Hermenéutica del Prefacio de la Fenomenología del Espíritu Parte III

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  • Presentación pedagógica del Prefacio a la Fenomenología del Espíritu de Hegel.

Guillermo Pessoa

Lo verdadero es, de este modo, el delirio báquico, el que ningún miembro escapa a la embriaguez, y como cada miembro, al disociarse, se disuelve inmediatamente por ello mismo, este delirio es, al mismo tiempo, la quietud translúcida y simple

Continuamos con el recorrido del Prefacio de la Fenomenología del Espíritu. Habíamos pautado tres notas pero decidimos agregar una más. En la próxima entonces, llegaremos al final del mismo y esbozaremos una especie de sinopsis / conclusión.

El apartado tercero de dicho Prefacio desarrolla un poco más extensamente (al mismo tiempo que lo contrapone el conocimiento matemático) el eje vertebrador del mismo y en cierta manera de la Fenomenología toda; que no es otra cosa que desentrañar el método del conocimiento científico, de la filosofía, y la intención manifiesta del: “elevar la filosofía a Ciencia”, como ya sabemos.

Nos “sumergimos” pues en el texto (estas comillas y este verbo adquirirán sentido hacia el final), siguiendo sus propios lineamientos:

III El conocimiento filosófico

1. Lo verdadero y lo falso

La consciencia sólo sabe y concibe lo que se halla en su experiencia, pues lo que se halla en ésta es sólo la sustancia espiritual, y cabalmente en cuanto objeto de sí mismo. En cambio, el espíritu se convierte en objeto, porque es este movimiento que consiste en devenir él mismo otro, es decir, objeto de sí mismo y superar ese ser otro

La consciencia no es otra cosa que el sujeto en su “momento” más pobre, el de la mera sensación. Recordemos que en esa verdadera odisea que constituirá la Fenomenología lo que éste sabe y aprende lo logra a través de su experiencia. Ésa es su “ciencia”. Claro está que el filósofo pedagogo lo va guiando. El final del camino, que nunca es definitivo, se produce cuando arriba al espíritu, que deviene otro que el mismo, algo que también ya señalamos. Espíritu o re – unión de sujeto y objeto que conforman la realidad, así como también la consciencia en su “momento” de arribo a la autoconsciencia había descubierto que es “un yo que es un nosotros”, en esa lucha por el reconocimiento que devendrá “reconocimiento mutuo” 1

Culminará entonces la Fenomenología y le cederá el paso a la Lógica en la cual no habrá contraposición entre ser y saber, con un riesgo (idealista) enorme que es el de observar una identidad entre ambos, en donde “todos los momentos del espíritu permanecen en la simplicidad del saber”. Sin embargo, su dialéctica tiene un valor inmenso.  Volveremos hacia el final de la nota sobre esto.

El conocimiento filosófico y la propia historia de la filosofía están penetrados por los señalamientos varios en relación a lo verdadero y lo falso.  Volvemos a citar:

Lo verdadero y lo falso figuran entre esos pensamientos determinados, que, inmóviles, se consideran como esencias propias, situadas una de cada lado, sin relación alguna entre sí, fijas y aisladas la una de la otra. Por el contrario, debe afirmarse que la verdad no es una moneda acuñada, que puede entregarse y recibirse sin más, tal y como es. No hay lo falso como no hay lo malo. Lo malo y lo falso no son, indudablemente, tan malignos como el diablo, y hasta se les llega a convertir en sujetos particulares como a éste; como lo falso y lo malo, son solamente universales, pero tienen su propia esencialidad el uno el uno con respecto al otro. Lo falso (pues aquí se trata solamente de esto) sería lo otro, lo negativo de la sustancia, que en cuanto contenido del saber es lo verdadero

Recordemos una vez más para no perder el “hilo”, que estamos ante un texto que plantea un método y una exégesis del mismo; precisamente por eso “va y viene” sobre el particular, como en un rizo. La importancia de ello es que estamos en 1807 y el “beneficio de inventario” sobre la filosofía en general y la alemana en particular (Kant pero no sólo él) es un verdadero “sacudón”, que se propone despertar de la “siesta kantiana” como dirá Hegel, quien sabía ser caustico cuando se lo proponía. La razón hegeliana incorpora lo que se presenta como falso y que en verdad, al no tomar el “todo”, se torna unilateral y por ende carente de verdad al escindirlo “del otro” y no percibir “lo negativo de la sustancia”. El Prefacio se refiere al entendimiento (“pensamientos inmóviles, etc”), que si bien conforma una instancia necesaria del método, el momento del análisis, requiere de su integración a la totalidad para aprehender su devenir y poseer una visión más lograda del todo social o natural.

Hegel, lector de Spinoza, conoce lo advertido por el holandés, aquello de que “toda determinación es negación”; en efecto, determinarse, ponerse límites es diferenciarse:  “lo negativo de la sustancia” (que debe ser entendida también como sujeto, ver nuestra parte II). En el fondo lo que Hegel discute acá y “planta como bandera” es que el hombre puede conocerlo todo, no hay límites para ello  y por eso abjura del muro tapiado que levantaba Kant en cuanto a poder conocer el fenómeno pero no así el nóumeno o “cosa en sí”, lo que culminará en un agnosticismo visceral. Pero para ello se requiere del método pues de lo contrario no avanzaremos más allá de aquella “representación caótica del todo” como dirá Marx. Continúa el Prefacio:

El dogmatismo, como modo de pensar en el saber y en el estudio de la filosofía, no es otra cosa que el creer que lo verdadero consiste en una proposición que es un resultado fijo o que es sabida de un modo inmediato. A preguntas tales como cuándo nació Julio César, cuántas toesas tiene un estadio, etc, hay que dar una respuesta neta, del mismo modo que es una verdad determinada el que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los otros dos lados del triángulo rectángulo. Pero la naturaleza de esta llamada verdad difiere de la naturaleza de las verdades filosóficas

Acá Hegel es más que claro, contrariando aquello (que no es enteramente falso !) de que posee una prosa oscura. Furibunda crítica al dogmatismo. En sus determinados niveles, la verdad es siempre concreta  ¿Cuándo se arrojó la bomba atómica? Dicho interrogante requiere de una “respuesta neta”, en cambio las “verdades filosóficas”, universales, necesitan cierta elaboración, no se conocen por un mero acto reflejo y además… devienen, tienen su propia negación en su interior. Como el propio autor de la Fenomenología dirá en otro texto: “la razón deviene sin razón”. Un buen aserto para definir el capitalismo: el progreso convertido en regresión. Nada más alejado del craso positivismo (no por casualidad el Marx “maduro” dirá que la “carroña positivista” refieriéndose a Comte, es un pigmeo comparada con Hegel) que estas afirmaciones del autor de la Filosofía del Derecho.

2. El conocimiento histórico y el matemático

Cuando mencionaba el Prefacio al cuadrado de la hipotenusa como ejemplo de “verdad determinada o respuesta neta” estaba polemizando también no con las matemáticas en sí, sino con aquellos filósofos que sirviéndose de ésta intentaban develar el todo social y trasladaban mecánicamente sus categorías. Descartes, Hobbes y Kant (no hay Kant sin Newton, podemos leer en cualquier manual de filosofía) son buenos exponentes de ello. El problema es poner al conocimiento matemático como el eje vertebrador y el punto más alto. Leemos:

La evidencia de este defectuoso conocimiento de que tanto se enorgullece la matemática y del que se jacta también en contra de la filosofía, se basa exclusivamente en la pobreza de su fin y en el carácter defectuoso de su materia, siendo por tanto de un tipo que la filosofía debe desdeñar. Su fin o concepto es la magnitud. 3 Es precisamente la relación inesencial, aconceptual. Aquí, el movimiento del saber opera en la superficie, no afecta a la cosa misma, no afecta a la esencia o al concepto y no es, por ello mismo, un concebir. La materia acerca de la cual ofrece la matemática un tesoro grato de verdades es el espacio y lo uno. El espacio es el ser allí en lo que el concepto inscribe sus diferencias como en un elemento vacío y muerto y en el que dichas diferencias son, por tanto, igualmente inmóviles e inertes.

En la matemática la demostración no es interior al objeto, sino exterior. La racionalidad viene dada desde afuera. Es lo opuesto a la verdad filosófica, que opera con el automovimiento del sujeto y por ende con el tiempo. Ella no puede penetrar en ese “elemento”. La matemática apunta a lo “abstracto, a lo irreal”, es el verstand o entendimiento. Se sirve de determinaciones fijas que carecen de un contenido que sólo lo aportará el sujeto con sus acciones, por eso se las denominará “ciencias formales”.

Algo que no está explícitamente señalado en Hegel pero que sí anticipará Marx y confirmará la epistemología del siglo XX, es  aquello que recalcaba Piaget: “el conocimiento nunca procede de la sensación sola, sino de aquello que la acción añade a ese dato (…) La acción a partir de la cual se genera el conocimiento es de dos tipos, lo que explica la división de las ciencias, previa a toda otra, entre formales y fácticas, de la acción sobre objetos como levantar un cuerpo, dejarlo caer, etc, se elaboran por medio de la abstracción los conocimientos físicos, reales, que dan origen las ciencias fácticas tanto naturales como sociales” (Psicología y epistemología) . Si se pudiese explicar las matemáticas o la lógica prescindiendo de la práctica, quedaría demostrado que ésta no es el origen único del conocimiento. Retornemos a Hegel:

La matemática sólo considera la magnitud, la diferencia no esencial. El principio de la magnitud, de la diferencia conceptual, y el principio de la igualdad, de la unidad abstracta e inerte, no pueden ocuparse de aquella pura inquietud de la vida y de la absoluta indiferenciación. Por tanto, esta negatividad sólo como paralizada, a saber: como lo uno, se convierte en la segunda materia de este conocimiento, el cual, como algo puramente externo, rebaja lo que se mueve a sí mismo a materia, para poder tener en ella un contenido indiferente, externo y carente de vida.

Detengámonos en lo último: “carente de vida”. La matemática como “contenido indiferente”, al igual que la lógica formal aristotélica, aportan muchísimo al conocimiento científico en general, pero no lo agotan (breve digresión: Hegel y en especial Marx, eran grandes conocedores de ella) pero la filosofía, el conocimiento histórico y las ciencias “fácticas o materiales” se hallan empapadas de “la vida” y por eso, mal que le pese a Weber, no pueden postularse como un conocimiento avalorativo y aséptico. El sujeto que conoce y el “objeto” a conocer es el mismo (sin perder de vista las especificidades de las diversas ciencias que la conforman).

3. El conocimiento conceptual

El concepto es la “forma” más alta y acabada de la Lógica. Es la coronación (idealista) de la filosofía especulativa que reúne (con el riesgo de identificarlos) sujeto y objeto, ser y saber. La misma incorpora en otro nivel la lógica formal, el entendimiento. Pero sólo el primero expresa acabadamente al conocimiento científico. Citamos por última vez:

El entendimiento formal (…) en vez de penetrar en el contenido inmanente de la cosa pasa siempre por alto el todo y se halla por encima del ser allí singular del que habla, es decir, ni siquiera ni siquiera llega a verla. El conocimiento científico, en cambio, exige entregarse a la vida del objeto o, lo que es lo mismo, fuera de contenido, tener ante sí y expresar la necesidad interna de él. Al sumergirse así en su objeto, este conocimiento se olvida de aquella visión general que no es más que la reflexión de saber en sí mismo, fuera de contenido. Pero sumergido en la materia y en su movimiento, dicho conocimiento retorna a sí mismo, aunque no antes de que el cumplimiento o el contenido, replegándose en sí mismo para convertirse en un lado de su ser allí y trascienda a su verdad superior. Así pues, la inteligibilidad es un devenir y es, en cuanto este devenir, la racionalidad. Esta naturaleza del método científico, consistente de una parte en no hallarse separada del contenido y, de otra, en determinar su ritmo por sí misma encuentra su verdadera exposición, como ya hemos dicho, en la filosofía especulativa

Utilizamos al comienzo de la nota la expresión “sumergirnos” pues teníamos esta cita como cierre. Hegel que muchas veces se dispersa y hasta parece contradecirse en algunos momentos, en este párrafo pareciera alejarse del “misticismo lógico” que Marx le achacará correctamente décadas más tarde. Aquí nos dice que al adentrarnos (sumergirnos) en el objeto, reconoceremos su devenir, su automovimiento. No se trata de un a priori ideado por el sujeto, sino de aprehender la lógica propia  del objeto. En donde cada miembro, cada momento del mismo (ver nuestro acápite) se halla “embriagado de un delirio báquico” que no nos debe impedir su comprensión sino por el contrario, hallarle su lógica y alumbrar así (otra metáfora !) “la quietud translúcida y simple”. Reposo que nunca es definitivo, claro está, pero que siempre será necesario fijar momentáneamente pues de lo contrario, todo conocimiento se tornaría imposible.

La realidad no es confusa ni irracional como creían los románticos, ni se capta en forma inmediata como en un mero acto reflejo en un empirismo vulgar. Requiere de la elaboración y el esfuerzo de esta nueva (en relación a Kant y no sólo a él) racionalidad. “Para quienes miran al mundo racionalmente, éste es racional” dirá Hegel en una de sus lecciones.

Nos acercamos así al final del Prefacio, que como un broche también a la Fenomenología toda, nos dejará “a las puertas” de la lógica, en donde hallaremos un verdadero  big bang de categorías y determinaciones en perpetuo traspasarse.En la próxima y última nota culminaremos este periplo y ensayaremos una especie de conclusión.


NOTAS:

1: En ese sentido es muy sugerente el libro de Gunn, Richard: Lo que usted siempre quiso saber sobre Hegel y no se atrevió a pregunta en donde “liga” este concepto al de libertad, contraponiéndola a la “libertad negativa” de cuño liberal.  Herramienta 2014

2: Desde ya que la dialéctica hegeliana tenía sus términos invertidos, por eso era idealista. Sin embargo, las “leyes” que la caracterizan, sus criterios generales, son una conquista universal del pensamiento humano en el terreno de lógica del movimiento del todo; lógica dialéctica, lógica riquísima, lógica de la contradicción y la dinámica, que el marxismo hizo suya bajo sus propios parámetros materialistas. R. Sáenz: “El retorno de un viejo debate: Louis Althusser, el filósofo del stalinismo tardío” Negritas en el original. Izquierda Web, Abril 2021

3: Nos permitimos para ser didácticos “igualar” magnitud con cantidad. Señala W. Stace, citado por Astarita (“Método diálectico”): “A diferencia de la cualidad, la cantidad en principio aparece como indiferente a la cualidad. Así, por ejemplo, podemos aumentar o disminuir la cantidad de oxígeno, sin afectar su cualidad de oxígeno. Por eso la cantidad se nos aparece como una determinación externa e indiferente con relación al ser de una cosa, esto es, a su cualidad. Mientras la cualidad es autodeterminación, esto es, tiene su determinación en sí misma, la cantidad es externa a la cualidad. Esta situación va a cambiar en la medida.”

4: Son especialmente recomendables el capítulo 1 de la Ciencia de la Lógica (ser nada devenir) y aquel de “Las esencialidades o determinaciones de la reflexión” en donde se hallan categorías como las de identidad, diferencia, oposición y contradicción. Como sugería Engels, conviene comenzar con la denominada “Pequeña Lógica” que se halla en la Enciclopedia. Para un pequeño acercamiento a dicha problemática, ver nuestro: A 200 años de la Enciclopedia de las ciencias filosóficas de Hegel, Portal Izquierda Web, 2018.

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