Contra el realismo socialista (stalinista)

Apuntes sobre la relación entre sociedad, arte y marxismo.

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El marxismo no desarrolló a pleno (no pudo, en verdad por preferencia hacia otros aspectos de la realidad) una estética, tarea que algunos intelectuales del siglo XX como Adorno y otros,sí llevaron a cabo. Pese a eso, las notas y artículos dispersos de Marx y Engels como los de la camada de Trotsky, Rosa o el primer Lukács nos permiten intentar un acercamiento a la misma y una contraposición al denominado realismo socialista instaurado por el stalinismo.

Las discusiones sobre el realismo constituyen uno de los capítulos más largos y controvertidos dentro de la historia de la crítica marxista. En particular, cabe recordar que la consolidación del modelo del llamado “realismo socialista” en los países de la órbita soviética contribuyó a que se identificara a la estética marxista con un concepto de realismo inmoderadamente restrictivo, el cual supone que la literatura debería degradarse al nivel de mera herramienta para el adoctrinamiento y la agitación política de las masas. [1]

 

Si para el desarrollo de las fuerzas productivas materiales la revolución está obligada a erigir un sistema socialista de plan centralizado, para la creación intelectual debe instaurar y garantizar desde el comienzo mismo un régimen anarquista de libertad individual. ¡Ninguna autoridad, ninguna coacción, ni la más mínima huella de mando!Manifiesto arte independiente.

Breton, Rivera Trotsky

Arte y sociedad

Esta nota inaugural ensaya un acercamiento a un tema que nos parece no menor, si bien no el más relevante, cómo es el de la producción artística en general y el contexto social, asimismo también la visión que Marx y los marxistas tuvieron en relación a ese aspecto, y en particular sobre el denominado “realismo socialista”. El artículo entonces intentará tanto hacer un breve estado de la cuestión, por eso cierto empleo de citas a modo de fichaje y presentar una posición sobre dichos temas, que cree ser fiel a las posiciones marxianas.

Para empezar si se quiere, un punto metodológico: recordemos que la dialéctica huye de todo reduccionismo y unilateralismo (que con cierta licencia los podríamos definir como sinónimos),pues considera que la realidad no es más que una totalidad compuesta de relaciones, en donde ésta se mueve, producto de interacciones entre sus partes o componentes. La metáfora edilicia utilizada por Marx, de estructura y superestructura, útil como tal, no constituye una explicación del complejo proceso entre aquellas, es sólo eso: una metáfora[2].

El materialismo vulgar, criticado tanto por el joven y el viejo Marx, como por Lenin, no ve interacción alguna y entonces uno de los polos de la totalidad se halla totalmente pasivo y determinado por el o los otros. Eso invalida la dialéctica. ¿Cómo negar la relación existente entre estructura social y creación artística y la conciencia por ejemplo? No sólo sería de no marxistas hacerlo, sino denecios de toda sociología del arte. Un diccionario británico para nada marxista, en una de sus entradas definía a Shakespeare como: “expresión clara del período isabelino y del Renacimiento europeo”. Correctísimo. ¿Pero el autor de Hamlet es solamente eso? Dostoievski escribía en uno de sus prólogos: Individuos como el escritor de estas memorias no sólo pueden, sino que por fuerza tienen que existir en nuestra sociedad, si consideramos las circunstancias bajo las cuales esta sociedad nuestra se ha ido configurando. O sea, existe un lazo, un condicionamiento inevitable e indiscutible entre contexto social y económico y creación artística. No falta profesar el materialismo histórico para comprobarlo.

Para expresar mejor esa compleja relación, aparece un término (es cierto, a veces se ha abusado de él) que es el de autonomía,y refiere ala que existe entre dichos ámbitos y permite que, en dicha interacción, exista un desajuste, un desacople entre ambos y esto incluso en el terreno teóricopolítico; el propio marxismo, y no sólo él, son fieles ejemplos de ello. Con más precisión dicho:

La ventaja “adorniana” – si se me permite bautizarla así, aludiendo a la noción de momento autónomo de la obra de arte – es evidente: el pequeño detalle, al mismo tiempo que lo supone representativo de la totalidad, no puede ser plenamente absorbido por ella. El efecto es un desajuste, una máquina que no funciona del todo armoniosamente, cuyos engranajes chirrían, apuntando a las pequeñas – y tantas veces caóticas -contradicciones y desarmonías inevitables de un proceso[3].

Y en el terreno propio de la literatura, la escritura tiene un rol esencial, como comprobamos al leer cualquier intento de poesía de un principiante y lo comparamos con un verso de Whitman o Pizarnik. “No escribe quien quiere, sino quien puede”. O como decía irónicamente Lukács, precisamente polemizando contra cierto materialismo vulgar: Kafka es un pequeño burgués, sí, pero no todo pequeño burgués es Kafka. La vieja y nunca entendida del todo, tensión entre el universal y el particular.

Terminemos este primer apartado con una vuelta de tuerca sobre la literatura y la ficción. A tragar saliva cuando veamos el nombre del autor de la cita, pero pensamos que lo que allí afirma, además de sugerente, es real:

Este entredicho con la realidad, que es la secreta razón de ser de la literatura – de la vocación literaria -, determina que ésta nos ofrezca un testimonio único sobre una época dada… La ficción es una mentira que encubre una profunda verdad; ella es la vida que no fue, la que los hombres y mujeres de una época dada quisieron tener y no tuvieron y por eso debieron inventarla …Sin embargo el juego de la literatura no es inocuo. Producto de una insatisfacción íntima contra la vida tal como es, la ficción es también fuente de malestar y de insatisfacción. Esa intranquilidad frente al mundo real que la buena literatura alienta, puede, en circunstancias determinadas, traducirse también en una actitud de rebeldía, frente a la autoridad, las instituciones o las creencias establecidas[4].

Realismo, naturalismo y realismo socialista

El análisis aquí va a estar centrado fundamentalmente en una expresión artística: la literatura. Con el riesgo que toda “etiqueta” conlleva, hay cierto consenso que el Quijote inaugura la “novela moderna” a comienzos del siglo XVII. Aún no circulaba el adjetivo realista, pero la fuerza del surgimiento de la burguesía, su mirada distinta sobre la naturaleza (“más realista”), convierten a aquella, y ése era el principal objetivo de Cervantes, en unamagnífica expresión epocal (que además sea una obra brillante, con valores transhistóricos y universales es otra cosa): presentar a un hombre, loco él, que vive con la fantasía que le propinan los libros y desconoce la “realidad”. Otro tanto valdrá para una novela casi fundacional del realismo literario del siglo XIX: Madame Bovary. La lista es extensa.

En estos apuntes desde ya incompletos, podríamos decir que la forma más exacerbada del realismo es el naturalismo. Sthendal lo predicaba (no siempre lo cumplía) y Zola lo lleva quizás a su máxima expresión: consulta archivos policiales y catastros enteros para que la creación de sus personajes sea como una fotografía perfecta de la realidad. Por supuesto que los valores burgueses (no olvidemos, siempre progresivos en relación a los nobiliarios), se dejan ver claramente. El estallido de la Primera Guerra Mundial y el período de entreguerras, llevan a otro tipo de creaciones y el propio “paradigma” de escritura necesita un revulsivo. El surgimiento del psicoanálisis, nuevas formas pictóricas y musicales plantean esa especie de iconoclasia. Kafka, Joyce, Proust o Faulkner, serían inentendibles sin parte de todo aquello.

El estallido de la revolución rusa y sus comienzos, incluso bajo una guerra civil que duró más de dos años, provocan un bigbang artístico, hijo de una absoluta libertad para la creación.Surgen vanguardias estéticas junto a nuevas críticas literarias.  Formalismo, Constructivismo, Nuevo frente de izquierda de las artes, el intento de aplicar el taylorismo al teatro, terminar con la separación entre arte y producción, en donde los actores controlarían todos los recursos expresivos de su cuerpo, etc. Pero también existe el proyecto (reduccionista) de crear una “cultura proletaria” que partiría de cero, haciendo tabla rasa con todo el pasado artístico de la humanidad: el llamadoProletkult o «Asociación de cultura proletaria”. Lenin y fundamentalmente Trotsky y Lunacharski, combatieron esta posición, si bien sus cultores, podían expresarla y defenderla. La contrarevolución stalinista y su correlato, el realismo socialista, barre con todo lo valioso de ese período y podríamos decir que es una exacerbación aberrante del Proletkult.

Lunacharski, primer comisario para la Instrucción Pública del régimen soviético, al ver sesgos de estos vicios,ya advertía en 1927:

Las cosas han venido desarrollándose entre nosotros en tal forma que el drama o la comedia de corte realista revolucionario han adquirido excesiva supremacía en el repertorio de nuestra escena. Y es evidente que dichas producciones no deben formar sino una parte del repertorio general. Querer construir solamente el teatro sobre ese género implica un burdo error. Hay que rebasar el simplismo con que suele juzgarse a los autores dramáticos: ¿qué es lo que nos traes?, ¿un drama revolucionario? Ya sabíamos que eras un buen ciudadano. Y al que no lo haga así convertirlo en blanco de acusaciones e insidias. Hay que acabar con semejante estrechez dogmática, que siempre consideramos inadmisible en cuestiones de arte. Está muy bien que el gallo se expansione al clarear el alba y salude la salida del sol. Pero no se va a pedir al ruiseñor que ajuste sus cánticos a los del gallo, por mucho que nos reconforte la briosa y enérgica manera de ser del anunciador del nuevo día[5].

El triunfo ruso ante Hitler en la Segunda Guerra Mundial hace que esta postura adquiera ribetes institucionales, algo iniciado en los treinta, consumada la contrarevolución política y social. Veamos algunas de esas directivas, formulada por el coronel Zhdanov, padre intelectual de la criatura: La fuerza de la literatura soviética, la literatura más progresista del mundo, estriba en el hecho de que no tiene, que no puede tener, interés de ninguna índole excepto el interés del pueblo, especialmente de la juventud, contestar sus preguntas, inspirar valor a la gente, fe en la causa, y determinación para superar todos los obstáculos. En lugar de ello, el contenido de esas publicaciones (se refiere a escritos de artistas de Leningrado, GP) manifestó su espíritu de desilusión y pesimismo, que en modo alguno es característico del pueblo soviético, sino que por el contrario revela la influencia de las producciones más decadentes de la cultura burguesa de Occidente.  La Unión de Escritores que éste presidía sacó de circulación las obras e instó a que escriban sobre las bondades del régimen socialista (stalinista) en su contenido y nacional por su forma (sic). (Citado por Vedda)

Estamos ya en pleno realismo socialista. Las críticas, sean en el plano artístico, científico o periodístico (ni que hablar partidario, además los soviets son desde hace años una cáscara vacía), están severamente prohibidas y tildadas de “decadentismo y nocivo pesimismo burgués”. Un crítico contemporáneo a los hechos, señala con agudeza:

El problema que plantea el realismo socialista es un falso problema, ya que no hay más que dos formas del arte: el bueno y el malo. El arte bueno es siempre una síntesis dialéctica de lo real y de lo irreal, de la razón y de la imaginación. Al ignorar esta contradicción, al querer forzarla en favor de una sola de las antinomias, el realismo socialista deja de ser dialéctico y vuelve a una especie de idealismo. Trata de imponer un objetivo intelectual y doctrinario al arte. Por otra parte, el propósito de llegar a las masas y realizar propaganda tiene un resultado previsible: apenas se logra el arte del afiche, y de afiche en el peor sentido del naturalismo.

Herbert Read.

Cerremos el círculo y veamos cómo este arte regimentado y burdo (de hecho, casi ninguna obra perdura hasta la actualidad), se inserta en la totalidad del nuevo Estado burocrático surgido. Escribíamos en un prefacio a “Literatura y Revolución y otros artículos”, de Trotsky:

Los artistas del realismo socialista son artistas cortesanosy saben que su misión es justificar una sociedad opresiva, nacida de la derrota de la revolución, y hacerla pasar por lo que no es: una sociedad donde los trabajadores gobiernan. El realismo socialista busca maquillar esto continuamente. De ahí su insistencia en los temas “obreros”. El realismo socialista constituyó de esa manera, la corriente artística más servil y apologética de la sociedad en que se desarrolló que registre la historia del arte. La cultura proletaria cumplió la función de amordazar a los proletarios reales, al mismo tiempo que se reconstruían las condiciones de explotación del trabajo[6].

Arte y marxismo: una cuestión dialéctica

Como señalamos al comienzo, el tratamiento de la relación arte/estructura social está poco desarrollado en el cuerpo teórico marxiano. Si bien Marx “tenía una formación clásica sólida” (Silva) y una inclinación fuerte hacia la poesía (siendo, paradójicamente un mal poeta, cuando lo intentó ser en su juventud), sus curiosidades e investigaciones giraron fundamentalmente hacia otros aspectos del todo social. Podríamos enumerar sumariamente: en “La Sagrada Familia” hay una crítica sí a la novela “Los misterios de París” de Eugene Sue, un fragmento de los Grundrisse habla del encanto que aún nos produce el arte griego, en varias de sus cartas (una a Lasalle en donde le sugiere: Ya que escribes en verso, podrías hacer los yambos un poco más hermosos, como recuerda el escritor Abelardo Castillo), asimismo es fácil constatar la plasticidad que adquieren ciertas expresiones artísticas y formas de conciencia (no como mero reflejo) en todas sus obras históricas, la utilización de citas de sus autores preferidos como Goethe, Shakespeare, Dante, Homero, y en definitiva, el no tener tiempo para dedicarle a esa expresión autónoma de la vida como es el arte un desarrollo más exhaustivo (se hizo lugarsin embargo, para estudiar español y leer el Quijote de primera mano); todo lo antedicho, conforma parte de ese planteamiento estético disperso a lo largo de su producción. Creemos, da en la tecla Marcuse cuando afirma:

En aras de sus virtudes universales, transhistóricas, el arte apela a una conciencia que es no solo la de una determinada clase sino más bien la de los seres humanos como “especie”, desarrollando el conjunto de sus facultades vitales. El Prólogo de Marx a Grundrisse, cuando habla del arte griego y por qué nos sigue emocionando, se vincula a lo que Ernst Bloch llamó el excedente cultural de la literatura y el arteH. Marcuse, (en Vedda M, ob.cit).

A riesgo de caer en un anacronismo, pensamos que Marx y Engels, hubieran despotricado contra el realismo socialista y hubieran sido acusados de pensadores burgueses, claro que el stalinismo no se atrevió a tanto: bastaba con ocultar sus obras o “corregirlas” en sus prólogos y advertencias, como a Lenin. Volvemos a un autor ya citado que estudió a fondo el tema y valida esta hipótesis:

La disconformidad de Marx frente a las tentativas de subordinar la literatura a fines prácticos (y, en particular agitatorios), como asimismo su predilección por los autores más significativos dentro de la literatura mundial, antes que por las figuras epigonales de la literatura alemana contemporánea, ejercieron sin duda influencia sobre Engels, y lo obligaron a revisar – por ejemplo – incondicional devoción por Borne  (…) Es claro que Marx y Engels jamás sostuvieron una concepción semejante (a la del realismo socialista GP). Más aún: se hubiesen opuesto a ella drásticamente, en la medida en que, por ejemplo, suponía una supeditación de la literatura bajo la idea tanto o más salvaje que la perpetrada por Sue o Lasalle. En particular, Marx ha sido siempre adverso a la llamada “literatura de tendencia”; es decir: frente a aquellas obras destinadas a demostrar, propagar o ilustrar una idea social o política determinada. La convicción marxiana de que los valores de una obra literaria han de ser juzgados siempre por sus valores intrínsecos antes que en función de su real eficacia propagandística.

Claro está que las revoluciones y el alza de los conflictos entre las clases, renuevan el arte y sus expresiones y el escritor puede en su obra “reflejar” esos nuevos tiempos, con mayor o menor calidad y belleza. Allí está su impronta personal. Y ésta oficiar de estímulo a los esfuerzos y tareas revolucionarias.Dialéctica pura: hasta se puede revolucionar la escritura sin ser socialista e incluso con una ideología reaccionaria, allí están Pound y el mencionado Joyce, comoalgunos botones de muestra. También el artista puede continuar con su trabajo literario o pictórico, ya sea con una trama ambientada en el siglo XIV o pintando girasoles, sin necesariamente “mostrar” temas de la lucha de clases; pero que a la vez y demostrando sensibilidad social y deseo de cambio, ante la irrupción de las masas trabajadoras en la calle, marche junto a ellas, acompañando y postulando la transformación socialista. Ejemplos también existen.

Eso sí, un arte completamente nuevo (no como mera negación sino como superación de los legados que lo precedieron) sólo podrá alumbrar con una sociedad en donde exista realmente la autoemancipación humana.Sirvan pues estos apuntes para seguir estudiando y trabajando la relación arte/sociedad, pero con la convicción que el realismo socialista (stalinista) no tiene absolutamente nada que ver con el marxismo, fundamentalmente por aquello que señalaba el Manifiesto que nos sirve de acápite:(para la creación intelectual) ¡Ninguna autoridad, ninguna coacción, ni la más mínima huella de mando!

 


[1] Vedda Miguel: Introducción a escritos sobre literatura de Marx y Engels. Colihue. 2003

[2]  Es muy rico y sugerente lo expresado al respecto por Ludovico Silva: El estilo literario de Marx, Siglo XXI, trabajo que conocimos gracias al aporte del compañero Sáenz.

[3] Gruner Eduardo: Prólogo a 1917 de N. Kohan. Godot, 2017

[4] Vargas Llosa M: Cartas a un joven novelista. Alfaguara, 2011

[5] Lunacharski A: citado en Mariátegui, José C: Aventura y revolución mundial. FCE, 2022

[6] Cruz Bernal Isidoro: Prólogo a Literatura y revolución de Trotsky. Antídoto, 2005

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