• Rompamos la pasividad de las dirigencias sindicales. 

Marcela Ramírez Aguilar, Coordinadora de la regional 15 de APSE

Con la excusa de la pandemia, el gobierno impulsa una contra-reforma neoliberal profunda, cuyo objetivo es atacar el empleo público y reducir salarios, instaurar la jornada de 12 horas, vender instituciones públicas y aplicar brutales recortes al presupuesto nacional, con lo cual las manera que las instituciones públicas (menos la CCSS) tendrán menor capacidad presupuestaria para cumplir sus funciones.

Estas acciones se enmarcan en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para empeñar y endeudar al país durante décadas, atacando en primer lugar las condiciones de vida de las mayorías trabajadoras y sectores populares.

En medio de esto, el país llegó al porcentaje más alto de desempleo y subempleo en la historia: más de un millón 150 mil personas (según cifras oficiales) a duras penas pueden sobrevivir.

Los grandes cámaras empresariales se frotan las manos manipulando la situación para plantear la flexibilización laboral y todo lo que acreciente sus ganancias.

¿Y el sindicalismo?

Además de la pandemia y los ataques anti trabajadores del gobierno y los grandes empresarios, las dirigencias sindicales (en el caso de APSE la dirigencia del grupo Honestidad) se caracterizan por la pasividad y el poco interés de desarrollar una lucha nacional que movilice al conjunto de la clase trabajadora para derrotar la agenda neoliberal.

En estos meses el sindicalismo organizó tres caravanas vehiculares: el 28 de julio, 1° de agosto, y la caravana de relevos del 15 de setiembre. Hemos apoyado estas acciones porque impulsamos realizar movilizaciones callejeras contra la agenda neoliberal.

Sin embargo, estas caravanas son insuficientes al ser movimientos aislados, los cuales carecen de un plan de lucha con acciones escalonadas para derrotar a los empresarios y el gobierno. Otro punto en contra es que las dirigencias nacionales no involucran al conjunto de las bases en las discusiones y acciones. Por eso, las mismas no son multitudinarias.

Las bases podemos revertirlo discutiendo acciones creativas y escalonadas para diseñar un plan de lucha empleando todas las medidas sanitarias y movimientos de huelga, para que el conjunto de la afiliación pueda sumarse a acciones callejeras para defender el derecho al trabajo, a la educación y salud pública y de calidad, las instituciones estatales, pelear por mejores condiciones de vida para el conjunto de la gente trabajadora y de sectores populares, y luchar contra los acuerdos con el FMI.

Asimismo, debemos plantear la defensa de nuestras condiciones laborales (más allá de las cartas enviadas al MEP por el sindicato) como la recarga laboral que aqueja a un gran sector del magisterio que, en medio de la virtualidad, labora muchas horas de más mientras recibe amenazas constantes sobre su labor y salario.

La defensa del pago por Índice de Desarrollo Social (conocido como Zona de Menor Desarrollo) se debe acompañar de movilizaciones, por ejemplo, con plantones fuera de todas las regionales del MEP tomando todas las medidas sanitarias. Lo mismo puede hacerse para luchar contra la recarga laboral.

Sí se puede luchar en las calles como lo hacen las mujeres en todo el país desde semanas atrás empleando medidas sanitarias. Para ello es necesario que las bases sindicales rompamos la pasividad de la dirigencia.

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