• George Floyd fue asesinado tras pasar minutos en el suelo, indefenso, esposado e inmovilizado con la rodilla de un policía blanco sobre su cuello. “¡No puedo respirar! ¡No me mates!”, eran las palabras de Floyd.

Por Luz Licht

 

En ese momento, con la cámara de uno de los de testigos, y entre quienes pedían a los cuatro policías que se detengan, grababan el video que transmitió los hechos por Facebook Live y que se hizo viral en las redes sociales. El espectáculo era insoportable. La respuesta de los agentes al pedido de aflojar la presión del cuello de George fueron: “Si grita es porque puede respirar”.

Las burdas excusas policiales fueron las mismas de siempre, tras acudir al llamado ante un posible delito, se toparon con alguien alcoholizado y drogado, que opuso “resistencia a la autoridad”.  Según el comunicado policial emitido luego del crimen, «lograron esposarlo y se dieron cuenta de que parecía estar sufriendo problemas médicos» y llamaron a una ambulancia. Esta le trasladó a un hospital, «donde falleció poco después».

La repercusión, más allá de las desvinculaciones o despidos de los agentes policiales y la investigación por parte del FBI y la policial estadual, fue que se generaron enormes movilizaciones callejeras este martes. La manifestación fue para repudiar este nuevo crimen racista de las fuerzas represivas del estado yanqui. Los carteles contenían consignas como “Las vidas negras importan”, “No podemos respirar”. Miles de personas se movilizaron en Minnesota, Estados Unidos. Algunos de los manifestantes lanzaron piedras a una comisaría, producto de la indignación por el crimen de Floyd. La policía respondió con gases lacrimógenos y balas de goma.

George Floyd era un trabajador de 46 años. Se desempeñaba en la seguridad en la puerta de un restaurant de la ciudad. Su asesinato se suma a la sucesión de crímenes racistas de afroamericanos en los Estados Unidos, esos que el racismo estructural potenciado por la política de un presidente reaccionaro y xenófobo como Trump aviva y rodea de impunidad.

Tal fue, por recordar uno de los más recientes, el caso de Ahmaud Arbery. Un joven afroamericano de 25 años que fue asesinado a tiros por dos hombres, un ex policía y su hijo en febrero, en el estado de Georgia, mientras se encontraba haciendo ejercicio. Es uno de los casos que se suceden yque causó mucha indignación tras la difusión de un video de los hechos.

Durante el fin de semana, con horas de diferencia, tuvo lugar otro episodio menor, pero totalmente representativo del racismo imperante en muchas capas de la sociedad estadounidense. En este caso en la ciudad de Nueva York.

Christian Cooper, que caminaba por el Central Park, le pidió a una mujer que paseaba a su perro sin collar que le pusiera una correa, tal como establecen las reglas del lugar. La mujer se puso a gritar y Cooper comenzó a filmarla con su teléfono. Allí se muestra el momento en el que la mujer, empieza a pedirle que deje de grabar y lo amenazacon que va a llamar a la policía: “Les voy a decir que hay un hombre afroamericano lanzándome amenazas de muerte”, le advirtió.

“Estoy en el Ramble y hay un hombre afroamericano con un casco de bicicleta que me está grabando y amenazándome a mí y a mi perro”, dice la mujer por teléfono a la policía, que cuando llegó al lugar no encontró a nadie.

El video fue subido el lunes a Twitter, y en pocas horas tuvo más de 30 millones de visitas, repercutiendo en los portales de los grandes medios del país. La mujer pidió que realizó las amenazas, pidió disculpas ante la prensa y dijo: “No soy racista, no pretendía dañar a aquel hombre de ninguna manera” y que “simplemente tenía miedo”.

Las y los negros en Estados Unidos siguen condenadas/os por su color de piel. Son el foco de la violencia policial, cuyo racismo no es novedad. En el marco de la pandemia, siguen entre las comunidades más golpeadas por desempleo y la falta de recursos para hacer frente a las complicaciones. Eso se refleja en los altos índices de mortalidad, mayoritariamente por no tener recursos para acceder a la salud.

Así como se reafirman las insoportables características de un estado capitalista, imperialista y racista que continúa asesinando. Las masivas protestas y la repercusión de los videos, el repudio mayoritario que suscitan, abren el camino para la organización contra el asfixiante racismo de un estado enmarcado en sistema repodrido que va a escuchar cada vez con más fuerza, que las vidas negras importan.

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