• El 20 de noviembre de 1945, hace 75 años, comenzaban los juicios de Nüremberg. Los 13 procesos fueron realizados por un Tribunal Militar Internacional acordado entre los aliados, poniendo un freno a los procesos de justicia obrera y popular contra los nazis y representaron una escenificación del nuevo orden que se establecería posteriormente a la Segunda Guerra Mundial.

Cristian Leiva

En los procesos se juzgó a jerarcas y otros implicados en la maquinaria del nazismo. Más allá de la condena al nazismo y a sus crímenes, los juicios representaron una gran escenificación con la que los nuevos líderes mundiales que mostraban quién impondría el orden de la posguerra. La gesta heroicamente popular que fue la derrota del nazismo, de la que fueron protagonistas principales los soldados del ejército rojo de la URSS, encontraba su límite en el coto burocrático de sus líderes, que cerrarían un pacto de equilibrio del poder geopolítico que no permitiría avanzar más allá en procesos de radicalización democráticos y revolucionarios.

Lo que se conoció como los Juicios de Núremberg fueron sólo uno de los procesos que se llevaron adelante. Hubo varios más, pero los mismos fueron el más importante y simbólico. El estatuto de este Tribunal Militar Internacional introdujo la noción jurídica de “crimen contra la humanidad”. Mientras se publicaba dicho estatuto, resonaban las explosiones de las atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki lanzadas por los aviones del ejército norteamiericano.

Gustav Krupp fue el único empresario juzgado, aunque alegando su estado de salud, no participó presencialmente de los juicios. Su empresa, la Krupp AG, abasteció con armamento y maquinaria los ejércitos de hitler. Miles de empresarios y banqueros que apoyaron al nazismo quedaron completamente impunes. La alianza entre Stalin – Churchill y Roosvelt se detuvo ante los principales financistas y colaboradores del genocidio nazi, que habían sido los burgueses de toda laya y pelaje.

Los juicios representaron un intento de «cerrar por arriba» la presión democrática de las masas contra el genocidio nazi. Un acuerdo imperialista que buscó poner un tapón a la olla de presión popular que ya había comenzado con el juzgamiento de las masas ante los crímenes del nazismo. En Francia estos procesos tuvieron sus expresiones masivas, donde tribunales obreros y populares juzgaron y fusilaron a miles de jerarcas nazis, soldados y colaboradores con la ocupación. En Italia también hubo juzgamientos populares y el mismísimo Mussolini fue colgado en la plaza junto a su esposa y otros colaboradores durante la liberación de Milán, en el marco de la ejecución de otros decenas de miles de fascistas.

Estos procesos avanzaban incluso radicalizándose contra la burguesía que había sido en su mayoría colaboracionista con los nazis, no se detenía ante ninguna «obediencia debida» ni tenía miramentos con quienes apoyaron y se enriquecieron a partir del sufrimiento perpetrado por el régimen más contrarrevolucionario de la historia mundial.

Los juicios de Nüremberg representaron, así, un nuevo paso en la traición contrarrevolucionaria iniciada con los pactos de Yalta y Postdam, donde Stalin y los líderes de las potencias capitalistas cerrarían su reparto del mundo, y garantizarían la no-agresión entre el «bloque soviético» y el mundo capitalista, pacto que fue garantizado con el gesto de disolver ni mas ni menos que la III Internacional Comunista.

A 75 años de dichos eventos, sigue planteada la tarea por recomponer la historia de la lucha revolucionaria de la clase trabajadora en todo el mundo, en la perspectiva por el relanzamiento de la lucha por el socialismo de cara a esta siglo XXI que inicia.

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