No a los talibanes, no al imperio. Una conversación con la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán (RAWA)

Entrevista con una activista feminista en Afganistán.

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Reproducimos esta entrevista como una forma de visualización de las luchas y la organización de mujeres en Afganistán en medio del régimen talibán, aunque no necesariamente compartimos sus posiciones estratégicas.

Articulo de sinpermiso

El feminismo en Afganistán nunca se ha parecido a su homólogo occidental, y a menudo ha sufrido a manos de quienes dicen actuar en su nombre.

Esto es lo que dice Mariam R., una activista de larga data y miembro de la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán, o RAWA. (El nombre completo de Mariam se mantiene en secreto por su seguridad). Fundada en 1977, las integrantes de la RAWA pretenden crear un movimiento laico y progresista, independiente de las ideologías importadas del liberalismo y el maoísmo, por un lado, y de las corrientes internas del islamismo y el nacionalismo, por otro.

La fundadora de la RAWA, la estudiante de derecho de 20 años Meena Keshwar Kamal, se inspiró en la líder socialista-feminista Nawal el Saadawi en Egipto, así como en los movimientos anticoloniales y feministas de lugares como Argelia e Irán. Kamal sostenía que la igualdad de la mujer era parte integrante de cualquier sociedad justa, y consideraba el laicismo como una salvaguarda necesaria frente al extremismo. Junto con un grupo de intelectuales, Kamal lanzó RAWA con el objetivo de “involucrar a un número cada vez mayor de mujeres afganas en actividades sociales y políticas” y establecer “los derechos humanos de las mujeres” y “un gobierno basado en valores democráticos y seculares”.

Debido a estos objetivos, las integrantes de la RAWA pagarían un alto precio. A lo largo de los años, sus miembros se han enfrentado a una feroz oposición en muchos frentes, desde los ocupantes soviéticos y los fundamentalistas islámicos hasta los señores de la guerra locales e incluso sus propios familiares. La propia Kamal fue asesinada en Pakistán en 1987, un acto que la RAWA atribuye a la “KHAD (rama afgana del KGB) y a sus cómplices fundamentalistas”. Aun así, las mujeres de la RAWA rechazan el “rescate” mediante la intervención extranjera. “Para nosotras, el fundamentalismo y el imperialismo son dos caras de la misma moneda”.  Esta postura contrasta con la de algunos de sus oponentes, según Mariam, que reciben ayuda directa o indirecta del extranjero.

La RAWA es una crítica encarnada de la narrativa de los derechos de las mujeres que el gobierno de Estados Unidos y otros pregonaron para justificar la intervención militar en Afganistán. Apenas dos meses después de la invasión estadounidense en 2001, la entonces primera dama Laura Bush anunció: “Gracias a nuestros recientes logros militares, en gran parte de Afganistán las mujeres ya no están encarceladas en sus casas… La lucha contra el terrorismo es también una lucha por los derechos y la dignidad de las mujeres”. A lo largo de los 20 años de ocupación, la precaria situación de las mujeres afganas se utilizó para argumentar a favor de la presencia duradera de las tropas, así como de cientos de organizaciones sin ánimo de lucro vinculadas a una agenda proestadounidense. El plan del presidente Barack Obama de 2015 de reducir las tropas estadounidenses en Afganistán provocó una serie de peticiones y artículos de opinión de feministas estadounidenses que argumentaban que la retirada pondría en peligro a las mujeres y niñas afganas.

Dos administraciones más tarde, después de una retirada chapucera de Estados Unidos y una rápida toma de posesión por parte de los talibanes, la “cuestión” de las mujeres afganas vuelve a ser un punto álgido para los expertos y periodistas occidentales. Mientras que muchos se han centrado en los horrores experimentados por las mujeres urbanas por su pérdida de derechos políticos y sociales, otros han informado de que sus homólogas rurales, cansadas tras veinte años de lucha, estaban bastante dispuestas a aceptar el gobierno talibán como condición para el alto el fuego. Muchos liberales occidentales condenaron la crueldad de los talibanes y la inepta retirada de la administración Biden, al tiempo que evitaban en gran medida la cuestión de cómo veinte años y más de dos billones de dólares de “construcción nacional” se habían derrumbado en cuestión de días.

Mientras tanto, la RAWA ha seguido navegando por las realidades de la organización feminista en Afganistán. El grupo sostiene que sólo una “revolución política” -el derrocamiento del gobierno actual y el establecimiento de una sociedad democrática secular- traerá la tan postergada estabilidad y libertad que el pueblo afgano merece. Sin embargo, desde sus primeros días, las integrantes del grupo se han enfrentado a los desafíos prácticos de la organización política entre los numerosos grupos étnicos, lingüísticos y religiosos que componen los 40 millones de residentes del país.

Aunque el grupo se ha ampliado para incluir programas de alfabetización, proyectos de generación de ingresos y servicios sanitarios, su objetivo original – ser un vehículo de educación y agitación política – ha perdurado. Desde el principio, ha adoptado un enfoque descentralizado y localizado, adaptando su mensaje político a las realidades sobre el terreno en todo Afganistán y el vecino Pakistán, donde residen actualmente unos 1,4 millones de refugiados afganos registrados.

Ahora, con el resurgimiento de los talibanes y la reanudación de muchas medidas draconianas para limitar la libertad de las mujeres para circular, trabajar y aprender en el país, la RAWA debe enfrentarse a nuevos y viejos retos para hacer realidad sus objetivos revolucionarios. En una conversación con Lux, Mariam habló de cómo ella y sus compañeras se enfrentan a los rápidos cambios sobre el terreno, de su vida como madre y activista, y de sus ideas sobre el futuro de su país.

La conversación se realizó por teléfono y ha sido editada en aras de la claridad.

Sarah Aziza En primer lugar, ¿cómo estáis tú y tu familia? ¿Cómo ha sido tu vida, como mujer y como madre de una niña, durante este tiempo?

Mariam R. ¿Qué se siente una al tener una hija? Terrible, especialmente terrible, en este momento. Mi hija tiene 13 años. Según el criterio de los talibanes, tiene edad suficiente para llevar el burka; a sus ojos, ya no es una niña. Es muy enérgica y sociable, pero no se le permite ir a la escuela, ni siquiera jugar con sus amigos en el barrio. Yo no me crie así. Mi padre fue asesinado cuando yo era pequeña, así que mi madre y mi abuela tomaban la mayoría de las decisiones.

Ahora, ni siquiera puedo darle a mi hija los valores de mi madre o incluso de mi abuela. Parece que hemos retrocedido décadas. Han cerrado o amenazado a todos los medios de comunicación. Han prohibido la música. Recientemente han anunciado que las mujeres no pueden viajar ni siquiera dentro de la ciudad en transporte público si no van completamente cubiertas y con un acompañante masculino.

Por supuesto, no estamos diciendo que la retirada de Estados Unidos haya sido negativa: nos alegramos de que se fueran. Y nunca tuvimos ninguna fe en el gobierno títere que estaban estableciendo. Pero bajo los talibanes, las mujeres y las niñas no tienen ningún derecho humano.

SA Sin embargo, la comunidad internacional ha hecho muy poco para frenar a los talibanes, a pesar de llevar muchos años utilizando los “derechos de la mujer” para justificar su intervención.

MR Exactamente. Al final dirán que los abusos son “culturales”, o que la guerra es sólo “historia” en Afganistán. Pero en realidad, los afganos, al igual que la gente de todo el mundo, quieren una vida mejor, y saben cómo conseguirla. Cualquier problema “religioso” y “cultural” que tengamos no es un factor tan importante como las intervenciones extranjeras y los sistemas políticos que apoyan. Hemos tenido activistas democráticos [afganos] progresistas que trabajan por los derechos humanos aquí desde hace décadas, pero las potencias extranjeras siguen apoyando regímenes títeres y fanáticos que nos hacen retroceder.

Al final, creemos que los talibanes serán probablemente reconocidos oficialmente por otros gobiernos, lo que les permitirá obtener apoyo financiero y reforzar su poder. Ha habido algunos indicios de que China o Rusia podrían querer acercarse a Afganistán, para tener más influencia aquí. Imaginamos que, si eso ocurre, Estados Unidos y Occidente se preocuparán y tratarán de intervenir y establecer fuertes lazos con los talibanes también, a pesar de sus atrocidades.

SA ¿Qué tipo de acciones directas y protestas habéis podido llevar a cabo hasta ahora bajo los talibanes? ¿Cómo está la moral entre tus compañeras?

MR Al principio, era mucho más fuerte. A las mujeres no les importaba que los talibanes les dijeran que se quedaran en casa. Se reunían para protestar aquí y allá, incluso sólo dentro de sus propias casas y oficinas. Algunas utilizaron las redes sociales para hacer campañas. Pensaron que, al menos, no nos quedaríamos calladas. Pero ha habido duras medidas, y ahora es muy difícil. Las mujeres sienten mucha decepción y desesperanza. La generación más joven está completamente aterrorizada, nunca han vivido a los talibanes.

Además, mucha gente está demasiado preocupada por las presiones económicas y el hambre como para protestar. La mayoría de la gente está agotada. Están cansados de la guerra, la inseguridad y, sobre todo, de la pobreza y el hambre.

SA En cierto modo, esto refleja muchos otros periodos que ha vivido la RAWA, incluidos los momentos en los que era demasiado peligroso para muchas de sus miembros protestar abiertamente. ¿Cómo ve su trabajo político dentro de estas limitaciones?

MR Estamos acostumbradas a enfrentarnos al peligro por nuestro trabajo: los soviéticos nos persiguieron, los muyahidines se nos opusieron, y ahora tenemos a los talibanes y al ISIS, entre otros. Los imperios extranjeros siempre han interferido con nuestra labor a través de sus ejércitos y lacayos sobre el terreno. En este sentido, nuestra experiencia es muy diferente a la de las feministas de los países occidentales, y tenemos que utilizar tácticas diferentes. Por ejemplo, en muchas regiones de Afganistán las mujeres tendrían miedo de participar en actividades políticas, pero están muy abiertas a los programas de generación de ingresos o de alfabetización. Así que intentamos adaptar nuestros esfuerzos de educación política a lo que la comunidad local puede aceptar.

SA Entonces, ¿incluso sus proyectos más humanitarios tienen un objetivo político: sirven como medio para plantar las semillas del cambio a largo plazo?

MR Sí, exactamente. Intentamos responder a las necesidades de la gente, y proporcionamos algunos servicios que parecen ser programas de ONG, pero somos muy diferentes de una ONG. Incluso en los orfanatos y clínicas que dirigimos tratamos de presentar a las mujeres -y a los hombres y niños- una visión y un conjunto de valores diferentes. Queremos que vean que la RAWA sirve a todos los grupos étnicos, religiosos y lingüísticos por igual. Cualquier gobierno legítimo en el futuro tendrá que unir a todos estos grupos, así que intentamos practicarlo ahora, y ser un ejemplo de la sociedad democrática que queremos conseguir. Se necesita mucho trabajo y mucha energía para formar la mente de la gente y que esté preparada para ese futuro. No creemos, por ejemplo, que enseñar a leer a las mujeres vaya a cambiarlo todo.

SA ¿Eso suena a una crítica a algunas de las ONG extranjeras?

MR Sí. Desde un punto de vista político, somos muy críticas con las ONG. Creemos que la mayoría de las ONG occidentales, especialmente después del 11 de septiembre, han estado muy implicadas en la corrupción. Han aportado millones de dólares, han pagado grandes sueldos a un pequeño número de afganos y han ahondado la brecha entre ricos y pobres.

Si hablan de política, sólo se trata de reformas superficiales y de cambios muy inmediatos, quizás algunas reformas legales. Pero creemos que lo que hacen es promover la influencia imperial en los países pobres, y al final desempeñan un papel negativo. Pero cuando la necesidad es tan grande, como ocurre en Afganistán, la gente las acepta y son capaces de operar sin escrutinio alguno.

SA ¿Podrías hablarnos más de la visión política de la RAWA? ¿Qué aspecto tiene la “revolución” que vindicáis, en términos prácticos?

MR Creemos que es necesario un cambio político muy profundo en Afganistán. Eso significa deshacerse por completo del sistema actual. Nuestra sociedad ideal se basaría en la igualdad y la democracia, y garantizaría los derechos de todas las personas que viven en Afganistán, independientemente de su religión, etnia o idioma. Por eso, ante todo, nos oponemos al fundamentalismo y al imperialismo.

SA ¿Cómo interactúa la filosofía de la RAWA con ideologías como el socialismo y el islam político?

MR Desde el punto de vista ideológico, creemos que estamos más cerca de una posición feminista socialista. El socialismo, para nosotras, significa una sociedad en la que no hay opresión ni explotación y, por supuesto, todos los medios de producción se consideran bienes nacionales que pertenecen a todas las personas. Los valores socialistas incluyen muchas cosas más allá del cambio económico, pero creemos que la economía es clave para cambiar la cultura, las tradiciones, las creencias y las mentalidades.

Al mismo tiempo, no insistimos en que todos tengan que adoptar la misma postura política. Queremos ser inclusivas, y tenemos diferentes creyentes en nuestro grupo, incluyendo marxistas, demócratas, socialistas y nacionalistas. También tenemos algunas integrantes que tienen fe religiosa, y también creen en la igualdad humana y la justicia social, y se oponen al fundamentalismo. En cuanto al islam, no podemos negar que la religión desempeña un papel enorme en la vida cotidiana, en la política, en la economía, etc. Por eso el laicismo es muy importante para nosotras: es necesario que haya una separación entre la religión y el Estado, o nunca podrá haber unidad.

SA Tengo que preguntar sobre la financiación: ¿De dónde obtienen el apoyo financiero?

MR Es un tema muy difícil. Nunca nos registramos como ONG, por lo que no podemos recibir ayuda de la mayoría de las grandes organizaciones internacionales. Dependemos principalmente de las donaciones de nuestros amigos y de las redes de apoyo en el extranjero. Por ejemplo, tenemos una red de mujeres afganas en Estados Unidos que recaudan fondos para nosotras. Tenemos un grupo en Italia que nos apoya desde hace 20 años. De ahí procede la mayor parte de nuestra ayuda: de mujeres que defienden la igualdad y la causa antibélica. Estamos orgullosas de que nos financien de esta manera; incluso las pequeñas cantidades que envían tienen un profundo significado para nosotras.

SA Esa era mi siguiente pregunta, en realidad. Me gustaría saber qué formas de solidaridad veis útiles en el extranjero, en contraposición a la repetitiva cobertura mediática de las “mujeres oprimidas” en vuestro país.

MR Esto es importante para nosotras. Antes podíamos viajar y presentar nuestra voz en el ámbito internacional, pero ahora no es posible. Pero es importante mencionar que, aunque siempre hemos sido muy críticas con las políticas estadounidenses y con la CIA, apreciamos mucho el apoyo que hemos recibido de las organizaciones feministas y antibélicas de Estados Unidos. Cuando vemos que realmente aprecian nuestros sentimientos y puntos de vista, eso ayuda mucho. Sin embargo, diría que nos gustaría que más gente en Occidente dejara de escuchar sólo a los medios de comunicación convencionales. Nos gustaría que buscaran las voces propiamente afganas.

SA Las fundadoras de RAWA se inspiraron en los movimientos feministas de África y Asia, como los de Argelia, Egipto e Irán. ¿Tienen sus miembros algún modelo en el que se fijen hoy?

MR Sí y no. Por desgracia, Afganistán es totalmente único en cuanto a los tipos de intervenciones y luchas a las que se ha enfrentado en la era moderna. Pero al mismo tiempo, hay muchos movimientos en los que podríamos inspirarnos. La resistencia de las mujeres en Irán sigue siendo una gran inspiración para nosotras. También el pueblo kurdo nos inspira mucho, y hemos estado en contacto con algunas de ellas. Las mujeres pakistaníes también tienen una larga y orgullosa historia de lucha contra el fascismo religioso y los dictadores en su país. Estas cosas nos dan la esperanza de que, aunque no será fácil y no será pronto, las mujeres afganas conseguirán sus derechos y su libertad.

SA Muchas gracias. Te deseo lo mejor, y mantente a salvo.

MR Muchas gracias.

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