• “No veo que la educación formal en el país esté teniendo un rol activo, en la solución a los problemas que aquejan a las diversas comunidades”

Artículo de UNED

Evelyn Gutiérrez Soto

“Considero que la educación siempre será de las principales herramientas para generar cambios sociales y mejorar las condiciones de vida de una población, sin embargo, no veo que la educación formal en el país esté teniendo un rol activo, en la solución a los problemas que aquejan a las diversas comunidades”, señala David Araya Díaz, estudiante de la carrera de Licenciatura en Docencia de la Escuela de Ciencias de la Educación (ECE), de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) y docente del Ministerio de Educación Pública (MEP).

Araya Díaz es vecino de Sabanilla de Montes de Oca y docente del Colegio Técnico Profesional (CTP) Mario Quirós Sasso, actividad que combina con sus estudios universitarios y su pasión por la lectura, el cine y andar en bicicleta.

Acontecer conversó con el estudiante para conocer de qué forma visualiza las celebraciones del Bicentenario de la Independencia Costarricense, vinculada a su experiencia profesional.

¿Cuál es su visión de la educación costarricense, en el contexto del Bicentenario de la Independencia Costarricense? 

Algunas temáticas que me han preocupado de la educación costarricense son la enorme desigualdad entre la educación pública y privada, la aún existente imposición a homogenizar los contenidos y formas de evaluación independientemente del contexto cultural y social, y la rígida estructura jerárquica y centralizada del Ministerio de Educación Pública.

Con la pandemia, el aislamiento y la virtualización son innegables las diferentes condiciones entre las familias que tienen la capacidad de financiar ciertos espacios educativos, garantizar mejores condiciones materiales en el espacio doméstico y acceder a tecnologías e Internet, en contraposición a quienes no tienen esas posibilidades. Esto profundiza la desigualdad de oportunidades entre diversos sectores sociales, es evidente que las infancias y adolescencias están viviendo procesos educativos sumamente diferenciados, sin que las instituciones relacionadas con el aprendizaje tengan la capacidad de incidir sustancialmente en este resquebrajamiento social que cada día se intensifica más. Todo esto quedó claramente evidenciado cuando el MEP suspendió el curso lectivo, para el caso de la educación pública sin que esto influyera a las instituciones privadas.

Precisamente si se menciona el Bicentenario de la Independencia Costarricense, considero preocupante que no se esté cuestionando integralmente las medidas añejas que tienden a homogeneizar el currículo educativo. Por ejemplo, al reformar las pruebas de bachillerato y realizar todo el esfuerzo administrativo que ha requerido la implementación de las pruebas FARO se hubiera aprovechado para eliminar la existencia de pruebas estandarizadas a nivel nacional, pero esta oportunidad se desaprovechó, con lo cual se ignoran las diferencias culturales y sociales de los diversos territorios y comunidades. Esto, en mi opinión, implica negar la diversidad de experiencias y profundizar la desigualdad de oportunidades.

Además, como el Estado de la Educación (2019) lo dejó muy claro, el estilo de gestión del MEP, obstaculiza la implementación de reformas en función del mejoramiento de la calidad educativa, debido a su innecesariamente compleja y piramidal estructura administrativa que tiende a enviar únicamente directrices de arriba hacia abajo. Es evidente cuando se está trabajando dentro del sistema educativo costarricense que los documentos publicados por las cúpulas más altas del MEP, aunque están llenos de palabras inspiradoras y supuesta innovación pedagógica, poco tienen que ver con lo que en la práctica la misma estructura burocrática exige se viva en las aulas.

Todo lo anterior se hereda a la educación superior universitaria en la cual estas desigualdades no asumidas se reafirman e intensifican. Por un lado, los cupos y becas en las universidades públicas son escasos y, por el otro lado, no existe una fiscalización y regulación real que garantice calidad educativa en las universidades privadas, no parece que haya acciones direccionadas a evitar que la educación superior sea inaccesible económicamente para la mayoría de la población. Esta situación creo que está aumentando la cantidad de personas que se endeudan para alcanzar un título universitario sin muchas posibilidades de garantizarse el tiempo que se requiere para tener un proceso educativo integral y de calidad.

Pensando en los problemas del país, ¿considera que la educación es una herramienta para enfrentarlos, en el contexto del bicentenario? 

Considero que la educación siempre será de las principales herramientas para generar cambios sociales y mejorar las condiciones de vida de una población, sin embargo, no veo que la educación formal en el país esté teniendo un rol activo, en la solución a los problemas que aquejan a las diversas comunidades. Creo que la educación que pueda enfrentar las problemáticas más difíciles que se viven en la actualidad, sería la que priorice, por decir algunos ejemplos, un conjunto de esfuerzos en pro de la investigación y la acción social universitaria, la autorrealización de la infancia y adolescencia desde sus realidades concretas y la vinculación comunitaria integral. Para esto, desde mi opinión, sería necesario, entre otras cosas, defender la autonomía frente a la agenda que los grandes capitales económicos impone en vez de diseñar la oferta educativa en función de ellos.

¿Cuáles cambios propondría para que la educación sea innovadora, inclusiva y para todos? 

Primero considero que la estructura administrativa del MEP debería descentralizarse, actualmente las Direcciones Regionales son muy pequeñas para asumir un verdadero diagnóstico, una fiscalización pedagógica propositiva y una implementación de cambios que respondan a la realidad que viva dicha regional en específico. Creo que la gestión en materia educativa debería tener una escala regional y no nacional, esto implicaría la descentralización de las formas de evaluación y de definición de currículo, para poder implementar esto se requeriría un importante proceso de capacitación y una gran voluntad política. Esto, entre otras cosas, podría posibilitar la acreditación de modelos pedagógicos alternativos pensados para responder a necesidades comunitarias particulares.

También, creo que deben valorarse y reconocerse los procesos de educación no-formal, actualmente las razones por las que las personas no continúan su formación dentro del sistema educativo formal son muy diversas, en vez de castigar socialmente esta situación se deberían promover espacios que validen las experiencias personales independientemente de que estas hayan sido o no adquiridas por medio de procesos de educación formal. Los títulos académicos no deberían ser el estándar único para medir el conocimiento y capacidades que tengan las personas. Esto además debería problematizarse para el caso de los profesionales en educación, al existir incentivos económicos directamente relacionados con la adquisición de ciertos títulos universitarios se ha promovido una oferta educativa sin la correcta fiscalización que tiende a tener mala calidad y beneficia especialmente a las empresas cuyo producto son títulos académicos.

Además, podría pensarse en un currículo con mayor porcentaje de materias optativas o espacios auto-organizados por las personas que estén interesadas en ellos, la infraestructura educativa podría servir también para procesos de educación no-formal o actividades simplemente lúdicas y sociales. Valorar los derechos laborales del personal de las instituciones educativas no debería ser excluyente a promover espacios de aprendizaje, es vital recordar y comprender que el aprendizaje se da siempre mejor bajo emociones placenteras, como el juego y la socialización.

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