• Crisis política del gobierno luego de que los pacos balearan a dos menores y la subsecuente renuncia del jefe de Carabineros.

Fernando Pérez Rojas

La tarde de ayer viernes 20 de noviembre se realizó en Santiago una importante jornada de manifestación y protesta contra el gobierno de Sebastián Piñera. La concentración convocada por diversas organizaciones tenía por objetivo protestar frente a la casa de gobierno, el palacio de La Moneda, exigiendo la renuncia del presidente de la república.

A eso de las 17 hrs unas cinco mil personas se congregaron en la arteria principal de la capital, la Alameda, para marchar hacia La Moneda. Sin embargo, la política represiva del gobierno llevada a cabo por Carabineros, que consiste en la estrategia de disolver cualquier forma de manifestación democrática e impedir a toda costa que estas se realicen frente al palacio presidencial, hicieron que la jornada estuviese marcada por duros enfrentamientos.

Foto: Agencia 1

La gota que rebalsó el vaso fue el nuevo episodio de abuso policial en Talcahuano contra dos menores que se encontraban en un Hogar del Sename, quienes fueron baleados por Carabineros, y que terminó con la renuncia del general director de la institución, Mario Rozas.

A eso se suma las repercusiones que tuvo la experiencia de rebelión del pueblo peruano que logró sacar al presidente designado por el Congreso, Manuel Merino, quien -como se comentaba por distintos medios acá- por mucho menos tuvo que dejar el cargo, respecto a la mayor violación de derechos humanos desde el fin de la dictadura que ha ejercido el gobierno de Sebastián Piñera contra el pueblo chileno, que deja decenas de muertos, miles de heridos, etc.

La larga experiencia de rebelión que vive el país desde el año pasado, ha hecho sacar conclusiones. Muchos ya no se conforman con seguir protestando en la Plaza de la Dignidad, sino que apuestan a que las protestas se concentren progresivamente frente al Palacio de La Moneda.

Foto: Agencia 1

El centro de Santiago se transformó en un verdadero campo de batalla popular, con una juventud combativa que no sólo exige la renuncia de Piñera. Una de las demandas más sentidas ha sido la liberación de los presos políticos de la rebelión popular, centeneras de jóvenes que se encuentran en las cárceles del país en prisión preventiva, sin pruebas que los inculpen ni sentencias.

Claramente se vuelve necesario que la clase trabajadora y sus organismos se liguen a este movimiento social y político. La ausencia de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), dirigida por el Partido Comunista, es notoria, sus dirigentes apuestan todo a las vías institucionales, esperando las elecciones del próximo año, poniendo todas sus energías en la elección presidencial. La oposición parlamentaria, desde la ex Concertación hasta los sectores del Frente Amplio, siguen sin convocar a una sola medida de lucha, continuando solamente en maniobras parlamentarias que han dejado en la impunidad el actuar represivo del gobierno de Piñera.

Solamente a través de la organización independiente de las distintas fuerzas políticas del régimen, desbordando a la dirigencia burocrática de la CUT, y avanzando en la coordinación entre las distintas organizaciones combativas que permita una mayor politización de la vanguardia, podremos lograr cambiar este sistema opresivo que se expresa en el actual gobierno de Piñera. La rebelión sigue viva. ¡Viva el pueblo en lucha!

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