• La petrolera multinacional anglo-holandesa prevé un recorte de hasta 9.000 puestos de empleo a nivel global hacia el 2.022, representando hasta un 11% de su fuerza laboral. La empresa se justifica con el colapso de la demanda de crudo y en el marco de una apuesta a una reconversión energética. Excusas para descargar la crisis sobre las espaldas de sus trabajadores.

Matías Nicolas

Shell Plc, que emplea alrededor de 83.000 personas a nivel global, anunció que el recorte se traducirá en un ahorro de entre u$s 2.000 y u$s 2.500 para el 2.022, teniendo en cuenta el plan hacia una transición desde los combustibles fósiles a energías bajas en carbono. Eliminando de 7.000 a 9.000 puestos de trabajo, incluidos unos 1.500 puestos que aceptaron los “retiros” voluntarios.

«Estas son las medidas adecuadas para asegurar el futuro de la compañía», declaró Ben van Beurden (CEO Shell) y añadió: «Tenemos que actuar rápidamente y de manera decisiva y adoptar decisiones financieras muy duras para asegurar que nos mantenemos como (una compañía) resistente”, quien definió al programa de recortes como «un proceso extremadamente duro».

Su competidor cercano, BP Plc, anuncio que también disminuirá alrededor de 10.000 puestos de trabajo este año (de un total de 70.000) dentro de los planes para expandirse al negocio de energías renovables y reducir la producción de gas y petróleo.

Evidentemente, el escenario energético se va configurando conforme avanza la crisis sanitaria en el mundo y como ésta golpea los mercados y economías.

Mientras se desploman los precios del petróleo y disminuye la demanda, BP, Shell y otras empresas energéticas de Europa están vendiendo yacimientos petroleros ya que planean una reducción drástica de emisiones y una inversión de magnitud millonaria en energía renovable.

Los gigantes petroleros de Estados Unidos, Chevron y Exxon Mobil, van en una dirección completamente opuesta. Están redoblando la producción de petróleo y gas natural, destinando muy poca inversión a la reducción de contaminación.

Hay enormes diferencias en la manera que Europa y Estados Unidos se están enfrentando al cambio climático que representa una amenaza global. Los líderes europeos se han enfocado en tratar el cambio climático como una de sus principales prioridades, mientras que el presidente Donald Trump lo ha llamado un “fraude” y ha desmantelado las regulaciones ambientales con el fin de fomentar la explotación de los combustibles fósiles.

Sumado a las crecientes preocupaciones de crisis del cambio climático y las luchas mundiales contra los efectos contaminantes, los gigantes energéticos fueron uno de los grupos mas azotados por el derrumbe del precio del crudo, en un contexto de fuerte caída de la demanda. Así, cambiaron ganancias por pérdidas.

Según trascendió en los medios y por informes de las mismas petroleras, estas fueron las pérdidas:

La anglo-holandesa Royal Dutch Shell perdió u$s18.131 millones sólo en el segundo trimestre de este año, frente a una ganancia de u$s2.998 millones en esos tres meses de 2019.

La estadounidense Chevron, perdió u$s8.270 millones entre abril y junio, frente a la ganancia de u$s 4.305 millones de 2019 por la caída del crudo, además de reducir a cero sus activos en Venezuela el cual causo un impacto contable de u$s 2.600 millones. Su facturación se redujo 65.3%, a unos u$s 13.494 millones.

La situación de Exxon Mobil, indicó valores en rojo de u$s 1.080 millones en el segundo trimestre, frente al beneficio por u$s 3.130 millones de un año antes, registrando caídas en ventas del 53%, a u$s 32.605 millones.

Las empresas están disminuyendo drásticamente los valores de sus activos mientras se preparan para un futuro con menos petróleo. Mientras que en un momento las compañías energéticas eran las mas valiosas del mundo, hoy caen en picada. En términos de cotización, el sector se contrajo rápidamente en los últimos años. En el año 2.008, las acciones de energéticas representaban casi un 16% del valor de las empresas que componían el S&P 500 (índice Standard & Poor’s 500que incluye a las 500 empresas más representativas de la Bolsa neoyorquina). Ahora, solo representa un 2.6%.

Si bien todos estos números pueden estar «dibujados» o exagerados para victimizarse y pedir ayudas estatales, lo cual no sería extraño de empresas de uno de los rubros más rentable a nivel mundial y el principal en cuanto a la producción de energía se refiere, se busca compensar esta caída con un ajuste sobre los puestos laborales, que afectará también empresas adyacentes y que dependen del sector.

La solución de esta caída no puede ser descargar el ajuste sobre los trabajadores. Es lógico que una reconversión energética es necesaria ante la grave situación climática que día a día se pone más de manifiesto, pero debe llevarse adelante conservando los puestos de trabajo y las conquistas de los trabajadores. La intervención del estado y de los propios trabajadores es fundamental para defender esta perspectiva.

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