• Por rehusarse a entregar sus materiales de trabajo a Francisco le dispararon cinco tiros a quemarropa, el primer disparo fue a sus pies y el resto a su pecho. Hay movilizaciones de indignación y bronca contra el gobierno y Carabineros, una institución que muestra nuevamente su brutalidad represiva y asesina.

Luz Licht

Durante la tarde del viernes 5 de febrero en la comuna de Panguipulli (provincia de Valdivia a 800 km al sur de Santiago de Chile), Francisco Martínez, un joven artista callejero de 24 años se encontraba haciendo malabares entre las calles Martínez de Rosas y Pedro de Valdivia, en las cercanías de la comisaría de la cuidad. Francisco fue increpado por dos agentes de Carabineros que en medio del control de identidad intentó sacarle los materiales de trabajo, según relataron testigos.

Por rehusarse a entregar sus materiales de trabajo a Francisco le dispararon cinco tiros a quemarropa, el primer disparo fue a sus pies y el resto a su pecho. El alcalde (intendente) de la ciudad tras los hechos salió a defender por televisión a los asesinos de uniforme con el argumento de que se trató de un “enfrentamiento” en el marco de un “confuso episodio” y justificó “creo que Carabineros se sintió sobrepasado”.

Cómo no va a arder la bronca del pueblo ante el atropello y la violencia cotidiana de un Estado hecho a medida de los poderosos que sólo responde con represión y violencia sistemática, provocadora.

La respuesta en las calles no se hizo esperar, un llamado nacional a protestar se transformó en cacerolazos y protestas masivas en distintos puntos del país. Se levantaron barricadas que ardieron por la bronca de este cobarde crimen de Carabineros. La comisaría de Panguipulli y la municipalidad, entre otros edificios fueron incendiadas en el marco de las protestas que fueron duramente reprimidas por Carabineros.

La indignación tomó las calles de diferentes puntos del país. Es evidente la responsabilidad directa del gobierno de Sebastián Piñera que defiende a ultranza a la institución asesina de Carabineros y levanta una política de represión cotidiana contra el pueblo trabajador y la juventud desde que se levantó masivamente en octubre de 2019.

Las violaciones a los derechos humanos, la represión y persecución sistemáticas, como la que mantiene a cientos de luchadores como presos políticos tras la rebelión, hacen a una política de Estado y gobierno a la que dicen basta quienes salen a resistir y hacerle frente en las calles una vez más.

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