• Tenemos que avanzar por el camino de construir la nueva sociedad que debemos conquistar si no queremos que la humanidad y la vida misma desaparezcan en las garras de esta pandemia universal que es el capitalismo en su fase imperialista.

 

“¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS!”, es la consigna que nos convoca. Damos continuidad a la lucha por un mundo sin explotación, sin miseria y sin opresión. La conmemoración del PRIMERO DE MAYO es la fecha en que el proletariado, la clase obrera y los trabajadores del mundo retomamos la herencia de los Mártires de Chicago, ejecutados (es decir asesinados con “protocolos” por el Estado) por participar en las luchas que llevaron a la conquista de la jornada laboral de ocho horas, como resultado del desarrollo de la gran huelga iniciada el 1 de Mayo de 1886, en los albores de la Revolución Industrial en los Estados Unidos, a finales del siglo XIX.

En el 2020, año de la pandemia, y en pleno desarrollo del confinamiento y la actual cuarentena, debemos asumir su conmemoración con la responsabilidad que muchos quieren olvidar o “rebajar”. Así, el Bloque por el Paro General Indefinido propone los siguientes elementos a tener como referentes:

La crisis

La actual pandemia no es la causante de la terrible situación que viven el país y el mundo entero. El COVID-19, surge en el seno de la enorme crisis del sistema capitalista y profundiza sus contradicciones y sus efectos; pero permite que veamos mejor los horrores de este “orden” mundial de explotación, opresión y terror que nos imponen. El capitalismo, y quienes lo manejan ahora en el intento de salvarlo, no resuelve las necesidades a nadie. A los capitalistas sólo les interesa acumular y tener cada vez mayores ganancias: no les importa si, para lograrlo, tienen que liquidar o exterminar todo lo que estorbe a sus intereses. Por eso la miseria, las desigualdades, la opresión, la explotación y el miedo, ya no tienen fronteras. Por eso el terrorismo de Estado, el desempleo y el hambre campean por todos los rincones del mundo.

La presencia de la pandemia afectó y afecta la economía que ya venía, de tiempo atrás, debilitada en el actual período del capitalismo y en el nuevo episodio de su crisis; no es, éste, un tiempo de normalidad, no vivimos la misma cotidianidad que el capitalismo traía, pero la crisis no es meramente en el terreno de lo económico, y la profundización de las contradicciones inter-imperialistas; junto a la agresión del imperialismo con sus diferentes potencias contra los pueblos del mundo, se “reinventan” al desarrollarse. La pandemia agrava la crisis por la que ya venían transitando no sólo la economía capitalista y depredadora, sino el actual Estado Burgués y sus instituciones. En este tiempo, lo que corresponde no es tomar medidas dentro de una normalidad que no existe, sino organizarnos para avanzar hacia la transformación completa y revolucionaria de la sociedad; desde luego que esto depende de la correlación de fuerzas que logremos y eso, a su vez, depende de factores tales como la organización, los principios de clase, y la comprensión de lo que realmente acontece y sus causas. La llamada Modernidad y su economía (el capitalismo y sus Estados) mutan en la búsqueda de las maneras de incrementar la acumulación en medio de la crisis; ya no les basta con la especulación, con la manipulación de la deuda y con la guerra, ahora necesitan concretar y profundizar las medidas con las que contrarrestan esta crisis (y las próximas), si no hacemos lo que debemos hacer los explotados y los oprimidos del mundo. Una cosa queda y debe quedar suficientemente clara: las causas de la crisis son las mismas en todo el mundo y las políticas trazadas contra los pueblos del mundo son semejantes. Ahora, más que nunca está vigente el internacionalismo proletario, la búsqueda de la unidad de clase, para librar la misma lucha contra esas causas de la explotación y la opresión.

Los derechos que la clase obrera conquistó en las luchas junto al pueblo hasta mediados del siglo XX incluidos los “tres ochos” (8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de estudio), los han desmontado poco a poco. Ahora vienen por lo que nos queda; para ello, los Estados criminalizan la protesta, fortalecen sus aparatos militares y potencian el terrorismo de Estado.

En este contexto, en Colombia, presentaron como fórmula “nueva” eso que se ha llamado el “paquetazo de Duque”, condensado en el Plan Nacional de Desarrollo, delineado coherentemente en los Planes de los gobiernos anteriores, por lo menos desde los años setenta. La apuesta de Duque, de la fracción de clase que representa, de su partido de gobierno con su jefe innombrable, junto a sus aliados de clase para aplicar ese paquetazo, tuvo una confrontación masiva e histórica el 21 de noviembre del 2019 (el 21N), donde se pudo reconocer un despertar del pueblo frente a la ofensiva de los poderosos; en especial el coraje y disposición para esa lucha que la juventud de nuestro pueblo puso en práctica; pero también quedó clara la incidencia que ello generó en diferentes sectores populares que salieron a las calles y a la protesta continuada. Allí se avanzó en comprender que estos planes son aplicación de lo mismo que pasa en todos los territorios del mundo, y tienen las mismas causas. También fue quedando claro que, contra esas causas, hay que luchar unidos.

La cuarentena

La pandemia llega a Colombia y amenaza la vida, sobre todo de los más vulnerables; aparece en un momento de declive de la lucha de masas ocasionado por el contubernio entre el Comité Nacional de Paro con el gobierno, para lograr su cometido de apaciguar el movimiento. Esto ha sido en un golpe fuerte para el pueblo, sumado a que el Estado ha propiciado un pánico manipulado, valiéndose del hecho objetivo de la presencia de este COVID-19, y aprovechando la situación para, mediante el estado de Emergencia, hacer y deshacer lo que le viene en gana cuando se trata de cumplir las órdenes que recibe de los amos imperialistas.

Así, el gobierno de la oligarquía aprovecha para emitir los decretos con fuerza de Ley junto a otras normas que, de conjunto, ya tenía listos desde el año pasado; incluso desde antes del empalme con el gobierno de Santos del cual es continuidad esencial. Lo hace, en desarrollo de los “ajustes” que los organismos internacionales del crédito (FMI, OCDE, BM) y las otras herramientas del capital financiero, exigen en el intento de cortar o amainar la actual crisis capitalista. Sólo que, estos ajustes los maquillan ahora para presentarlos mentirosamente como “nuevas normas elaboradas en la urgencia” que, supuestamente, se toman “sólo para cuidar de la salud pública”. Nos convencen, de paso, de que nuestra salud no es un derecho ni una responsabilidad del Estado, sino que obedece a la responsabilidad única de cada uno de nosotros, individualmente considerados, y de nuestras familias: quieren que aceptemos que lo que nos está pasando, nada tiene que ver con el Estado y sus manipulaciones.

La salud pública ha venido siendo desmontada en todo el mundo; en Colombia con la aprobación de la Ley 100 del 93, ha sido entregada como negocio a los dueños de las EPS, quienes manejan la enfermedad como un próspero negocio en la medida en que la salud fue convertida en una mercancía de las más rentables; por eso convirtieron a los hospitales públicos en “ESES” (Empresas Sociales del Estado) que deben ser “auto sostenibles” a través de la venta de “servicios”. 1

El resultado es claro y ahora se nota: en el país sólo hay unos pocos hospitales y clínicas que tienen calculado cuántos clientes pueden y quieren atender. Para el caso, no hay suficientes respiradores, camas y, menos, UCIs, dispuestas para atender y sostener a la salud pública. Tampoco pueden hacer las pruebas suficientes para tener un verdadero conocimiento de las reales dimensiones de la pandemia. Todo esto es el resultado (en Colombia y en el mundo) del desmonte de la salud como un derecho del pueblo y como responsabilidad de los Estados.

En esta realidad, los capitalistas y sus administradores se han visto forzados a un gigantesco paro de la producción que afecta sus intereses. Pero, como siempre, no desaprovechan ninguna oportunidad y, contra su propia voluntad, los gobiernos, los capitalistas y los Estados que la burguesía controla, se vieron obligados a decretar el confinamiento, paralizando buena parte de la producción, situación que utilizaron para avanzar en la tarea de desmantelar los derechos de los trabajadores. En este preciso momento el gobierno ha anunciado medidas para que los sectores de la construcción y las manufacturas retomen la producción, exponiendo la vida de los trabajadores, de sus familias y en general del pueblo colombiano: Duque pretende levantar la cuarentena, tal como se lo exigen los capitalistas.

Frente a esta medida sólo cabe el claro rechazo. Si a los trabajadores de la salud, sobre los que el país entero tiene puestas las miradas, se les mezquinan los imprescindibles materiales de seguridad, con mayor razón en otras actividades se pasarán por la faja los llamados protocolos sobre los que tanto se perora.

El desempleo y el hambre

Antes del Coronavirus, se hablaba de que el 62% de los trabajadores(as) en Colombia son vendedores(as) informales y gentes del rebusque. En febrero del 2020, el desempleo alcanzaba el 12,2% según el DANE. A la fecha de este documento, la masacre laboral, la suspensión del empleo y la baja de salarios, que se han impuesto a rajatabla y en las “nuevas” contrataciones, el salario ya no depende de la negociación colectiva ni de los pliegos de peticiones, sino del desempeño individual (“las competencias”), tal como ya lo venían imponiendo por otros medios. Ahora, de nuevo, entidades como Fenalco, Acopi y Consejo Gremial, pretenden que los trabajadores aceptemos una rebaja de salario de más del 30% para “salvar la industria”. Esto es una nueva bellaquería que atenta contra los derechos de la clase obrera para beneficiar a los explotadores.

Los decretos y demás normas presentadas como resultados de la pandemia, han servido de herramientas para beneficiar a los bancos, los monopolios y las EPS, rebajando salarios, concretando despidos masivos y generando más hambre en diferentes sectores del pueblo. Así, el asunto de fondo no se resuelve con las limosnas del gobierno y los empresarios, con los que se dan pantalla para que olvidemos, por ejemplo, a la “ñeñe política” y sus “arandelas”, lo cual resulta a todas luces inaceptable. A este pretendido zarpazo, debe responder el pueblo colombiano y el conjunto de los trabajadores de manera contundente para impedir que se consume semejante atropello.

Recordamos cómo, el 15 de abril, el gobierno nacional emitió, entre otros los decretos el 558 y 568. En el primero de ellos traslada deudas de los fondos privados de pensiones (AFP) a Colpensiones al pasar más de 21.000 pensionados que ya habían entregado y acumulado sus cotizaciones a la modalidad de retiro programado, liberando al capital financiero, propietario de dichos fondos, de esa responsabilidad, pese a que durante 25 años o más absorbieron las jugosas utilidades; además esa norma impide que en los próximos dos meses se hagan las cotizaciones de ley a Colpensiones. Por su parte, el Decreto 568 establece otro arbitrario impuesto a los salarios y pensiones de sectores medios reduciéndoles así, una vez más sus ingresos.

El despliegue de la epidemia viene dejando al descubierto todas estas maniobras y sus consecuencias. A pesar de la palabrería al respecto, la protección real del mínimo vital de millones de personas no existe. Los gobiernos, agentes del capitalismo también en Colombia, venían profundizando las desigualdades entre ricos y pobres desde una política de “focalización del gasto” para atender cada vez menos lo social, convirtiendo como lo acabamos de decir los derechos fundamentales en servicios públicos con la maroma de la intermediación, profundizando su privatización. De este modo, el Estado orienta los recursos y dineros que maneja, a potenciar los negocios de los empresarios y a hacer los mandados que ellos le tracen; sobre todo, los que definan los dueños del capital financiero, tal como acaba de ocurrir con las “medidas tomadas” en medio de la pandemia, para fortalecer los bancos, las EPS, y mantener deteriorados a los hospitales públicos junto a las condiciones laborales de todos los trabajadores de la salud. Para la burguesía, el hambre es necesaria porque equilibra y reduce, para ellos, el costo de los salarios y elimina “costos innecesarios” como el mantenimiento de los llamados adultos mayores de los sectores populares. También por eso, poblaciones enteras no tienen agua para “lavarse las manos cada tres horas” y, menos, para beber o elaborar sus alimentos a los que tampoco tienen acceso.

El terrorismo de Estado

Como ya lo dijimos, continúa el asesinato sistemático de dirigentes sociales comprometidos en la lucha, así como la penalización de la protesta, y la represión generalizada. En Bogotá, por ejemplo, cumpliendo las órdenes y los “protocolos” de la alcaldesa Claudia Nayibe López, el ESMAD bombardea con gases a las masas que reclaman en las calles. En esto se concretan las “ayudas”, mientras, las masas dan a conocer en todo Colombia, ese clamor que resume el momento en que vivimos los pobres: “¡o nos mata el virus, o nos mata el hambre… luchemos!”.

En cualquier sociedad, la clave de su subsistencia está en la suma de sus valores de uso producida por el trabajo partiendo de lo que ella encuentra en la naturaleza. En el curso de la actual pandemia, exigimos la satisfacción de las necesidades, primero para los más vulnerables: niños y ancianos del pueblo, y el conjunto de las masas trabajadoras a quienes esto se les niega.

Así, en la conmemoración de este Primero de Mayo, debemos, trazar un camino partiendo de las urgencias, pero pensando en el futuro: 1) Exigimos el no pago de la Deuda Externa al FMI, 2) hay que luchar contra la legislación en curso y exigir la nacionalización de la banca. 3) Los trabajadores a quienes se les ordene vincularse a partir del día 27 de abril a sus actividades, tienen derecho a exigir que se les dote de todos los elementos y condiciones de bioseguridad suficientes, y en caso de que ello no ocurra, deben organizarse para que colectivamente se nieguen a reiniciar labores, volviendo a la cuarentena hasta tanto se cumpla con dichas exigencias.4) Rechazamos la torcida “cuarentena inteligente”. Frente al manejo de la pandemia, absolutamente irresponsable, en donde los asuntos de salud los manejan los políticos y no los científicos de salud, como debe ser, al costo de muchas vidas. Exigimos que sean éstos últimos los que orienten los procesos necesarios para preservar la vida del pueblo. 5) Exigimos condiciones de trabajo dignas con vinculaciones directas y contratos trabajo con todas las garantías ya conquistadas, para todos los trabajadores, empezando por los de la salud con quienes (además) se tiene una deuda histórica. 6) No a la tercerización, no a la temporalidad y no al trabajo por horas. 7) Mantengamos los trapos rojos y convirtámoslos en nuestra bandera roja, en despliegue de la verdadera solidaridad del pueblo y para el pueblo, 8) Rechazamos la “cuarentena inteligente” decretada a partir del 27 de abril; con ella se expone a miles de trabajadores a la contaminación masiva, miles de personas saldrán a la calle sin ninguna garantía de protección por parte del Estado. La actuación del gobierno es hipócrita y criminal: sólo piensan en la economía y las ganancias de los explotadores.

En este proceso hay y habrá muchas y diferentes expresiones de protesta de los sectores populares en Colombia, no sólo en la perspectiva inmediata de la conmemoración del Primero de Mayo.

Desde el Bloque por el Paro General Indefinido, reafirmando las banderas con las que surgimos para oponernos al levantamiento de la lucha que pretendían hacer sectores cooptados por el Estado, apoyamos todas sus expresiones y convocamos a respaldarlas. Llamamos a organizarnos para desarrollarlas contra el capitalismo, las clases sociales que lo usufructúan, los Estados capitalistas y sus instrumentos; porque éstos son los únicos responsables de la crisis social que se ha profundizado con la pandemia, la cual ha quitado ya la vida a miles de personas en el mundo. Ya es inocultable que las cifras de contagiados en el país son mucho más altas de las reportadas por el gobierno. El número de pruebas realizadas son insuficientes para la población actual del país y no podemos permitir que el actual gobierno evada su responsabilidad en la situación sanitaria que vivimos.

Frente a todo esto debemos exigir: ¡que la crisis la paguen los ricos, no el pueblo trabajador!

Es necesario fortalecer la organización, contactar liderazgos de los barrios, el campo y organizaciones sociales en todo el territorio nacional, y desplegar la Solidaridad de clase en puntos de acopio definidos por las comunidades. Exigimos el mínimo vital del ser humano como derecho irrenunciable, el Estado debe garantizar a los trabajadores informales y desempleados, por lo menos la llamada canasta básica para subsistir durante la emergencia sanitaria. Denunciemos y enfrentemos la represión. Busquemos y construyamos las formas de organización más pertinentes, originadas en el movimiento de las masas. Salgamos organizados a la movilización y a la lucha, donde se vaya concretando y haciendo necesario, cumpliendo todas las medidas para la protección contra la pandemia, porque hay otra pandemia en curso: el triunfo de las multinacionales y sus crímenes contra la humanidad.

Tenemos que avanzar por el camino de construir la nueva sociedad que debemos conquistar si no queremos que la humanidad y la vida misma desaparezcan en las garras de esta pandemia universal que es el capitalismo en su fase imperialista.

¡Viva el Primero de Mayo, Día Internacional de la Clase Obrera!

¡Contra el hambre! ¡Canasta básica para los trabajadores informales y desempleados!

¡Abajo los decretos antipopulares del gobierno de Duque!

¡No a la rebaja del salario de los trabajadores para beneficiar a los explotadores!

¡Sí a la contratación directa e indefinida! ¡No más trabajo tercerizado!

¡Exigimos respeto a la vida y a la salud del pueblo colombiano!

¡De pie el internacionalismo proletario!

¡Somos un solo pueblo y una misma lucha!

Bloque por el Paro General Indefinido

Colombia, 2020, año de la pandemia, meses de la cuarentena


1 En enero 29 de 2019 la Asociación Colombiana de Empresas Sociales del Estado y Hospitales Públicos (ACESI), advirtió que… “(…) las deudas de los entes territoriales y las EPS con los hospitales ascienden a los 8.8 billones de pesos.” (https://www.rcnradio.com).

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