Carta a los miembros del Comité Central y de la Comisión Central de Control del Partido Comunista Ruso (b)

La polémica de 1923 en el Partido Comunista Ruso y el surgimiento de la Oposición de Izquierda.

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Versión castellana desde Cahiers Léon Trotsky, número 54, diciembre de 1994, páginas 67-89. Traducción de Germinal.

La respuesta de los miembros del Politburó a mi carta es tal que se podría decir que sus autores consideran excluidas la posibilidad y necesidad de cambiar seriamente la política actual del partido y la política económica, y que rechazan totalmente la idea de la creación de las condiciones normales para un trabajo colectivo sano en las instituciones dirigentes del partido. Y esto es muy inquietante.

El régimen en el partido

1.- Ante todo, el documento reduce toda la cuestión de la crisis del partido a una acusación formal de creación de una plataforma, de fraccionalismo, etc. Sin embargo, tal acusación es evidentemente un abusivo uso de las resoluciones del X Congreso sobre la existencia de fracciones; es decir, de agrupamientos organizados, de gente que piensa la misma cosa, en el interior del partido, lo que presenta un extremo peligro, eso completamente indiscutible.

Pero más allá de esto está llamar fracción a cualquier tentativa de un miembro aislado del partido, o de un grupo de miembros del partido, para llamar la atención del CC sobre una irregularidad o un error político. No hay nada más peligroso que la decisión burocrática, llevada hasta el absurdo, de prohibir la creación, en el interior del partido, de organizaciones fraccionales.

Efectivamente, el régimen de ausencia de fracciones en el partido puede no ser violado solamente en el caso que el partido, desde abajo hasta arriba, se mantenga como un colectivo activo e independiente en el que la elaboración de la opinión del partido no tropiece con compartimentos artificiales, superfluos, en el que las instituciones dirigentes no lleven a cabo por sí mismas la política de la selección fraccional latente, escuchen con la mayor atención la voz de la crítica en el seno del partido sin intentar liquidar todo pensamiento independiente con una acusación de fraccionalismo.

2.- En la reunión del Politburó del 11 de diciembre, el camarada Dzherzhinsky le reprochó al Comité de Moscu el hecho que los miembros de base de la organización moscovita consideren que es imposible ofrecer su opinión en el marco de la organización del partido y que lo hagan a sus espaldas. El camarada Zelensky[1], secretario del gubkom de Moscú respondió a esto textualmente: “Dice usted que no hay vida en las células, que todo el mundo se calla. Pero ¿no ha pasado lo mismo en la conferencia del partido sobre los acontecimientos de Alemania? ¿No se callaba también allí todo el mundo?

El camarada Bujarin[2], en su intervención contra la propuesta de obligar, mediante una nueva resolución del Politburó, a los miembros del partido a denunciar cualquier agrupamiento en el partido, dijo lo siguiente: “Esta propuesta sólo causará mal. Se comprenderá como un exceso de espíritu policial, ya muy extendido sin ella. Nos es absolutamente necesario dar un golpe de timón, cambiar el sentido de la democracia en el partido”.

El camarada Molotov[3] declaró que él no tenía ninguna objeción. Y cuando le pregunté contra qué no tenía ninguna objeción el camarada Molotov, éste me respondió que no tenía ninguna objeción contras las verdaderas primeras formuladas por el camarada Bujarin, es decir contra la necesidad de un brusco golpe de timón en el sentido de la democracia en el partido.

Todas las frases citadas más arriba son literales pues, teniendo en cuenta la importancia excepcional de la cuestión, yo anoté en aquel momento las formulaciones más importantes. Nadie planteó ninguna objeción a la afirmación que es necesario ir más lejos, no agravando las amenazas, la represión, la presión o, como lo dice el camarada Bujarin, reforzando el espíritu policial, sino dando un brusco golpe de timón en el sentido de la democracia en el partido.

Sin embargo, en la carta de los miembros del Politburó ya no hay ninguna alusión a la cuestión así planteada. El régimen en el partido parece normal. La carta habla en detalle del trabajo de educación del partido, de la formación de movimientos de trabajadores, etc.

Sin ninguna duda, el aparato del partido ha crecido demasiado, incluyendo su aparato de formación. Sin ninguna duda, los estudios se han desarrollado mucho, lo que sin dudas es una inmensa conquista. Pero este hecho no excluye ni desmiente de ninguna manera la disminución extraordinaria en la actividad política y crítica del partido, el debilitamiento de su vida interna en tanto que partido y el crecimiento paralelo de medidas de organización puramente mecánicas para garantizar la línea de las instituciones dirigentes del partido.

3.- La mención que he hecho de los procedimientos malsanos empleados en la época de la preparación del XII Congreso, con el objetivo de oponer a una parte de los dirigentes al resto (sin fundamentos ideológicos suficientes o al menos claramente expresados), engendró en los autores de la respuesta una acusación igualmente formal y totalmente carente de fundamentos según la cual yo habría denigrado la legitimidad de la composición del XII Congreso. No he hecho ninguna alusión a ello en mi carta. Plantear la cuestión formal de la competencia o de la autoridad del XII Congreso está, como mínimo, fuera de lugar pero es justo y completamente adecuado para plantear la cuestión de la necesidad de garantizar en el partido un régimen que le permita formular cada día su opinión sobre las cuestiones más importantes y poder definir lo mejor posible su voluntad a través de sus congresos.

4.- La “respuesta” de los miembros del Politburó me imputa la exigencia de no sé qué democracia absoluta “desarrollada”, y me pregunta si no exijo la abolición de todas las resoluciones del partido que limitan la aplicación de los métodos de la democracia “desarrollada”. En efecto, mi carta dice que, de los discursos a favor de la democracia obrera, numerosos de ellos me parecieron, en su momento, exagerados y demagógicos, teniendo en cuenta la incompatibilidad de una democracia obrera total, desarrollada hasta el final, con un régimen de “dictadura”. Así, todas las discusiones de la “respuesta” al respecto parecen un completo malentendido. Yo no me habría decidido ni incluso a exigir un brusco golpe de timón en el sentido de “la democracia obrera”, como lo hizo el camarada Bujarin el 11 de octubre, en la reunión del Politburó sin que ello plantease la menor objeción. Es suficiente con que ese golpe de timón sea sincero y se haga con buena fe, incluso si no es brusco sino prudente en consonancia con toda la coyuntura. Pero solamente haría falta que ese golpe de timón se produjese: las limitaciones instituidas por el partido deben conservarse en tanto que la experiencia no ha demostrado que sean falsas. Pero, dentro de esos límites, el partido debe vivir una vida completa de organización dirigente y gobernante y no mantener silencio. A eso se reduce toda la cuestión.

5.- Es indiscutible que la miasnikovchina[4] no es un fenómeno que date de ayer (como dice la “respuesta”). Pero quien dio la alarma, una alarma completamente legítima, a propósito del crecimiento de la miasnikovchina, de la multiplicación de células ilegales en el partido, de la participación de miembros del partido en huelgas, de la “pasividad” frente a esos fenómenos en numerosos miembros del partido que entraban en esas células ilegales, quien dio la alarma fue, precisamente, el Politburó.

Tal es el sentido de las conclusiones de la comisión del camarada Dzherzhinsky. Este es el fondo de la cuestión. El peligro de esta situación no era, parecía ser, un misterio para nadie. Justamente a partir de ahí el camarada Dzherzhinsky exigía la renovación del Comité de Moscú, demasiado burocrático. Por ello, justamente, el camarada Bujarin exigía un brusco golpe de timón en el sentido de la democracia en el partido y el camarada Molotov reconocía que se trataba de “verdades primeras”. Ahora parece ser que todo eso ya no existe. Todo el asunto se reduce a un Miasnikov excluido y… al camarada Ryazanov. Esta reevaluación de las conclusiones de ayer, desconcertante y sin fundamentos, presenta en sí misma un gran peligro y hace correr el peligro de perpetuar una exacerbación de las contradicciones acumuladas en el partido.

La tentativa de implicar a Lenin en mis divergencias

La carta de los miembros del Politburó trata de introducir el nombre de Lenin en las cuestiones en litigio, presentando el asunto como la continuación de la política de Lenin por una de las partes y, por la otra parte, la lucha contra esta política. Más de una vez se han hecho tentativas para presentar así las divergencias bajo una forma más prudente y velada en la época de la preparación del XII Congreso y, sobretodo, tras su celebración.

Precisamente porque esas tentativas tenían la forma de alusiones y se hacían con palabras encubierta, era imposible reaccionar contra ellas. Pero, precisamente porque se contaba con mi silencio se hacían las alusiones. La “respuesta” actual de los miembros del Politburó que trata de formular más concretamente las alusiones revela por ello mismo, como lo vemos ahora, su total inconsistencia, y al mismo tiempo da la posibilidad de refutarlas clara y precisamente. Voy a examinar las cuestiones en litigio punto por punto haciendo citas exactas y refiriéndome a documentos fácilmente verificables.

1.- Una de las cuestiones en litigio, central en el dominio de la economía, era y sigue siendo la cuestión del papel de la dirección del plan, es decir de la unión sistemática de los elementos fundamentales de la economía estatal en el proceso de su adaptación al mercado que se desarrolla. Yo pensaba, y pienso, que una de las principales razones de nuestras crisis económicas, de su particular agudeza y de su devastador efecto, es la ausencia de una regulación correcta y uniforme de la economía por arriba. Es completamente exacto que, en la cuestión de la organización de la dirección del plan, mantuve divergencias con el camarada Lenin. La autoridad del camarada Lenin no tenía para mi menos importancia que para cualquier otro miembro del CC. Pero yo consideraba, y considero, que el partido escoge a los miembros del CC para que defiendan en él lo que consideren justo en cada caso determinado. ¿Cómo fue resuelto el problema por el camarada Lenin? El 2 de junio de este año, el Politburó recibió de N. Krupskaya una nota especial del camarada Lenin sobre “la atribución de funciones legislativas al Gosplan”, dictada el 17 de diciembre de 1922. En ese documento, el camarada Lenin escribe:

“Esta idea fue sugerida hace mucho tiempo, parece, por el camarada Trotski. Yo me pronuncié contra ella en ese momento, porque opinaba que entonces se produciría una discordancia fundamental en el sistema de nuestras instituciones legislativas. Pero luego de un examen más atento compruebo que en esencia hay una idea sana, a saber: el GOSPLAN se mantiene un tanto apartado de nuestras instituciones legislativas, a pesar de que, como conjunto de personas versadas, con experiencia, de expertos, de representantes de la ciencia y de la técnica, está en realidad en mejores condiciones para juzgar con acierto las cosas. […]

En este aspecto pienso que se puede y se debe acceder a los deseos del camarada Trotski, pero no en el sentido de que específicamente sea presidente del GOSPLAN cualquiera de nuestros líderes políticos o el presidente del Consejo Superior de Economía Nacional, etc.”[5]

Y en conclusión el camarada Lenin se opone a que el Gosplan examine las misiones particulares pero es favorable a que el Gosplan pueda “resolver sistemáticamente el conjunto de los problemas de su competencia, etc.”. Como se ve, la cuestión está planteada aquí de forma bastante clara y exhaustiva.

La cuestión de la fusión de la función de presidente del Sovnarjoze[6] con la de presidente del Gosplan es una cuestión técnica subalterna. Ahora la resolución del CC ha ligado la función de vicepresidente del Consejo de Trabajo y Defensa (STO) con la de presidente del Sovnarjoze, lo que va mucho más lejos que mis propuestas en ese dominio. He escrito más de una vez, o dicho en el CC, que combinaciones de ese género parecen, por supuesto, factibles y que el fondo del problema no está ahí. Está en la necesidad de crear un Estado Mayor económico que tenga competencias y autoridad y al que no se le escape ninguna cuestión económica. Mientras Lenin dirigió el trabajo económico, era él mismo en gran parte su propio estado mayor y la cuestión del Gosplan no podía tener la decisiva importancia que ha revestido después, tras que él cayese enfermo. Cuando Lenin juzga la dirección de la economía tal como se ha formado después que él se haya alejado del trabajo, el camarada Lenin declara que en mi posición había una idea sana. El hecho que Lenin esté alejado del trabajo dirigente desde hace mucho tiempo no puede compensarse, hasta cierto punto, más que mediante la organización correcta de la dirección de la economía. Sin embargo, en ese dominio no hemos dado un paso adelante sino uno atrás. Los problemas económicos se resuelven ahora, más que nunca, de una manera desordenada y apresurada y no según un plan sistemático.

2.- Otra cuestión económica sobre la que existen desacuerdos (en los que tomó parte el camarada Lenin un poco antes del XII Congreso) tiene que ver con el monopolio del comercio exterior, es decir con la cuestión que el XII Congreso (sin que se produjese objeción proveniente de ninguna parte) consideró como una de las bases de la dictadura socialista en las condiciones de cerco capitalista. Intercambié con el camarada Lenin una correspondencia bastante abundante. No cito aquí más que una sola carta del camarada Lenin del 13 de diciembre de 1922. Aclara bien su forma de plantear la cuestión.

“Camarada Trotsky,

He recibido su opinión sobre la carta de Krestinsky[7] y los planes de Avanesov[8]. Me parece que usted y yo estamos plenamente de acuerdo y pienso que la cuestión del Gosplan, tal como está planteada, excluye (o retrasa) cualquier debate para saber si el Gosplan debe tener derecho a tomar disposiciones administrativas. Como ya hemos visto, hace dos semanas como más tarde, el 27 de diciembre, el camarada Stalin reconoció que era necesario acordar también al Gosplan el derecho a tomar disposiciones administrativas en una escala más grande de lo que yo proponía.

En cualquier caso, le ruego insistentemente que defienda en el Plenario próximo nuestro punto de vista común sobre la necesidad absoluta de conservar y reforzar el monopolio del comercio exterior.

Como el Plenario precedente ha tomado al respecto una decisión que va completamente en contra del monopolio del comercio exterior y como es una cuestión sobre la que no hay que ceder, pienso, como dije en mi carta a Frumkin[9] y  Stomoniakov[10], que si somos vencidos en esta cuestión tendremos que llevarla ante el congreso del partido. Para ello será necesaria una breve exposición de nuestras divergencias ante la fracción del partido del próximo congreso de los soviets. Si tengo tiempo redactaré una, y estaría muy contento si usted hace lo mismo. Las dudas sobre esta cuestión nos causan un inaudito perjuicio y los argumentos en contra se resumen enteramente a acusaciones concernientes a la imperfección del aparato. Pero nuestro aparato se distingue por sus imperfecciones en todos los dominios y renunciar al monopolio a causa de la imperfección del aparato significaría tirar al niño con el agua de la bañera.” 13 de diciembre de 1922

Así, en lo tocante a una de las cuestiones más importantes de nuestra política económica, el camarada Lenin exigía que, en el caso en que el Plenario no anulase su decisión manifiestamente errónea, yo interviniese abiertamente exponiendo las divergencias ante la fracción del congreso de los soviets. Ello muestra bastante claramente dos cosas; en primer lugar cuánta importancia le concedía el camarada Lenin al error del Plenario y, en segundo lugar, teniendo en cuenta que él comprendía bastante bien, se puede pensar con seguridad, la importancia de la disciplina formal, en este caso ponía el contenido por encima de la forma.

3.- El desacuerdo más importante del último año en el que tomó parte el camarada Lenin tenía que ver con la cuestión nacional. Aquí, de nuevo, todos los hechos y documentos están ahí. La importancia que le daba el camarada Lenin a la cuestión nacional y a los errores cometidos en esta cuestión es bastante evidente ante la lectura de su carta (del 30 de diciembre de 1922) que comienza con estas palabras: “Creo que soy culpable, con respecto a los obreros de Rusia, por no haber intervenido con suficiente energía y decisión…12 Habiéndose enterado, sin que yo lo supiese, de qué punto de vista defendí yo en la cuestión nacional en el Plenario del CC, el camarada Lenin me envió la pequeña nota siguiente:

“Rigurosamente secreto Personal

Querido camarada Trotski:

Mucho le rogaré que asuma la defensa de la cuestión georgiana en el CC del partido. La cosa se halla ahora bajo la “inquisición” de Stalin y de Dzherzhinski, y no puedo fiarme de su imparcialidad. Todo lo contrario. Si usted aceptara asumir la defensa, podré estar tranquilo. Si por cualquier motivo no aceptara, devuélvame todo el legajo. Consideraré esto como un rechazo.

Con los mejores saludos comunistas. Lenin

Dictado por teléfono el 5 de marzo de 1923”

Cuando le propuse al camarada Lenin, a través de su secretaria (el camarada Lenin estaba ya gravemente enfermo y las entrevistas personales le estaban prohibidas) mostrar su carta y artículo del 30 de diciembre, que él me había enviado en secreto, a los miembros del Politburó a fin de obtener una media vuelta en la cuestión nacional de una forma menos dolorosa, el camarada Lenin me lo prohibió formalmente con los mismos argumentos que los que yo ya había utilizado una vez en la sesión del Presidium del XII Congreso. “En ningún caso [me comunicó Vladimir Ilich a través de su secretaria]. Él [se trataba del camarada Kámenev que partía hacia Georgia] se lo contará todo a Stalin y Stalin aceptará un compromiso podrido y nos engañará”.

Me es imposible no señalar aquí que la carta del camarada Lenin en la que hablaba al “consejo de antiguos” del XII Congreso como de alguna cosa que era evidente y que debía ser publicada (puede ser que solamente eliminando, como lo proponían otros, los pasajes personales muy violentos) se mantiene sin publicar a día de hoy.

4.- Una de las cuestiones centrales del XII Congreso fue la cuestión planteada por el camarada Lenin de la reorganización de la Inspección Obrera y Campesina (rabkrin) y de la CCC. Es remarcable que esta cuestión haya sido presentada más de una vez y aún es más remarcable que lo haya sido como motivo de desacuerdo entre mí y el camarada Lenin cuando esta cuestión, como la cuestión nacional, le da a las cosas una claridad radicalmente opuesta a la de algunos en el Politburó.

Es perfectamente exacto que mi juicio era muy negativo sobre la vieja rabkrin. Sin embargo, el camarada Lenin, en su artículo “Mejor poco, pero mejor” lanzó sobre la rabkirn un juicio tan mortífero que yo no hubiese podido formular otro semejante: “El Comisariato del Pueblo de la Inspección Obrera y Campesina no goza en la actualidad de la menor autoridad. Todos saben que no hay instituciones peor organizadas que las de nuestra Inspección Obrera y Campesina, y que en las condiciones actuales nada podemos esperar de este comisariato del pueblo”. Si se hace memoria sobre quién ha dirigido durante mucho tiempo la rabkrin no es difícil comprender contra quién está dirigido este juicio, igual que el artículo sobre la cuestión nacional.

Sin embargo, ¿qué actitud mantenía el Politburó frente al proyecto de reorganización de la rabkrin propuesta por Lenin? Bujarin no se decidía a imprimir este artículo del camarada Lenin que éste insistía, por su parte, en que apareciese inmediatamente. Krupskaya me habló de este artículo por teléfono y me rogó que interviniese para que fuese impreso lo más rápidamente posible.

En el Politburó que yo había hecho convocar sin tardanza, todos los presentes, los camaradas Stalin, Molotov, Kuibyshev, Rykov, Kalinin, Bujarin, no solamente es que se pronunciaron contra el plan del camarada Lenin sino también incluso contra la impresión de su artículo. Los miembros del Secretariado emitieron objeciones particularmente violentas y categóricas. Ocurriendo que Lenin insistía en que se le mostrase el artículo impreso, el camarada Kuibyshev, futuro comisario del pueblo en la rabkrin, propuso en dicha sesión del Politburó que se imprimiese un solo ejemplar de un número especial de la Pravda con el artículo del camarada Lenin para tranquilizarlo ocultando al mismo tiempo este artículo al partido.

Probé que la reforma radical propuesta por Lenin era progresista en sí misma con la condición, por supuesto, de hacerse bien, pero que, incluso si se oponían, sería ridículo y absurdo proteger al partido contra las propuestas del camarada Lenin. Se me respondió con argumentos todos ellos formalistas: “Nosotros, el Comité Central, tenemos la responsabilidad, nosotros decidimos”. Únicamente el camarada Kámenev, que acaba de llegar con casi media hora de retraso a la reunión del Politburó, me apoyó. El principal argumento a favor de la impresión de la carta era que, no importa cómo, no se podría ocultar al partido esta carta del camarada Lenin. En consecuencia, esta carta había devenido, en las manos de quienes no querían publicarla, una bandera particular que trataban de revolver contra mí. Se puso a la cabeza de la CCC al camarada Kuibyshev, exmiembro del Secretariado. En lugar de la lucha contra el plan, preconizada por Lenin, se adoptó la vía de la “neutralización” de ese plan. Al hacer esto, la CCC da prueba de la imparcialidad e independencia de una institución del partido que debe defender y consolidar la base de derecho del partido y de la unidad contra todos sus excesos administrativos. No examinará aquí esta cuestión pues estimo que ya está suficientemente clara.

5.- Tales son los últimos episodios más instructivos de mi “lucha” contra la política del camarada Lenin. No es sorprendente que la “respuesta” de los miembros del Politburó, pasando por encima de los hechos demasiado claros y demasiado indiscutibles del último año, juzgue necesario citar la propuesta del camarada Lenin, que se remonta al año 1921 (¡!), de enviarme a Ucrania como delegado del comisariado del pueblo de avituallamiento.

El hecho está enunciado de forma inexacta y comentada de forma tendenciosa. El camarada Lenin temía, en el otoño de 1921, que los ucranianos no diesen pruebas de suficiente energía en la recolecta del impuesto sobre los víveres (y en esa época esta cuestión era muy importante) y proponía enviarme (no en nombre del comisariado en cuestión sino del CC) para que yo ejerciese la presión necesaria. Viajes de esta clase he hecho más de uno en cuatro años: no solamente a los frentes sino también al Donbas, a los Urales (en dos ocasiones) y a Petrogrado. Esos viajes no tenían nada que ver con los desacuerdos en el seno del Politburó sino que estaban motivados por asuntos urgentes. Como en la visita anterior a Ucrania había sacado la impresión que los camaradas ucranianos hacían lo necesario, juzgue entonces mi viaje inútil. El desacuerdo tenía un carácter puramente práctico. La propuesta del camarada Lenin fue aceptada.

Entonces, para evitar relaciones enturbiadas, propuse que se me nombrase temporalmente (se trataba de cuatro o seis semanas) comisario de avituallamiento de Ucrania. Esto se aceptó (sin que se me liberase de mis otras obligaciones). Pero al día siguiente el mismo camarada Lenin, que había recibido de Jarkov informaciones más tranquilizadoras, vino a verme al comisariado militar y me propuso anular la decisión del día anterior, medida que acogí con ganas pues daba esta decisión por inútil.

Tal fue este episodio de décimo orden que no tiene ninguna relación con las cuestiones que agitan actualmente al partido. Que se cite este pequeño episodio olvidado prueba muy bien que no existen hechos mejores ni más convincentes para alimentar y sostener la leyenda de mí pretendida línea antileninista. Ni la hubo ni la puede haber. Pues esta malintencionada leyenda, aunque cuidadosamente mantenida, sigue siendo una leyenda.

La “subestimación” del papel del campesinado

Una de las “acusaciones” fantásticas que se han formulado más de una vez con palabras encubiertas o a mis espaldas, y que ahora se hace abiertamente, es la de la subestimación que habría hecho yo del papel del campesinado en nuestra revolución. Entre los autores de la carta, no existe la más mínima sombra de un esfuerzo para probar esta afirmación, y no pueden existir pruebas de este género. Estaría fuera de lugar analizar aquí los desacuerdos concernientes a las fuerzas internas de la revolución en el período de 1905 a 1914. Desde aquellos tiempos hemos aprendido demasiado todos como para extraer juicios propiamente formales sobre el período actual a partir de los desacuerdos de entonces. Yo he vuelto a editar, hace mucho tiempo, mis trabajos fundamentales en ese dominio (Resultados y perspectivas, Nuestros desacuerdos). Lo que era erróneo en mi punto de vista de entonces lo he reconocido y mostrado desde hace mucho tiempo en palabras y actos. Pero en cualquier caso, mis antiguas concepciones no solamente no me han impedido sino que incluso me han ayudado a aceptar las Tesis de Abril (1917) del camarada Lenin, de las que se desviaron tanta gente que se pretendía “leninista” y, lo que es aún más importante, no me impidieron atravesar junto al camarada Lenin el período anterior a Octubre y la Revolución de Octubre. Si es difícil analizar las fuerzas y evaluar las clases, lo es mucho más durante un período de grandes cambios. He aquí por qué no creo necesario volver al período anterior a Octubre.

¿Cómo se ha expresado mi “subestimación” del campesinado después de Octubre? Durante los tres primeros años de la revolución estuve casi exclusivamente ocupado en formar regimientos de campesinos con la ayuda de los obreros de vanguardia. Este trabajo ya era más que suficiente para hacer comprender a cualquiera el papel del campesino y las relaciones entre las clases fundamentales de nuestra revolución. Mi experiencia militar me permite estar muy atento a todo lo que incumbe al campesinado. Como prueba (si tan necesaria es) citaré algunos hechos más o menos importantes pero todos ellos convincentes de cara a la cuestión determinada

  1. Tras la muerte de I. M. Sverdlov19, cuando Lenin propuso nombrar como presidente del VTsIK (el Comité Central Ejecutivo Panruso) al camarada Kámenev20, tomé posición a favor que se nombrase para dicho puesto a una persona que estuviera ligada al campesinado. Cuando el camarada Lenin y, tras él, el Politburó adoptaron este punto de vista, planteé la candidatura del camarada Kalinin21.
  2. En marzo de 1919, en una nota dirigida al CC, defendí la necesidad de una aplicación más profunda de nuestra política orientada al campesino medio, me alcé contra la negligencia del partido en esta cuestión. En un informe que me había inspirado directamente una discusión en la organización, de Sergileyev, escribí: “La situación política provisional (puede, por otra parte, que de larga duración) se corresponde con una realidad socioeconómica mucho más Pues si la revolución proletaria triunfa en Occidente nos hará falta apoyarnos en una amplia medida en el campesinado medio e integrarlo en la economía socialista para construir el socialismo.”
  3. Influenciado por el estado de ánimo del ejército y por la experiencia de mi viaje de inspección económica en los Urales, escribí al CC en febrero de 1920: “la política actual de requisa igual de los productos alimenticios, de la responsabilidad colectiva, para la entrega de esos productos y del reparto igual de los productos de la industria, provoca la decadencia progresiva de la agricultura, la dispersión del proletariado industrial y amenaza con desorganizar completamente la vida económica del país”.

Como medida práctica fundamental, proponía reemplazar la requisa de los excedentes por un impuesto proporcional a la cantidad de la producción, una especie de impuesto progresivo sobre el ingreso y establecido de tal forma que no obstante fuese ventajoso aumentar las superficies sembradas o cultivarlas mejor.

Se puede, por supuesto, considerar que esta propuesta era prematura en 1920, pero no se puede interpretar como una falta de atención cara al papel e importancia del campesinado.

  1. Lo esencial de los debates que se desarrollaban en el CC en vísperas del congreso sobre la cuestión de la “alianza” (smychka)22 radicaba, lo que demostré de pleno acuerdo con el sentido del discurso fundamental del camarada Lenin en XI Congreso, en que la alianza de un principio ha devenido ahora una cuestión de relación de los precios (las tijeras) y que la clave de esta alianza no radica en fórmulas de propaganda ni en diversiones políticas, sino en la bajada del precio de venta de la producción del estado gracias a su buena organización. Incluso si esta idea fuese falsa, no contendría ninguna “subestimación” del papel del campesinado. Pero se ha demostrado completamente justa. Ahora tropezamos con el problema de los precios.

En el XII Congreso, el camarada Kámenev afirmó que era yo quien había tenido la iniciativa de plantear la cuestión de la compra de trigo a su justo precio y de su exportación (el hecho puede probarse fácilmente con documentos).

Así, rechazo las afirmaciones gratuitas, manifiestamente inventadas, concernientes a mi pretendida línea incorrecta en la cuestión del campesinado como una leyenda artificialmente creada para justificar la creación de compartimentos en el interior del partido.

El partido y el estado

Otra elucubración, completamente carente de fundamento, es la afirmación según la cual yo trataría de debilitar la dependencia del aparato del estado frente al partido. En efecto, todos mis esfuerzos se han dirigido, y se dirigen todavía, a garantizar una dirección colectiva efectiva del partido en todas las cuestiones fundamentales, y no una simple intervención de tiempo en tiempo y caso a caso. Para no afirmarlo sin pruebas de apoyo cito aquí un extracto (uno entre tantos otros) de mi carta a los miembros del CC del 22 de marzo del año en curso:

“1.- Nuestro aparato de estado es socialmente variado, revolucionariamente inestable y totalmente sometido a influencias que nos son hostiles. Ello constituye un gran peligro bajo las condiciones de la Nep.

2.- El aparato de estado ha tomado su forma actual durante estos cinco últimos años a pesar del hecho que todo el período precedente estaba lleno de esfuerzos de las organizaciones del partido, grupos, células, para dirigir directamente durante los mismos cinco últimos años el trabajo del estado. La razón de ello radica en los métodos y procedimientos principalmente artesanales y episódicos con los que el partido ha ejercido su influencia sobre el aparato de Estado. Es necesario un giro radical en esta relación. Debe comenzar con el trabajo del CC y de su Politburó.

3.- El Politburó debe estudiar a fondo, con los departamentos, las cuestiones fundamentales de su trabajo en lo que tocante al plan, es decir al programa de su actividad durante una larga duración, y constituir, en relación con ello, un núcleo fundamental de trabajadores.

4.- El Politburó debe someter a examen periódicamente los informes departamentales en vistas a obtener una ejecución efectiva del plan.

5.- El Politburó debe obtener, mediante una presión y un control permanentes, la instauración en todos los departamentos de métodos sistemáticos de reagrupamiento y educación de los trabajadores. El Politburó debe renunciar a examinar los innumerables conflictos en los departamentos, o entre ellos, o los recursos financieros, y dejar ese trabajo a los organismos soviéticos.

6.- El Politburó y el Orgburó (Secretariado de Organización) deben renunciar al sistema actualmente en vigor que reemplaza la dirección y reparto de las funciones en el seno del partido por la gesticulación de un secretario.”

No puedo añadir nada ahora a este extracto de mi carta, rechazando de forma bastante convincente la absurda leyenda de la que he hablado.

Tras el XII Congreso, el Politburó quería, por lo que parecía, tratar de adentrarse en la vía que yo había propuesto y dio una orden particular sobre los métodos de trabajo del Politburó. Este decreto, sin embargo, jamás ha sido aplicado. El caótico orden en las decisiones concernientes a los asuntos se identifica, como antes, con la dictadura del partido. El deseo de introducir, en los métodos y formas de la dictadura del partido, un plan y un sistema no tiene otro efecto que resquebrajar las bases de la misma dictadura.

De la dirección del Plan

Ya hemos visto más arriba cómo el camarada Lenin se enfrentó a la cuestión de la dirección de la economía por el plan, en su nota sobre el Gosplan. Los autores de la carta repiten más de una vez que los rápidos éxitos son impensables en el dominio de la economía, que es inútil apresurarse, ponerse nerviosos, etc. Todas esas consideraciones, sin embargo, están desprovistas de contenido ante el hecho que hemos entrado en una crisis aguda, una de cuyas causas es la descoordinación de los elementos esenciales de nuestra economía, ante todo de las finanzas, por una parte, y, por la otra, de la industria y el comercio. Si es cierto que son imposibles rápidos éxitos en el dominio de la economía entonces también es absolutamente cierto que rápidos fracasos, crisis, bloqueos, catástrofes parciales, son completamente posibles en ausencia de prudencia y dirección planificada.

Ya he citado en mi carta la reciente declaración de los camaradas Rykov y Piatakov que decía: “Determinadas decisiones del Politburó llaman nuestra atención sobre el hecho que, en la situación creada, nos es extremadamente difícil dirigir la industria de estado”. El hecho que Rykov haya firmado la “respuesta” de los miembros del Politburó no debilita sino que refuerza, por el contrario, el valor de su firma debajo de las palabras que acabo de citar. Miembro del CC, el camarada Piatakov, que bajo misión del Politburó trabajó primero en el Gosplan y después a la cabeza del VSNKh, firmó la carta que llama la atención sobre la ausencia de dirección planificada de la economía, como una de las causas más importantes de nuestras crisis y dificultades.

Los representantes de los sindicatos más importantes firmaron, el 1 de octubre, una nota cuya principal conclusión proclama: “Debe existir una coordinación del trabajo de los diversos organismos de estado que crean las condiciones principales del trabajo de la industria que tienen una enorme influencia, a menudo preponderante, en el precio de sus productos y que, al mismo tiempo, tienen cada una de ellas, por su parte, su política autónoma y su “autofinanciación” sin tener en cuenta la cifra de negocios del país”.

Uno de los dirigentes más importantes de la industria, el camarada Bogdanov, escribe en una nota del 14 de octubre: “Los fenómenos que tienen lugar actualmente, cuando el programa de reducción del crédito instituido por la Banca del Estado era completamente desconocido por la industria, son inadmisibles y no llevan más que al pánico y a la desorganización del mercado.

Se podrían multiplicar hasta el infinito el número de estos testimonios perfectamente indiscutibles. Todo ello siete meses después del XII Congreso. El principal mal es la ausencia de cualquier dirección planificada, ausencia que conduce ineluctablemente a la improvisación y a decisiones arbitrarias. Sin embargo, frente a este hecho totalmente indiscutible, la “respuesta” de los miembros del Politburó declara que los discursos sobre “la regulación flexible del plan” no tienen contenido real, sólo son “frases” y no merecen más que la “burla” (¡!).

Debo constatar aquí que los autores de la carta han expulsado de su memoria las resoluciones del XII Congreso. En ellas se dice textualmente: “El principio del plan, en cuanto a su extensión, se distingue poco bajo la Nep del principio del plan bajo el comunismo de guerra. Pero se distingue de éste radicalmente por los métodos de dirección centralizada, reemplazados por la libertad de maniobra de la economía”.

Asimismo, al mostrar la necesidad de una regulación flexible del plan, yo no hago otra cosa más que repetir el texto de la resolución del congreso del partido. Las resoluciones del congreso del partido no deben ser “burlas” sino ejecutadas.

Es necesario [prosigue la misma resolución del congreso] darle al Gosplan una posición mejor definida, una organización estable, derechos más claros y completamente indiscutibles, pero sobre todo deberes. Se debe decretar como principio inquebrantable que ninguna cuestión económica de interés nacional puede ser tratada en los organismos superiores de la República al margen del Gosplan. ¿Se ha hecho? En lo más mínimo.

Y, por fin: hay que luchar, por medio del Gosplan [dice el congreso] contra la creación de toda suerte de comisiones temporales y ocasionales que analizan, dirigen, verifican, preparan y causan el más gran perjuicio a nuestro trabajo de estado. Es preciso garantizar un trabajo correcto a través de organismos permanentes y normales. Sólo así se pueden mejorar esos organismos y desarrollar en ellos la necesaria flexibilidad (concordándolos en todas las cosas con la tarea que les es confiada sobre la base de la experiencia permanente)”.

Esta última cita de la resolución del XII Congreso es particularmente clara y convincente a la luz de los últimos hechos y, sobretodo, de la creación de una serie de comisiones especiales sobre los salarios, precios, etc. “La lucha por la bajada de los precios ya ha comenzado”, dice la carta de los miembros del Politburó, como si se tratase de un problema independiente tomado aisladamente. El preciso es la derivada de todo nuestro trabajo económico, incluyendo la regulación flexible del plan. El mismo hecho de formar una comisión particular para la bajada de los precios denota el mal funcionamiento de los organismos existentes normalmente y aparece, según el juicio del XII Congreso, “como el mal más grande de nuestro trabajo de estado”.

Sea como sea, es necesario ejecutar la resolución del XII Congreso en lo que concierne al Gosplan. Hay que transformarlo en el Estado Mayor dirigente de la economía. Hay que garantizar los derechos del Gosplan de acuerdo con las propuestas del camarada Lenin que ya he citado más arriba.

Cuestiones de política exterior

1.- La “respuesta” da una imagen completamente inexacta del desarrollo de las conversaciones diplomáticas durante el ultimátum de Curzon. Aquí, del autor de la carta ha contado, evidentemente, con su memoria y ninguno de los firmantes ha buscado información en los documentos. Me sería preciso anegar mi carta con demasiadas informaciones y citas para corregir las afirmaciones manifiestamente falsas reunidas en algunas líneas en la “respuesta”. Estoy dispuesto a hacerlo sin importarme dónde ni cuándo en caso de necesidad. Me limitará ahora a recordar que, de las cuatro notas que tienen un lazo con el ultimátum, la primera fue escrita por mí y el camarada Litvinov, la tercera por el camarada Chicherin y la cuarta por mí.

2.- La política con Polonia no exige, a decir verdad, ningún comentario actualmente. El cambio de política, en el que yo había insistido hace un mes, se ha producido en grandes líneas. Las relaciones con Polonia están planteadas no como cuestiones formales de tercer o décimo orden sino como conversaciones concretas sobre el tránsito y la no injerencia militar. Es esta la única forma correcta, realista y práctica, de plantear la cuestión, aunque sea incluso para llegar a resultados determinados, puede que substanciales y prácticos y colocarnos al mismo tiempo en una posición clara frente a las masas populares de nuestro país. Durante determinado período la cuestión está, así, agotada.

No veo por qué el Politburó coge de pasada la defensa del camarada Chicheirn contra mis pretendidos ataques “inapropiados”. He criticado determinas propuestas suyas, como he criticado la política de la mayoría del Politburó en la medida en que las he visto incorrectas. No hay ningún ataque “inapropiado”.

Sobre la revolución alemana

La imagen que se da de las disensiones sobre la revolución alemana es falsa e incompleta. Considero que esas discusiones han sido literalmente suprimidas por las resoluciones tomadas, después de una encarnizada y muy seria lucha, y por las decisiones prácticas que se adoptaron después. La lucha se desarrolló sobre tres puntos: 1) la importancia y la fijación de los plazos; 2) los soviets de diputados y los comités de fábrica (Fabzavkon); y 3) las relaciones entre el CC del PC alemán y la dirección berlinesa. Hemos adoptado una resolución en la que mostramos (tras una seria lucha interna) que el mayor peligro para la revolución alemana era la falta de determinación de los círculos dirigentes del partido alemán a favor de un levantamiento armado que implicaba plan y plazos. Para comprender que una posición clara y neta es aquí necesaria nos es suficiente con nuestra propia experiencia antes de Octubre. He expuesto la naturaleza de las disensiones que se han producido en mi artículo sobre “los plazos” aparecido en Pravda.

Cuando fue adoptada la resolución, luché firmemente contra la falsa sabiduría marxista según la cual es imposible fijar plazos a “la revolución” (de hecho a la toma del poder), etc. Si no planteamos claramente ahora esta cuestión corremos el riesgo que los acontecimientos alemanes se desarrollen según el modelo búlgaro.

De acuerdo con todos los datos y en particular con los informes del camarada Miliutin, delegado de la Comintern, perdimos en la revolución en Bulgaria justamente porque no supimos plantear el levantamiento en el momento oportuno, como una obra de arte. Ahora entramos en un período de inmensos cambios militares y revolucionarios y la cuestión del levantamiento, con todos sus aspectos concretos, deviene una de las cuestiones primordiales de la política comunista.

En lo que concierne a la segunda cuestión, se ha tratado de imponer al partido alemán la creación de soviets de diputados junto a los comités de fábrica que ya existían de hecho. Tras una viva lucha, se ha abandonado ese plan que podía costarle muy caro al partido alemán.

Es monstruoso afirmar que yo hablé con menosprecio del CC alemán. Muy al contrario: en mi trabajo (y no es la primera vez) he insistido en la necesidad de apoyar firmemente al CC alemán contra los dirigentes superficiales de la Izquierda berlinesa. Pero no le he disimulado a toda la delegación alemana el peligro que representaba su atentismo frente al levantamiento. La situación exigía una acción de las más determinadas. En esto son inadmisibles el menor error, la menor negligencia. Desde el último Plenario se ha avanzado en la dirección indicada.

Los elementos personales en la carta de los miembros del Politburó

En la “respuesta” hay toda una serie de elementos personales, de acusaciones, que me hubiera gustado mucho no tener que examinar aquí si hubiese sido posible. Pero renunciar a hacerlo equivaldría a aceptar tácitamente el hecho que los autores de la carta quieren, se podría decir, hacer imposible el trabajo colectivo sobre la base de los principios. Ni quiero ni puedo aceptarlo. Me parece necesario, pues, mostrar que los autores de la carta se han equivocado cuando tratan de probar con argumentos personales la imposibilidad de un trabajo correcto y honesto que se efectuaría enteramente sobre la base de la corrección de los aspectos claramente erróneos y nocivos del régimen actual del partido y de la economía. El sentido de los pasajes correspondientes de la “respuesta” lleva a que mis consideraciones sobre el papel de la dirección del plan, sobre la burocratización del aparato del estado, etc., no parecen ser otra cosa más que, ni más ni menos, pretensiones personales:

“Declaramos [dicen los autores de la carta] que, igual que antes, el Politburó no puede asumir la responsabilidad de satisfacer las pretensiones del camarada Trotsky para ejercer la dictadura en el dominio de la dirección de los asuntos económicos, además de los poderes que ya tiene como presidente del Consejo Militar Revolucionario. Nuestro deber es decir que no podemos cargar con la responsabilidad de una experiencia arriesgada en ese dominio”.

Esta presentación del asunto aparece como absolutamente inverosímil a la luz de los hechos anteriores. Voy a citar los más evidentes y los menos discutibles. El 6 de enero de este año, en una carta especial dirigida a todos los miembros del CC, el camarada Stalin proponía, entre otras, las siguientes medidas:

“3.- Colocar a la cabeza del VNSKh al camarada Piatakov y nombrar a uno de los puestos de vicepresidente al camarada Bogdanov (para mi está claro que el camarada Bogdanov no ha podido ni podrá reunir bajo sus órdenes a los trust de los que se ha perdido el control).

4.- Nombrar al camarada Trotsky vicepresidente del Consejo de Comisarios del Pueblo (propuesta del camarada Lenin) tras haberle confiado el VSNKh.

5.- Pienso que esos cambios podrían aligerar nuestra tarea en la liquidación del “caos”.”

Es completamente evidente que el camarada Stalin no hizo sus propuestas escritas a espaldas de los otros miembros del Politburó.

El 17 de enero, el camarada Stalin escribe en otra carta-circular:

“No me opondré a que el camarada Trotsky sea nombrado simultáneamente vicepresidente del Consejo de Comisarios del Pueblo y presidente del Gosplan”.

Mis objeciones verbales y escritas a estas propuestas de orden puramente práctico tenían motivos en parte organizativos y en parte personales. No es necesario repetirlo aquí, tanto más teniendo en cuenta que esa correspondencia es completamente accesible para su consulta. Probé, especialmente, que asociar el trabajo del VSNKh y el trabajo militar es un problema demasiado difícil. El camarada Stalin ha probado la posibilidad.

En todos los casos, vemos que el asunto no se resume del todo a que, por una parte, hay “pretensiones personales” para ocupar el puesto de presidente del VSNKh y, por otra parte, hay rechazo del Politburó a cargar con la responsabilidad de una “experiencia arriesgada”. En efecto, el camarada Stalin, con el acuerdo cierto del resto de miembros del Politburó, ha propuesto insistentemente esta experiencia, considerando que podría ayudar a “liquidar el caos”.

He declinado esta responsabilidad suplementaria temiendo, además del resto, la dispersión y los costes negativos de tal acumulación. En XII Congreso del partido, el camarada Stalin juzgó necesario constatar públicamente que yo no estaba dispuesto a hacer un trabajo mucho más importante. ¿Cómo conciliar con todos esos hechos y afirmaciones lo que ahora añade la “respuesta”, a saber mi pretendida aspiración a devenir presidente el VSNKh? Además, esta aspiración es tan fuerte que me lleva a avanzar tal o tal otra propuesta de principios o de organización. ¿No es monstruoso?

Tras el XII Congreso, el camarada Rykov, al renunciar al puesto de presidente del VSNKh, ya escribía al Politburó:

“En una de sus propuestas enviadas a los miembros del CC, el camarada Stalin proponía la dirección del VSNKh al camarada Trotsky. No veo ninguna razón para rechazarlo, visto que el camarada Trotsky se ha volcado en numerosas ocasiones en estos últimos años en el estudio de la industria y de la economía, y que conoce tan bien las principales cuestiones de la práctica actual de la economía como, también, del aparato de dirección de la industria.

El excepcional éxito logrado en el Congreso por el informe del camarada Trotsky le da todas las garantías que el partido en su conjunto aprobará esta nominación.

Es preciso ligar el trabajo del camarada Trotsky en el VSNKh con su participación en el trabajo general del gobierno, en ayuda a la construcción del STO que proponía en su carta el camarada Stalin”.

¿De qué forma, a pesar de todo, pregunto, se pueden cambiar a posteriori los acontecimientos ya ocurridos? ¿Cómo conciliar las propuestas de Stalin con su firma al pie de la última “respuesta”? ¿Cómo relacionar la declaración del camarada Rykov que ya he citado con su resistencia actual a mi pretendida pretensión de apoderarme del VSNKh?

¿De dónde proviene todo esto? ¿Con qué objetivo? Renuncio a entenderlo.

¿No es monstruoso afirmar que algunas decenas de viejos militantes irreprochables sólo formulan sus puntos de vista y sus exigencias en una carta al CC para asegurarme el puesto de presidente del VSNKh? ¿Y cuándo? En el momento en que la acumulación del trabajo militar y del trabajo económico parece menos realizable, tanto desde el punto de vista económico como desde el punto de vista militar.

Todavía debo mencionar un episodio que muestra cómo se hace la historia y cómo se escribe. En la sesión del Politburó que había elaborado el orden del día del XII Congreso, el camarada Stalin, con el apoyo del camarada Kámenev, del camarada Kalinin y, si no me equivoco, del camarada Tomsky (el camarada Zinóviev estaba ausente) me había propuesto que hiciese el informe político del CC. La discusión se desarrollaba en el Politburó calmadamente y con un ánimo práctico. Yo respondía que no importa ni qué informe ni hecho por quién sólo podría que acrecer el abatimiento del partido suscitado por la enfermedad de Valdirmir Ilich. Por este motivo, sería mejor limitarse al balance político que el camarada Stalin podría unir al balance de organización. Las cuestiones principales serían examinadas en los puntos correspondientes del orden del día. Además, añadí, todavía manteníamos desacuerdos esenciales sobre las cuestiones económicas.

El camarada Kalinin, alzándose contra mi última consideración, dijo: “Sus propuestas han pasado a ser mayoritarias en el Politburó y no tiene usted ningún motivo para no querer hacer el informe político”. Sin embargo, continué insistiendo en mi propuesta. La cuestión no se zanjó en la sesión; después, como es sabido, se le dio otro giro al asunto.

Pero ¿no es evidente que el hecho que acabo de citar y que, por supuesto, ninguno de los participantes en la sesión en cuestión del Politburó ha podido olvidar, se encuentra ahora en llamativa contradicción con el cuadro general que da ahora, a posteriori, la “respuesta” de los miembros del Politburó a fin de explicar y justificar el sistema de compartimentos artificiales en el partido?

Es completamente inconcebible acusarme de no haber prestado, estos últimos años, una atención suficiente al ejército. No sé cómo interpretar esta acusación: ¿significa que mi jornada de trabajo es demasiado corta o bien que está llena de asuntos secundarios? Durante la ejecución de numerosas misiones del CC he tenido que llamar la atención, más de una vez, sobre el hecho que esas misiones desviaban del trabajo militar. La preparación del informe y de las tesis sobre la industria me ocupó, por ejemplo, dos meses de trabajo intensivo. La participación en los trabajos del Comintern toma demasiado tiempo. El solo trabajo que ejecutó sin que me haya sido confiado por el Politburó es mi participación en el Moskoust, pero dudo que me robe más de dos o tres horas al mes. En la “respuesta” se hace alusión, ciertamente, al estudio de las cuestiones de literatura, arte, de la vida cotidiana, etc., como el motivo de la atención insuficiente que le dedicó al ejército. Pero este tipo de alusión es indirecta porque los autores saben que me ocupé de esas cuestiones cuando me curaba, cuando todo trabajo intelectual intensivo me estaba prohibido.

No veo ninguna razón para justificarme ante el partido por haber empleado mis vacaciones de verano no solamente en curarme sino también en escribir libros sobre la literatura o la vida cotidiana. No puedo expresar mi sorpresa porque a partir de ese hecho se trate de construir una acusación. Al respecto, el camarada Lenin, con quien hablé de los artículos que había bosquejado sobre “la cultura proletaria”, insistía además hace un año y medio en que acelerase ese trabajo, sólo este verano he logrado acabarlo.

Sin embargo sí que es cierto que no ha habido ningún trabajo creador en el dominio del ejército, vista su situación material extremadamente difícil, la completa inestabilidad de su presupuesto, las reducciones y los cambios permanentes en los estados mayores, los nombramientos o destituciones frecuentes, absolutamente inoportunos desde mi punto de vista para los intereses del asunto.

Todo ello creaba condiciones de trabajo extremadamente penosas, además de la puesta en marcha desde arriba en el ejército de esta “política” especial cuyos ejemplos son ahora conocidos por la mayoría de los trabajadores responsables del partido y del ejército. La “respuesta” de los miembros del Politburó parece estar desarrollada ulteriormente a esta misma política cuyo sentido está perfectamente claro.

La desconfianza frente al partido

Una acusación que sería demasiado seria si no fuera tan ligera es la de la desconfianza ante el partido y la incapacidad para comprenderlo. Se cita como prueba la expresión que empleé no sé dónde ni cuándo sobre el “oblomvoschina del Gubkon” (sin explicar en qué contexto ni en qué sentido fueron pronunciadas esas palabras). Finalmente, de la declaración que hice y que decía que, teniendo en cuenta la gravedad de la coyuntura, me sentía obligado a poner el fondo del asunto por encima de su forma y llamar la atención de los militantes más responsables sobre la situación que se ha creado, la “respuesta” dice: “Consideramos que se trata aquí de una declaración sin precedentes en nuestros medios bolcheviques”.

Mi declaración ni tenía ni tiene como objetivo otro más que presionar al CC y acelerar ese cambio de curso que la situación hace ineluctable. Sin embargo, hemos visto casos en los que, en vísperas de combates decisivos o en el curso de esos combates (ello ocurría en 1917), se han abandonado los puestos más importantes dirigiéndose al partido contra el CC (frente a elementos extraños al partido o a enemigos). Considero que la confianza en el partido y la desconfianza hacia él, y frente a sus fuerzas creadoras, se demuestra más seguramente que nada durante las grandes pruebas como las que hemos atravesado.

No existe casi en todo el país un gubkom con el cual yo no haya tenido que trabajar codo con codo en las dificultades más difíciles de la guerra civil y entre las faltas que he cometido no están la desconfianza criminal frente a las fuerzas creadoras del partido y de la clase obrera. Esta acusación la rechazo como pura mentira con un carácter premeditadamente injurioso.

***

Tales son mis explicaciones sobre los puntos más importantes de la carta de los miembros del Politburó. Una salida menos dolorosa y más rápida (lo repetido de nuevo) no se puede encontrar a no ser que exista en el grupo que dirige el CC una seria e inquebrantable voluntad de hacer saltar por los aires los compartimentos artificiales levantados en el interior del partido, de ser más atentos a las apremiantes exigencias de cambiar el curso del partido y de ayudarlo de esta forma a volver a encontrar su espíritu de iniciativa; su actividad y su armonía. Es esta vía, el CC encontrará el sostén más activo de la mayoría aplastante de los miembros del partido (y esas cuestiones que en este momento parecen ser o parecían ser factores personales, desaparecerán por sí mismas).

 

[1]  I. a. Zelensky (1890-1938) era un viejo bolchevique ligado a Zinóviev.

[2]  N. I. Bujarin (1888-1938) había presentado la resolución sobre la democracia obrera en el X Congreso y defendido a los comunistas georgianos contra Stalin en el XIIº.

[3]  V. M. Skriabin llamado Molotov (1890-1986) era un fiel de Stalin.

[4]  G.I. Miasnikov (1889-1946), un obrero originario de Perm y miembro del PC, había escrito textos reclamando la libertad total de prensa. Fue excluido en 1922 a causa de la resolución del X Congreso.

[5]  V. I. Lenin, “Atribuciones de funciones legislativas al GOSPLAN”, en Obras Completa, Tomo XXXVI, Akal Editor, Madrid, 1978, páginas 478 y 479. Las Obras dan la fecha del 27 de diciembre. NdT.

[6]  Consejo Económico.

[7]  N. N. Krestinsky (1883-1938) era embajador en Alemania y próximo a Trotsky.

[8]  V. A. Avanesov (1884-1930) era responsable del rabkrin de la RSFSR y dirigente de la Checa.

[9]  M. I. Frumkin (1878-1939) era vicepresidente del pueblo en Comercio.

[10]  B. S. Stomoniakov (1882-1931) se ocupaba del comercio exterior.

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