• La cruda realidad de la crisis del Coronavirus en el centro mundial de las finanzas.

Por Pato A.

La ciudad de Nueva York recurrió a enterrar parte de sus muertos por Covid-19 en fosas comunes en un cementerio municipal luego de que sus morgues colapsaran de cuerpos que no fueron reclamados por desconocimiento, o porque sus familias no podían pagar un entierro.

Las imágenes que se viralizaron desde el viernes muestran como simples ataúdes de madera son apilados en una zanja abierta por excavadoras y luego cubiertos de tierra por operarios municipales protegidos por trajes especiales en la isla de Hart, situada al noreste del Bronx en el estado de Nueva York.

Se trata de aquellos fallecidos que no han sido reclamados por nadie en las morgues estatales, sea por desconocimiento o porque sus familias no podían afrontar el costo de lidiar con sus restos. Según diversos informes, el 34% de los fallecidos son de origen hispano, siendo el grupo étnico más afectado, seguido por los afrodescendientes con un 28%.

La pandemia del coronavirus ya ha superado el millón y medio de infectados a nivel mundial, de los cuales más un 30% (aproximadamente 533 mil) se encuentran en los Estados Unidos. La política negacionista de Donald Trump, que se refería a la pandemia como “la enfermedad china” que no era peor que “sólo una gripe más” llevó al país a encabezar en pocas semanas el conteo de muertos a nivel mundial, con más de 20 mil.

Nueva York condensa unos 20.597, un tercio de los decesos en el país del norte. La ciudad que llegó a ser conocida como “la capital del mundo” hoy es también la capital de los contagios de coronavirus en un país que en pocos días superó la tasa de mortalidad de los golpeados Italia y España.

Pero también evidencia la brutal realidad de una clase trabajadora que se ve obligada a vivir con un sistema de salud absolutamente privatizado, donde el test de Covid-19 costaba hasta no hace mucho alrededor de 3500 dólares. Una cifra impagable para cualquier trabajador, que se veía obligado a seguir trabajando aún estando enfermo para no perder su puesto de trabajo. Incluso en estas condiciones, en las primeras dos semanas de cuarentena se registraron más de 10 millones de nuevos desempleados.

Los cuerpos anónimos que se apilan bajo el frío suelo de la isla de Hart son el mudo recordatorio de que la verdadera enfermedad que asola al mundo es el capitalismo que depreda los sistemas naturales, sociales y de salud. Un sistema en el que la ciudad más rica del país más rico del mundo no puede ocultar la brutal desigualdad que le da sustento, por más tierra que le eche encima.

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