Las tareas del XII Congreso del Partido Comunista Ruso (Bolchevique)

Extractos del discurso pronunciado por L. Trotsky en la VII Conferencia del Partido Comunista (b) de Ucrania, celebrado del 6 al 10 de abril en Járkov.

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Traducción de Germinal. Versión al castellano desde “Les tâches du XII Congrès du Parti Communiste russe”, en Bulletin Communiste, Organe du Parti Communiste (SFIC), 4º año, nº 18, 3 de mayo de 1923. La redacción del Bulletin no informa ni sobre la fecha del discurso ni, tampoco, sobre el número de „congreso‟ ni fechas de realización. La VII Conferencia del Partido Comunista (b) de Ucrania se celebró entre los días 6 y 10 de abril de 1923, el XII Congreso se celebraría los 17-25 de abril. En función de estos hechos datamos, pues, el discurso el 10 de abril de 1923 hasta poder concretar más.

La producción nacional

Digámoslo claramente: en tanto que nuestra producción permanezca deficitaria, mientras que viva a cuenta del presupuesto y de los impuestos, pidiendo fondos de circulación solo hará que pedir lo imposible […]

He dicho camaradas que nuestra producción es deficitaria, y no dudo que nuestros enemigos imperialistas y mencheviques se agarrarán a esta declaración. Poco importa. Tenemos la costumbre de decirnos a nosotros mismos las verdades. En su conjunto, nuestra industria todavía está aquejada del déficit, aunque la industria ligera (la textil) se enorgullece de tener ya beneficios. A propósito de esto son necesarias algunas explicaciones históricas. La revolución es costosa. Desde 1917 nuestra vida económica se ha contraído. Somos mucho más pobres de lo que lo era el antiguo régimen en sus últimos años. Es una ley de la historia: cada revolución lleva al poder a una clase victoriosa que comienza su obra a un nivel económico inferior al del régimen vencido en vísperas de su caída. La guerra civil es destructora. Se podría decir que la revolución cuesta demasiado cara, y esta es la opinión de las clases contra las que se ha dirigido esa revolución. Pero el proletariado cuenta con que sus gastos se le reembolsarán centuplicados tarde o temprano.

Solamente que es necesario que no adquiramos el hábito de tener un balance deficitario. Hemos pagado la transición del comunismo [de guerra] a la Nep. Ahora tenemos que poseer una industria que rinda y para ello hay que pasar al trabajo rigurosamente sistematizado, a un fiscalidad organizada, inteligente, que mantenga sus promesas.

El partido y el estado

Vladimir Ilich ha hablado últimamente en sus artículos de nuestro estado. Reconozcámoslo: nadie tiene la valentía de hablar de nuestro estado con esas palabras, con palabras que no se repiten incluso de buen grado […] Vladimir Ilich escribe sobre nuestro mecanismo gubernamental diciendo que es demasiado parecido al del zarismo (ni más ni menos). Repintado con los colores soviéticos es siempre, dice, el mismo mecanismo burocrático. ¡He ahí un huevo de pascua ofrecido al menchevismo internacional!

¿Quiénes son los culpables? Este estado lo han formado los sóviets, los sóviets dirigidos por el partido. ¿De dónde provienen sus faltas? Como hay muchas cosas que no sabemos hacer, y como, sin embargo, hay que hacerlas, nos vemos forzados a emplear a gente con competencias, o semicompetentes, y que a menudo no tienen buena voluntad o ninguna. Hemos construido nuestro estado con jóvenes comunistas de una completa abnegación, pero igualada por su falta de experiencia, con funcionarios indiferentes, con especialistas experimentados que saben a veces, por tanto, sabotear de una forma irreprochable. ¿Podemos renunciar a su colaboración? Ciertamente no. Tenemos en cuenta el tiempo, comprendemos que es difícil reemplazar en cinco años una sociedad por otra y que las grandes tareas deben abordarse con un sistema.

El plan de Lenin, en estos momentos aceptado por la inmensa mayoría del partido, consiste en abordar sistemáticamente la transformación de nuestro estado.

¿Cómo? Con el partido que lo ha creado. El partido necesita, pues, un mecanismo apropiado para la supervisión del estado, un mecanismo que lo palpe y ausculte, y que sea a la vez moral, político y práctico. Tal debe ser la nueva Inspección Obrera, combinada con nuestra Comisión Central de Control.

El deber del partido

Nuestro partido debe exigirles cada vez más enérgicamente al estado y a todas sus administraciones que aprendan a trabajar sistemáticamente según un plan establecido, que aprendan a establecer un plan, a prever el futuro, a no marchar al azar, a formar a sus colaboradores en el marco de ese plan y a enriquecerlos con la experiencia. Con el objetivo de transformar nuestro estado, formamos en todas nuestras instituciones establecimientos de educación comunista-soviética de los que saldrán las nuevas generaciones de técnicos obreros y campesinos que sabrán encarnar los intereses del estado obrero y campesino y marchar hacia su objetivo.

La cuestión de las nacionalidades

La psicología nacional es un explosivo revolucionario en determinados casos y una fuerza explosiva contrarrevolucionaria en otros, siempre enorme. Recordemos el uso que la burguesía ha sabido hacer durante la guerra de esta dinamita. Recordemos cómo la burguesía movilizó al proletariado para la defensa de sus intereses nacionales.

La diabólica experiencia tuvo éxito contra nosotros. La burguesía ha sabido emplear el explosivo nacionalista para los fines del imperialismo. Pero ha suscitado en oriente, en las Indias, en China, vastos movimientos que se levantan ahora contra ella y que acumulan explosivos revolucionarios de un formidable poder.

En nuestra edificación soviética, las fuerzas del nacionalismo pueden dirigirse a favor o contra la revolución. Si no sabemos acercarnos al campesino ucraniano, entender su mentalidad, conocer su lengua, puede que suscitemos movimientos iguales a los de Petliura, pero más peligrosos por más profundos. El campesino ucraniano multiplicará todos sus motivos para estar descontento con el coeficiente nacional, ¡y eso sería terriblemente peligroso! Pero el campesino ucraniano quiere que el partido comunista y el poder de los sóviets lo aborden, y sabe que lo hacen así, con buena voluntad, lo comprendan y le digan: “Te damos todo lo que podemos darte, queremos ayudarte a mejorar, queremos ayudarte a acceder a todas las ventajas de la cultura y que lo hagas en tu propia lengua materna. Todas las administraciones del estado, desde correos hasta los ferrocarriles, deben hablar tu lengua, porque tú estás en tu casa, en tu estado”. El campesino entenderá.

Todavía no hemos resuelto la cuestión nacional como tampoco hemos resuelto todavía definitivamente ninguna cuestión ni económica ni cultural intelectual. Solamente hemos hecho realidad las cuestiones previas revolucionarias, las soluciones deseadas. Hemos destruido al zarismo, cárcel de nacionalidades. Ahora tenemos que hacer de la igualdad de los pueblos liberados una realidad cotidiana.

El vigor del partido

El año transcurrido ha fortalecido al partido, que se ha depurado de elementos extraños y enriquecido con elementos proletarios. El partido, en presencia de la Nep, ha bloqueado bien sus puertas. Puede ofrecer más facilidades de acceso a los trabajadores de la fábrica. La preponderancia cada vez mayor de forma manifiesta de los elementos proletarios en el partido es para él una garantía de vigor. Vemos otra más en el aumento de su influencia entre la juventud obrera.

Lenin

En cuanto a la claridad del pensamiento y la firmeza de la voluntad, nuestro partido ha atravesado este año una prueba más, una gran prueba que pesa todavía sobre todos los espíritus. Quiero hablar de la enfermedad de Vladimir Illich. A principios de marzo se agravó. El buró político se reunió a fin de informar al partido y al país. ¡Podéis figuraros vosotros mismos qué experimentamos en aquellos momentos! No solamente pensamos en Lenin, del que cada latido de su corazón nos es valioso, sino en la impresión que produciría en la clase obrera y el partido la mala noticia. Ninguno de nosotros albergaba duda alguna de que esa noticia fuera ampliamente utilizada por nuestros enemigos, pero ninguno de nosotros dudaba tampoco de que, sin embargo, era preciso decir toda la verdad.

En nuestro partido, colectividad de un medio millón de hombres, provisto de una gran experiencia, Lenin ocupa un lugar a parte. No ha existido en la historia personalidad cuya importancia haya sido tan grande para un país o para la humanidad. El hecho que ya no pueda trabajar y que su estado de salud fuera grave no podía dejar de provocarnos gran angustia política. Cierto, sabemos que no hay “…. Salvador supremo Ni dios, ni cesar, ni tribuno” pero ello solo es cierto a fin de cuentas. Si no hubiesen existido ni Marx, ni Lenin, la clase obrera igualmente hubiese concebido sus métodos, formado su pensamiento y luchado y vencido, pero con más lentitud. El hecho que haya formado a Marx y Lenin le confiere una inmensa ventaja. Ahora bien, este año Lenin no ha podido prestarnos en el trabajo más que una ayuda parcial. Últimamente nos ha dado algunos recuerdos y algunas directivas (sobre el campesinado, el estado, la cuestión nacional) que nos servirán para algunos años. Sin embargo, era preciso hacer pública la agravación de su estado de salud. ¿Cómo reaccionaría el partido, cómo reaccionarían las masas campesinas, para las que Lenin representa un valor moral que no tiene precio? En estas horas de crisis es cuando se juzga el valor moral de un partido, la fuerza de su unidad y de su disciplina en presencia incluso del elemento humano, demasiado humano […] Desde entonces Lenin ha abandonado el trabajo. El partido ha cerrado filas, descartado todo aquello que pudiese dividirlo, disminuir la claridad de su pensamiento, disminuir su combatividad.

El problema del papel del individuo en la historia, que nosotros estudiábamos antaño en la prisión y en el exilio, se plantea así prácticamente ante el soldado rojo, el obrero, el campesino. Nuestros militantes lo plantean y responden: “Por cada siglo nace un genio y la historia no conoce más que dos que se hayan puesto a la cabeza del proletariado: Marx y Lenin. El partido más poderoso, el más unánime, no puede crear un hombre de genio, pero puede esforzarse en reemplazarlo redoblando el esfuerzo colectivo”. Tal es la teoría del papel de la individualidad y del esfuerzo colectivo que nuestros comisarios políticos exponen a los soldados rojos. Es justa. En estos momentos Lenin ya no trabaja. ¡Desde el primero hasta el último: trabajemos el doble!

Somos revolucionarios de los pies a la cabeza

En nuestro XII Congreso, nuestro primer congreso sin Lenin desde la revolución de octubre, repitamos las reglas esenciales que hay que gravar en nuestra conciencia:

No nos quedemos inmóviles; recordemos el arte de los movimientos rápidos; maniobremos, pero no nos disgreguemos; establezcamos alianzas temporales o durables, pero no permitamos a nuestros aliados que se introduzcan en nuestro partido, sigamos siendo nosotros mismos, mantengámonos como la vanguardia de la revolución mundial.

Y cuando suene el toque de a rebato en occidente (y sonará infaliblemente) aunque parezca que estemos completamente absorbidos por los cálculos, balances y la Nep, responderemos al llamamiento sin demora ni dudas: “¡Somos revolucionarios de los pies a la cabeza, siempre lo hemos sido y lo seguiremos siendo hasta el final!”

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