Crecen las tensiones entre China y Estados Unidos

En una economía global definida por la sobreproducción y el subconsumo, las empresas estadounidenses y chinas se esfuerzan por extraer beneficios de las naciones en desarrollo.

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Artículo aparecido en Jacobin. Entrevista por Daniel Denvir

En los años 1970 se cumplió una de las predicciones de Karl Marx: la tasa de ganancia empezó a caer en las economías capitalistas avanzadas. Las empresas respondieron a esta crisis con la deslocalización de la producción hacia los países en vías de desarrollo, donde el abaratamiento de los costos laborales permitía obtener más ganancias. La industria exportadora de China se benefició de este desplazamiento, pero ahora su economía está sufriendo una crisis similar. Igual que en Estados Unidos hace cincuenta años, las ganancias de las empresas chinas están empezando a caer. China respondió expulsando a los competidores extranjeros de su mercado y de los mercados que integran la Ruta de la Seda.

Las empresas estadounidenses fueron alguna vez los aliados más importantes que China tenía en Washington. Según el economista marxista Ho-fung Hung, estos intereses empresariales empezaron a dirigirse contra China cuando sus agresivas tácticas económicas se convirtieron en una amenaza para su hegemonía. El resultado es una competencia imperial que cada año se hace más peligrosa.

Hung es profesor de sociología en la Universidad John Hopkins. Publicó The China Boom: Why China Will Not Rule the World y City on the Edge: Hong Kong under Chinese RuleSu último libro, Clash of Empires: From «Chimerica» to the «New Cold War», analiza las tensiones entre China y Estados Unidos en el marco de esta larga historia de sobreproducción, subconsumo y desesperada búsqueda de lucro capitalista.

Hung participó de una entrevista en dos partes en The Dig, podcast de Jacobin. Hung y Daniel Denvir, presentador del programa, conversaron sobre la historia político-económica china desde el período pre-Qing hasta el presente, pasando por el comercio de plata del siglo dieciséis, las trampas que puso el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el camino de las economías en vías de desarrollo del siglo veinte y las consecuencias de la crisis financiera de 2008. En esta segunda parte de la entrevista, Hung muestra por qué Estados Unidos y China deberían redistribuir la riqueza si pretenden escapar a la espiral mortífera que genera la disminución de las ganancias y evitar profundizar el conflicto.


DD

El boom de China y el ascenso de Asia oriental en general jugaron un rol específico en la historia del sistema mundial, según tu tesis, a modo de respuesta a la crisis que golpeó a los países capitalistas de los años 1970. ¿Cuál fue la naturaleza de esa crisis? ¿Cómo fue que el ascenso de Asia oriental en general —y después el de China en particular— ayudó a resolverlo provisoriamente? ¿Y por qué la solución no fue definitiva?

HH

En los años 1970, los países capitalistas avanzados, incluso Estados Unidos y los países de Europa, enfrentaron una crisis prolongada. Esta crisis tiene múltiples facetas, pero sobre todo está fundada en la caída de la tasa de ganancia, dicho en términos marxistas. Sin embargo, los economistas más importantes tienen versiones propias de lo que expresa este concepto, es decir, de la caída de la productividad y de las ganancias de las empresas.

Sucede que en los países avanzados, las empresas no son tan rentables como durante la denominada época dorada del capitalismo de la posguerra, en los años 1950 y 1960. Esto obedece a múltiples causas. Una es la intensificación de la competencia: después de la Segunda Guerra Mundial y de toda la destrucción que causó, había mucha demanda y una escasez de oferta. Sin importar el producto —vehículos, construcción, máquinas— existía una demanda enorme y los negocios eran muy rentables. Pero después de que Europa y Japón se recuperaron de la guerra y desarrollaron sus industrias productivas, el mercado capitalista se hizo más competitivo.

Otra causa es la militancia obrera. El trabajo organizado en el mundo desarrollado presiona con éxito a favor de salarios más altos que crecen al menos tan rápido como la inflación, e incluso a veces más. La competitividad del sistema capitalista y las demandas salariales exitosas del movimiento obrero crean una enorme presión sobre las ganancias de las empresas de los países avanzados.

Mientras resuelven el modo de revivir las ganancias, estas empresas intentan muchas cosas distintas. Algunas se desplazan hacia las finanzas en vez de la producción, pero muchas que se mantienen en la producción descubren la deslocalización: colocan sus plantas en países con salarios más bajos.

En un primer momento, fueron los tigres del Sudeste Asiático [Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur] los que se encontraron en este punto óptimo durante el punto más álgido de la guerra de Vietnam y de la Guerra Fría. Japón y los cuatro tigres eran los Estados fronterizos del mundo capitalista contra un bloque socialista en expansión y aparentemente exitoso. Los productos manufacturados de estos países disfrutan de un acceso libre a los mercados estadounidenses y europeos.

Muchos productores y comerciantes del mundo desarrollado sacaron ventaja de la oportunidad que ofrecía desplazar la producción a estos Estados de Asia oriental. Y, en este contexto, estas economías de Asia oriental tuvieron mucho éxito en un proceso de industrialización exportadora, movilizando su mano de obra barata para producir mercancías que se vendían en el mercado mundial desarrollado. Esta fue una de las soluciones a la crisis de las economías capitalistas avanzadas y una de sus consecuencias fue facilitar el crecimiento de los tigres de Asia oriental.

DD

China jugó un papel muy importante en la recuperación mundial de la crisis financiera de 2008, pero tu libro argumenta que también fue una de las causas principales de esta crisis. ¿Cómo fue que la resolución provisional de la crisis de los años 1970 generó desequilibrios que finalmente allanaron el camino del crack de 2008?

HH

Muchos piensan que, más allá de que hubo una resolución provisional, la crisis de los años 1970 nunca terminó. Si atendemos a la tasa de ganancia de las principales economías capitalistas avanzadas, nunca volvió a los niveles de los años 1950 y 1960. Durante los años 1970, las tasas de ganancia de las principales economías desarrolladas cayeron; en los términos del pensamiento económico dominante, la productividad industrial cae en los 1970 y nunca recupera sus valores de los años 1950 y 1960. Como solución temporaria, la manufactura se desplaza a estas regiones de bajos costos y bajos salarios, y esto permite revivir el margen de ganancia.

Pero, al mismo tiempo, esto se convierte en la fuente real de un desequilibrio de largo plazo en la economía mundial, porque la idea original detrás de la globalización y su extensión a los países del Sur Global —los tigres asiáticos, China y el Sudeste asiático— no es solo que se convertirían en la fuente de una producción de bajo costo. El supuesto era que eventualmente se convertirían en una nueva frontera de la demanda de mercado de productos manufacturados.

En teoría esto resolvería la sobreproducción y la sobreacumulación que era la causa principal de la crisis de los años 1970, pero después los tigres asiáticos, China y el Sudeste asiático incrementaron la producción, reprimieron el consumo y empezaron a promover las exportaciones. Por lo tanto, a nivel agregado de la economía mundial, el problema de la sobreproducción y de la sobreacumulación en realidad empeoró una vez que entró en juego la capacidad productiva de Asia, China y de una amplia parte del Sur Global.

Este desequilibrio subyacente llevó en última instancia a una serie de crisis financieras, desde la crisis del peso en 1994 hasta la crisis financiera asiática de 1997-1998, y a una serie de crisis en Turquía, Rusia y Argentina a comienzos del milenio. La crisis financiera de 2008 es en realidad la última ronda de una serie de crisis financieras; recibió más atención y cobró más seriedad porque su epicentro no fue México, Malasia, Tailandia, Argentina ni ningún otro país distante, sino el corazón de Wall Street.

Esta larga serie de crisis surgió de este desequilibrio subyacente entre la oferta y la demanda en la economía mundial, es decir, de la sobreproducción y sobreacumulación.

DD

La respuesta de China a la crisis financiera de 2008 también fue una resolución provisional, que exacerbó sus problemas económicos vinculados a la represión del consumo interno y a la dependencia de las exportaciones y de las inversiones alimentadas por deudas para mantener altas tasas de ganancia. En este sentido, escribiste

Cuando el boom exportador de China flaqueó durante la crisis financiera global de 2008, el gobierno chino respondió desatando un agresivo programa de estímulos que alimentó con éxito una fuerte recuperación económica impulsada por la inversión en activos fijos financiada con deuda. El debilitamiento del motor exportador y la implacable expansión de las inversiones del sector estatal financiada por los bancos estatales durante la recuperación de 2009-2010 creó una enorme burbuja de deuda que superó esta vez el crecimiento de las reservas de divisas. Entre 2008 y 2017, la deuda pendiente en China creció del 148% del PIB hasta superar el 250%. La oleada de préstamos durante la pandemia de COVID-19 de 2020 impulsó esta proporción hasta que superó el 330%.

¿Cómo se vincula la represión de los salarios domésticos y del consumo con el problema de la sobreinversión y de la producción redundante, y con el de la infraestructura? ¿Cómo impacto 2008 en la aceleración de estas tendencias?

HH

A fin de cuentas, los desequilibrios fundamentales que llevaron a la crisis son la sobreproducción y la sobreacumulación. Justo a comienzos de la crisis financiera de 2008, hubo un debate político con China. Los consultores del gobierno y los académicos hablaban de este tema de la sobreproducción, la sobrecapacidad y de la burbuja de deuda como problemas subyacentes que afectarían eventualmente a la economía china. Por lo tanto, empezaron a defender la idea de que China respondiera a la crisis impulsando el consumo doméstico privado.

Por ejemplo, hubo una propuesta que implicaba que el gobierno entregara bonos de consumo a los campesinos para comprar computadoras y productos eléctricos, y así impulsara la demanda en un momento en que las demanda mundial de exportaciones estaba desplomándose. Avanzar en esta dirección habría sido muy útil en la resolución del desequilibrio fundamental de la economía mundial que ayudó a precipitar la crisis financiera mundial.

Pero la estructura institucional y política de China no favorece este tipo de propuestas, porque nadie representa institucionalmente los intereses de los consumidores campesinos. Por eso no se concretó una respuesta de este tipo fundada en el impulso del consumo.

Finalmente, la respuesta del gobierno chino es abrir las compuertas del préstamo bancario: el gobierno local y las empresas estatales y todo tipo de emprendimiento orientado hacia la inversión reciben dinero fácil del banco estatal destinado a construir cosas. Es un tipo de inversión alternativa en infraestructura, nuevas fábricas y nuevos ferrocarriles; el ferrocarril de alta velocidad es el ejemplo más comentado.

Por supuesto, este tipo de respuesta puede generar un rebote económico instantáneo en China y en muchos países que exportan commodities a China. Por eso después de la crisis financiera de 2008, algunos países que exportan muchas commodities, como Brasil, Zambia y Australia no sintieron la crisis. China los ayudó mucho. Con sus proyectos de infraestructura, este tipo de rebote impulsado por la inversión crea demanda de acero, commodities y todo tipo de cosas; incluso los trabajadores empleados en la construcción se convierten en consumidores.

Pero el problema con este rebote impulsado por la inversión es que cuando la construcción se detiene, queda una sobreoferta de proyectos de infraestructura y de fábricas que no son rentables. Los gobiernos locales y las empresas estatales piden préstamos para construir, pero cuando los resultados no son rentables, no pueden saldar sus deudas.

Y por eso estos proyectos se convierten en capacidad excedente. Muchos dicen que el ferrocarril de alta velocidad es un éxito en la historia de China. Es un éxito en términos de tecnología y de eficiencia, pero no es rentable. Entonces, después de 2009 y 2010, el fuerte rebote de la economía china empieza a desacelerar drásticamente, se dirige a una detención completa, porque no hay más cosas que construir. Hay demasiadas acereras y demasiadas plantas de carbón, y hay más departamentos de los que los clientes pueden comprar. Pero la deuda acumulada durante este boom de las inversiones queda.

Por si fuera poco, las empresas después se vuelven adictas a la deuda, porque no quieren entrar en default y el gobierno tampoco. Por eso el gobierno permite que pidan préstamos una y otra vez, préstamos que utilizan para cubrir las deudas anteriores. Y así la deuda se convierte en una bola de nieve gigante.

El motivo por el que solo las empresas inmobiliarias están redistribuyendo las deudas es que su adicción a las deudas es como una adicción a las drogas. Cada inversión alimentada con deuda genera un repunte temporario de la actividad económica y del PIB; pero, después de esto, viene el estancamiento o incluso la contracción de la producción, y el gobierno empieza a preocuparse y a utilizar dosis de deuda cada vez más grandes para estimular la economía de nuevo.

La inyección de deuda es cada vez más grande y el efecto es cada vez menor. Es como una adicción y China está teniendo muchas dificultades para escapar a esta adicción. Esta desaceleración y la acumulación creciente de deuda son dos de los problemas que definen la economía china desde el rebote de 2008.

DD

Recientemente, hubo momentos en los que la tasa de crecimiento de Estados Unidos superó brevemente la de China. Es increíble. Ahora bien, ¿esto significa que China está encaminándose hacia la misma crisis de superproducción que golpeó a los países capitalistas avanzados en los años 1970 y aceleró el crecimiento de Asia oriental?

Entre la invasión rusa, los nuevos confinamientos que induce el COVID-19 en ciertas regiones productoras y exportadoras clave y el enorme brote que afectó a Hong Kong, los mercados financieros chinos están bastante agitados. ¿Todo esto podría convertirse en una crisis en toda regla?

HH

La crisis china es más parecida a la lenta desaceleración que afecta a Japón desde los años 1990 que a la crisis financiera asiática de 1997-1998. Sin embargo, muchas personas están diciendo que China avanza hacia una crisis. Este imaginario de crisis fue dictado de repente, por ciertas explosiones espectaculares del sistema, como el derrumbe de Wall Street de 2008, la crisis del euro de 2008 y de 2009 y la crisis financiera asiática de 1997 y 1998.

Pero no creo que China sufra una explosión repentina y espectacular del mercado financiero de este tipo. China estuvo cerca de eso en 2015, cuando tuvo que enfrentar una devaluación masiva, el colapso del mercado de valores y la fuga de capitales. Pero el Partido Comunista de China (PCCh) tiene un control tan grande sobre el sistema financiero que es capaz de detener un proceso de este tipo.

Básicamente, adoptan una serie de medidas draconianas que hacen que la gente deje de sacar dinero de China; cierran las empresas que están generando demasiadas pérdidas y envían equipos de trabajo del partido a supervisar la bolsa. En 2015, estos medios administrativos sirvieron para evitar un colapso financiero, que no obstante pasó bastante cerca.

Con todo, repito que la desaceleración de China no explotará como la crisis financiera asiática de 1997. En primer lugar porque, aunque las reservas de divisas de China no estén creciendo tan rápido como en los años 2000, la oferta de moneda nacional sigue aumentando. Hay presión en favor de la fuga de capitales, pero las reservas de divisas siguen siendo importantes, así que no habrá una explosión del mercado de divisas o financiero como la de México en 1994, o las de Corea del Sur, Malasia o Tailandia en 1997.

China va a ser más como Japón: seguirá acumulando deuda, la economía perderá fuerza y el gobierno no dejará que las empresas menos rentables fracasen, así que las rescatará y las convertirá en empresas zombies. Esto es lo que pasó en Japón después de 1990 y en la primera parte de los años 2000. No es una explosión espectacular del sistema, sino un largo estancamiento, una lenta desaceleración, una crisis cocinada a fuego lento. El gobierno sigue ganando tiempo y prolongando el desenlace.

Hasta cierto punto es una crisis más difícil de gestionar, porque el camino elegido hace imposible aplicar un ajuste brusco, y retrasa el problema sin solucionarlo. Después de explosiones espectaculares como la de 2008 en Estados Unidos y la de 1997 en Corea del Sur y Malasia, suelen venir reajustes drásticos, aunque muchas veces responden a una ideología liberal que no evita futuros ciclos de rebote y colapso.

Pero como Japón y China optan por lentas desaceleraciones, sus problemas se hacen cada vez más profundos y la adicción a la deuda no hace más que crecer. Y esta es una situación difícil de evitar. El gobierno chino está intentando encontrar una nueva fuente de expansión y terminar con este proceso. Una opción es el desarrollo tecnológico acelerado que condensa el «Hecho en China 2025». Otra es la política de la Ruta de la Seda, con la que China espera resolver la lenta desaceleración mediante la exportación de capitales.

DD

Según tu análisis, fue esta crisis económica interna pos-2008 la que estimuló a que el Estado chino concentrara el poder político en Xi [Jinping], lo que a su vez hizo que Estados Unidos incrementará su hostilidad. Mientras tanto, las múltiples crisis de los Estados Unidos envalentonaron a un Estado chino que veía cada vez más a su rival en una decadencia terminal. ¿En qué sentido 2008 aceleró este desplazamiento hacia el autoritarismo?

HH

En primer lugar, en 2008, China se dio cuenta de repente de que el modelo económico de Estados Unidos no es invencible y de que en realidad es bastante vulnerable. En esa época en China y en muchas otras partes del mundo, se hablaba mucho del colapso de la hegemonía mundial del dólar y del colapso del sistema financiero estadounidense.

Este discurso llevó a mucha gente, incluidos muchos dirigentes chinos, a creer que Estados Unidos estaba en una etapa de decadencia terminal. El politburó del Partido Comunista incluso organizó un grupo de estudios sobre el ascenso y la caída de las grandes potencias, que sacó la conclusión de que Estados Unidos nunca se recuperará en términos económicos ni en términos de su estatus internacional. Esta percepción no deja de repetirse en las cabezas de los dirigentes chinos desde entonces, aunque Estados Unidos se recuperó en términos económicos. La hegemonía mundial del dólar estadounidense no terminó y de hecho se fortaleció. En cambio, es el euro el que tuvo problemas.

Los dirigentes chinos, y especialmente Xi, piensan que Estados Unidos perdió mucha fuerza desde 2008. Piensan entonces que es la oportunidad para que China enfrente a su rival, y el país oriental puede darse el gusto de ser más agresivo. Al mismo tiempo, la necesidad económica indica que, después de la crisis financiera mundial de 2008 y del rebote de China de 2009-2010, la economía china perderá impulso y entrará en una fase de estancamiento, cuando no de absoluta contracción. Para muchas empresas chinas que cuentan con el respaldo del Estado, la estrategia de supervivencia es comerse el mercado de las empresas extranjeras en China.

Cuando la torta crece, todo el mundo obtiene porciones más grandes sin poner en peligro la proporción de los otros. Pero, cuando la torta deja de crecer o incluso empieza a contraerse, la situación se convierte en un juego de suma cero. Si uno quiere expandir sus ganancias y su cuota de mercado, debe comerse las ganancias y la cuota de mercado de su oponente.

Resulta que muchas de las empresas dominantes de China son completamente estatales o, si son empresas privadas como las inmobiliarias y las tecnológicas, tienen respaldo estatal y conexiones internas con el partido Estado. Estas empresas son muy agresivas y gracias a la ayuda de las autoridades chinas se comen la cuota de mercado de los inversores extranjeros en China. En muchos casos, también intentan apropiarse de las ventajas tecnológicas y de atemperar a las empresas competidoras, siempre con ayuda del Estado.

Esta competencia entre empresas extranjeras —especialmente estadounidenses y chinas— en el interior del mercado chino es tan intensa que las empresas estadounidenses piden ayuda al gobierno de Estados Unidos. Se quejan de que son injustamente atacadas y explotadas por sus homólogas chinas y muchas veces incluso por sus empresas hermanas.

Esta fuerza económica subyacente condujo al deterioro de las relaciones entre China y Estados Unidos. Cuando el presidente chino Hu Jintao visitó la Casa Blanca en 2011, el presidente [Barack] Obama le dijo que Estados Unidos tenía un problema porque sus empresas eran injustamente tratadas en China; que estas empresas se quejaban de atentados contra la propiedad intelectual y cosas por el estilo, y que era mejor que empezaran a solucionarlo. Fue la primera vez que un presidente estadounidense mencionó abiertamente este problema, del que muchas empresas estadounidenses se habían estado quejando a puerta cerrada.

DD

El crecimiento de las exportaciones chinas después de 2008 intensificó las tensiones tanto con el gobierno estadounidense como con las empresas estadounidenses.

HH

Definitivamente. Primero, se quejaron de la situación en el mercado chino ante otros miembros de la Cámara de Comercio Estadounidense en China; después, empezaron a quejarse en el tercer mercado, un mercado compuesto fundamentalmente por países en vías de desarrollo, porque un remedio alternativo a los problemas de rentabilidad del gobierno chino es ayudarlos a crear una nueva demanda en el mercado extranjero. Este es el trasfondo donde se inserta el proyecto de la Ruta de la Seda, en el que el gobierno chino y banco estatal chino prestan dinero a países en vías de desarrollo de Asia —Pakistán, Kazajstán y Sri Lanka—, de Medio Oriente y hasta de Europa. Y, de hecho, Ucrania es uno de estos países.

A diferencia de los préstamos tradicionales del FMI, del Banco Mundial y de las instituciones de desarrollo asiáticas, que tienen cláusulas políticas —si un país toma crédito del FMI, debe aplicar una política determinada en Europa—, los préstamos de China no tienen condiciones de este tipo.

Sin embargo, tienen una precondición específica, que la gente empieza a notar ahora: si un país toma crédito de estas entidades chinas, debe utilizar el dinero para contratar una empresa china y para usar materiales chinos y productos chinos en la construcción de la infraestructura, el estadio, el ferrocarril, las rutas o las instalaciones portuarias. Es un estímulo externo muy explícito. Los bancos chinos prestan dinero a países extranjeros del mundo en vías de desarrollo para crear una demanda para el excedente chino de acero, trenes y plantas de carbón.

Por ejemplo, los bancos chinos prestan dinero a los países desarrollados para construir plantas de carbón utilizando contratistas y materiales chinos. En este proceso, China exporta su exceso de capacidad a estos países, creando una presión competitiva sobre las empresas estadounidenses, europeas y japonesas que operan en la región.

Un ejemplo muy interesante son las fábricas de maquinaria de construcción, como Caterpillar en Estados Unidos, aunque Japón y Europa también tienen sus empresas importantes en este rubro. Desde que inició el plan de la Ruta de la Seda, todos los países que participan están comprando desmedidamente maquinaria de construcción china a expensas de Caterpillar y de las empresas europeas y japonesas. En este sentido, la situación de las empresas estadounidenses empeora, porque no solo enfrentan la competencia en el mercado chino, sino también en distintos mercados del mundo en vías de desarrollo: en el Caribe, en América Latina, en Asia Central, en Asia del Sur y en el Medio Oriente.

Caterpillar es un ejemplo interesante porque habla sinceramente de estos problemas; existen pruebas de que, en cierto momento, Caterpillar llegó a hacer lobby en el gobierno de Obama y exigió que aplicara acuerdos comerciales más agresivos en los países en vías de desarrollo de América Central y América Latina, argumentando explícitamente que sin estos acuerdos estaban perdiendo frente a la competencia asiática, especialmente la china. Necesitaban ayuda.

Todo esto impulsa una competencia capitalista cada vez más intensa entre las empresas estadounidenses y las chinas, que cambia completamente la dinámica anterior de las relaciones entre ambos países.

DD

¿Hasta qué punto las enormes inversiones chinas en el extranjero y la demanda de materiales de los países africanos y latinoamericanos mejora la posición de estos países en el sistema mundial, y hasta qué punto representa simplemente una nueva forma de colonialismo, esta vez con rostro chino?

HH

Es una pregunta realmente compleja que no tiene una respuesta simple. La literatura muestra que este tipo de extracción de recursos y de inversión de países más desarrollados no admite un sí o un no como respuesta, en términos de si impide el desarrollo de las economías nacionales y las somete a una situación colonial. Depende de si el país en cuestión depende de uno o de muchos inversores y extractores extranjeros.

Las consecuencias de la expansión de China en el mundo en vías de desarrollo varían de país a país: los países que tienen mucha inversión de Europa y de Estados Unidos terminan mejor porque ahora son cortejados por múltiples potencias. Pueden intentar cerrar el mejor acuerdo haciendo que compitan entre sí, por ejemplo, oponiendo a China contra Estados Unidos o contra Europa.

Esta es la situación en muchos países del Sudeste Asiático. La influencia de China en sus economías está creciendo, pero al mismo tiempo mantienen a sus inversores europeos y estadounidenses tradicionales y hacen que compitan entre sí para obtener el mejor acuerdo. Es como la Guerra Fría: cuando un país era cortejado por la Unión Soviética y por Estados Unidos, siempre podía obtener el mejor acuerdo haciendo que ambos países compitieran.

Pero si uno depende completamente de un solo país, es un problema. Muchos países en vías de desarrollo que dependían completamente, por ejemplo, de la inversión británica o estadounidense fueron muy explotados. Hace diez años, cuando otros países empezaron a depender mucho de los préstamos chinos, de las inversiones y de las empresas mineras, no estaba claro cuáles serían los efectos a largo plazo. Pero ahora, China estuvo en muchos lugares el tiempo suficiente como para que los problemas de este tipo de dependencia se hagan evidentes.

Enfrentan los problemas tradicionales, en los que una economía más desarrollada extrae los recursos más valiosos y rentables, y se lleva la materia prima para procesarla en otra parte. La economía local es despojada de esos materiales sin recibir muchos beneficios a cambio. Este patrón surgió en muchos países latinoamericanos y africanos, y, en muchos casos, acusar a la oposición de conspirar con las empresas chinas para entregarles los recursos terminó siendo una estrategia electoral ganadora.

Plataformas electorales de este tipo resultaron ganadoras en Zambia, en Sri Lanka, en Malasia y hace menos tiempo en Perú. En las elecciones, los candidatos de izquierda básicamente dicen querer negociar los derechos de minería de las empresas extranjeras, muchas de las cuales son chinas. China no es especialmente inventiva en la creación de esta situación neocolonial. Las empresas chinas están haciendo exactamente lo mismo que hacían las empresas automotrices en el Sur Global en el pasado, desarrollando relaciones de inversión y comerciales que apuntan a maximizar sus beneficios económicos y la seguridad y los intereses geopolíticos de sus Estados. No hacen más que seguir los pasos de las antiguas potencias neocoloniales.

De nuevo, el efecto concreto en el mundo en vías de desarrollo depende de su los países en cuestión tienen muchas potencias que compiten entre sí en su cortejo. Cuando este no es el caso, suelen volverse demasiado dependientes de un proveedor de capital. Por supuesto, el resultado también depende de si los gobiernos locales tienen un Estado fuerte, institucionalizado, capaz de negociar con el capital extranjero.

DD

Escribiste que un gran problema es «si las conquistas económicas chinas de los últimos años son un fenómeno excepcional que no replicarán otros países o si será un antecedente de crecimientos rápidos similares en otros países populosos en vías de desarrollo».

Tenemos que considerar dos tipos de países en vías de desarrollo. Uno es el de los países grandes como India; el otro es el de los países de América Latina y África que dependen de las exportaciones, de los que hablábamos recién. Dado que China no está aplanando las jerarquías del sistema mundial, sino que está intensificando la dependencia de los países periféricos de las exportaciones de bienes primarios, ¿es posible que estos países suban escalones en la cadena de valor imitando a China?

HH

Es una cuestión compleja porque el modelo chino de fomentar la industrialización exportadora beneficia el crecimiento del PIB chino. Pero, al mismo tiempo, China está siguiendo el modelo de los cuatro tigres, en el que incentiva la producción y las exportaciones pero reprime el consumo interno. El desequilibrio mundial entre la oferta y la demanda y el problema de la sobreproducción no comenzaron con China.

Pero después de que China se convirtió en un gran proveedor de todo tipo de productos manufacturados, el problema de la falta de demanda de productos manufacturados —no falta absoluta, pero falta relativa a la capacidad de producción— hace que sea cada vez más difícil que otros países sigan el camino de China, básicamente porque no hay suficiente demanda efectiva para la expansión continua de la maquinaria de producción exportadora.

Esto crea dificultades en muchos países en vías de desarrollo. Por ejemplo, en América Latina, México y Brasil estaban intentando con mucho esfuerzo industrializar sus economías y alejarse del modelo de extracción de recursos, pero el ascenso de China básicamente los desindustrializó.

Por un lado, los mercados internos fueron conquistados por las empresas industriales chinas, y sus establishments industriales nacionales empiezan a quejarse. Y, por supuesto, los productos chinos también conquistaron una buena parte del mercado mundial, desde celulares hasta autos y muchas otras cosas. Esto hace que sea más difícil para estos países exportar sus productos manufacturados.

A causa del ascenso de China, muchos países tardíamente industrializados enfrentan muchas más dificultades en el proceso de industrialización; y algunos hasta se desindustrializan. En Brasil, el ascenso de China generó mucha demanda de recursos naturales y materias primas, pero también ejerció presión en su establishment industrial. Así que gracias al ascenso de China, Brasil está desindustrializándose y volviendo a la exportación de materias primas y commodities.

En términos generales, el ascenso de China es contradictorio: ayudó a muchos exportadores de materias primas después de la crisis financiera mundial de 2008, pero también obstaculizó mucho el camino de los países aspirantes a potencias industriales. En última instancia, el ascenso del gigante hace difícil que otros países repliquen el mismo modelo.

DD

Vale la pena señalar aquí que el boom comercial que impulsó la demanda china no era sustentable para los países exportadores de commodities y esto se convirtió en un gran problema para los gobiernos latinoamericanos de la marea rosa. Como dijiste en otra parte, «Cuando el boom chino de la construcción perdió fuerza después de 2010, la demanda de commodities cayó y muchos países exportadores de commodities […] experimentaron una desaceleración o incluso una recesión. Las crisis económicas de 2010 en Brasil y en Venezuela son buenos ejemplos».

HH

Sí, exactamente. Después de la década de 2010, cuando terminó el boom chino de la construcción, la demanda en los mercados mundiales de commodities también se contrajo. Esto fue un problema para muchos gobiernos de la marea rosa surgidos de ese boom. La crisis económica rusa también empeoró a causa de la caída de los precios de las commodities de fines de 2010.

El grupo del BRICS —Brasil, Rusia, India, China y más tarde Sudáfrica— se originó en un fondo de inversiones creado por Goldman Sachs en el mercado de valores de estos países. El BRICS todavía existe como institución gubernamental mundial, pero Goldman [Sachs] cerró el fondo en la década de 2010 porque las empresas y los mercados de valores de estos países estaban teniendo un mal desempeño. Uno de los motivos principales de este mal desempeño fue que el fin del boom chino ejerció una presión enorme sobre estos exportadores de commodities.

DD

Las relaciones entre China y Estados Unidos empeoraron mucho desde que publicaste China Boom. Desde los años 1980 que las relaciones eran tensas y el ascenso de China era una preocupación constante. Pero estas tensiones no alcanzaron el umbral de una competencia completa hasta comienzos de los años 2010, cuando Obama inició el «pivote asiático» centrado en fortalecer la presencia naval de Estados Unidos en el Mar de la China Meridional. También fue el momento del Acuerdo Transpacífico, que excluyó intencionalmente a China.

Cuando Joe Biden llegó al gobierno escribiste que «las reservas y las hostilidades que despierta el comercio con China ganaron tanto peso en Washington que hasta el gobierno de Biden prometió no retirar las tarifas que Trump impuso a China y profundizar la política de confrontación». Muchos analistas explican esto en función de la disputa ideológica y política de los dos países. Pero:

Estas diferencias ideológicas y políticas no evitaron que Estados Unidos y China profundizaran la integración y la cooperación geopolítica en los años 1990 y 2000 […]. Por lo tanto, necesitamos explicar por qué la simbiosis Estados Unidos-China de los años 1990 y 2000 se convirtió de repente en competencia cuando ninguno de los sistemas de ambos países sufrió cambios fundamentales o cualitativos.

Tu nuevo libro, Clash of Empires, argumenta que el factor que abrió paso a este importante giro fue el hecho de que las empresas estadounidenses —que antes habían protegido la relación China-Estados Unidos de las garras de los halcones de la política exterior, de los sindicatos, de los grupos de derechos humanos y de ciertas industrias— se decepcionaron de China. ¿Qué tipo de blindaje garantizaban las empresas estadounidenses entre la década de 1990 y la de 2000 y qué hizo que estas empresas cambiaran de opinión?

HH

Cuando estudiamos lo que pasó en los años 1990, notamos que las críticas ideológicas y geopolíticas de China no son nuevas; el discurso de la denominada «amenaza china» estaba creciendo en los círculos de seguridad nacional y política extranjera, y las denuncias de la violación de los derechos humanos en China estaban bastante extendidas desde la derrota del movimiento democrático de 1989. Incluso antes, en los años 1980, la seguridad nacional, la política extranjera y los círculos militares estaban tan preocupados por China como hoy. China daba señales de su ambición de incrementar cada vez más su dominación en la región de Asia y del Pacífico, que denominaba Indopacífica. La disputa territorial entre China y los países que la rodean se remonta a los años 1980 y 1990.

Estas condiciones generaron confrontaciones geopolíticas entre China y Estados Unidos, como la Crisis del Estrecho de Taiwán de 1995-1996, cuando China lanzó misiles a través del Estrecho de Taiwán con la intención de amedrentar a los taiwaneses que celebraban su primera elección presidencial directa. China sintió que era un avance evidente hacia la independencia y [Bill] Clinton puso un portaaviones a navegar por el Estrecho. La tensión fue grande.

En 1999, en el curso de una guerra, un bombardero estadounidense destruyó la embajada china en Belgrado y mató a varios ciudadanos chinos que estaban dentro. Esto incrementó todavía más las tensiones. Y, por supuesto, en 2001 vino el incidente del avión espía en el Mar de la China Meridional. Aunque existían estas tensiones geopolíticas y estaban también los temas vinculados a los derechos humanos, nunca llegaron a convertirse en una preocupación fundamental en la élite política. Tenían peso en los círculos de la seguridad nacional, militares y diplomáticos, pero el gobierno —desde George H. W. Bush pasando por Bill Clinton, hasta George W. Bush— nunca los consideró como un tema tan importante.

La clave es que las empresas estadounidenses hacían lobby a favor de China. Si el Congreso recibía proyectos de ley vinculados a economía, geopolítica o derechos humanos, los diputados respondían al lobby y actuaban en favor del gobierno chino. A cambio, las empresas estadounidenses tenían acceso al mercado chino y a contratos jugosos en ciertos sectores protegidos de la economía china. Wall Street, las empresas de telecomunicaciones y los fabricantes de máquinas, todos hacían lobby a favor del gobierno chino.

Por lo tanto, a fines de los años 1990 y 2000, el sector empresarial en Estados Unidos evitó que la hostilidad ideológica y geopolítica entre Estados Unidos y China creciera.

DD

También dijiste que, a comienzos de los años 1990, el éxito de esta campaña empresarial obedeció también a que Wall Street estaba aumentando su influencia en la Casa Blanca de Clinton, y que eso llevó a renovar el estatus de «nación más favorecida» de China. Esto garantizó la normalidad de las relaciones comerciales y, más importante todavía, el ingreso de China a la OCM [Organización Mundial del Comercio].

HH

Exacto. Antes de que China se uniera a la OCM, el estatus de «nación más favorecida» —más tarde rebautizado como «relaciones de comercio normales»— entre China y Estados Unidos debía renovarse cada año en la Casa Blanca y en el Congreso. Con dicho estatus, las exportaciones de China acceden a tarifas bajas en los mercados estadounidenses.

Es interesante notar que, en 1993, cuando Clinton llegó al gobierno, creó una nueva política para enlazar la renovación anual de estas tarifas a ciertas condiciones vinculadas con los derechos humanos. Dijo que cuando renovábamos anualmente el estatus comercial de China en Estados Unidos, también debíamos evaluar el progreso de China en cuanto a los derechos humanos y que, si no progresaban en ciertas áreas clave, subiríamos las tarifas. Esta fue la política oficial de 1993.

Pero en 1993 y 1994 hubo un enorme lobby de las empresas estadounidenses y del gobierno de China que apuntó a deshacerse de esta condición vinculada a los derechos humanos para acceder a las tarifas bajas en los mercados estadounidenses. Y, a fin de cuentas, tuvo éxito. En 1994, Clinton declaró de repente que no consideraría más los derechos humanos a la hora de decidir el estatus de nación favorecida de China.

Durante este dramático proceso en 1993 y 1994 vimos incluso a Robert Rubin, director del recientemente creado Consejo Económico Nacional que provenía de Wall Street y que más tarde se convirtió en secretario del Tesoro, tomar partido por las empresas. Fue uno de los defensores más importantes de eliminar la condición de los derechos humanos del mercado chino y argumentó abiertamente a favor de esta idea, en los medios, en el Departamento de Estado y en el gobierno de Clinton, en medio de muchas personas que, inspiradas por la Guerra Fría y la democratización de Sudáfrica, eran optimistas respecto de usar las relaciones económicas para promover los derechos humanos.

DD

Internacionalistas liberales como Madeleine Albright.

HH

Sí. Estos internacionalistas liberales, entre los que estaba Nancy Pelosi en el Congreso, discutieron abiertamente con Robert Rubin. Rubin pidió eliminar la condición de los derechos humanos, pero las autoridades del Departamento de Estado y Nancy Pelosi no estuvieron de acuerdo y argumentaron que esa política estaba teniendo buenos resultados. Finalmente Robert Rubin ganó, en parte a causa de la influencia que tenía Wall Street en el gobierno de Clinton. En 1994 Clinton eliminó la consideración de los derechos humanos de las condiciones para comerciar con China.

DD

En otra parte escribiste que la gran idea de los 1990, según la cual el «gobierno de Clinton fomentó una teoría del “compromiso constructivo”, según la cual el libre comercio con China podía empoderar a las empresas privadas y a las clases medias que a su vez presionarían a favor de la liberalización política», fue solo una «justificación ex post».

¿Es justo decir que esta retórica liberal internacionalista, que defiende la globalización neoliberal, siempre ocultó una motivación económica más básica?

HH

Es una justificación post hoc. En realidad, pienso que es fascinante, porque es similar al debate actual sobre las sanciones, como la legislación laboral de Uighur, que restringe las importaciones chinas de productos fabricados con trabajo forzado. Estamos asistiendo a un renacimiento de los debates de los años 1990.

A comienzos de los 1990, los internacionalistas liberales piensan que estas sanciones crearán incentivos. Pero más tarde, después de que Wall Street y los empresarios estadounidenses ganaron la batalla, el gobierno de Clinton adoptó la teoría del compromiso constructivo: no preguntamos sobre derechos humanos, simplemente comerciamos con China y esto eventualmente empoderará a la clase media y a las empresas privadas. Y estas clases medias y empresas privadas eventualmente harán el trabajo de promover la democracia y la liberalización política en China.

La fuerza del lobby empresarial hizo que esta teoría llegara a ser dominante por primera vez a mediados de los años 1990. En ese momento, incluso entre los académicos especializados en China, muchas personas pensaban que el compromiso constructivo funcionaría.

Pero la realidad refutó esta idea a fines de los años 1990 y comienzos de los 2000. En los círculos de estudios sobre China, las esperanzas en la liberalización del PCCh se agotaron en esa misma época. Hubo represión contra las movilizaciones obreras, contra las sectas religiosas, en el Tibet y en muchos otros ámbitos. A comienzos de los años 2000, esto llevó a que la literatura sobre China se centrara en explicar la resiliencia autoritaria del país.

Durante los años 1990, la literatura especializada preguntaba cuándo, por qué y cómo llegaría China a liberalizarse o colapsaría como la Unión Soviética. A comienzos de los años 2000, esto abrió paso a un debate en política exterior y en los círculos de estudios sobre China centrado en la cuestión de por qué el Estado autoritario chino estaba fortaleciéndose a pesar de la liberalización económica. Los estudios demostraron que la clase media y las empresas privadas en China no tenían ningún interés en la liberalización ni en la democratización, y que apoyaban el Estado comunista autoritario como siempre.

De esta manera, en esta época, el ideal del compromiso a través del libre mercado murió en silencio. Era ridículo seguir sugiriendo que el comercio y el compromiso económico promoverían la liberalización en China, pero eso no impidió que Estados Unidos siguiera invirtiendo y comerciando. Esto mostró que la teoría del compromiso era simplemente un fino velo arrojado sobre los intereses empresariales.

DD

En tu libro también leo que el boom de China está demasiado comprometido con la economía de Estados Unidos y con un sistema mundial dominado por China como para que esta última proponga un orden opuesto. China depende de las exportaciones a Estados Unidos y estas exportaciones dependen de que China compre deuda estadounidense para que los ciudadanos del país americano gasten más de lo que tienen, y también para que el gobierno pueda expandir su potencia militar más allá de sus límites económicos.

Pero las increíbles sanciones impuestas en Rusia mostraron que Estados Unidos está dispuesto a usar el poder que otorga la hegemonía del dólar como un arma geopolítica. ¿Esto podría llevar a que China rompa con la hegemonía del dólar estadounidense, o es imposible que lo haga aun cuando quiera?

HH

Definitivamente China tiene un incentivo para abandonar la dependencia del dólar. China y Rusia siempre fueron conscientes de que Estados Unidos estaba dispuesto a utilizar su dependencia del dólar en el sistema de transacción mundial para presionarlos en cuestiones de política interna y de geopolítica. Y China tiene un incentivo para promover el uso de su propia moneda, el yuan o el renminbi, en las transacciones internacionales.

En este momento, las transacciones entre China y otros países se concretan casi unánimemente en dólares. Cuando China compra petróleo en Medio Oriente, lo hace en dólares; cuando China exporta productos a Asia o a África, las empresas cobran en dólares. China está promoviendo el uso internacional del yuan, pero enfrenta una contradicción fundamental.

Para que una moneda sea ampliamente aceptada como medio de pago, esa moneda debe ser libremente convertible, es decir, que cualquiera que tenga esa moneda debe ser capaz de cambiarla fácilmente por otras monedas o invertirla en distintos proyectos. Pero la moneda china todavía no es completamente convertible, porque el Partido Comunista es muy reticente a la hora de abrir su mercado y su sistema financieros. Piensan que abrirlos y permitir la libre convertibilidad de su moneda llevará a un flujo especulativo de dinero caliente, y esto dejará a China muy vulnerable frente a los especuladores financieros internacionales.

DD

Y no se equivocan…

HH

No se equivocan, tienen toda la razón. Lo último que quiere China es abrir su sistema financiero, y este es el motivo por el que los bancos no están comerciando libremente las monedas chinas. Si uno gana dinero en China, es muy difícil sacarlo. Hay muchas sanciones y regulaciones que lo impiden. El hecho de que la moneda china no sea libremente convertible es un punto decisivo que hace que nadie quiera cerrar sus acuerdos comerciales sirviéndose del yuan.

Por ejemplo, durante el gobierno de [Hugo] Chávez, China ofreció crédito para petróleo a Venezuela. En un primer momento, China ofreció prestar yuanes, a lo que Chávez respondió: «Si nos prestan en su propia moneda, acudiré a los prestamistas tradicionales». A fin de cuentas, China tuvo que hacer el préstamo en dólares estadounidenses para que Chávez aceptara.

Con dólares en la mano uno puede comprar todo tipo de cosas en distintos países, hacer inversiones y comprar otras monedas; pero con el renminbi uno no puede hacer prácticamente nada más que comprar cosas en China. Es menos flexible. Existe una contradicción fundamental entre la urgencia de internacionalizar el yuan y reducir la dependencia del dólar estadounidense, y la preocupación del Partido Comunista por controlar el sistema financiero. Hacer que el yuan sea convertible y utilizarlo para reemplazar el dólar sería muy difícil.

El término medio que China está buscando es utilizar el euro. Los datos muestran que el comercio entre Rusia y China se desdolarizó en los últimos diez años, desde la crisis de Crimea de 2014. Pero no comercian en rublos ni en yuanes. El 80% del comercio entre China y Rusia se realiza en euros. Con este uso del euro como reemplazo del dólar, Rusia y China dejan en claro que suponen que existe una enorme brecha entre Estados Unidos y Europa.

DD

Solo que ahora no…

HH

Sí, la crisis de Ucrania los tomó por sorpresa y Estados Unidos y Europa volvieron a unirse. El supuesto perdió validez.

De hecho, era lo mismo que pensaba Saddam Hussein. A fines de los años 1990 y comienzos de los 2000, uno de los motivos importantes detrás de la segunda invasión a Irak, fue que, durante el nacimiento del euro a comienzos del milenio, Saddam Hussein básicamente tenía un acuerdo con los franceses y con los alemanes de que si lo ayudaban a romper con el embargo de las NU, no comerciaría el petróleo en dólares, sino en euros. En esa época, esto representaba una amenaza grave contra la hegemonía del dólar estadounidense.

Algunas personas llevan las cosas más lejos y piensan que este es también uno de los motivos subyacentes por los que los neoconservadores veían a Saddam Hussein como una amenaza: era capaz de desestabilizar el mercado del petróleo y de convertir al euro en una alternativa frente al dólar. Así que Saddam Hussein, Rusia y China siempre asumieron que eran capaces de abrir una brecha entre Europa y Estados Unidos desdolarizándose y moviéndose hacia el euro. Pero ahora estamos en un mundo distinto y este supuesto perdió validez.

DD

Está claro que China y Rusia ocupan lugares muy distintos en la economía mundial. ¿La centralidad de China en la economía mundial impediría que Estados Unidos utilice el poder geoeconómico del dólar en su contra del mismo modo en que está usándolo contra Rusia? Las sanciones contra Rusia tuvieron un impacto extraordinario en la economía. Hacer lo mismo contra China podría ser catastrófico.

HH

Definitivamente. El vínculo económico entre China y Estados Unidos es mucho más profundo y tiene mucho más alcance que el de Rusia y Estados Unidos o incluso el de Rusia y Europa. Y este vínculo corre en las dos direcciones. Este es el motivo por el que, incluso dentro de China, existe un debate, que surgirá en el congreso del partido de este año, sobre si Xi Jinping debería cumplir otro mandato.

Algunas élites chinas están preocupadas y piensan que debería recalibrar su retórica agresiva y sus confrontaciones con Estados Unidos. Por un lado, es impensable que Estados Unidos sancione a China como sancionó a Rusia: puede dejar de importar petróleo y gas rusos —representan solo el 5% de las importaciones de Estados Unidos—, pero no puede prescindir de las exportaciones chinas porque toda su economía depende de los suministros del país asiático.

Al mismo tiempo, China está mucho más enredada con la economía mundial y su sector exportador sigue siendo la fuerza impulsora de su economía. Las reservas de divisas que genera este sector es el fundamento de los créditos chinos en moneda local, que son los que el Estado utiliza para impulsar las inversiones y la construcción. Así que una ruptura conduciría a una destrucción mutua.

Hace un tiempo que Xi Jinping habla de este concepto de «circulación interna»: China debe enfatizar la circulación interna en vez de centrarse simplemente en la circulación externa. Este es el lenguaje de la defensa del desacople. Por supuesto, en Estados Unidos también se habla mucho del desacople y de relocalizar las industrias estratégicas en el territorio estadounidense.

Y en China también hay cierta tendencia a sugerir que el desacople podría ser bueno. Hay un tira y afloje entre esta tendencia y las fuerzas que se oponen a ella, que argumentan que si China realmente se desacoplara de Estados Unidos, se convertiría en una especie de Corea del Norte gigante. El desacople sería difícil y doloroso y atentaría contra muchos intereses de las élites y populares. Nadie está dispuesto a asumir los riesgos políticos y sociales de hacer algo así. Así que tanto Estados Unidos como China cuentan con fuerzas importantes que compensan la tendencia hacia el desacople. Pero, en cualquier caso, la competencia y la rivalidad son reales.

Siempre me gustó destacar el sorprendente paralelo que existe entre esta situación y la de Alemania y el Reino Unido en vísperas de la Primera Guerra Mundial. A fines del siglo diecinueve y comienzos del siglo veinte, estos países eran cada vez más competitivos en términos de negocios y de finanzas, y su rivalidad geopolítica era cada vez más acentuada. Y sin embargo estaban muy interconectados en términos económicos y hasta sociales. Sus realezas y sus aristocracias se casaban unas con las otras. Había inversiones y comercios comunes, pero el tira y afloje perdió equilibrio y finalmente se convirtió en uno de los estímulos de la Primera Guerra Mundial.

Todavía no estamos en un momento tan crítico con China y Estados Unidos, pero veo una dinámica bastante similar y tensiones que recuerdan bastante a la situación que vivieron Alemania y el Reino Unido el siglo pasado.

DD

¿Cómo sería en términos concretos un pasaje de la competencia a la guerra?

HH

Soy prudentemente optimista. China está exportando capital y compitiendo con el capital estadounidense en los países de la Ruta de la Seda. Pero al mismo tiempo, China está enfrentando problemas vinculados con la exportación de capital. Es decir, cuando uno exporta capital a un lugar distante debe proteger esta inversión, y en ese sentido debe tener algún tipo de poder político o incluso militar.

Mientras sigue exportando capital, China enfrenta riesgos geopolíticos cada vez más grandes: cambios de gobierno, pandemia y terrorismo. Y es interesante notar que en Pakistán y en África, hay informes empresariales que muestran que el personal y las instalaciones chinas están siendo en el principal objetivo de los bandidos locales, de los grupos rebeldes y de los terroristas.

China es muy cautelosa en el sentido de que no quiere ejercer directamente su poder militar y político. Contratan a Erik Prince, expropietario de Blackwater, una organización mercenaria que trabajó con Estados Unidos durante la guerra de Irak. Después de haberse metido en problemas con Estados Unidos, Prince está en Hong Kong y dirige una sucursal de una empresa estatal china que brinda servicios de seguridad a las empresas chinas y al personal de los países de la Ruta de la Seda.

El hecho de que China recurra a soluciones mercenarias indica que China es distinta de las anteriores potencias coloniales o imperiales, que no tenían ningún problema a la hora de exportar explícitamente su potencia militar; China es más cautelosa en este sentido. Pero también hay signos de que China quiere tener bases en el extranjero, y el Ejército Popular de Liberación tiene instalaciones en lugares como Djibouti. Sin embargo, esta presencia sigue siendo bastante limitada comparada con, por ejemplo, la de Rusia. Rusia puede enviar tropas y bombas hasta Siria. Comparada con Alemania hace cien años, China es mucho menos militarista. Es muy militarista y draconiana hacia el interior, pero externamente es más tímida a la hora de aplicar políticas militares.

Este es el motivo por el que la rivalidad geopolítica entre China y Estados Unidos es menos peligrosa que la rivalidad entre Alemania y el Reino Unido, ambos países muy militaristas, a comienzos del siglo veinte. Una posibilidad es que la competencia entre China y Estados Unidos se mantenga bajo control. Hoy existen muchas instituciones multilaterales de gobierno a nivel mundial, desde la OMC hasta la OMS y las NU.

La contienda geopolítica también podría traducirse en una competencia maliciosa, pero menos letal, en el interior de estas instituciones. Vimos algo parecido en la lucha dentro de la OMS durante la pandemia y en los debates del Consejo de Seguridad de las NU y en los comités de la OMC. Pero tal vez es solo una ilusión.

DD

Escribiste que entre el siglo siete y el siglo diez de la dinastía Tang predominó un ronde chinocéntrico en toda Asia. Fue puesto brevemente en cuestión por el intento del imperio japonés de construir un orden asiático centrado en Japón, y después de la Segunda Guerra Mundial, empezó a predominar el orden de la Guerra Fría impuesto por Estados Unidos. ¿China está intentando revivir este orden asiático chinocéntrico? Si es así, ¿cómo impacta la dominación de Estados Unidos, paradójicamente financiada por China, en estas ambiciones regionales? Ahora que todo Occidente está unido contra Rusia, ¿China está en una posición incómoda?

HH

Antes de la guerra de Ucrania, China pensaba que su situación y la de Rusia eran similares. Quedó claro en una declaración conjunta del cuatro de febrero de Putin y de Xi Jinping durante la apertura de las Olimpiadas, en la que China manifestó su apoyo a la oposición de Rusia a la presencia de la OTAN en los países de la ex-URSS. Al mismo tiempo, Rusia también respalda a China en su oposición a la creación de una alianza de seguridad en el Pacífico y en Asia. Los temas más disputados son los de Taiwán, el Mar de la China Meridional y todos estos países del Sudeste Asiático que tienen disputas territoriales con China. Durante la Guerra Fría eran todos Estados satélites del imperio estadounidense.

Pero durante los últimos diez o veinte años, China está intentando expandir su influencia política y económica en todos estos Estados. Camboya es el país con el que China tiene las relaciones más profundas y duraderas, y políticamente es el más cercano. También está la expansión de la influencia china en Sri Lanka, y después en Nepal, donde hay maoístas que estuvieron históricamente vinculados a China y quieren usar a China para contrarrestar el poder de India. Estos estados son siervos históricos del imperio chino, y estamos viendo que China intenta reafirmar su influencia política y económica sobre ellos.

Pero en el siglo veintiuno, la situación es muy distinta de la de comienzos de la Modernidad o de la de la Guerra Fría, cuando muchos Estados modestos aceptaban su estatus de sometimiento ante imperios más grandes. Ahora el nacionalismo está en el aire en todas partes, desde Ucrania hasta Taiwán, Malasia y todos estos Estados más pequeños. Todos desean la autodeterminación y la independencia. Una forma de conquistarlas es hacer que las grandes potencias se opongan entre sí, y esto es los que están haciendo los Estados más pequeños.

Nuestro análisis suele centrarse demasiado en la dinámica entre las grandes potencias, sin prestar suficiente atención a estos Estados más pequeños. Esto es lo que muestra la crisis de Ucrania, porque nadie esperaba que Ucrania planteara una resistencia tan firme. Incluso Biden, cuando ofreció una salida a Zelensky, asumía que Ucrania caería rápidamente y que lo mejor que podía hacer Estados Unidos era ofrecerle asilo a los exiliados. Pero los militares ucranianos y la resolución nacionalista de defender su país sorprendió a todo el mundo.

Lo mismo vale en el caso de Asia. Los Estados más pequeños son muy conscientes del hecho de que no quieren ser súbditos de Estados Unidos ni de China, así que están desarrollando estrategias que equilibren a una potencia con la otra para maximizar su soberanía. Las Filipinas son un buen ejemplo. [Rodrigo] Suerte llegó a la presidencia como un populista anti-Estados Unidos; intentó acercarse a China y cortar amarras con Estados Unidos en términos militares y comerciales. Pero más tarde, cuando sintió la presión de China en el Mar de la China Meridional y en otras partes, volvió a Estados Unidos.

Así que en el caso de los países más pequeños y débiles, el deseo nacionalista de autodeterminación y el de soberanía tienen más influencia en la geopolítica que la presencia de los grandes imperios. De nuevo, la situación sería muy distinta si el pueblo ucraniano no estuviera dando pelea y si Ucrania hubiera caído más rápidamente. No podemos analizar en detalle todas las consecuencias de la guerra ucraniana en Asia, pero por ahora Xi Jinping sigue el tema atentamente y nosotros tenemos que prestar más atención a la agencia de estos Estados más pequeños que sufren la presión de los imperios.

DD

Dijiste que la situación más duradera en el caso de la competencia entre China y Estados Unidos era comprometerse con una gran redistribución económica en sus países. ¿Por qué?

HH

En el caso de China, una fuente de conflicto es que las empresas chinas —tanto las privadas y políticamente conectadas como las estatales— tienen tasas de ganancia negativas y sobrecapacidad, así que para sobrevivir necesitan explotar a otras empresas fuera de sus territorios y en los mercados de ultramar. Pero esta situación no es inevitable.

Si el gobierno chino, en 2008, hubiera utilizado el estímulo para fomentar la demanda interna, esa demanda habría crecido. Y si el mercado de masas creciera, también crecería la torta. Las empresas chinas no tendrían la necesidad de explotar a empresas extranjeras para crecer y para recuperar su tasa de ganancia, y la urgencia de las empresas chinas por exportar su capital en busca de nuevas esferas de influencia y de nuevas fuentes de ganancias se reduciría significativamente. Con esto también mermaría el conflicto entre empresas de distintos países. Por eso revivir la economía y la rentabilidad mediante una estrategia keynesiana de apuntalar los ingresos también reduciría el conflicto internacional.

La misma lógica aplica en el caso de Estados Unidos. Como muchos otros países desarrollados, Estados Unidos tiene la urgencia de exportar capital a China y a otras partes del mundo en vías de desarrollo, a causa de la caída de la tasa de ganancia y de las prolongadas crisis de los años 1970. Esto hace que las empresas compitan con empresas en el mercado chino y en otros mercados. Todo esto está vinculado con la amplia desigualdad de Estados Unidos y con su carencia de una demanda efectiva equivalente a su capacidad productiva. Esto presiona a las empresas estadounidenses a exportar capital y a competir con las empresas chinas en el mundo en vías de desarrollo.

De nuevo, si hubiera una redistribución económica considerable en Estados Unidos, las empresas podrían recuperar sus ganancias en casa, en vez de tener que ir a China y a otros países en vías de desarrollo. No estoy diciendo que no lo harían; lo harían de todas formas, pero la urgencia sería menor y el significado sería distinto. Las empresas estarían más centradas en el mercado interno, pero para eso el mercado doméstico debería recibir un impulso mediante la redistribución de los ingresos.

El último problema tanto en China como en Estados Unidos es la falta de crecimiento del ingreso de los hogares en comparación con el PIB. El PIB crece rápido, y el ingreso de los hogares también crece, pero mucho más lento que el PIB y que la capacidad productiva. No es como en los años 1950 y 1960, época dorada del keynesianismo, cuando los ingresos de los hogares crecían al mismo ritmo que el PIB y que la capacidad productiva. Ahora estamos en una situación de sobrecapacidad perpetua, que presiona a favor de la exportación de capitales y a la busca de nuevas fuentes de ganancias en otras partes del mundo. Estas empresas chocan unas con otras y esto es lo que conduce a la rivalidad geopolítica contemporánea.

DD

¿Cuáles son los obstáculos que enfrenta la redistribución en el caso de China? ¿China está avanzando en esta dirección con la agenda de la denominada «prosperidad común» iniciada después de la crisis financiera de 2015?

HH

La consigna de la prosperidad común debe ser tomado con pinzas, porque desde los años 1990, de vez en cuando, las autoridades chinas hablan de la necesidad de redistribuir la riqueza para crear una demanda de consumo interno para que China no dependa tanto de la demanda, los mercados y el financiamiento extranjeros. Las consignas cambian con los tiempos: desde «desarrollar el oeste», en referencia al interior occidental subdesarrollado de China, a la crítica de la economía mal coordinada y desequilibrada formulada por el primer ministro Wen Jiabao hace diez o veinte años. Las autoridades suelen reconocer periódicamente esta necesidad de redistribución, pero siempre termina siendo una consigna y no tiene ninguna consecuencia.

Esto, en última instancia, está vinculado con los intereses institucionalizados y creados del partido Estado. Las industrias y las constructoras están representadas institucionalmente en el sistema político, mientras que los campesinos y los trabajadores no lo están. También hay organizaciones campesinas y obreras independientes. Aunque incluso algunos superiores miran la redistribución con buenos ojos, los intereses institucionales impiden toda resolución.

Es como cuando se habla de reducir el uso del carbón. Hay muchas consignas nobles en este sentido pero, de nuevo, los intereses de las plantas de carbón y de las provincias que dependen del carbón son tan fuertes que es difícil avanzar en la dirección deseada. Estados Unidos es un sistema democrático, pero el modo en que los intereses creados se apoderan del proceso político es bastante similar.

Aunque los demócratas quieren una economía más verde, las áreas dependientes del carbón como Virginia Occidental tienen intereses que hacen que la transición sea mucho más lenta de lo que debería. Son sistemas políticos distintos, pero ambos terminan comprobando que es más fácil hablar de facilitar la redistribución que hacerlo realmente. La consigna de la prosperidad común es otro intento de hablar de la importancia de la redistribución, como sucedió recurrentemente durante los últimos veinte o treinta años.

Pero es posible que termine como todos los otros: una mera consigna no realizada.

DD

Hablando de carbón, ¿es posible en este contexto la cooperación entre China y Estados Unidos en el tema del cambio climático? John Kerry, delegado de Estados Unidos en cuestiones de clima, dijo que quiere separar las negociaciones sobre este tema de todo lo otro. Pero no entiendo cómo funcionaría esto en la práctica.

HH

Depende de lo que estemos diciendo exactamente. Los datos muestran que China es hoy el mayor productor de paneles solares y de aerogeneradores. Es definitivamente un incentivo para que Estados Unidos incremente la importación de estos productos verdes fabricados en China. Pero un motivo por el que las empresas estadounidenses se quejaron durante el gobierno de Obama es que una empresa de tecnología verde colaboraba con una empresa china y facilitaba componentes de alta tecnología y software con los que China construía nuevos aerogeneradores. Más tarde se dieron cuenta de que China había contratado a alguien en la empresa estadounidense para apropiarse de sus diseños y de su tecnología. Esto llegó a la corte y el socio chino admitió que había incurrido en un delito y pagó una multa enorme.

Estas situaciones son recurrentes en el sector de tecnología verde y esta es una fuerza que contrarresta la cooperación entre China y Estados Unidos en este rubro. Las empresas  verdes estadounidenses quieren cooperar con China y quieren importar más productos chinos, pero al mismo tiempo sufren el impacto del robo de su propiedad intelectual. Esto precipitó en parte la guerra comercial. Así que es muy difícil desenredar las campañas a favor de la energía verde de otros temas, como las disputas por la propiedad intelectual y la guerra comercial.

Por otro lado, mientras China desarrolla tecnología verde como aerogeneradores y paneles solares a un ritmo impresionante, también expande su sector carbonífero. China exporta carbón a los países de la Ruta de la Seda. Aunque Xi Jinping dijo que China pondrá fin a esta exportación y al financiamiento de las plantas de carbón, los datos muestran que el proceso continúa.

De nuevo, tomará bastante tiempo definir si los dirigentes chinos realmente quieren cumplir esta promesa, o si lo dicen solo por compromiso. El sector de tecnología verde de China se convirtió en un interés específico que compite por el apoyo del gobierno, pero el sector del carbón también es enorme en términos políticos. Es un interés muy poderoso que influye enormemente en el proceso político.

En el caso de China la transición a una economía verde implica romper con la influencia política de este interés. La cooperación verde entre China y Estados Unidos debería darse y deberíamos apoyarla. Pero es muy difícil separarla de estos temas vinculados con el proteccionismo, las disputas comerciales y el robo de la propiedad intelectual, y también de los intereses creados que controlan el sistema político.

DD

Antes de terminar, me gustaría que habláramos de dos temas: Hong Kong y la pandemia. Hong Kong cumplió un rol histórico importante como intermediario financiero entre China y el resto de la economía capitalista mundial. Muchos observadores casuales destacan que recientemente las libertades políticas de Hong Kong fueron eliminadas o reducidas.

Sin embargo, el estatus especial de Hong Kong también remitía a una dimensión económica distinta. ¿Qué significa la reciente expansión del control de Pekín sobre Hong Kong en cuanto a la posición económica de Hong Kong? ¿Y qué significa esto para la economía china?

HH

Es un tema enorme y voy a tener que responder de forma muy condensada. Tengo otro libro, de unas trescientas páginas, sobre la política y las protestas en Hong Kong. China enfrenta un dilema en Hong Kong desde que concedió la soberanía en 1997. Por un lado, China quiere que Hong Kong sea un centro financiero offshore que resuelve las contradicciones que plantea la necesidad de conectar con el sistema financiero mundial y su imperativo político de blindar el sistema financiero china.

Como discutimos antes, el PCCh quiere tener un control completo del sistema financiero, pero las empresas chinas y las instituciones estatales necesitan servicios financieros de las instituciones mundiales. La solución es desarrollar Hong Kong como un mercado financiero offshore.

Hong Kong es parte de China, pero tiene su propia moneda y su propio banco central. Su gobierno supuestamente tiene autonomía a la hora de definir su política económica y financiera, y no obedece a los dictados de Pekín. Hay una frontera permeable pero regulable en el flujo de capital entre el continente chino y Hong Kong.

Por eso desarrollar a Hong Kong como un mercado offshore parece resolver la contradicción entre la necesidad de China de utilizar el sistema financiero mundial y su necesidad política de blindar su propio mercado. Las empresas chinas pueden entrar en el mercado de valores de Hong Kong y pueden comprar productos financieros en Hong Kong en vez de hacerlo en el continente.

Pero mantener un mercado financiero offshore implica tener un sistema legal separado e internacionalmente reconocido, y también implica el libre flujo de información. Facebook y otras redes sociales occidentales están prohibidas en China; también Google está prohibido y la libertad de expresión no existe. Pero en Hong Kong, hasta hace muy poco tiempo, existía la libertad de expresión, que publicaba eventualmente casos de corrupción y de delitos, y también había redes sociales. Estas cosas son muy importantes para mantener un centro financiero offshore donde todo el mundo quiere hacer negocios.

Pero esta relativa libertad y la legislación de Hong Kong también crea espacios de oposición y de disidencia política que son un problema para China. Al resolver sus contradicciones financieras por medio del mercado offshore de Hong Kong, China crea una nueva contradicción: entre la necesidad de mantener ciertas libertades en Hong Kong y la posibilidad de crear una oposición política que haga que China sea cada vez más ingobernable.

Las consecuencias fueron la confrontación y la mano dura de 2020. La situación de Hong Kong es confusa ahora que Xi Jinping intenta reprimir la disidencia política y eliminar la libertad de prensa mientras conserva la libertad financiera del territorio. No está claro si China puede mantener la confianza financiera en sus mercados offshore sin la libertad política.

Aun antes de la pandemia, muchas empresas de acciones privadas, incluso algunas con respaldo en el continente chino y otras en negocios internacionales, empezaron a salir con rumbo a Singapur. Singapur no es una democracia, pero está suficientemente lejos de China como para preocuparse por la posibilidad de que el gobierno se incline en su contra y a favor del PCCh.

Ahora, después de la represión en Hong Kong, muchas empresas financieras están esperando a ver qué tanto empeora la situación. Muchas están preparándose para lo peor. La contención de la pandemia también se politizó. La elección del método que debería utilizarse para controlar el virus se convirtió en un debate entre distintos campos, y el gobierno acusó a los médicos y a los especialistas de la salud pública de confiar en las vacunas de Occidente y aceptar su principio de vivir con el virus. El gobierno dijo en cambio que había que aplicar un confinamiento draconiano que, a sus ojos, muestra la superioridad del sistema chino. Todo está politizándose y sin la supervisión de ninguna prensa libre.

La falta de libertad no solo afectará a los disidentes, sino eventualmente a grandes áreas del gobierno, desde la salud hasta la regulación financiera. Estamos viendo ejemplos de entidades financieras extranjeras que denuncian corrupción y delitos en las grandes empresas chinas y que son sancionadas por las autoridades de Hong Kong. Hace pocos años, un analista financiero denunció corrupción en Evergande, la constructora china que enfrentó tantos problemas. Ese analista no dijo más nada y muchas personas asumen que el silencio estuvo políticamente motivado.

La situación está preocupando a muchos financistas, y muchos están hablando de abandonar Hong Kong en busca de lugares más alejados de las autoridades continentales de China, como Singapur o Londres. Si sucede esto, la economía china sufrirá un impacto enorme. Hasta ahora, China utilizó soberanamente este centro financiero offshore. Pero si el centro financiero se mueve a otros lugares que están fuera del dominio de China, las consecuencias en la economía china serán negativas.

DD

La última: ¿cómo impactó la gestión de la pandemia de China en la legitimidad interna del Estado, por un lado, y en su posición en el sistema mundial, por el otro? China generó mucha animadversión en el exterior, pero, en contraste con Occidente, probablemente salvó millones de vidas.

Mientras tanto, su actividad comercial creció casi cinco veces más rápido que el promedio global durante los últimos tres años. Pero en este momento, la variante Omicron está avanzando en China y, como una enorme porción de la población más vieja no está vacunada, esto lleva al cierre de regiones clave en la producción exportadora.

HH

La experiencia de China con la pandemia fue una montaña rusa. En un primer momento, con el primer brote de Wuhan, se hablaba del encubrimiento de la pandemia y del malestar que esto había generado en la población local. Wuhan estaba sufriendo las consecuencias y el mundo miraba a China como una especie de Estado autoritario que encubría sus errores hasta el punto de producir una crisis mundial.

El discurso cambió rápidamente después de que el virus alcanzó las costas de Estados Unidos y de Europa, y dejó en evidencia la incompetencia de los gobiernos occidentales. Al mismo tiempo, China movilizó su maquinaria draconiana para poner regiones enteras y millones de personas en cuarentena, con lo cual cortó rápidamente la cadena de transmisión del virus.

A fines de 2020 y a comienzos de 2021, parecía que China había tenido éxito en el control del virus y que los países occidentales habían fracasado. China presumía en todo el mundo su modelo. Pero, cuando entró en juego la vacuna, el discurso volvió a cambiar porque las vacunas ARNm creadas por los países occidentales son muy efectivas y China todavía tiene dificultades para crear una vacuna de este tipo. Crearon Sinovac y Sinopharm, que son vacunas tradicionales y son menos efectivas.

Después, con la llegada de Omicron, empezamos a ver los límites del enfoque fundado en el confinamiento, porque la nueva variante es mucho más contagiosa. Y los estudios demuestran que las vacunas chinas son menos efectivas que las ARNm en la prevención de enfermedades serias.

Por lo tanto, ahora todo el mundo habla sobre la posibilidad o no de que China continúe con su enfoque draconiano fundado en el confinamiento, y parece que hasta Xi Jinping está cambiando el tono y enfatizando el peligro de dañar excesivamente la economía. Algunas personas sugieren que China podría estar abandonando el enfoque previo lenta y silenciosamente, pero todavía es demasiado pronto para decirlo. En este momento, todo indica que Estados Unidos, Europa y otros países asiáticos, desde Singapur hasta Corea del Sur y Japón —no es el caso de Taiwán— están saliendo de la pandemia con las vacunas ARNm. China sigue atrapada en las cuarentenas y paga un precio bastante elevado mientras intenta desarrollar su propia versión de la vacuna ARNm.

Por lo tanto, la cuestión de quién está actuando mejor todavía está irresuelta, como lo está también la cuestión de cómo impactará todo esto en la legitimidad de China, tanto a nivel mundial como nacional. En cualquier caso, la pandemia definitivamente deterioró las relaciones de China con el resto del mundo. No importa el éxito que tenga en controlar el virus, China no podrá contrarrestar la imagen de que no está cooperando con la investigación de la OMS sobre el origen del virus.

Muchos todavía piensan que China está ocultando información y que está obstaculizando la investigación científica internacional. El encubrimiento inicial de China sigue siendo un problema. Muchos argumentan, con razón, que si China hubiera reconocido antes la existencia del virus, no se habría desatado una pandemia mundial. Tal vez habría podido contenerse en China o en Wuhan. Por todo esto, está claro que la pandemia tendrá un impacto de largo plazo en la política internacional, en las relaciones entre China y Estados Unidos y en la relación de China con el mundo.

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