Un problema medido en kilotones: producción, residuos y contaminación

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  • El abordaje del gobierno hacia los residuos en el incentivo del reciclaje, pero más allá de eso, es necesaria la planificación de la producción y la economía en función de las necesidades de los sectores explotados y desde criterios ecológicos.

Johan Madriz

En el 2020 en Costa Rica se produjeron 1,5 millones de toneladas de residuos ordinarios, con un crecimiento de 8% con respecto al año anterior. De estos, el 81% salió de las viviendas, aunque hay que tener en consideración que esa cifra presenta un sesgo debido a las medidas tomadas durante la pandemia, donde la mayoría de las personas estuvieron mas tiempo en sus hogares, implicaron un traslado de las actividades diarias de los centros de trabajo a las casas. El otro 19% provino del sector comercial y otras áreas.

El principal destino de esos residuos son los rellenos sanitarios. Sobre estos hay un largo debate en el país ya que los existentes, en su mayoría, ya tienen ordenes de cierre o les restan pocos años de vida útil, además, no se están autorizando nuevos, ante la valida renuencia de las comunidades para que se establezcan en ellas. Esto debido a los problemas ambientales que traen consigo, ya que en realidad no implican un tratamiento adecuado de los residuos, sino, literalmente, echarlos bajo tierra.

Los rellenos sanitarios recibieron 1,2 millones de toneladas del total de residuos registrados. Las restantes 236 mil toneladas se desconocen dónde van a parar, aunque hay cierto nivel de certeza de que terminan en botaderos a cielo abierto o en fuentes de agua como los ríos. Estas opciones representan aun mayores daños ambientales y humanos.

A esta problemática se le suma el tratamiento de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE). Según el informe Monitoreo Regional de Residuos Electrónicos para América Latina, publicado a finales de enero, en Costa Rica en 2019 se comercializaron 78,2 kilotones de aparatos eléctricos y electrónicos (AEE), es decir, un promedio de 15,4 kg/hab. En el mismo año los RAEE fueron por 67 kilotones (13,2 kg/hab), sin embargo, solo el 8% fue recogido para un tratamiento “ambientalmente racional”. Esto coloca al país como el mayor generador de RAEE en Latinoamérica.

Estos residuos muestran una tasa sostenida de crecimiento. Si se compara con el 2009 la comercialización aumentó en 3,5 kg/hab y los RAEE en 4,2 kg/hab. Además, según Eugenio Androvetto, director de la Dirección de Protección Radiológica y Salud Ambiental del Ministerio de Salud, “un 19% son depositados en conjunto con los residuos ordinarios y un 32% se encuentra invisible, tal vez disperso y abandonado en gavetas, cajas o bodegas de los domicilios de sus antiguos usuarios, el resto queda en manos del sector informal”.

Este tipo de residuos tienen la particularidad de estar compuestos por gran cantidad de plásticos, metales y otras sustancias peligrosas. El informe señala que en los trece países en estudio se generaron 1,3 millones de toneladas de RAEE, con un aumento de 49% con respecto a 2010. De estos solo el 3% se gestionó de forma segura, a pesar de que se estima que contienen 2.200 kg de mercurio, 600 kg de cadmio, 4,4 millones de kg de plomo, 4 millones de kg de retardantes de llama bromados y 5,6 megatoneladas de gases de efecto invernadero.

El informe Perspectivas mundiales del plástico de la OCDE cifra en 460 millones de toneladas la producción de plástico en 2019 en el mundo y de estos 353 millones de toneladas acabaron como desechos. “Solamente el 9% de los desechos plásticos fueron reciclados, mientras que un 19% fueron incinerados y cerca del 50% acabaron en vertederos controlados. El 22% restante fue abandonado en vertederos ilegales, quemado o abandonado en plena naturaleza”.

Es así como la cantidad de plásticos y productos químicos producidos en el mundo ya superaron los “límites planetarios” soportables. Esta es la conclusión a la que llegó un estudio del Centro de Resiliencia de Estocolmo. Según el informe existen unos 350 mil productos sintéticos inventados por la humanidad y solo el plástico es cuatro veces la biomasa de todos los animales vivos. Sin embargo, no hay voluntad política ni empresarial para definir acciones contundentes sobre este sector. Desde el año 2000 la producción plástica se ha duplicado y menos del 10% es reciclado.

Bethanie Carney Almroth, coautora del estudio, es contundente: “los efectos que comenzamos a observar son tan grandes como para afectar las funciones críticas del planeta Tierra y sus ecosistemas, […] lo que tratamos de decir es que ya basta, no podemos ya soportar más. Tal vez que hay que poner límites a la producción”.

A pesar de la magnitud del problema los gobiernos continúan pateando la pelota hacia adelante, sin decidirse a plantearse una hoja de ruta seria hacia la reducción y sustitución de los productos plásticos. Recientemente los titulares de todo el mundo catalogaron como “histórica” una resolución de la V Asamblea de la ONU para el Medio Ambiente (UNEA-5) para negociar el primer tratado global contra la contaminación plástica, recién en 2024, un contrasentido cuando las acciones son urgentes.

En el país las acciones gubernamentales se enfocan únicamente en pedirle a las municipalidades y a las personas que reciclen más. “La política pública es que reciclemos y en eso nos enfocamos, los rellenos son necesarios y los tendremos por años, pero la idea es que lleguen menos residuos a ellos y así alargar su vida útil; esa es la visión que tenemos”, señaló Androvetto. Según el informe Estudios Económicos de la OCDE: Costa Rica 2020 en el país se recicla apenas el 6,6% de los residuos, frente al 33% promedio del grupo. Del 2019 al 2020 el reciclaje aumentó un 12%, es decir, un total de 45.510 toneladas, lo que representa el 3% de toda la cantidad de residuos. Sin embargo, esa cifra es menor a la del 2018 cuando fueron 53.473 toneladas.

En cuanto a los RAEE, Costa Rica es el país de Latinoamérica con una mayor recolección, pero esta solo es el equivalente a 1 kg/hab. Esta es una cifra extremadamente baja, máxime si se tiene en consideración que desde el 2010 esta vigente la Ley General para la Gestión Integral de Residuos que incluye la Responsabilidad Extendida del Productor que pretende que las empresas que venden los aparatos electrónicos se hagan responsables de los residuos y garanticen la recuperación y gestión integral. Algo que los datos demuestran no está sucediendo.

Sin embargo, el reciclaje no es la solución. Esta ha sido la apuesta de las grandes empresas contaminadoras para quitarse la responsabilidad de encima y continuar con sus negocios sin perturbación. Es una forma de transformar un problema global del sistema económico y productivo en una cuestión individual de hábitos de consumo. Esto no quiere decir que no haya que reciclar, pero para atacar el problema es necesario abordar el tema de la producción, tal como lo señaló Bethanie Carney Almroth.

Este abordaje necesariamente se debe realizar desde una perspectiva anticapitalista, ya que es necesaria la planificación de la producción y la economía en función de las necesidades de los sectores explotados y desde criterios ecológicos. Esto es imposible dentro del marco capitalista, ya que, atenta contra la forma específica producción y la relación de expoliación de la naturaleza para la generación irracional de ganancias. El capitalismo es un sistema desordenado, anárquico si se quiere, que explota tanto a los trabajadores y las trabajadoras como a la naturaleza, destruyendo el planeta mediante, con el único objetivo de enriquecer a un pequeño sector.

El supuesto “capitalismo verde” es parte del greenwashing de las empresas para continuar sus actividades contaminantes y ha demostrado ser inútil ante la crisis climática y la contaminación del planeta. Es desde la colectividad, de la clase trabajadora, de las comunidades y con información científica que se deben tomar las acciones para reducir los agentes contaminantes, eliminar al máximo la generación de residuos mediante el diseño de productos suprareciclables y, por supuesto, enviar al basurero de la historia al sistema capitalista.

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