• Los partidos del régimen estadounidense impulsan supuestas “reformas” de la policía para tranquilizar las mareas de la movilización sin que nada importante cambie.

Por Martín Mandeb

Políticos del establishment tanto del partido republicano como del partido demócrata, funcionarios de los más diversos niveles estatales e incluso hasta la iglesia católica1 han salido a reclamar una reforma policial que implique algunas concesiones para calmar los fervorosos ánimos de los manifestantes de la juventud y el movimiento afroamericano.

Pero aunque a la mayoría de los representantes de la instituciones les quede claro que las grandes luchas que se están viviendo van a arrancarles de sus manos distintas concesiones, y aunque realmente han tenido miedo de lo que pueda desencadenar este movimiento de masas (como lo ha demostrado el paseo que dio Trump en el bunker de la Casa Blanca por el terror a los manifestantes que se manifestaron en Washington) la burguesía no se muestra con ánimos de dar de buena gana cualquier tipo de reformo, y discuten entre ellos cuál será el tamaño de las concesiones que deberían dar. Este es, en definitiva, el fondo de la discusión parlamentaria entre demócratas y republicanos, y la explicación de los distintos proyectos de ley presentados en la cámara de representantes la última semana por los distintos partidos del imperialismo que plantean “reformar a la policía”.

Por un lado se encuentra el proyecto de ley del partido que postulara en las próximas elecciones a Joe Biden, y que -sin ser ni remotamente la solución para el problema de las fuerzas represivas en un país que invierte en el departamento de defensa 750.000 millones de dólares- implica alguna que otra concesión además del maquillaje con el que buscan ocultar el rostro descubierto una institución racista y represiva. Es evidente que tapar un hecho como el perpetrado en Minneapolis no se puede lograr sencillamente con gestos simbólicos2. Es por ello que presentaron un proyecto de ley por el cual la policía se vería obligada a llevar cámaras tanto en sus uniformes como en sus vehículos para verificar que no infrinjan sus reglamentos, se prohibirían las técnicas de estrangulamiento y se desarrollaría una base de datos nacional donde se anotarán a todos los policías con mala conducta, y que podria servir como expediente para que se puedan realizar denuncias contra los uniformados que lleven adelante abusos de autoridad.

Y sin ser estas reformas lo más radicalizado que se ha planteado las últimas semanas, los republicanos, por su parte, se preocupan de que las concesiones sean incluso más humildes que las presentadas por sus oponentes. Es por ello que Trump ha implementado un decreto que plantea una mera reforma que obligaría a las policías locales a modificar y mejorar sus entrenamientos para evitar posibles excesos. Junto a eso, en la cámara de senadores los republicanos han presentado un proyecto de ley (ya rechazado) que, aunque contenía también las cámaras de filmación en cuerpo y vehículos, al mismo tiempo que prohibía el uso de la estrangulación por parte de los uniformados como la propuesta demócrata, no se molestaba en proponer ningún expediente y se basaba en las posibilidades de cada departamento policial local para que se implementen las reformas. Es decir, el proyecto de ley republicano buscaba que el mayor desarrollo de la reforma policía se dirima lugar por lugar, que las relaciones de fuerzas en cada lugar sean las que indiquen cuánto se reduciría -si es que se redujera efectivamente- la violencia policial.

Por un lado, entonces, se encuentran las roscas parlamentarias demócratas que intentan llevar el calor de las calles a los fríos recintos parlamentarios para

reducir el impulso de los de abajo y entregar tan solamente algunas limitaciones de la institución policíal3, y por el otro lado se encuentran los republicanos tratando de reducir las concesiones que se darán, al mismo tiempo que buscan atomizar los intentos de reformar o disolver a las policías a un problema local y, de esta manera, reducir todos los impulsos “reformistas” a la impotencia.

Pero del dicho al hecho hay mucho trecho, que sus maniobras puedan limitar las concesiones o quedarse en pequeños maquillajes solo dependerá del desarrollo que tengan las movilizaciones y de su capacidad de radicalización. Que en Chaz y en Minneapolis se hayan dado debates cuestionando a la policía como institución ha sido resultado de su capacidad de lucha, y no de la buena predisposición ni de la conciencia social de tal o cual gobernante. Que se puedan arrancar más concesiones y mayores victorias de los de abajo sobre una de las instituciones represivas que existen en el país del norte del continente dependerá de que las luchas se desarrollen y logren modificar aún más las relaciones de fuerzas existentes. Estos proyectos de ley sirven como indicadores de la profundidad que ha tenido la rebelión hasta ahora, y como indicador de la potencialidad que puede tener. Es posible que el retroceso de los defensores incondicionales de los organismos represivos sea un más grande de lo que se quiere limitar con estas leyes. Será la ejemplar lucha de los oprimidos norteamericanos, que promete más episodios, la que tendrá la última palabra en este debate.


2 Que los hubo y en abundancia, como el llevado adelante por Nancy Pelosi y otros líderes demócratas, que posaron en el congreso arrodillados, guardando silencio por 9 minutos por el atroz asesinato de Floyd.

3 Tengamos en cuenta que, aunque el proyecto demócrata obtuvo mayoría en la cámara de representantes, muy improbablemente supere por si solo -es decir, sin la continuidad de la rebelión popular- el posible rechazo que parece tener preparado el senado, recinto dominado por republicanos que compiten entre ellos para ver cual es el más asquerosamente reaccionario.

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