Tarifazos en combustibles y pasajes aumentarán enormemente la inflación

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  • El estallido del precio del petróleo implica más presión en la inflación, pero las medidas planteadas por el gobierno serán coyunturales, insuficientes y con trampa.

Johan Madriz

En la última semana se anunciaron enormes aumentos en los precios de los combustibles, motivados por las subidas en los precios internacionales del crudo, producto de las sanciones aplicadas contra Rusia y la depreciación del colón en el último año. Recope le solicitó a la Arecep un aumento de ₵87 en la gasolina super, ₵85 en la regular y ₵121 en el diésel, de esta forma alcanzarían máximos nominales históricos de ₵909, ₵889 y ₵845, respectivamente.

Estos ajustes presionarán de forma importante el Índice de Precios al Consumidor que, ya de por sí, venia mostrando una tendencia alcista desde el año pasado. En febrero el indicador tuvo una variación positiva de 1,09% y con respecto al mismo mes de 2021 suma 4,90%. Es impulsado, según el efecto ponderado de su variación porcentual y su efecto, por las divisiones de alimentos y bebidas no alcohólicas (24,32), transporte (14,82) y alquiler y servicios de la vivienda (12,51). Además, la gasolina fue el bien que mas influyó en el aumento del índice.

Los combustibles tienen la característica de ser una materia prima que afecta los precios de toda la cadena productiva. Por ejemplo, está estrechamente ligado a las tarifas de transporte publico que son un componente muy delicado en las economías familiares de la clase trabajadora. Al respecto el Consejo de Transporte Publico aseguró que los incrementos en los precios de las gasolinas podrían “paralizar” los servicios de transporte. Su director, Manuel Vega, señaló que “consideramos que un aumento tal y como se está proponiendo podría traer eventualmente, para el caso de Costa Rica, una paralización a nivel productivo, iniciando principalmente en el transporte público”.

A su vez, las cámaras empresariales del sector advirtieron que se requerirán incrementos en las tarifas de autobuses de por lo menos un 16% para compensar los gastos en combustibles. Al respecto, Silvia Bolaños, vicepresidenta ejecutiva de la Cámara Nacional de Transportes, resaltó que “ya no estamos hablando de un posible escenario ni de una especulación. Se trata de la cruda realidad que vive el país, que hace cada vez más difícil garantizar la continuidad del servicio […]. La única opción viable para mitigar el impacto de esta crisis es aprobar la suspensión temporal del cobro del impuesto para el sector de transporte publico modalidad autobús, ya que tendría un mínimo impacto en las finanzas del Estado. Hablamos de aproximadamente un 0,0135% del total de sus ingresos, pero si representaría una ayuda enorme para el 56% de los costarricenses que utilizan el autobús”.

En respuesta a esta escalada de precios el Ejecutivo lanzó una batería de medidas para tratar de contenerlos, sin embargo, la combinación de todas aun resulta insuficiente para representar una reducción significativa en las tarifas. La primera propuesta es congelar durante un año el impuesto único a los combustibles que está ligado a los ajustes trimestrales sobre la tarifa. Esta es una medida que no bajaría el precio sino que lo contendría a futuro.

Otro planteamiento es que se descontaría un monto específico del impuesto de renta a los autobuseros, taxistas, transportistas y agricultores por cada litro de combustible consumido, según el ministerio de Hacienda esto tendría un costo aproximado de “entre ₵50.000 millones y ₵70.000 mil millones”. Con esto no se lograrían bajar los precios ni contener la inflación ya que es una expectativa de beneficio circunscrito a que se reporten ganancias al final del periodo y mientras tanto las tarifas y costos se tendrían que ajustar. Con esta opción probablemente solo se beneficiarán grandes empresas y aumentarán sus margenes de ganancias.

Además, el gobierno propuso rebajar temporalmente el margen de rédito para inversión de Recope en un 80%. Los combustibles incluyen en su precio final un margen que financia las operaciones de la entidad estatal, este es de 6% en las gasolinas y 7% en el diésel y se destina a tres componentes: servicios de importación, rédito para inversión y gastos de operación. El segundo es el que se pretende rebajar y es el que genera recursos para las inversiones y nuevos proyectos de Recope. Con el precio actual ese componente corresponde a ₵18,35 en la gasolina super, ₵18,54 en la plus y ₵19 en el diésel, por lo que la rebaja seria de alrededor de ₵15 y significaría una reducción de 1,8% en las gasolinas y 2% en el diésel.

Otro de los proyectos presentado pretende reducir un 25% el margen de operación de las gasolineras y transportistas de combustibles. Actualmente, ese margen es de 9% en gasolinas y 10% en diésel y equivale a ₵72, por lo que la rebaja sería de ₵18. Sin embargo, ya los empresarios del sector expresaron que esta medida significaría la ruina para sus negocios, por lo que utilizarán su poder e influencia para oponerse.

Como no podía ser de otra forma el gobierno aprovecha la oportunidad de utilizar una reivindicación genuina (bajar el costo de los combustibles) para continuar con su plan de ajuste sobre los sectores trabajadores. Con esta excusa están impulsando tres “proyectos complementarios”: uno es para que Recope elimine el aporte que realiza como patrono al fondo de ahorro y garantía de los trabajadores y las trabajadoras de la entidad y los otros dos tienen que ver con la aprobación de prestamos internacionales: uno de 300 millones de dolares con el Banco Mundial y otro de 150 millones de euros con la Agencia Francesa de Desarrollo.

Hay que tener claro que el proceso inflacionario en el país viene de previo y tiene causas tanto internas como externas. Ahora el estallido del precio del petróleo implica una presión más (sin demeritar la grave afectación que significa) pero con las medidas esbozadas por el gobierno no se hace referencia a ninguna de ellas, por lo que, de aprobarse, serán coyunturales e insuficientes. Además, están en función de tratar de frenar la afectación para las empresas, pero no en contener el golpe que significa la inflación en el bolsillo de los sectores populares. Lo cierto es que el país es uno de los más caros en la región y a contramano los ingresos de los sectores trabajadores vienen en picada, siendo hoy día menores, en términos reales, a los de hace una década.

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