• Cientos de miles hicieron suyas las calles contra el golpe de estado en las que ya son las movilizaciones más grandes de Myanmar desde 1988. Al menos 12 millones de trabajadores participaron de la inmensa huelga.

Redacción

Las movilizaciones se vienen sucediendo todos los días desde el 1 de febrero, el día en que la Junta Militar decidió desconocer los resultados de las elecciones que le dieron un aplastante triunfo de alrededor del 80% a la Liga Nacional para la Democracia. El pasado 22 de febrero, la movilización se transformó en una huelga general inmensa que paralizó al país.

Día tras día, nuevas franjas de la clase trabajadora se fueron sumando a la resistencia antigolpista con movimientos de desobediencia civil. De hecho, éstos se habían convertido ya en huelgas políticas que dieron paso a la paralización general de la economía nacional concretada dos días atrás luego de la convocatoria de las principales centrales sindicales.

Entre las primeras en sumarse a la lucha antigolpista se encuentran las obreras de la industria textil. Myanmar es uno de los paraísos de mano de obra barata super explotada en la que prolifera la producción para todo el mundo de indumentaria y calzado. Las trabajadoras de estas grandes empresas estuvieron entre las primeras en abandonar el trabajo y sumarse a la pelea contra el golpe.

Luego se sumaron sectores de trabajadores de la administración del estado, hospitales, docentes. Se sabe que los ferroviarios de las principales líneas que comunican las principales ciudades del país están en huelga con una participación de al menos el 99% de ellos.

El fin de semana las calles del país se habían manchado con sangre. Acorralado por la movilización, el gobierno militar lanzó una violenta represión que dejó el saldo de al menos dos muertos y cientos de heridos y detenidos. Esperaban así imponer el temor pero resultó que intentaban apagar el fuego echándole nafta. Al día siguiente de que el país se conmocionó por enterarse de que dos jóvenes habían muertos en manos de los represores, todas las arterias del país se podían ver atestadas de gente y de bronca.

Durante toda la jornada, los golpistas encabezados por Min Aung Hlaing intentaron detener la organización popular no sólo con represión sino cortando el acceso a la información. Trataban de que los diversos puntos del país se sintieran aislados cortando de manera completa los accesos a internet. Fracasaron miserablemente.

A lo largo del día y todos los días subsiguientes, las imágenes de calles, rincones, rutas, establecimientos en todos los rincones más remotos del país ocupados por manifestantes dieron cuenta de la inmensidad, de la multiforme lucha de masas que está confrontando al golpe militar.

La jornada de huelga ha sido bautizada como «la Revolución de los Cinco Doses» (22222) por haberse dado el 22 de febrero de 2021, en homenaje a las movilizaciones por la democracia realizadas el 8 de agosto de 1988, que marcaron toda la historia posterior del país.

Es evidente que para las amplias masas del país, hay mucho más en juego que el gobierno de Aung San SuuKyi. Su partido y gobierno, a los que encabeza de hecho, están en el poder y son la fuerza ampliamente mayoritaria del país desde la instauración de la democracia en el año 2011. Pero durante todo este tiempo han co-gobernado con la junta militar, la que por derecho constitucional tiene un piso del 25% de la asamblea legislativa no importan los votos.

Las movilizaciones fueron particularmente grandes en Rangún (ex capital del país) y Mandalay, las principales ciudades el país con la mayor concentración de trabajadores. También Naipydó, la capital administrativa, es un importante centro de las inmensas concentraciones que conmueven al país.

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