Los pacientes que no son escuchados

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  • En el Hospital Nacional Psiquiátrico se viven muchas cosas, pero sobretodo se evidencia que los pacientes no son escuchados.

En el marco del Día Mundial por la Salud Mental, el pasado 10 de octubre, publicamos esta nota de uno de nuestros lectores alusiva al tema.

José Daniel Cascante Calderón

El Hospital Nacional Psiquiátrico se erigió como un lamento desolador, como el último destino para los locos que nadie quería, para los que no eran más que una molestia.

Sus cimientos fueron plagados por el castigo como una forma de amedrentar las malas conductas, y las vías más terapéuticas no eran más que artificios pseudocientíficos.

Con el pasar de los años los tratamientos cambiaron, la edificación cambió, pero una cosa se mantuvo: las pequeñas esferas azules parpadeando en los jardines del hospital. Las amplias zonas verdes eran el paisaje diario de los enfermos, y vagar una y otra vez por el mismo trecho se convertía en la única actividad por realizar. Con la mirada cabizbaja y con un descontento evidente se pasaban los días embriagados por el clonazepam.

El abrumador dolor a veces se asomaba titilante y era necesario sujetar al paciente en contra de su voluntad mientras este soltaba estruendosos alaridos. Entonces el aire se tornaba frío y denso.

Para apaciguar la ansiedad del encierro, los pacientes intercambiaban escasas monedas y favores sexuales por cigarrillos; deseaban que el humo se les quedara en los pulmones para que el atrevido exhalar no los devolviera a la realidad.

En el Hospital Nacional Psiquiátrico se viven muchas cosas, pero sobretodo se evidencia que los pacientes no son escuchados.

Los pacientes no son más que simples espectadores en su propio tratamiento, y se enfrascan en la imposibilidad de dar alguna sugerencia. La medicina del siglo pasado hace de las suyas: el discurso del médico es santa palabra. Pero la idea no es cuestionar sino complementar con lo que plantea el médico tratante.

Además, el Hospital Nacional Psiquiátrico es un sitio hostil para recuperarse mentalmente: no hay muchas opciones en terapia ocupacional y por ende los usuarios no les queda de otra que desplazarse sin rumbo por los jardines.

Este hospital no conoce mucho de integridad. Sus terapias, aunque ahora científicas, no prestan mucha atención a las sugerencias del paciente y llegan incluso al maltrato físico y verbal.

Es por todo esto que se deben repensar las estrategias de abordaje para el usuario: no sobremedicar, fortalecer las habilidades sociales, hacer florecer las técnicas de afrontamiento emocional, impulsar el autocuidado emocional, fortalecer las relaciones de respeto y empatía y potenciar un papel más protagónico por parte de enfermería, ayudar al paciente a encontrar un norte en su vida y motivarlo para que sea una persona productiva.

Es tiempo de gestionar terapias más personalizadas que no prescindan completamente del usuario.

*La imagen ilustrativa es de Gabriela Tellez

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