Proyecto de Empleo Público aprobado en primer debate. ¿Cómo lo derrotamos?

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  • Asamblea Legislativa aprobó en primer debate el proyecto de Ley de Empleo Público con 32 votos a favor, 15 en contra y 10 (ausencias y abstenciones).

  • No hay que confiar en la Sala Constitucional ni en que la Asamblea Legislativa consiga los 38 votos; solo la presión de la sociedad movilizada puede torcer el brazo a los capitalistas.

Comité Ejecutivo Nuevo Partido Socialista

El pasado jueves 17 de junio la Asamblea Legislativa aprobó en primer debate el proyecto de Ley de Empleo Público (LEP), con 32 votos a favor y 15 en contra, entre ausencias y abstenciones hay 10 votos. Para que el proyecto sea finalmente aprobado deberá ir a consulta a la Sala Constitucional, previa votación al segundo debate que deberá aprobar con 38 votos, es decir ganar 6 votos más de los que ya obtuvieron.

Los días lunes 14, martes 15 y jueves 17 varios sindicatos se manifestaron contra la aprobación del proyecto, con la participación de funcionarios sindicales y sus dirigentes, no obstante poca participación de las bases afiliadas. Vale resaltar una importante delegación de las bases de la regional 15 de APSE, donde interviene nuestra compañera Marcela Ramírez, quien ha tomado un papel de oposición a las dirigencias sindicales burocráticas que no han llevado una lucha a fondo para derrotar el proyecto de los capitalistas.

Las burocracias que dirigen los principales sindicatos están vendiendo esto como un triunfo porque no se lograron los 38 votos necesarios para aprobar en segundo debate, y confían en que la Sala Constitucional se lo puede traer abajo, además de que “van a seguir trabajando” para que no logren los 6 votos necesarios para aprobarlo en el segundo debate. Así, las burocracias sindicales celebraron un “triunfo” y esperarán a ver que resuelve la sala mientras siguen negociando con diputados capitalistas.

Dos tipos de discurso fueron notorios en las intervenciones de las dirigencias sindicales. El primero es que hay que pasarle la factura a los partidos mayoritarios en las próximas elecciones nacionales, un discurso derrotista que no plantea la lucha inmediata contra el proyecto de ley, y posterga la tarea para que la realicen las nuevas diputaciones, como si ahora mismo no se pudiera hacer nada. Las elecciones son un terreno para cuestionar a los capitalistas y colocar figuras de izquierda, más no para derrotar sus políticas de ajuste.

El segundo discurso responsabiliza a las bases que no están presentes en la lucha y reclamaban: “¿dónde están todos los que deberían estar aquí luchando?”. Es decir, se lavaron las manos para asumir que las raquíticas convocatorias que ellos mismo hacen, no tienen fuerza ni siquiera para pedir las mesas de negociación que usaban antes para hacer que “trabajan”. Las principales responsables de que las bases trabajadoras no estén luchando contra la LEP son precisamente las burocracias sindicales, que no han planteado un plan de lucha.

No han organizado a las bases sindicales, no han creado mecanismos democráticos para la discusión, no han difundido ampliamente la información y han desmotivado a las bases con sus discursos derrotistas, de confianza en las instituciones burguesas y en las tácticas de negociación con las bancadas, tal y como lo hacen burócratas organizadores de derrotas.

Continuar la política de las direcciones sindicales es el camino a una nueva derrota para la clase trabajadora (sumado a la aprobación del plan fiscal y la ley anti-huelgas), donde también impulsaron las tácticas de negociar con el gobierno, confiar en las mesas de diálogo y en instituciones como la Sala IV u organismos internacionales.

Nuestra posición es que la definición de los asuntos políticos depende en primer lugar de la lucha de clases, por lo cual, sin la acción directa, democrática y amplia de las y los trabajadores no hay conquista social posible, sobretodo si tomamos en cuenta que una parte fundamental de las conquistas son los aprendizajes en la conciencia de las masas. No hay que confiar en la Sala Constitucional ni en que la Asamblea Legislativa consiga los 38 votos; solo la presión de la sociedad movilizada puede torcer el brazo a los capitalistas.

Cabe mencionar que en términos generales la izquierda brilló por su ausencia. El Frente Amplio no movilizó una sola persona ni bandera en la jornada, limitándose a hacer oposición dentro de los marcos de la régimen y de la Asamblea Legislativa. Algo similar podemos decir del trotskismo, pues con la excepción del Nuevo Partido Socialista que tuvimos delegaciones en las tres jornadas, el resto de agrupaciones no llegó del todo o, a lo sumo, estuvieron en una jornada (este fue el caso del PT).

Para derrotar la aprobación del proyecto de Ley de Empleo Público necesitamos organizarnos desde las bases y presionar a las dirigencias sindicales a construir una campaña unificada de toda la clase trabajadora, con el objetivo de ganar las mayorías sociales, por un plan para resolver la crisis desde los intereses de las mayorías trabajadoras y populares y que no solamente discuta el empleo público, sino el rechazo del préstamo con el FMI, derechos fundamentales como la educación, la salud, alimentación, pensiones y vivienda, así como derechos democráticos como la huelga tanto en sector público como privado.

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