Argentina: Una carrera de velocidades de un gobierno que no logra estabilizarse

En esta carrera compiten la brutalidad del plan guerra de Milei contra los trabajadores, y la experiencia de sectores de masas acicateados cotidianamente por los ataques, entre quienes ya se ha alzado y se consolida una vanguardia de masas dispuesta responder al enemigo a la altura de las circunstancias como quedó demostrado el 8M pasado.

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Una carrera de velocidades se ha apoderado de la dinámica del país, con un gobierno que no logra estabilizarse. En esta carrera compiten la brutalidad del plan guerra de Milei contra los trabajadores, y la experiencia de sectores de masas acicateados cotidianamente por los ataques, entre quienes ya se ha alzado y se consolida una vanguardia de masas dispuesta responder al enemigo a la altura de las circunstancias como quedó demostrado el 8M pasado. Fue una nueva jornada histórica por su oposición política al gobierno, que superó ampliamente la mera defensa del derecho al aborto, y que se suma a las jornadas históricas del paro arrancado a las burocracias sindicales de la CGT y las CTAS el 24/1, las jornadas de vanguardia impulsadas por la izquierda que empujaron la derrota de la primera Ley Ómnibus (L.O) en el Congreso, y el primer desafío al protocolo antiprotesta del 20 de diciembre.

Esa misma carrera de velocidades condiciona los propios alcances y límites en la capacidad oficialista de pisar terreno firme con ambos pies. En el terreno de la economía el gobierno se apoya en sus atributos de Poder Ejecutivo (decretos presidenciales parciales, devaluación, desregulación de hecho de la economía) dando como resultado una velocidad de ataque que es feroz y caotizante. Pero en el terreno de la política, donde debe legalizar el rumbo económico para superar la sumatoria de medidas empíricas y lograr un rumbo de reconfiguración del capitalismo argentino (una exigencia que le viene de la propia burguesía económica que no quiere “súper ganancias para hoy e incertidumbre para mañana”) esa velocidad se empantana. Por dar solo un ejemplo, no da lo mismo reventar los salarios hoy por la vía “ejecutiva” de la devaluación/inflación y tener que afrontar los reclamos paritarios cada tanto, que sancionar una reforma laboral esclavista que generalice la súper-explotación y las condiciones laborales de aquí en más.

Ese síntoma de falta de control de los “tiempos políticos” que se verificó con la derrota de la primera L.O, vuelve a repetirse con las dificultades manifiestas de cara a una nueva L.O e incluso con un eventual rechazo del DNU en el Senado (que luego debería ser ratificado en Diputados para sepultarlo) y siembra la etapa actual reaccionaria con elementos permanentes de crisis (ver al respecto en esta edición “Milei en la asamblea legislativa” de Roberto Sáenz).

Si Milei, según su propio relato, acelera ante los obstáculos económicos, cuando se trata de consagrar sus medidas como guía y rumbo del país de acá en adelante, la arena de la política se le vuelve barro y los obstáculos lo fuerzan a bajar los cambios. Esos obstáculos refieren tanto a atributos propios como ajenos. Propios, el de ser un gobierno minoritario que no controla ninguna de las cámaras del Parlamento y debe acudir a negociaciones con otros -siempre dispuestos a ayudarlo-, pero con “peros” que condicionan el resultado. Por caso, el intento fallido, pero intento al fin de un grupo de diputados de presentar una fórmula de actualización que frene el desangre de las jubilaciones.

Pero también existen atributos ajenos al gobierno e independientes de las fuerzas políticas burguesas, que refieren a la capacidad que ha demostrado la vanguardia de masas de alzarse como oposición política a Milei, y no solo parcial por tal o cual medida. En este elevarse a oposición política ha tenido un rol protagónico la izquierda (aunque por momentos desigual como se vio claramente el 8M donde Las Rojas, nuestro partido y Manuela Castañeira estuvieron a la cabeza) cuya disputa con las direcciones k (fuerza abiertamente garante de la gobernabilidad, pero que dirige franjas de vanguardia de masas, e incluso de masas) debe ser más y más consciente.

Esta carrera de velocidades se enmarca y hace a una etapa reaccionaria con elementos de crisis permanente, es decir no consolidada. Etapa abierta por el cambio de frente político veloz abierto por la irrupción de Milei desde las PASO en agosto del 2023 hasta su concreción como gobierno de extrema derecha con rasgos bonapartistas. Pero sobre una configuración política y social vinculadas a relaciones de fuerzas no derrotadas que abre brechas por arriba y por abajo, y completan el panorama con elementos de crisis permanente que sientan bases para empujar un giro que ponga a la ofensiva a las y los trabajadores y sus representaciones políticas.

La contraofensiva del gobierno en el terreno pantanoso de la política (burguesa)

Al cachetazo político del 8M, una jornada histórica que el gobierno intentó desarmar con una batería de provocaciones y con la amenaza del protocolo, le siguió el escándalo del aumento de la dieta presidencial en un 48% (2 millones de pesos llevando de 4 a 6 millones mensuales). Una provocación al público propio al que se le vende que “no hay plata” y que la “casta tiene miedo” (¿será “aumento”?), y que choca de lleno contra la política rastrera de no homologar mediante la Secretaría de Trabajo los acuerdos paritarios entre los gremios y las empresas (camioneros, alimentación, textiles, mineros, en total una decena de ellos). Tuvo que retroceder rápidamente para evitar que el escandalo pasara a mayores.

Sumemos que había convocado a los gobernadores a una reunión para acordar el apoyo a la reversionada L.O (de la cual aún no se conocen detalles) en la previa de la movilización del 8M. Aquí se había encontrado nuevamente con los “sí, pero” que lentifican la embestida política. En principio los gobernadores (y sus diputados) estarían dispuestos a apoyarlo en el Parlamento a cambio de coparticipar ingresos del Estado nacional con los Estados provinciales. El gobierno les ofrece restituir el Impuesto a las Ganancias (otro ataque frontal a los trabajadores) y coparticiparlos. Pero, los gobernadores no quieren cargar con el costo político de semejante ataque. Así el “pero” aguó el intento de mostrar un apoyo cerrado a la iniciativa política oficialista. Dicho esto, está claro que la defensa de los trabajadores y el fracaso de la L.O no puede depender de los lamebotas provinciales.

Es en este marco de dificultades, el gobierno ensaya una contraofensiva política por la vía de la seguridad, tomando los asesinatos del narcotráfico en Rosario como excusa para militarizar la ciudad (ver nota en esta edición). Una iniciativa completamente reaccionaria que logró un gesto de “unidad nacional” con el conjunto de los partidos patronales -con la limitación que se circunscribe a una provincia, lo cual merma su impacto-  instrumentalizando el flagelo que sufren las y los trabajadores víctimas de las pandillas, que no soluciona el problema del narcotráfico (un negocio multimillonario que abarca a sectores de la burguesía, al Estado con sus funcionarios y fuerzas represivas como cómplices, y que exceden ampliamente la existencia de grupos lúmpenes enemigos de los trabajadores y vendedores de drogas).

Mediante esta ofensiva reaccionaria pretenden además legalizar la figura de terrorismo, cuya amplitud y ambigüedad podría ser utilizada contra organizaciones sociales, políticas y eventos de protesta social como las que hubo en Rosario recientemente mediante cacerolazos y masivas movilizaciones de docentes para repudiar los ataques del gobierno nacional. Pero también en este terreno se hacen sentir voces institucionales que cuestionan el intento de ampliar facultades de intervención a las Fuerzas Armadas en la supuesta lucha contra el narco, o que señalan la peligrosidad de aplicar la figura de terrorismo cuyos alcances no están claramente tipificados.

Así las cosas, cada intento bonapartista del gobierno es mellado tanto por las mediaciones institucionales, como por la respuesta de la vanguardia y las organizaciones que lo desafían, dando como resultado un gobierno con más vocación bonapartista que efectividad. Con el contrapeso de que la ofensiva económica tiene elementos propiamente bonapartistas, y donde logra más resultados provisorios, a los que contribuye la pasividad cómplice de las centrales sindicales jugadas a fragmentar los paros por sector y hacerlos invisibles, cero disruptivos, sin ganar la calle, para garantizar la gobernabilidad.

Alertamos de todas maneras que tanto la presión por abajo como la no homologación de las paritarias presionan a las burocracias a convocar a un nuevo paro general. Por lo cual es central la exigencia y/o imposición de un paro general político contra todo el plan de Milei, para superar la fragmentación que garantiza la continuidad de gobierno, para unificar la acción en curso de la vanguardia con las amplias masas de trabajadores, y poner entre ceja y ceja la caída del plan de guerra de Milei.

Un laboratorio de unidad/disputa/desborde contra el plan de Milei

El 8M fue no sólo fue una jornada histórica que deja una serie de lecciones de extraordinaria importancia para la política y la acción revolucionaria en la vanguardia de masas.

Por empezar, vuelve a demostrar que las calles son de la vanguardia de masas, algo que contrasta enormemente con la insignificante capacidad de movilización del gobierno hasta el momento. Y junto con esto, deja clara la potencia que tiene la movilización cuando se ordena alrededor de los problemas globales (tema en el que insistimos incansablemente contra las miradas economicistas y fragmentarias de otras organizaciones) como se expresó en una asistencia masiva cuyo centro fue la denuncia del plan de guerra de Milei y la exigencia del paro, detrás de lo cual se ordenaron diversas reivindicaciones del movimiento de mujeres, pero que fueron mucho más allá.

Si es un hecho que la jornada demostró ser histórica, no menos cierto es que fue una pelea política lograr esa magnitud, pelea para la cual nuestra organización se preparó con anticipación caracterizándola como un evento que podía ser un auditorio político contra todo el plan del gobierno, y por el cual movilizamos una columna de 700 compañeras y compañeros. Caracterización que se demostró acertada y con la que actuamos en consecuencia, a diferencia del resto de la izquierda que tomó la jornada de manera rutinaria y por lo que pasaron desapercibidos.

Una de las lecciones tiene que ver con la pelea que dimos por la unidad de acción con organizaciones k y diversos gremios sin ceder en la política, lo cual dio como resultado un documento único a la izquierda, que incluyó desde la denuncia al gobierno de Milei hasta el llamado a un paro general y que fue revindicado por miles en la plaza que corearon “paro general”. Una conquista de la izquierda con Las Rojas y el Nuevo MAS a la cabeza (a excepción del PTS que decidió auto marginarse de ese logro negándose a firmar el documento, además de haber acentuado su lógica destructiva de todo espacio que escapa a su control incluso si son dirigidos por otros actores de la izquierda) y que fue parte importante de la disputa por la dirección política, sin la cual la unidad de acción es impotente, habida cuenta del rol garante de la gobernabilidad del kirchnerismo. Tan impotente, en todo caso, como negarse a dar una pelea por la unidad de acción o auto excluirse de la misma, que le quita base social a la política anti-gobernabilidad.

Señalemos de paso que la pelea por marchar y cortar la calle versus quedarse arriba de la plaza fue otra batalla mediante la cual se desbordó al sector K, que quiso fungir de guardián del protocolo de Bullrich difundiendo el miedo a la represión, política que fue derrotada con el ingreso de la izquierda por Avenida de Mayo en una jornada prácticamente sin presencia policial a excepción de unas cuantas vallas.

Ocupar el vacío y ser tribuna popular

Unas de las lecciones más importantes refieren al vacío político que hay en la vanguardia de masas. Son miles y miles de activistas que no sintonizan con la gobernabilidad K hasta el 2027, y que están dispuestas/os a ir más allá, ocupar las calles y plantarse políticamente desde el terreno de la lucha, aunque sea inicial e intuitivamente en algunos casos, o algo más consciente y en desacuerdo con sus propias direcciones actuales.

Sería ciego restringir este vacío exclusivamente al ámbito del movimiento de mujeres, cuando la jornada del 8 ha expresado una lucha política global. Por el contrario, refleja una crisis real entre la cúpula k y una base social amplia que comienza a procesar una experiencia con los límites de estas organizaciones en el marco del enfrentamiento con un gobierno que plantea que la pelea es a todo o nada. No por parcialidades, no por tal o cual reivindicación que supone la continuidad del gobierno. A todo o nada, contra todo el plan de guerra, o ellos o nosotros.

El éxito con el que se ha alzado nuestra organización consiste en haber ocupado ese vacío. Mientras el sector kirchnerista apuró el documento y llamo a volverse a la casa, miles y miles de compañeras/es/os decidieron que la jornada no había terminado y que había que permanecer. Tuvimos la audacia de ocupar ese vacío político, desbordando el llamado a irse de las K que fue acatada por el resto de la izquierda, con una intervención política extraordinaria de Manuela Castañeira ante más de 10 mil personas (mujeres y diversidades, estudiantes, trabajadores y trabajadoras, familias) que escucharon, vibraron y respondieron con cantos y aplausos al discurso (el cual se publica íntegramente en esta edición).

Una escuela política de cómo aprovechar las circunstancias que nos plantea el momento de vacío que deja el kirchnerismo por su falta de plan alternativo, y aprovechar las oportunidades para ser “tribunas y tribunos populares”, militantes que alzan la voz y atrapan los sentimientos más profundos de los explotados y oprimidos, los revelan como intereses irreconciliables con los del gobierno, las patronales y los capitalistas, y trazan un curso de acción política: tomar las calles, imponer un paro general, y derrotar el plan de Milei. Aprovechar el vacío más allá del tamaño del auditorio y ponerle voz y política al sentir de los de abajo es una de las tareas más importantes e imprescindibles de esta etapa.

Para esta tarea es clave darnos el norte de conquistar representaciones de “derecho”, como son todas aquellas conquistadas mediante elecciones (centros de estudiantes, secretarías, consejeros, delegados, comisiones internas, parlamentarios, etc.) como representaciones de “hecho”, es decir aquellas y aquellos compañeros u organizaciones que se ganan el reconocimiento por su trayectoria, como es el caso de Manuela, representante por excelencia del movimiento de mujeres y la izquierda, o Las Rojas.

El 24 de marzo y la preparación del Estudiantazo

Este 24 de marzo tenemos una nueva jornada que será un contrapunto enorme contra el gobierno de Milei. La pelea por un acto unificado con dos documentos políticos está en marcha, con la evidencia que en este caso los organismos k redoblan los esfuerzos por evitar la unidad para no exponer a su base a las críticas de la izquierda a la gobernabilidad que le presta todo el arco político al gobierno nacional.

En cualquier caso, será una jornada masiva que probablemente esté antecedida por nuevas provocaciones del gobierno que podrían aumentar la bronca y las ganas de salir a la calle. Nuestras energías están orientadas hacia ese evento de la lucha de clases, y a confluir en la movilización con la reivindicación de los 30 mil desaparecidos, contra el negacionismo, contra el DNU, la nueva L.O, el protocolo antiprotestas, contra el ataque económico, por la educación y la defensa de la Universidad, y los derechos de las mujeres y diversidades.

Junto con esto, estamos a las puertas del inicio de las clases en las universidades de todo el país. Mientras escribimos estas líneas, el gobierno acaba de anunciar un aumento de presupuesto para la UBA de un insignificante 70%, contra 276% de inflación interanual. Muestra el intento desesperado del gobierno por evitar un foco de conflicto protagonizado por el movimiento estudiantil que genere empatía con el conjunto de las y los trabajadores y le ponga perspectiva política al malestar extendido.

El ¡Ya Basta! se prepara para ser punta de lanza del Estudiantazo y constituirse como una representación de hecho de todas y todos los que quieren defender la educación y la Universidad pública, gratuita y de calidad. Otro proceso que debe desarrollarse en la búsqueda por disputar y desbordar a las direcciones y autoridades, tomando las tácticas de unidad de acción y frente único para tal fin, y ocupar el vacío tanto político que también estará presente dadas las conducciones y su rol institucional.

Sumemos que el vacío político redunda en vacío organizativo. Hablamos de jóvenes que buscan donde organizarse para enfrentar las políticas de este gobierno, tanto universitarios como trabajadores, y que debemos alentar a incorporarse a nuestras filas.

Queda por delante un mes de alto voltaje político en el que la intervención cobra suma importancia, en la tarea de acumular fuerzas para consolidar y expandir la oposición y la lucha contra el gobierno de Milei.

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