por las consecuencias económicas a nivel global de la guerra.

“En el último año, la cantidad de personas en situación de inseguridad alimentaria aumentó de 440 millones a 1,6 billones. Cerca de 250 millones están ya al borde de la hambruna” (¿Hacia una crisis alimentaria global?, IzquierdaWeb, 25/5/2022). Esto es el resultado del alza de los precios internacionales de las commodities fruto de la guerra y del desastre climático que arrasa las cosechas.

Pero el factor climático, que hasta ahora muchos analistas dejan en un segundo plano, podría ser decisivo en los próximos años. “Si el nivel de destrucción ambiental mantiene su riutmo actual, se calcula que en los próximos 50 años la porción de tierra inhabitable del planeta podría aumentar del actual 1% a un inusitado 20%. Es decir que una quinta parte del planeta se volvería inhabitable. Hasta un tercio de la población mundial debería desplazarse de sus países de origen. Para el 2070, tan sólo el problema ambiental podría generar 400 millones de nuevos refugiados, la misma cantidad de migrantes que existen actualmente por motivos económicos, bélicos y demás”. (El problema de la inmigración en tiempos de pandemia y cambio climático, IzquierdaWeb, 9/9/2020).

David Beasley, director del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, declaró hace menos de dos meses que “si no abordamos la situación inmediatamente, durante los próximos nueve meses vamos a ver hambruna, desestabilización de naciones y migraciones masivas”. Al parecer, el momento de “prevenir” ha pasado.

Las crisis económica, bélica, climática, alimentaria y migratoria ya se están retroalimentando y es casi imposible saber hasta dónde podrían extenderse. El mayor problema es que las respuestas de los distintos gobiernos capitalistas no pasan de los parches. Mientras demócratas y republicanos discuten “de quién son los muertos”, la tragedia de miles de migrantes continúa. Mientras la derecha británica busca “reformas” criminalizadoras contra los migrantes, las “soluciones” providenciales no aparecen por ningún lado.

Y el panorama geopolítico global no es alentador. La creciente tendencia a la polarización y la conflictividad entre potencias es el primer obstáculo para resolver problemas que exigen respuestas integradas a nivel internacional.

En el fondo, todo deriva hacia la misma crisis: la incapacidad del capitalismo como sistema para acumular ganancias sin destruir las condiciones de vida de la sociedad y la naturaleza. Mientras el capitalismo imperialista siga siendo el status quo del planeta, la tendencia continuará siendo de una mayor destrucción natural y de una mayor carestía. La crisis migratoria que se está desplegando debería ser un llamado de atención inexcusable.

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