Hambruna Roja: la guerra de Stalin contra Ucrania

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  • La muerte de cuatro millones de personas ucranianas en la hambruna de los años treinta, no fue un accidente, por el contrario, fue producto de un plan consciente del estalinismo para castigar a quienes luchaban por la autodeterminación del país.

Victor Artavia

Este libro hace parte de la “revolución de los archivos” tras la caída de la URSS y la desclasificación de los archivos del Kremlin. La autora, Anne Applebaum, no es de izquierda ni nada por el estilo, pero eso no resta valor a sus investigaciones fundadas en fuentes primarias sólidas.

Su investigación demuestra que, la muerte de cuatro millones de personas ucranianas en la hambruna de los años treinta en la URSS, no fue un accidente, sino que, por el contrario, fue producto de un plan consciente del estalinismo para castigar a quienes luchaban por la autodeterminación del país. No es algo sorprendente, pues, en esa misma década, la burocracia estalinista desató el “Gran Terror”, que, como demostró Karl Schögel en “Terror y utopía”, desde las oficinas del Kremlin y la GPU, se confeccionaron “órdenes” con las cuotas de personas -por clase, nacionalidad o tendencia política- para fusilar y otras para enviar a los campos de concentración, todo como parte del operativo del estalinismo para barrer cualquier oposición interna en un momento de crisis política por sus desastres previos.

Lo anterior, sin duda alguna, explica mucho del resentimiento de sectores de la población ucraniana hacia la Rusia de Putin (así como del arraigo del fascismo ucraniano desde los años treinta), quien, recientemente, atacó a Lenin y a los bolcheviques por defender el derecho a la autodeterminación de las naciones ante la opresión zarista; su política hacia Ucrania tiene un vínculo directo con la tradición imperialista zarista y la opresión salvaje estalinista.

Es falso que Putin y la invasión rusa contengan una pisca de antiimperialismo (como suponen algunos sectores del estalinismo actual, nostálgicos de la Guerra Fría y atrapados en el campismo de la “realpolitik”), por el contrario, denota una ofensiva de una potencia imperialista -de segundo o tercer orden- por delimitar su zona de influencia ante el avance del bloque imperialista de los Estados Unidos y la OTAN. En el medio, también está el gobierno neoliberal de Zelensky y sectores fascistas ucranianos que, aprovechándose de la invasión rusa, pareciera que se fortalecen al presentarse como una alternativa de “resistencia” por la autodeterminación nacional, aunque en realidad su orientación es someterse al imperialismo “democrático” de la Unión Europea y los Estados Unidos.

Como se ve, es una rapiña donde el pueblo ucraniano es la víctima de una pugna geopolítica entre potencias. Ante eso, es necesario sostener una perspectiva independiente de los bandos imperialistas en disputa, planteando la salida inmediata de las tropas rusas de Ucrania, así como el rechazo al expansionismo imperialista de la OTAN, a la vez que defender el derecho del pueblo ucraniano a la autodeterminación, lo cual también implica el respeto a los derechos nacionales de la población “rusa” del país.

¡Ni Putin ni la OTAN! ¡Ni imperialismo oligárquico ni imperialismo neoliberal! Por una Ucrania unificada democrática, obrera y socialista.

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