• La ex presidente de facto tiene sobre su cabeza una orden de detención por el golpe de estado de octubre de 2019. Cuatro de sus ministros se encuentran en la misma situación. Dos de ellos ya están detenidos.

Redacción

En Octubre de 2019, un movimiento callejero fascistoide comenzó a exigir la renuncia de Evo Morales acusándolo de fraude electoral. La vieja derecha aprovechó la situación para moer su poder institucional y tratar de arrasar con el poder del MAS. El resultado fue el gobierno de Añez, barnizado con institucionalidad, traído al mundo por las movilizaciones fascistoides de Santa Cruz con el apoyo militar y policial como partero.

La movilización de masas intentó derribar al nuevo régimen golpista, pero las masacres de Senkata y Cochabamba pusieron un freno a la manifestación de la ira popular. Sin embargo, el gobierno nació ya profundamente odiado, deslegitimado y relativamente débil.

Luego de no lograr estabilizarse durante un largo año e intentar arrasar con la influencia electoral del MAS por la vía de la fuerza, perdieron las elecciones del año pasado de manera arrasadora.

“Les digo a todos aquellos que están en sedición que van a ir a la cárcel (…) Empiecen a correr” dijo el ministro Murillo, en referencia al MAS. “Vamos a ir a la cacería”. Hoy tiene orden de detención junto a Añez y los ex ministros Negrette, Coimbra y Guzmán. Los dos últimos ya se encuentran detenidos.

Acerca del golpe de Estado, dijimos en su momento en Bolivia: Las masas de El Alto se insurreccionan contra el golpeEl gobierno de Evo Morales fue en muchos sentidos una “transacción” entre las organizaciones de masas surgidas de la lucha y el estado boliviano. Sin tocar las bases sociales del capitalismo boliviano, Evo trató de institucionalizar y domesticar esos organismos de lucha. Se trató para la clase capitalista de una concesión necesaria frente a los peligros que implicaban las movilizaciones radicalizadas que echaron a los gobiernos anteriores. El golpe de estado ahora implica la voluntad de la burguesía de acabar con esa “transacción” y volver a gobernar sin ningún condicionamiento obrero, indígena y popular.

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