¿Van Gogh para quién?

El acceso y disfrute de las expresiones artísticas queda truncado por la mercantilización capitalista y el elitismo burgués.

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El 3 de junio se inauguró la exposición “Beyond Van Gogh: The Inmersive Experience”. Esta es una instalación creada por el director Mathieu St-Arnauld y estará abierta al público durante un mes. La exhibición consiste en la combinación de 300 pinturas del famoso pintor holandés con tecnología multimedia de punta que incluye proyecciones de 360 grados y realidad virtual sobre cuatro pantallas de 8 metros de alto y 35 metros de largo.

Según la empresa productora del evento la exhibición realiza un recorrido multisensorial que permite sumergirse dentro del mundo, los pensamientos, las obras y la historia de Van Gogh en un recorrido de 90 minutos. Esta producción ya ha visitado más de 30 ciudades en Estados Unidos y múltiples países en Latinoamérica.

Hasta aquí parece ser una maravilla que mezcla el arte con la tecnología y al que todas las personas deberían tener acceso. Pero… después de la exuberante campaña de marketing vendiendo una experiencia única viene el golpe con la realidad, los precios. Los costes son realmente altos y reflejan tanto el alto costo de la vida (inflación mediante) del país como el elitismo de las exposiciones artísticas en suelo nacional que están diseñadas y enfocadas para un público limitado y específico.

Los precios son diferenciados según edad y día, son más baratos si se visita la exposición entre martes y viernes, en ese caso las personas entre 5 y 15 años tendrán que pagar ₵8.800, entre 16 y 65 años ₵17.000 y las mayores de 65 años ₵14.600, además, existen las opciones de entrada Flex por ₵29.300 y VIP por ₵35.100. Todas las opciones suben los sábados y domingos cuando el primer grupo pasaría a cancelar ₵12.300, el segundo ₵20.500 y el tercero ₵17.000, por su parte la entrada Flex subiría a ₵35.100 y la VIP a ₵40.900.

De esta forma, si se considera que una familia de cuatro personas (dos menores de 15 años y dos adultas) desea asistir un día entre semana tendría que pagar ₵51.600 y si esa misma familia lo hace el fin de semana ascendería a ₵65.600. Estos montos corresponden al 16% y 20%, respectivamente, del salario mínimo establecido para el trabajo no calificado. Son precios prohibitivos para los sectores populares.

A modo de comparación, el 22 de abril se inauguró en el Museo del Jade la exposición “Goya y Dalí: Del Capricho al Disparate” que muestra una colección que ha viajado por más de 17 países con unas 80 obras originales de los artistas españoles Francisco de Goya y Salvador Dalí. En este caso la entrada, cualquier día de la semana, es de cinco dólares (₵3.350)[i]. Es evidente que el despliegue técnico entre esta exposición y la de Van Gogh no es comparable, pero la diferencia esencial no radica es ese aspecto, sino, en el carácter mercantil de uno con respecto al otro, aunque de todos modos la entrada a museos públicos debería ser gratuita. Este fenómeno es parte de la cada vez mayor privatización del acceso al arte y de la concepción de este como una mera mercancía, cuya expresión más avanzada, actualmente, son los absurdos NFT.

En el país hay un bajo acceso a la formación artística y a la asistencia de actividades culturales. Según la última Encuesta Nacional de Cultura (2016) realizada por el INEC el 55,6% de las personas asisten a actividades de este tipo, lo cual incluye “fiestas patronales, turnos, topes; festivales, fiestas, carnavales, ferias; ferias del libro, presentaciones de libros, tertulias o narraciones”. Entre quienes no asisten el 27,3% indicó que fue por falta de tiempo y el 31,9% señaló el motivo “otros” dentro del cual se incluyen limitaciones económicas, lejanía o desconocimiento de los eventos.

Al analizar la visitación a espacios culturales el 17,8% asiste a museos, el 8,3% a casas de la cultura o centros culturales y 7,6% a galerías de arte o salas de exposición. La motivación de no visita a estos lugares sigue el mismo patrón que el punto anterior: 29,1% por falta de tiempo, 16,4% por lejanía del sitio y 21,1% por “otros” (falta de dinero, desconoce dónde están ubicados esos lugares o lo hace por internet).

Específicamente sobre la asistencia a actividades de artes visuales solo el 11,3% afirmó que acudía, de los cuales el 6,1% fue a actividades de pintura, el 6% a eventos de dibujo y el 5,8% a otros (que incluye fotografía, escultura y grabado). El patrón de no asistencia se repite: 21,1% por falta de tiempo, 17,6% porque desconoce sobre los eventos y 16,8% por otros (sitio queda lejos o falta de dinero).

Un aspecto relevante es que en todos los análisis de no asistencia de la encuesta la principal motivación es “desinterés o no le gusta”, lo que da cuentas no solo de las preferencias de cada persona, sino, también, de un Estado que no le ha tomado la importancia necesaria al fomento de las expresiones artísticas y culturales, su acceso a la mayoría de las personas o la profesionalización y remuneración de las personas trabajadoras del ramo. Muestra de eso es que solamente el 11,9% recibe algún tipo de formación artística, de los cuales el 3,2% es en baile o danza, el 2,1% en algún instrumento musical y 1,9% en cocina o repostería.

De esta forma el acceso al arte (por fuera de las expresiones folclóricas populares) esta circunscrita a una élite intelectual y/o burguesa, que se cree la única poseedora de la sensibilidad o el conocimiento para apreciarlo y, por tanto, con el derecho a apropiarse del trabajo artístico que debería ser patrimonio de toda la humanidad. Con esta muestra, una vez más, el acceso y disfrute de las expresiones artísticas queda truncado por la mercantilización capitalista y el elitismo burgués.


[i] A tipo de cambio de 670 colones por dólar.

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