Debate sobre presencialidad: la deuda histórica con las personas que estudian y trabajan

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  • La universidad debe saldar la deuda histórica que tiene con las personas estudiantes que trabajan y a quienes les es de utilidad la herramienta de la virtualidad.
  • La vuelta a las clases presenciales debe ser segura y democrática, con participación del estudiantado y el personal trabajador.

Sthefanny Zúñiga

Una de las deudas históricas que tiene la UCR es con las personas que estudian y trabajan, a quienes en muchas ocasiones se les dificulta seguir en la universidad.

Uno de los factores que incrementa está problemática es la poca variedad horaria de los cursos en la mayoría de carreras, ya que muchos sólo se ofertan en horas laborales. A esto se le suma la crisis de cupos que termina por dejar sin campo a una parte del estudiantado.

Por otra parte se encuentra el sistema de becas, las cuales no se le dan a toda la población estudiantil y, en la mayoría de los casos no alcanzan a cubrir las necesidades básicas.

Con la llegada de la pandemia y la virtualidad muchas personas que estudian y trabajan vieron en este sistema un “chance” para seguir con sus estudios, ya que tanto las modalidades sincrónica/asincrónica como el tener las clases grabadas o no tener que desplazarse les facilitan mucho más llevar los estudios.

Sin embargo, también se debe recalcar que con la virtualidad tal como está planteada hoy en día, los cursos de la universidad han perdido calidad ya que las adecuaciones hechas para los mismos fueron hechas a la carrera, sin una planificación detrás, por lo cual consideramos que resulta erróneo defender la virtualidad tal como está hoy en día. Para que esto pueda ser viable se ocupa de la participación democrática del estudiantado y el personal trabajador para determinar como se puede hacer uso de estas herramientas, tras un proceso de planificación.

Por ejemplo, la universidad debe saldar la deuda histórica que tiene con las personas estudiantes que trabajan y a quienes les es de utilidad la herramienta de la virtualidad, la cual se puede usar como un complemento a las clases presenciales (por ejemplo, que se invierta en infraestructura y equipamiento que permita grabar y transmitir las clases presenciales). O bien iniciar una planificación y especialización de una parte del personal docente para que se abran algunos grupos (cuando el curso lo permita) de forma virtual.

Todo lo anterior debe realizarse de manera democrática, con participación de las personas trabajadoras y estudiantes, no como una continuidad de las medidas de emergencia, autoritarias, unilaterales y sin planificación de las rectorías y el gobierno para tratar de “solventar” la pandemia.

Por demás, es necesario que ahora, tras el anuncio del regreso a la presencialidad para el próximo año nos organicemos para exigir información y que la vuelta a la presencialidad se realice de forma democrática y segura, con participación del estudiantado y las personas trabajadoras.

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