Pandemia y capitalismo: la salud mental en estado crítico en Costa Rica

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  • Hay un deterioro generalizado en la salud mental en el país: el aumento de los niveles de explotación, el desempleo, la precarización y la pobreza son factores que potencian los efectos del confinamiento pandémico.

Johan Madriz

Hay un deterioro generalizado en la salud mental en el país. De esto dan cuenta varios estudios y, sin embargo, no se le presta la debida atención, en parte por la estigmatización social sobre el tema y en parte por la desidia gubernamental en no considerar este aspecto como parte de la premisa de salud integral, más allá de que en el papel si este plasmado.

Un estudio publicado en octubre en la revista The Lancet determinó que Costa Rica supera el promedio global en el aumento de trastornos depresivos y de ansiedad. Durante 2020 se registró un aumento de 35,2% en el reporte de trastornos depresivos y 35,6% en trastornos de ansiedad, colocándose 7,6 p.p. y 10 p.p., respectivamente, por encima de la media mundial.

De esta forma, la prevalencia de trastornos depresivos pasó de 2.691,5 por cada 100 mil habitantes a 3.638,3. Por su parte, los trastornos de ansiedad aumentaron de 4.379,9 por cada 100 mil habitantes a 5.934,3. Información del Hospital Nacional Psiquiátrico muestra un aumento en la atención que brinda. Las consultas de emergencia pasaron de 8.905 en el primer trimestre de 2020 a 9.746 en el mismo periodo de 2021.

A nivel mundial los grupos mas afectados son las mujeres y la juventud. El estudio explica que las responsabilidades adicionales de cuido y en el hogar debido al cierre de centros educativos y de las enfermedades de miembros de la familia sobrecargan a las mujeres. Además, con el cierre de escuelas las personas jóvenes no tienen espacios físicos para desarrollarse e interactuar. A eso se le suma que tienen más probabilidades de quedar desempleados.

Esta información esta en sintonía con un informe del Instituto de Investigaciones Psicológicas de la UCR realizado a finales de 2020. Según la investigadora Ana María Jurado “las mujeres jóvenes (entre 18 y 25 años), provenientes de zonas costeras, con ingresos socioeconómicos limitados y bajo nivel educativo han sido las más afectadas en su salud mental durante la pandemia”.

Este estudio determinó que el 70,3% de las personas sintió tristeza, ansiedad o enojo; el 65,7% cansancio o fatiga; el 65,6% dolor; el 62,4% trastornos del sueño y el 62,2% miedo a enfermar de Covid-19. Además, el 58% expresó tener problemas de concentración; el 55,6% miedo al futuro; el 51,6% mucha inquietud y el 45,9% soledad.

“Todos estos problemas psicológicos que la gente reporta son esperables ante una situación como esta. Cuesta mucho que las personas no estén afectadas en mayor o menor medida por esta situación, pero si estas condiciones llegan a cronificarse, o sea un año después tienen las mismas manifestaciones, ya no se van a quitar tan fácilmente”, expresó Jurado.

Previo a la pandemia se estimaba que el 5% de la población estaba afectada por algún problema emocional, trastorno de depresión o ansiedad. Esta cifra incrementaría sustancialmente si se tiene en consideración que alrededor de un 15% de las personas que reportan actualmente alguna condición quedará con problemas crónicos de salud mental. Benicio Gutiérrez, catedrático de la UNED, advierte que “el impacto postraumático sobre la salud mental, de la pandemia de Covid-19, podría persistir hasta 3 años post-pandemia, si las personas que hoy experimentan ansiedad o depresión no reciben atención clínica psicológica o psiquiátrica”.

Toda esta situación hace parte no solo de los efectos ya mencionados de la pandemia, sino, de algo mucho mas global que es el sistema económico y social en que vivimos: el capitalismo. Este sistema establece una serie de objetivos o “mandatos de felicidad” que se deben conseguir de forma individual, sin embargo, las propias condiciones del régimen vuelven inalcanzables estas metas para la mayoría de las personas y mucho más para la clase trabajadora.

“Existe un mandato de felicidad construido en el seno del capitalismo neoliberal, y potenciado por el posmodernismo adaptado, en el que la felicidad se consigue sólo desde la individualidad. Un mandato de felicidad irrealizable, fantasioso, y meritócrata, que puede responder a los ideales burgueses (tener la casa, los hijos y el perro), o a una fantasía posmoderna de felicidad por fuera de la sociedad (vivir solo a la montaña y cultivar mi comida). Un mandato que es alcanzable solo para unos pocos, que tienen los medios para competir por él”, explican Pachi Alvarez y Sofi Awqay.

La salud mental no es simplemente un elemento médico, biológico e individual, hace parte de un contexto, de una sociedad y cómo esta se organiza y garantiza o no optimas condiciones de vida. Así lo expone Jurado: “los problemas sanitarios son problemas sociales, no solo físicos. Cualquier cambio a nivel social impacta tu salud. Uno de los factores que más incide en la salud para mal son la desigualdad y la pobreza, son los que mejor predicen cuál va a ser la salud de una persona cuando crezca”.

Es así como, el aumento de los niveles de explotación, el desempleo, la precarización y la pobreza son factores que potencian los efectos del confinamiento pandémico. Según los últimos datos del INEC, a setiembre, el desempleo general es de 15,3%, es decir 378 mil personas, de las cuales 200 mil son mujeres. El subempleo afecta al 11,6% de los hombres y al 16,3% de las mujeres, mientras que la informalidad general es del 44,2%. Por su parte, la pobreza alcanza al 26,2% de las personas y el 6,3% está en pobreza extrema.

“Los aparatos ideológicos del sistema construyen un ideal de deseo exigente e insaciable, mientras que a través de los años, sobretodo con la avanzada del neoliberalismo, se redujo el nivel de vida de les trabajadores y se condenó a la juventud a la precarización laboral. El consumo de psicofármacos, la inestabilidad mental, la ansiedad, la depresión, la intolerancia al duelo, la frustración y el estrés laboral son consecuencia de todo esto”.

Ante esto es evidente que se requiere un plan nacional de salud mental planteado desde los sectores populares y desarrollado desde el sistema de salud publico que incorpore este elemento como parte de la atención ordinaria. Para esto se requiere aumentar la cantidad de profesionales en el área, que actualmente no es proporcional a la población, y un abordaje desde el sistema educativo para eliminar los prejuicios y preconcepciones.

Sin embargo, para tratar la enfermedad desde la raíz hay que cuestionar todo el sistema capitalista, su forma de producción y la organización social que le acompaña. Mientras la explotación y la opresión de unos cuantos sobre la mayoría siga siendo la norma no habrá tratamientos o medicamentos que basten. En palabras de José Daniel Cascante: “El sistema capitalista promueve precariedad emocional y el deterioro de las relaciones afectivas debido a la constante explotación laboral y de consumo a la que someten a sus trabajadores. La vida pierde matices, se extrapola, se marchita bajo el objetivo único de producir”. Justamente hay que luchar para no marchitarse, hay que luchar por cambiarlo todo desde la perspectiva y reivindicaciones de las y los de abajo.


Referencias

“La otra epidemia: Costa Rica supera crecimiento mundial de casos por depresión y ansiedad”. En www.semanariouniversidad.com

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