China: claves de la inédita oleada de movilizaciones tras las protestas en Foxconn

A pesar de que el principal punto aglutinador de las protestas está relacionado al hartazgo con las políticas represivas de Covid Cero, las movilizaciones han permitido que se exprese el descontento sobre cuestiones más generales de la realidad política y social del gigante asiático.

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China está siendo sacudida por una inédita oleada de protestas en decenas de ciudades de todo el país, probablemente las más importantes desde 1989.

El impulso inicial a las protestas provino de los trabajadores de Foxconn en la región de Zhengzhou, la mayor fábrica de iPhones del mundo. Como detonante se combinaron las políticas represivas de «Covid cero» con los bajos salarios y las pésimas condiciones laborales.

La fábrica -que reúne a más de 200.000 trabajadores- es conocida por sus condiciones laborales de superexplotación durante largas jornadas laborales. Al detectarse un brote de covid en la planta, las autoridades determinaron el confinamiento de toda la zona alrededor de la fábrica. La empresa obligó al personal a mantener la planta funcionando, mientras los trabajadores eran forzados a compartir el confinamiento con las personas contagiadas.

En todo el país se viralizaron imágenes de trabajadores de la empresa huyendo a pie por las carreteras, debido al cierre total de las mismas para el transporte urbano, por las restricciones sanitarias. Algunas fuentes indicaron que el éxodo pudo haber alcanzado a los 20.000 trabajadores.

Un estallido de bronca contenida

Pero la indignación nacional terminó de estallar luego de que 10 personas fallecieran en un incendio en un edificio residencial en Urumqi, al oeste del país. Los habitantes de la ciudad, capital de la región de Xinjiang, denunciaron que debido a la política de confinamientos los servicios de emergencia no pudieron atender a las personas atrapadas en el incendio.

Fue la gota que derramó un vaso de bronca que fue llenándose durante tres largos años de estrictos confinamientos que implicaron un brutal despliegue represivo en todo el país, y que alcanza niveles de irracionalidad como el que quedó al desnudo en Urumqi.

Las redes sociales fueron determinantes para que se esparciera el descontento a nivel nacional, y las protestas estallaron: se registraron varias movilizaciones en la capital, Beijing, así como en Shanghái, Wuhan, Chengdu, Nanjing y Zhengzhou, entre otras.

A pesar de que el principal punto aglutinador de las protestas está relacionado al hartazgo con las políticas represivas de Covid Cero, las movilizaciones han abierto el juego para que se exprese el descontento sobre cuestiones más generales de la realidad política y social del gigante asiático.

Las consignas varían según el compuesto social. Trabajadores y obreros denuncian los bajos salarios y las condiciones laborales de explotación extrema. Los jóvenes de las ciudades, que ha sido el estrato que más aportó a las movilizaciones en los centros urbanos, han reclamado por libertades políticas y democráticas, así como denuncian la censura y la represión.

«¿Alguien sabe cómo descargar Telegram?»

Además de los sectores obreros, a la cabeza de las movilizaciones se encuentra la juventud, como en todas las rebeliones que han estallado en el mundo en los últimos años. Entre ellos, la organización a través de las redes sociales es fundamental, pero bastante más complicada que en otros países por la censura en internet.

Las redes sociales comúnmente utilizadas en China no son consideradas confiables para la organización o difusión de actividades de protesta, por lo que los usuarios deben buscar alternativas. Los más familiarizados con el mundo de internet utilizan una red VPN (que simula una conexión con una dirección IP de otro país) para poder utilizar Twitter, que está prohibido en China.

 

Allí, la red social se ha convertido en un reducto desde donde cientos de cuentas con nombres anónimos intentan coordinar las acciones. «¿Alguien tiene un tutorial sobre el registro y el uso de Telegram en China? Veo que la mayoría de las actividades actuales están allí». El tweet es de una de las cuentas más populares creadas alrededor de las movilizaciones, llamada China Protest 2022 y que cuenta con más de 40.000 seguidores, un número nada despreciable teniendo en cuenta que Twitter está prohibido en China.

«Necesito saber dónde se descarga Telegram», responde otro usuario, sumándose al pedido. «Intenta en Google Play, pero no descargues la que se llama «versión china», le contesta otro. «Es como WeChat en el extranjero», explica un tercer usuario. La represión estatal a las protestas se complementa con el estricto régimen de vigilancia digital, que se maximizó durante la pandemia.

La Internacional en chino

El contenido político de las protestas está lejos de ser unívoco, como la mayoría de los medios de comunicación occidentales quieren deslizar. La mayoría de las grandes agencias de noticias señalan al incendio de Urumqi como el detonante, cuando en realidad las protestas estallaron primero entre los trabajadores de Foxconn, en un intento por diluir el papel que está jugando la clase trabajadora china en las protestas, gran parte de ella empleada en empresas que producen para otras firmas occidentales, como Apple o Microsoft.

En ese mismo sentido, aunque es sin duda el factor que aglutina todo, no es sólo ni exclusivamente el rechazo a las políticas de Covid Cero lo que motiva las protestas, como dijimos antes, que también incluyen reclamos sociales y económicos.

 

Pero lo más interesante parece estar en las disputas ideológicas y políticas que se abrieron tras los estallidos. Los medios occidentales resaltan los reclamos de «apertura democrática», «libertad de expresión» e incluso algunas manifestaciones que expresaron «Abajo Xi y el gobierno». Este contenido, evidentemente real, con el que la prensa y los políticos capitalistas simpatizan, está lejos de ser el único, ni debe ser leído exclusivamente en clave liberal-capitalista.

Sin ir más lejos, algunas de las imágenes más impresionantes que se vieron en las protestas fueron en el puente de Beijing, donde una columna de manifestantes avanzaba cantando La Internacional. La escena también se registró en la localidad de Yunnan, donde jóvenes con guitarras animaban una columna mientras entonaban el histórico himno socialista. La Internacional se había entonado ya en Tiananmen, en 1989, antes de que las fuerzas armadas  respondieran con una brutal represión.

En Beijing también hubo manifestaciones contra el «revisionismo» de la política oficial del PCCh: “siempre apoyamos al Partido Comunista, pero queremos democracia y libertad. ¿Está el PC en conflicto con la democracia y la libertad? No, queremos que el PC vuelva a ser la vanguardia de la democracia y la libertad. Abajo el revisionismo” expresó un manifestante a través de un altavoz mientras era aplaudido.

China es un país políticamente muy complejo, con prácticamente nula tradición de democracia liberal-capitalista, y al mismo tiempo con un desarrollo económico inédito que lo colocó a la vanguardia del capitalismo mundial en la década anterior, aunque ahora el crecimiento económico chino se ha ralentizado notablemente.

Al mismo tiempo, en el voraz capitalismo de Estado que encarna el PCCh, sostenido en la superexplotación obrera, y a pesar de las feroces políticas de represión y vigilancia, subsiste todavía entre jóvenes y trabajadores cierta difusa conciencia anticapitalista que abre la posibilidad a cuestionamientos por izquierda al régimen de Xi Jinping.

Todo esto no quita, por supuesto, que las feroces políticas represivas del gobierno sea bien aprovechadas por la derecha y al establishment capitalista occidental, que se embandera falsamente detrás de las banderas de la «libertad» y la «democracia», pero que encuentran gran acogida en el contexto represivo que impone el régimen del PC.

Sería demasiado apresurado y erróneo dar una definición unívoca sobre el carácter de las protestas, que a pesar de sus contradicciones encierran un potencial inmenso de cuestionamiento por la izquierda al gobierno, y como tal, la posibilidad de que la ola mundial de rebeliones atraviese a la clase obrera más grande y concentrada del planeta.

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